domingo, 12 de diciembre de 2010

El Salvador: Ana Guadalupe Martínez "Comandante María"


Entrevista realizada por Enrique del Olmo
Cerca de 2000 metros de altitud, un aire limpio, una luz intensa desde un cielo azul que ciega los ojos y te abre los poros. Recortadas en la altura, las nubes no frenan el sol sino decoran el cielo. Un olor a almendro y a pinos. Un verdor de arboles y plantas a los que uno en su desconocimiento no sabe poner nombre hasta que me los identifican: conipol, quebracho, laurel, conacaste, guineo… Un pueblo como otros, alrededor de la plaza con la alcaldía, la iglesia con una cúpula en cemento que te traslada por las formas a algún país eslavo, algunas casas con balconada y dos calles empedradas en pendiente que la cierra. Sin embargo, además de un pueblo es un mito: "la ciudad de los guerrilleros" la llamaron, cuando el único poder existente eran los jóvenes casi niños que combatieron durante diez años en aquellos parajes. En aquellas tierras mezcla de arena y piedras, de pinares y quebradas, con cañadas y picos, con volcanes sin aplacar, se movía la jefatura del FMLN en la zona de Oriente. Del cerro Pericón al cerro Gigante, del Ojo del Agua a la Guacamaya se desplazaba sin poder ser destruida una de las principales obsesiones del ejercito salvadoreño y sus asesores gringos: Radio Venceremos. Lugares como Mozote, donde los escuadrones de la muerte vestidos de Batallón Atlacalt perpetraron la mayor masacre de la guerra aniquilando a toda la población -más de 1000 cadáveres fueron identificados- y obligando a las madres a atizar el fuego de los hornos de pan donde habían metido a sus hijos; lugares como el Moscarrón donde la guerrilla, en un combate de más de 40 horas, logró una victoria estratégica enviando a los militares más allá del río Torola. Y gentes, sobre todo gentes, gentes como Moncho, campesino de edad indefinida que había perdido 9 familiares en la matanza de Mozote y guía de las columnas en las tierras donde siempre vivió; gentes como Nazario, jefe militar de la zona y hoy empresario turístico y del transporte. Gentes como Carmela, combatiente en el Moscarrón y que hoy prepara las puspusas de arroz, la carne de res sancochada y frita mientras regenta el comedor de la plaza, gentes como Roberto, herido en las dos piernas en San Miguel y hoy en la Policía Nacional Civil, gentes como Lincho, jefe militar de la región y hoy trabajando en su tierra.
Lugar de guerra y rebelión y hoy lugar de paz, sobre todo de paz donde el tiempo no se mide y las palabras no rompen el silencio. Paz, aunque los antiguos combatientes contemplen como los viejos señores dueños de las tierras han vuelto y son los que siguen mandando, mientras se afanan en borrar los rastros de una rebelión triunfante, mientras la alcaldía, hoy en manos de la derecha, intenta cerrar el Museo de la Revolución Salvadoreña. Sin embargo no hay desánimo, no hay desilusión, en los Nazario, Moncho, Carmela, Roberto, que se preparan para recuperar el municipio, para continuar mejorando su pueblo y su tierra, en un nuevo tiempo con muchas cosas pendientes. Una pintada sobrevive en lo alto de una pared de la plaza:
"Perquín heroico, tú que soñaste los verdaderos cambios".
En el claro comedor de Carmela y Nazario, comedor al aire libre, circunferencia coronada por un cono de estructura de madera que te permite oler y vivir Perquín, estamos frente Ana Guadalupe Martínez, la Comandante María, una de las dos firmantes (el otro es Joaquín Villalobos, Comandante Atilio) de los acuerdos de paz por el ERP, de cuya Comisión Política formaba parte. Cuando conocí a Ana Guadalupe en Tegucigalpa unas seis semanas antes de este nuevo encuentro en El Salvador, tuve la sensación de encontrarme con una mujer mítica de la que yo tenía referencias por la publicación en los años 80, en Bogotá, de un libro que se llamaba "Un fusil para Ana Guadalupe" y que en El Salvador era conocido como "Las cárceles clandestinas", donde Ana narraba su terrible experiencia como detenida-desaparecida por la Guardia Nacional durante el año 1976.
Ana Guadalupe se mimetiza con Perquín ahora en paz, como se confundió con el terreno cuando ocupaba el puesto de mando. Su mirada refleja la translúcida luz de sierra y se gesto se identifica con el de sus compañeros en el calor, el cariño y la alegría por el reencuentro. Guadalupe, igual que ellos, es una persona que sigue viviendo en su tiempo, sin anclarse en épicas pasadas, prendida al heroísmo de lo cotidiano.
Ana Guadalupe se incorpora a la vez a la lucha política y a la lucha armada en 1973. Estudiante de 4º de Medicina en la Universidad de San Salvador responde a una solicitud de ayuda de un componente del núcleo inicial del ERP. De la ayuda solidaria a la petición de ingreso en la vida clandestina no hay mediaciones, sin más bagaje que un especial interés por la lucha del pueblo vietnamita. Ajena a los grandes debates que recorrieron la Universidad salvadoreña del 68 al 70 sobre la viabilidad de la lucha armada en El Salvador, Ana empieza a encargarse de actividades logísticas y de propaganda armada.
En 1976, realizando trabajo de organización en la ciudad de San Miguel, es detenida por la Guardia Nacional, que la mantiene en cárceles clandestinas durante todo el año. Liberada gracias a un secuestro que realiza la organización para pedir su excarcelación, sale del país hacia Argelia y, posteriormente, Francia. Retorna al continente americano para ir preparando la red logística de la lucha guerrillera desde Tegucigalpa primero y desde Nicaragua después del triunfo de la revolución sandinista. Negocia la incorporación del ERP al proceso de convergencia de las fuerzas guerrilleras, y a pesar de la resistencia del PC logra formar parte de la constitución del FMLN y de su Comisión Política Diplomática.
Desde el final de la guerra, Ana Guadalupe centra sus esfuerzos en la reinserción de los desmovilizados, organizando diversos institutos, ONGs y asociaciones. Igual que el resto de la dirección del ERP asume también el retorno a la vida civil finalizando sus estudios y especializándose en medicina preventiva. Encabeza la ruptura con el FMLN y constituye, con la inmensa mayoría de los compañeros que venían del ERP, el Partido Demócrata (miembro observador de la Internacional Socialista), que hoy constituye, junto al partido de Rubén Zamora, el Centro Democrático Unido. Ana es madre de tres hijos de 15, 11 y 9 años, habiendo pasado parte de sus embarazos en el frente. Hoy está preocupada porque la mayor, Lilián, viaja mañana a Los Ángeles a casa de unos familiares para hacer un curso de inglés y tiene que volver a San Salvador para ayudarla.
Se cumplen ahora 10 años de la ofensiva del 89, donde las fuerzas del FMLN combatieron en las calles de San Salvador y el compañero de Ana, Claudio Armijo, Comandante Chico, tomó el Hotel Sheraton donde estaba el Secretario General de la OEA, a la vez que se mantenía un frente estabilizado en Guazapa a 25 km. de la capital. Hace 8 años que se firmaron los acuerdos de paz. ¿Qué se logró después de 10 años de guerra? ¿ Qué se ganó con los acuerdos? ¿Cómo es el Salvador del 2000?
Se ha logrado un nuevo Estado, un nuevo teatro de combate democrático donde la violencia política ha desaparecido. Hay que recalcar que un país en posguerra con 80.000 muertos, con un total desprecio de la vida y con un nivel de violación de los derechos humanos como pocos, fue capaz de cerrar la confrontación. Después sólo ha habido dos muertos por razones políticas e incluso, en el caso de un compañero nuestro, estuvieron combinadas con una disputa por un accidente. Un país que estaba enzarzado en una guerra civil, logra pararla y crear las condiciones de un escenario de juego democrático, de una institucionalización de la disputa política.
Tres son los grandes cambios que se producen. En primer lugar, la reforma del ejército, que era el primer violador de los derechos humanos, de donde surgían los escuadrones de la muerte; ese ejército hoy se ha reducido a unos 17.000 hombres (hay que recordar que el FMLN llegó a tener cerca de 30.000 combatientes), y está sometido al poder civil, habiéndose modificado la composición de las estructuras de mando. En segundo lugar, la disolución de los cuerpos de policía y seguridad, componente clave del cambio; hoy en las filas de la Policía hay más de 2.000 antiguos combatientes que han sido una garantía del comportamiento de la institución en su conjunto. En tercer lugar, la reforma del poder judicial, creando una Procuraduría de Derechos Humanos y realizando las reformas constitucionales que fueron necesarias. Vuelvo a insistir: hoy el país vive en un nuevo marco político.
Pero hemos contemplado cómo los propietarios que huyeron vuelven a ejercer su propiedad, como la situación de pobreza de capas enteras de la población no ha mejorado, cómo otro tipo de violencia, fruto de la crisis social, se manifiesta con crudeza en un El Salvador cada vez más urbano, cómo, en definitiva, no se han producido cambios sustanciales en el terreno de la transformación social, no se han alcanzado los sueños por los que combatíais.
En lo esencial eso es así, pero en la negociación no había fuerza para producir cambios socioeconómicos de fondo. Dos eran los temas centrales, lo fundamental no era tanto la tierra como los bancos y el control social del crédito, sin eso la misma distribución de la tierra no podía tener eficacia. La tierra, que era una reivindicación central, tenía un limitado impacto si no iba aparejada a la organización de la producción, a la comercialización, a la mejora de los productos. Sin embargo, desde un punto de vista general, en 1989 ya no podíamos lograrlo. El objetivo de la tierra fue más limitado: conseguir la propiedad para la gente desmovilizada y ello no ha sido ni es fácil, hay que establecer la propiedad, dimensionarla, comprar la tierra, financiar a los campesinos, hay programas firmados en los acuerdos y programas de cooperación que nos están ayudando, pero no es sencillo.
Cuando decidimos ir hacia la paz, cuando impulsamos la ofensiva de 1989 con ese claro objetivo, la situación estaba en un punto límite. Realizamos la ofensiva para cambiar la relación de fuerzas, pues se nos agotaban los dos componentes fundamentales de nuestra fuerza: la humana en primer lugar y la material en segundo. La gente quería acabar ya con la guerra, los combatientes estaban agotados, diez años comiendo frijoles y tortilla, la pérdida en vidas humanas era tremenda, nuestras fuerzas militares ya no crecían, aunque nuestra capacidad militar hubiese avanzado mucho. Las ciudades estaban exterminadas por los escuadrones de la muerte, y desde el punto de vista material, nuestras bases de apoyo se debilitaban. No estaba Carter, sino Reagan, y su sucesor Bush no iba a modificar la política de tierra quemada; Nicaragua soportaba otra guerra mantenida por los gringos y no podía sostener el mismo grado de apoyo solidario; el abastecimiento de material se hacia más y más complicado. No había salida, hicimos acopio de fuerzas y desplegamos la ofensiva, forzamos la negociación, abrimos un nuevo periodo al país.
Pero vosotros y el movimiento popular logró un alto nivel de movilización y una extraordinaria capacidad operativa. ¿Se tuvo en algún momento, la posibilidad de triunfar como en Nicaragua?
Sí, al principio. En 1981 esperábamos una insurrección victoriosa. Veníamos de un ascenso del movimiento increíble. El 22 de enero de 1980, convocados por la Coordinadora Revolucionaria de Masas, más de ¡¡300.000!! personas se manifestaban contra la junta militar impuesta por los gringos. Eso en un país tan pequeño como él nuestro, de seis millones de habitantes, en una ciudad de un millón.
El ascenso venía desde principios de los 70, fue el momento de la construcción de los grandes Frentes de masas, las FPL (Fuerzas Populares de Liberación), que ganan al importantísimo movimiento de maestros que dirigía Mélida Anaya Montes y posteriormente acuerdan con los jesuitas que dirigían la FECAS, quizá la estructura popular de mayor inserción social; RN (Resistencia Nacional) logra organizar un frente popular de masas, el FAPU, con fuerte presencia entre los sindicalistas de la industria y de los electricistas; por nuestra parte, el ERP, organizamos las ligas populares campesinas, la federación de estudiantes revolucionarios secundarios y las LP-28. El país hervía, la opción de la lucha guerrillera se basaba en esta situación; el Partido Comunista que se opone a esta salida queda debilitado frente a las fuerzas que nos orientamos a la lucha armada. Para quebrar esa posibilidad de insurrección se da el golpe de Majano en 1979, una intentona militar preventiva que hace concesiones como la reforma agraria para frenar la lucha armada, pero los poderes oligárquicos no ven la ganancia y se instaura un régimen de terror y genocida, avalado y sostenido por los Estados Unidos.
Nos replegamos al campo, pero con la perspectiva de volver a levantar las ciudades, pero esto no se produce y nuestra lucha es sobre todo mantener la llama. Nuestro posterior desarrollo en el campesinado y en el campo militar no puede solucionar la derrota en las poblaciones, y una estrategia, entonces tan en boga, de guerra popular prolongada a los diez años se muestra como inviable, por todo lo que te he dicho.
Fueron dos grandes procesos: la insurrección urbana y la guerrilla con base en el campo que no coincidieron plenamente. Además, el marco internacional favorable fue cambiando a partir del reaganismo.
¿Y cómo es ese país, ahora a los diez años de la ofensiva del 89?
Es muy diferente, en primer lugar por el marco político que te he señalado antes y la institucionalización democrática erradicando la violencia. Tampoco es el país agropecuario del comienzo del conflicto, estamos ante una economía de servicios y de alto nivel de consumo basado en las remesas de dólares que envían los más de dos millones de salvadoreños que viven en EE.UU., especialmente en Los Ángeles. Estamos en un país que es bicultural, donde Radio Venceremos, que continúa como radio comercial, se está planteando emitir programas en inglés porque los hijos de los emigrantes hablan esencialmente ese idioma. Un 20 % de los sectores populares se benefician de los dólares que ingresan, unos 2.000 millones por año. Sin embargo, estamos en una economía no productiva, donde la industria base casi no existe y no hay una política de los gobiernos para desarrollarla.
Se ha producido un importante desarrollo en la educación, y los niveles de formación de nuestros hijos son mejores que en épocas pasadas. Pero somos un país pequeño que sufre intensamente los problemas de las sociedades urbanas actuales: desempleo, la salud, la vivienda, la violencia doméstica, la delincuencia,…. Como decía hace poco la Embajadora de los EEUU en El Salvador, la señora Patterson, las discusiones de la sociedad en El Salvador no se diferencian de las que hay en Estados Unidos: paro, salud, miseria, educación, violencia urbana…..
¿Y políticamente como están las cosas? Para los que no estamos en El Salvador, ARENA es una organización de extrema derecha, todavía identificada con el organizador de los escuadrones de la muerte, D´Abuisson, y el FMLN es el referente básico de la izquierda. Sin embargo, vosotros, que habéis sido parte fundamental del mismo y que habéis contribuido a que fuese un emblema de solidaridad en todo el mundo, ya no formáis parte de él y mantenéis otra alternativa.
La derecha se ha adaptado al nuevo marco mucho más rápidamente que la izquierda, hoy ARENA es un partido de derechas pero abierto al cambio, orientado no hacia el viejo núcleo de la derecha militarista sino a los sectores emergentes y las clases medias, aún más, ha dejado a su derecha a sectores más resistenciales como puede ser el PCN (Partido de la Conciliación Nacional)
La izquierda por su parte está muy atrás. El FMLN que contaba con la bandera de la guerra y de la paz, se ha anclado durante mucho tiempo en ese discurso. El Partido Comunista, que se opuso a la lucha armada, acusándonos casi de provocadores, y que se incorporó a la misma en los últimos momentos, cuya presencia en la estructura militar era mínima frente a las FPL y al ERP y que se acantonaba en la red urbana, se ha hecho ahora con el control del Frente, convirtió la convivencia en el mismo en algo imposible: acusaciones de traición, insultos, maniobras… Se cargaron las posibilidades en las Presidenciales descabalgando al candidato natural y de mayor prestigio, Héctor Silva, alcalde de San Salvador. Una pugna entre ortodoxos y renovadores recorre todo el país. Alcaldes a los que se retira el apoyo, aunque luego se pierda. Sin ir más lejos, ¿no es vergonzoso que Perquín, la capital de la guerrilla, esté hoy en manos de ARENA? Pues una de las razones por las que perdimos la alcaldía es porque los votos del FMLN fueron a apoyar a la derecha para evitar que nosotros, el PD, mantuviésemos el municipio.
Pero, más allá de las razones internas, está la no-adaptación al cambio. El FMLN ha marcado una línea resistencialista, cuando no hay que profundizar la herida de la confrontación y la gente no quiere mirar hacia atrás. Desde el punto de vista de los desmovilizados su orientación ha sido paternalista y asistencialista, en lugar de desarrollar todas las posibilidades de la población, presentando un nuevo proyecto.
Plantearse firmar unos acuerdos de paz con miles de mujeres y hombres alzados en armas, debe ser de una extraordinaria dificultad: las dudas sobre el momento, el interrogante del comportamiento de la otra parte de la mesa, las resistencias de los tuyos, las presiones de todo tipo, pero sobre todo existe un aspecto que quiero que te detengas en él: el futuro de los combatientes desmovilizados, el qué pasará con esos guerrilleros el día después, cómo construir la normalidad desde la excepcionalidad. La rebelión armada no es sólo la lucha, también es una forma de vida, un sistema de relaciones basado en el compañerismo pero también en el verticalismo, en las órdenes, en la resolución de los problemas con el enemigo a tiros. Esto pesa enormemente en todos los procesos de negociación de paz abiertos: pasa en Palestina, pasa en Irlanda, va a pasar en Euskadi, está siendo un grandísimo problema en Colombia. Es el problema del día después y de cómo se aborda.
En primer lugar está, justamente por esa estructura militar a la que te refieres, el convencimiento de los dirigentes de que había que ir a la desmovilización y el proceso de paz. Sin la convicción y decisión de ellos sería imposible. Y van a tener que vencer todas las resistencias. Los principales cuadros del ERP y de las FPL lo teníamos claro: Joaquín, Jonás, Claudio, Luisa, Facundo, Nidia, todos veíamos que las fuerzas ya no crecían, que nos estancábamos. Hubo resistencia e incluso nos acusaron de traidores los del PC, Shafhik Handal incluido, ellos que sólo tenían poco más de 100 combatientes. Pero la evolución de la situación nos cargaba de razones.
El segundo paso, el traslado a la dirigencia intermedia, fue fácil: nueva situación, nuevo país. Ellos estaban muy pegados a la gente.
Lo tercero fue plantearse una estrategia de reinserción en la vida civil. Ya no se iba a vivir más de las armas y cada uno se tenía que desarrollar, ayudándoles a empezar. El ERP fue el que más lejos lo llevó, cuando Joaquín Villalobos planteó que en aquél momento se deshacía el vínculo de responsabilidad que nos unía y que cada uno tenía que resolver su situación. Fue muy duro. Asumir la libertad de todos y cada uno, y desde esa libertad apoyar con todas las fuerzas.
La derecha no quería asumir los programas de reinserción, hubo que arrancarles el programa de tierras, los créditos para autoempleo, las pensiones para los lesionados, la cobertura para los huérfanos, la construcción de un nuevo tipo de organizaciones para realizar nuevos proyectos, la financiación de los mismos, conseguir la cooperación internacional. Todo ello nos ha llevado estos años y no acaba.
Otro factor de gran importancia era el miedo, qué pasaría ahora sin armas, en manos de los antiguos enemigos. Aquí, junto a la reestructuración del ejército, la clave estuvo en la nueva policía. Más de 2.000 combatientes entraron a la nueva Policía Nacional Civil y eso era una garantía para ellos pero sobre todo para el resto, sabíamos que allí estaban los compas y que no iban a permitir que la Policía actuase como sus antecesoras. Entraron además jefes con responsabilidad.
¿Y vosotros, los dirigentes?
Pues igual que el resto. a resolvernos la vida, yo por ejemplo fui Vicepresidenta de la Asamblea Legislativa de la República, pero he vuelto a estudiar y me acabo de graduar en medicina preventiva, retomando el camino que deje en 1973, pero todos los comandantes hemos hecho lo mismo Chico, Luisa, Mariana, Joaquín, que es muy sonado que está en Oxford. Y trabajamos en las asociaciones, institutos y ONGs donde está nuestra gente y peleamos con ellos para que saquen sus proyectos hacia delante.
Nosotros teníamos una visión diferente a aquellos que en el Frente planteaban una visión más proteccionista, más subvencionada del nuevo período, pero pienso que nos pasamos. El corte era necesario, pero podíamos haber tutelado más el proceso, y aunque lo hemos hecho no ha sido suficiente.
Lo que sí es claro es que lo que se haga en el próximo período contará con nosotros, pero la gente tiene que asumir nuevas responsabilidades y las está asumiendo. Ya viste aquí en Perquín, como sin nuestra presencia los compas se organizan, agrupan a la gente, has escuchado como incorporan a los líderes de las iglesias evangélicas sin ningún dogmatismo, impulsan nuevos proyectos. Tienen ideas, tienen además mucha experiencia y la gente los quiere. Somos conscientes que una posición como la nuestra, que no hace de las banderas del pasado su capital político, no es fácil, pero también sabemos que es un proceso a tiempo y que ahí iremos avanzando.
Perquín, departamento de Morazan, El Salvador

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