sábado, 19 de febrero de 2011

Nuevas Tecnologías y el 'poder de los sin poder'


SASKIA SASSEN, SOCIÓLOGA
POR PABLO ROMERO

BARCELONA.- Saskia Sassen, investigadora social y considerada una de las cinco máximas autoridades mundiales sobre la Sociedad de la Información, analiza en el Navegante conceptos como las divisiones sociales, el control de las tecnologías y las nuevas fuerzas sociales, tan contrapuestas como los activismos pacifistas o las redes terroristas, que han encontrado un eco importante de la Red, para preguntarse finalmente acerca del 'poder de los sin poder'.

Nacida en Holanda, vivió 14 años en Argentina y actualmente está establecida en EEUU. es una reputada especialista en asuntos urbanos, actualmente profesora de Sociología en la Universidad de Chicago y profesora invitada en la London School of Economics, Reino Unido. Se volvió conocida internacionalmente luego de publicar su obra seminal – La Ciudad Global, en 1991 (Princeton University Press), reeditada y revisada en 2001

El Navegante tuvo la oportunidad de realizar una entrevista a Saskia Sassen.


P.- Vivimos en un mundo en el que las nuevas tecnologías nos imponen tener una identidad digital. ¿Estamos preparados?

R.-Bueno, sí y no. Por un lado, sí, porque existe el concepto de identidad digital casi como imaginario. La gente que aún no la tiene, especialmente en el primer mundo, tiene un imaginario en torno a ese concepto. Y no, porque en realidad es un proceso en formación, una buena parte de la gente sólo asume su identidad digital como un juego, sólo la vertiente lúdica, en los videojuegos, o en los juegos sexuales, o cuando pretenden ser una persona que no son (el hombre viejo que pretende ser un jovencito)...

P.-Como en ciertos chats...

R.-Exacto, los chats. En realidad, creo que es un tema mucho más profundo que ese nivel un poco lúdico. Yo creo que hay un sector que ya tiene identidad digital, y tenemos datos sobre eso. Y es un sector muy interesante, ya que entre ellos se da una interactividad y una confianza muy fluida en el mundo digital, y cuando esa gente se conoce en persona las relaciones son más difíciles. O sea, miembros de grupos que han trabajado juntos, como grupos de activistas, disponen de una identidad digital, y al conocerse físicamente (identidad real) puede llegar a caer mucho la comunicación y el interés

P.- Parece que las instituciones fomentan el tener una identidad digital (firma electrónica, por ejemplo), porque cada vez es más necesario, pero desde el punto de vista social ¿es un complemento a la identidad 'real', o es también una imposición?


R.- Bueno, es que el concepto varía muchísimo. Por un lado, tenemos a grupos que realizan interacciones puramente digitales, que cuando se conocen en la realidad la interacción digital sufre un poco, ya no hay tanto interés como antes. Esto me indica que existe una identidad digital para cada uno que propicia relaciones muy fáciles y agradables, y que parece que no conviene tratar de conocer físicamente a la otra persona. Yo, como activista política y como investigadora, tengo toda una serie de interacciones con otra gente únicamente a nivel digital, y es lo más cómodo: no me interesa conocer a los demás (risas). No quiero entrar en toda la profundidad que implica reconocer la cara, los gestos... de la otra persona. Para mí, eso es una identidad digital.

Ahora bien, por otro lado, creo que la idea de la gente no es esa, la gente aún no ha comprendido la idea. No obstante, creo que se va a dar un fenómeno muy interesante en la ciudad, y que es que estas tecnologías, diseñadas sobre todo para comunicaciones a largas distancias, cuando son usadas en el ámbito local, son un instrumento que generan comunidades en nuestras sociedades urbanas — que son un poco anárquicas, quizá demasiado grandes—. Pero eso no es identidad digital, sino la consecución de una sensación de pertenencia a una comunidad a través de interacciones digitales. Esto genera unos efectos muy positivos. Un ejemplo claro son las comunidades gay.

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