viernes, 29 de noviembre de 2013

Cambios geopolíticos en Oriente Próximo- MARIANO AGUIRRE


Las alianzas tradicionales se modifican en la región a medida que emergen nuevos actores. Este nuevo mapa estratégico que se va configurando redefinirá el papel de Occidente, que está perdiendo influencia
MARIANO AGUIRRE El País de Madrid
La primavera árabe que transformaría democráticamente Oriente Próximo ha resultado ser un periodo de violentas incertidumbres y realineamientos geopolíticos inesperados. Los optimistas estrategas de la promoción de la democracia no previeron que la caída de los dictadores podría generar una fragmentación violenta de la región con ondas expansivas.
El colonialismo definió fronteras y Gobiernos autocráticos, muchos asentados sobre codiciados recursos energéticos, que establecieron relaciones privilegiadas con Occidente durante décadas aplicando políticas económicas excluyentes para la mayorías de las sociedades. La invasión de Irak en 2003 y la operación de la OTAN contra Muamar el Gadafi en 2011 fueron los últimos intentos de Occidente de manejar una región crecientemente incontrolable. El impacto de esos dos sucesos pos-imperiales generó olas de radicalización islamista que se desplazaron hacia Siria y Somalia, desde el norte de África hacia el Sahel, y masivos movimientos de refugiados e inmigrantes en múltiples direcciones.
En los países que Occidente practicó el “cambio de régimen” —Irak, Libia y Afganistán— reina la fragmentación sectaria, la corrupción y la inseguridad para los ciudadanos, y la constante tensión entre Estados centrales débiles y regiones que pugnan por la secesión. Entretanto, los Gobiernos no presentan nuevas políticas para luchar contra la pobreza, la desigualdad y el inmenso desempleo juvenil.
La región se ve afectada por fracturas transfronterizas. En Siria luchan, por un lado, grupos armados por Turquía, Arabia Saudí y las monarquías del Golfo (el bando suní) contra otros apoyados por Irán y Hezbolá (bando chií) en favor y en contra del Gobierno de Bachar el Asad de la minoría alauí (chií), armado a su vez por Rusia e Irán. George Joffé, de la Universidad de Cambridge, subraya que “una situación no muy diferente de la que ocurrió durante la guerra fría ha sido recreada. Aparte de sus propios problemas, la región de Oriente Próximo y norte de África está desempeñando otra vez el papel de delegada y zona de ruptura entre bloques en tensión”.
La división entre suníes y chiíes, con diferentes interpretaciones sobre la descendencia de Mahoma desde hace casi 1.400 años, es crecientemente violenta, algo que podría afectar a Arabia Saudí. El investigador Sverre Lodgaard dice en su libro In the wake of the Arab Spring que “los conflictos económicos y políticos son vistos a través de filtros religiosos y étnicos, y este mecanismo los vuelve más fuertes”.
Libia está controlada por más de 400 grupos armados y la región de Cirenaica demanda su autonomía. Miles de yihadistas y grupos vinculados a Al Qaeda operan en Siria, Irak, Libia, Yemen y desde Malí hasta Nigeria, al igual que en Somalia y Kenia. No todos los insurgentes están unidos en una organización, ni todos los problemas tienen el mismo origen, pero hay tendencias comunes entre la guerra de identidades en Siria e Irak, la ruptura del control del Estado en Libia, el atentado en el centro comercial de Nairobi, y el creciente flujo de emigrantes a través del Mediterráneo.
Estados Unidos y Europa asisten a estos múltiples dramas varios pasos por detrás de las circunstancias y asisten a una pérdida de influencia. Washington trata de recuperar peso con acuerdos sobre Irán e Israel-Palestina. En Egipto, por ejemplo, se apoyó a la democracia autoritaria de los Hermanos Musulmanes para luego afirmar que el Gobierno militar que retomó violentamente el poder en julio pasado “está siguiendo una hoja de ruta (hacia elecciones libres), al menos según nuestra percepción”, en palabras elípticas del secretario de Estado, John Kerry. El resultado es que los militares egipcios vuelven a ser los dueños de la situación, algo coherente con su control de aproximadamente el 40% de los sectores clave de la economía. Con el apoyo económico de Arabia Saudí y países del Golfo, los militares egipcios quieren eliminar toda huella de los Hermanos Musulmanes. Así chantajean a Washington y Europa de la misma forma que lo hacía Hosni Mubarak, presentándose como los estrictos opositores al islam radical a la vez que reivindican su independencia para comprar armas a Rusia y otros países, acabando con el monopolio y control que tenía Estados Unidos.
Las alianzas tradicionales que Occidente, especialmente Estados Unidos, tenía en la región se ven afectadas, en particular con Arabia Saudí, Israel, Turquía y Egipto. Después de casi una década de ocupación estadounidense de Irak, el Gobierno represivo de Nuri al Maliki tiene estrechos vínculos con Irán y China. La falta de política de Washington, en parte remediada con el reciente acuerdo con Irán, abre espacios para Rusia y China. Moscú tiene crecientes buenas relaciones con Teherán, Bagdad, Damasco, Riad y Hezbolá. Ankara (miembro de la OTAN) estudia comprar armas a Pekín.
La monarquía de Riad está furiosa con Barack Obama por negociar con el Gobierno iraní su programa nuclear, dar pasos atrás en atacar al régimen sirio, y por haber apoyado el Gobierno de los Hermanos Musulmanes para luego criticar tibiamente el golpe militar egipcio. El Gobierno israelí comparte las mismas críticas hacia la Casa Blanca.
Arabia Saudí usa su gran poder económico para influir en la guerra siria. Los saudíes intentan crear un “ejército del islam” que unifique a los grupos armados salafistas contra el régimen de Bachar el Asad y debilitar a los grupos armados ligados a Al Qaeda. La estrategia de Riad es equivocada porque los salafistas sirios tienen posiciones radicales más cercanas a Al Qaeda y, además, se fomenta la fragmentación de la oposición.
Incluso Israel, el aliado de EE UU más firme en la región, no responde a lo que Washington quiere, enarbola la posibilidad de atacar las instalaciones nucleares de Irán y continúa expandiéndose en Cisjordania. John Kerry se esfuerza para alcanzar en 2014 un acuerdo entre Israel y la Autoridad Palestina. Paradójicamente, Washington cree que el conflicto considerado de más difícil solución podría ser otra carta victoriosa después del éxito con Irán.
Pero Israel tiene divisiones y posiciones internas que no facilitarán las cosas. En el improbable caso de que el primer ministro Benjamín Netanyahu cambiase su posición y la Autoridad Palestina, presionada por Estados Unidos y a cambio de fondos para su supervivencia, aceptara un acuerdo limitado, los partidos de la ultraderecha religiosa en Israel, y la división interna entre Al Fatah y Hamás, lo bloquearían. Un acuerdo en los mínimos no frenará los asentamientos, ni incluirá el regreso de los refugiados y la doble capitalidad de Jerusalén.
Se configura un mapa estratégico que puede cambiar “las alianzas, los desafíos de seguridad, el comercio y los flujos energéticos”, dice Robin Wright, investigadora del US Institute for Peace, en el que podrían surgir nuevos Estados o ciudades-Estado con múltiples identidades, como Bagdad. Quizá no se modifiquen las fronteras, pero podrían generarse rupturas y alianzas fluidas e informales. Los kurdos de Irak y Siria podrían unirse mientras que los suníes de esos mismos países se aliarían entre sí. Líbano y Jordania son dos eslabones muy débiles, profundamente impactados por la presencia de decenas de miles de refugiados sirios y la implicación de Hezbolá en Siria. Las monarquías del Golfo, como Bahréin, presentan violentas tensiones internas entre las comunidades suníes y chiíes. El mapa energético también cambiará, con Irán exportando petróleo sin restricciones. Martin Chulov, corresponsal de The Guardian en la región, dice que “el paisaje geopolítico no será el mismo en una década”.
El acuerdo alcanzado sobre el programa nuclear iraní, limitándolo al terreno civil, reducirá parcialmente las inquietudes de los Estados suníes. El complejo paso siguiente sería lograr un acuerdo entre Rusia, Estados Unidos y las potencias locales (en particular Irán, Arabia Saudí, Turquía y Catar) con el fin de pactar una retirada de las fuerzas delegadas en Siria, primer paso de un proceso de paz. Los escenarios del futuro son acuerdos regionales entre Estados inclusivos o crecientes rupturas violentas.
Mariano Aguirre es director del Norwegian Peacebuilding Resource Centre (NOREF).


martes, 26 de noviembre de 2013

Jánuca y los derechos civiles por Carlos Braverman



Mañana miércoles 27 de noviembre de 2013, al salir la primera estrella es la primera noche de Janucá, que en hebreo significa “consagración”, es una celebración que se realiza durante ocho días generalmente en el mes de diciembre –mes de Kislev en el calendario hebreo- para conmemorar el logro de los Macabeos en la conservación de la identidad judía. El símbolo esencial de esta celebración es la luz y se representa a través del encendido de velas: una la primera noche, otra la segunda y así hasta que al final de la octava jornada arden todas las luminarias en un candelabro de ocho brazos. Simboliza el derecho de todos a ser diferentes, a expresar una identidad, una cultura, a vincularnos con otras culturas por libre elección y a decir no a la opresión. Conmemoramos la reapertura del Gran Templo mediante la victoria militar sobre los Asirios que imponían entonces su cultura y valores los hebreos mediante la opresión. Pero una victoria militar implica muerte, dolor y angustia. Mientras que el encendido de la Menoráh representando la re-dedicación del Gran Templo es un acto humano positivo. De esta forma no rendimos tributo a la victoria militar sino a la vida. En Janucá celebramos los derechos de las minorías a ser diferentes, a expresar sus sentimientos y a practicar sus costumbres y tradiciones. Un sistema democrático se distingue por ser representativo de la voluntad de la comunidad que se expresa a través de él. En las tiranías y los modelos despóticos, los grupos que no gozan del consentimiento de las masas, imponen mediante la opresión sus intereses. El pueblo si no establece resistencia sufre entonces el yugo que se le impone. Pero aún en sistemas ostensiblemente democráticos, se intenta imponer con frecuencia una dictadura de las mayorías. Éstas pueden ser más opresivas aún, porque gozan del aval de las elecciones libres. En el judaísmo, en cambio, sostenemos la inviolabilidad de ciertos derechos humanos básicos, que ningún grupo puede abrogar. Janucá es una auténtica manifestación de los valores de la libertad y los  derechos civiles. Cada individuo y cada grupo tienen el derecho inviolable del libre pensamiento, de la libre expresión y a vivir de acuerdo con sus propias tradiciones y creencias. En la historia de la humanidad todos los pueblos, en todas las épocas, tienen sus mártires por una vida digna, tienen  victimas renombradas y desconocidas. Los pueblos siempre avanzan en la construcción de su historia. Jánuca en el calendario común promedia el 10 diciembre, Día Internacional de los Derechos Humanos. Con la universalización de los derechos humanos estos se vuelven generales en todo el mundo y el hombre ha adquirido la calidad de sujeto del derecho internacional, ya que todo hombre puede llevar denuncias o quejas ante las organizaciones supra-estatales, para que sus derechos sean respetados y defendidos. Universalizar los derechos humanos, es admitir que todos los hombres en todo el mundo, deben gozar de derechos porque el hombre es persona. Internacionalizar los derechos humanos es hacer exigible en virtud del derecho internacional público que todo estado reconozca derechos a todos los hombres, también porque el hombre es persona. Los derechos humanos significan una estimativa axiológica en virtud del valor de justicia, que se impone al estado y al derecho positivo. Todo el mundo debe reflexionar sobre estas cuestiones, nosotros en Jánuca, los israelíes judíos estamos más que obligados.
Nuestra sociedad israelí sufre de una democracia muy deteriorada, la ocupación y los asentamientos siguen avanzando y afianzándose, las fracturas de ésta democracia se están ampliando con leyes nacionalistas y excluyentes de las minorías legisladas casi sin interferencias insttucionales.
Nuestra sociedad se volcando con prisa desmesurada hacia una  derecha y nacionalista peligrosa.
Para fraseando a  Spencer: si es un deber mantener los propios derechos, también es un deber respetar los derechos de los demás.
 ¡Feliz Jánuca!¡Jag Jánuca Sameaj!
חג חנוכה סמח
*Carlos Braverman es Politólogo y Psicólogo, miembro de la Asociación de Derechos Civiles en Israel, militante por la coexistencia judeo-árabe en Israel y la paz con el pueblo palestino. Es miembro del Partido Socialista de Israel (Meretz), e integrante de Paz Ahora (Shalom Ajshav). Es Presidente del Instituto Campos Abiertos de Israel (Investigación y desarrollo en Ciencia Política). Su trabajo está centrado en la investigación, la academia, la docencia y la actividad política; así como en el periodismo y el trabajo por los derechos civiles.
Derechos reservados: Instituto Campos Israel ISBN963-03- 0316- 2 מסת"ב



martes, 29 de octubre de 2013

El nuevo reformismo laborista: un espacio para la izquierda


Ed Miliband ha pasado un verano de perros, asediado por los debates sobre la financiación sindical al Partido Laborista, sus bajos índices de popularidad y una serie de ataques repugnantes de los Blairites en el gobierno en la sombra, que no pueden perdonarle haber derrotado a su hermano para convertirse en el líder del partido hace tres hace años.
Todo se ve muy diferente ahora. En las últimas semanas, Miliband ha reaparecido triunfante en la escena política - ¡horror de los horrores! - criticando las políticas del gobierno de coalición, y ha descubierto que no le ha hecho el menor daño. La necesidad de oponerse a los impopulares conservadores y sus miserables aliados demócratas-liberales debería ser obvia para los laboristas. Sin embargo, hasta ahora han hecho muy poco para romper el acogedor consenso parlamentario de los principales partidos.
Siria
Pero el verano ha cambiado el panorama. Primero fue la votación sobre Siria: el rechazo de Miliband a respaldar una apresurada votación en agosto sobre si Gran Bretaña debería participar en un ataque aéreo contra Siria marcó un punto de inflexión. Los laboristas descubrieron que el rechazo era inmensamente popular entre la opinión pública, fuertemente anti guerra desde hace más de una década. También obligó a Obama a trasladar la decisión de EE.UU. al Congreso, y su probable rechazo le obligó a posponer la intervención directa.
Luego hubo la promesa muy ambigua de Miliband de congelar los precios de la energía durante 20 meses en caso de ser elegido en 2015. Las compañías de energía y quienes las apoyan en las filas conservadoras y los medios de comunicación reaccionaron con una furia predecible ante la menor reducción en sus beneficios. Pero planteó la cuestión de un cierto control sobre las grandes empresas, y de alguna manera, aunque fuese pequeña, comenzó a desafiar la idea de que no hay alternativa al consenso neoliberal.
La tercera y quizás más sorprendente posición política de Miliband ha sido su decisión de hacer frente al The Daily Mail tras su repugnante artículo sobre su difunto padre, el académico marxista Ralph Miliband. La intransigencia de The Daily Mail y el choque contra una puerta de su reportero en un funeral en memoria de su tío, se han traducido en una clara mayoría en una encuesta de la semana pasada que pide que el periódico se disculpe.
Fractura
Todo ello sumado no sólo ha producido la creciente sensación entre los trabajadores de que necesitan unas políticas claras que se diferencian de las de los conservadores. También demuestra que hay signos de fisuras en el consenso político del establishment que ha sido hegemónico durante tanto tiempo. Durante más de una década, las encuestas han mostrado que la gran mayoría de los trabajadores tienen posiciones más a la izquierda que las de los partidos mayoritarios en toda una serie de cuestiones. Especialmente en lo que se refiere al apoyo a la nacionalización y ell rechazo de las privatizaciones, la oposición a la guerra, una sanidad pública (NHS) financiada en su totalidad por el estado, y el deseo de reducir la desigualdad. Ha habido, por lo tanto, un desfase importante entre las actitudes populares y su representación política. Incluso la fisura más pequeña de este consenso tiene el efecto de hacer que diferencias relativamente menores
aparezcan como mayores de lo que en realidad son.
El debate que han suscitado abre posibilidades para la izquierda. Por primera vez en años, los medios de comunicación y amplios sectores de la sociedad están interesados en debates ideológicos que han tendido a ser del dominio exclusivo de pequeños grupos. Cuando Miliband es acusado de tratar de proponer medidas socialistas, o incluso de ser un marxista inconfeso, la cuestión tiene un alcance masivo, aunque sea de forma distorsionada. La intransigencia de las compañías de energía, y la amenaza de los Tories de privatizar el servicio de correos, plantea la discusión sobre la nacionalización y la propiedad pública.
Hay muchas razones para ser escépticos sobre Miliband: la historia reciente del laborismo, su incapacidad para llevar a cabo reformas importantes en los últimos años, su defensa de las políticas de austeridad y las intervenciones militares que no difiere en lo esencial de los conservadores, su posición muy débil en materia de inmigración. Tampoco defiende Miliband una ruptura real con el pasado de Blair. Hace muchos años que repudió el tipo de socialismo que defendia su padre, Ralph Miliband, y no hay ninguna razón para suponer que ha cambiadode opinión.
Sin embargo, también es un error actuar como si nada hubiera cambiado, cuando es evidente que hay al menos una percepción distinta de las diferencias más generales entre los dos principales partidos y es probable que siga siendo así hasta las elecciones de 2015. Esto significa que algunas personas que abandonaron el Laborismo como consecuencia de la guerra de Irak puede pensar ahora en volver a apoyarlo, y que incluso las muy limitadas
reformas que ofrece Miliband puedan ejercer algún atractivo en ausencia de cualquier otra
alternativa electoral de izquierda.
El desafío del reformismo
La reacción equivocada es limitarse a decir, como hace parte de la izquierda, que todo esto es reformismo sin intentar pensar que tipo de relación tiene que mantener con él. Lo que se convierte en una profecía autocumplida, en la que el reformismo es siempre dominante y los pequeños grupos de revolucionarios son siempre incapaces de plantear una alternativa que no sea en los términos más abstractos.
En su lugar, debemos comprender que Miliband ha avanzado en la dirección que lo ha hecho,en primer lugar, porque según las encuestas temas como las empresas de energía o la guerra son profundamente impopulares. Ha cosechado un beneficio personal y político al enfrentarse a Cameron sobre ellos. También ha tomado nota de las diversas protestas sobre otras cuestiones, desde el “impuesto dormitorio” hasta la manifestación en defensa del NHS en Manchester, y el creciente nivel de descontento entre los simpatizantes tradicionales del
Laborismo sobre estos y otros temas.
Los conflictos obreros también está empezando a crecer después de la batalla de las
pensiones hace casi dos años. Los trabajadores de Hovis, en Wigan, han ganado su batalla
contra los contratos temporales, los profesores están haciendo con éxito huelgas y
manifestaciones por sus salarios, los bomberos están también en huelga y existe la posibilidad
de un gran conflicto salarial en el NHS.
Es imposible predecir cómo las cuestiones políticas influyen en las luchas obreras, y con
frecuencia la relación es compleja, pero es probable que muchos trabajadores se vean
alentados por una diferenciación clara entre los conservadores y los laboristas. En cualquier
caso, el éxito de las huelgas combativas también ejercerá presión sobre el Laborismo al
recordar que los miembros del sindicato tienen muchas reivindicaciones que quieren conseguir.
Todo ello subraya la importancia del frente único, en general, - del trabajo conjunto de todas las
izquierdas en campañas específicas que puedan avanzar los intereses de la clase obrera - y de
la Asamblea del Pueblo, en particular.
La Asamblea está teniendo gran éxito en la creación de un gran movimiento unido contra la austeridad y sin duda ayudará a cambiar el panorama político en la izquierda y los sindicatos. Tiene que ser construida como un movimiento independiente y democrático que puede movilizar antes de las elecciones y después.
Las recientes declaraciones de Miliband han hecho al Laborismo un poco más atractivo para algunos sectores de la izquierda, abriendo mayores oportunidades a la izquierda para movilizar y hablar de política. Entender esta contradicción, y actuar sobre ella, será una prueba de fuego para los socialistas en los meses venideros.
Lindsey German es una veterana feminista marxista británica, autora entre otros libros de Material girls: Women,men and work; Sex, class and socialism y A People´s history of London.
www.sinpermiso.info

Uri Avnery: político, periodista y pacifista israelí cumple 90 años













Uri Avnery, político, periodista, pacifista y pionero de una visión distinta de Israel con su libro "Israel sin Sionistas". Uri celebró con un multitudinario homenaje sus 90 años.

Uri Avnery es  periodista, escritor y activista por la paz israelí. Formó parte del parlamento israelí (Knéset) durante tres periodos legislativos con un total de diez años como diputado.
Nacido en una familia de clase media en Westfalia (Alemania), ante la llegada de los nazis al poder en Alemania en 1933, emigraron a Palestina. De 1938 a 1942 fue miembro de la organización sionista Irgún.
En la Guerra árabe-israelí de 1948 fue herido gravemente. De 1950 a 1990 fue jefe editor de la revista de noticias Haolam Haseh. En1993 fue miembro fundador de Gush Shalom (Bloque Israelí por la Paz).
Como fuerte representante del laicismo, que separa el Estado de la religión, se opone a la influencia del judaísmo ortodoxo en la política israelí y propone un "Israel sin sionismo", por considerar que éste cumplió su misión histórica y hoy complica la agenda pública de Israel.
El 13 de septiembre de 2003 se ofreció como escudo humano en la zona palestina de la sede de la presidencia en Ramallah. Junto con otros 30 activistas por la paz, entre ellos los miembros del Parlamento (Knéset) Issam Mahoul y Ahamad Tibi, así como el anciano activista del Meretz Latif Dori y el historiador Teddy Katz, para (según su versión) “evitar las intenciones del Primer Ministro Ariel Sharón de asesinar, con soldados bajo su mando, a Yasir Arafat”.
Sus críticos le reprocharon que con esta acción y muchas declaraciones en entrevistas y a la prensa, apoyaba la política de Arafat: “El movimiento pacifista del lado palestino es dirigido por Yasir Arafat. Él es el movimiento pacifista” declaró Avnery en una entrevista para la revista Konkret en el edición del 6 de junio de 2002  Probablemente Avnery quiso decir que Arafat poseía una enorme popularidad entre los palestinos, de modo que Israel no podía evitar a Arafat en las discusiones por la paz.
En la misma entrevista Avnery respondió a la pregunta sobre la muerte de los llamados colaboradores en las zonas palestinas:
“Naturalmente hubo asesinatos de los colaboradores, estos son traidores. [....] Quien entrega a sus compañeros a la ocupación enemiga, es un traidor, según las reglas de las organizaciones militares, aún en la clandestinidad, y será liquidado. [...] Yo fui terrorista cuando era joven. […] También liquidamos a colaboradores que entregaron a nuestros camaradas al régimen colonial inglés. ”
En tiempos de guerra tiene lugar un entendimiento entre todos los participantes. Por ello es importante luchar por la paz:
“En los últimos 71 años de mi vida no he vivido un solo día de paz. Espero y creo que pueda vivir la paz. “(Uri Avnery el 10 de junio en Salzburgo, Austria).
Extracto de Wikipedia con agregados propios. C.B.


jueves, 24 de octubre de 2013

De como cierto feminismo se convirtió en criada del capitalismo. Y la manera de rectificarlo


Por Nancy Fraser 


 
Como feminista, siempre he asumido que al luchar por la emancipación de las mujeres estaba construyendo un mundo mejor, más igualitario, justo y libre. Pero, últimamente, ha comenzado a preocuparme que los ideales originales promovidos por las feministas estén sirviendo para fines muy diferentes. Me inquieta, en particular, el que nuestra critica al sexismo esté ahora sirviendo de justificación de nuevas formas de desigualdad y explotación.
En un cruel giro del destino, me temo que el movimiento para la liberación de las mujeres se haya terminado enredando en una "amistad peligrosa" con los esfuerzos neoliberales para construir una sociedad de libre mercado.
Esto podría explicar porqué las ideas feministas, que una vez formaron parte de una visión radical del mundo, se expresen, cada vez más, en términos de individualismo. Si antaño las feministas criticaron una sociedad que promueve el arribismo laboral, ahora se aconseja a las mujeres que lo asuman y lo practiquen. Un movimiento que si antes priorizaba la solidaridad social, ahora aplaude a las mujeres empresarias. La perspectiva que antes daba valor a los "cuidados" y a la interdependencia, ahora alienta la promoción individual y la meritocracia.
Lo que se esconde detrás de este giro es un cambio radical en el carácter del capitalismo. El Estado regulador del capitalismo, de la era de postguerra, tras la II Guerra Mundial, ha dado paso a una nueva forma de capitalismo "desorganizado", globalizado y neoliberal. La segunda ola del feminismo emergió como una critica del primero, pero se ha convertido en la sirvienta del segundo.
Gracias a la retrospectiva, podemos ver hoy como el movimiento de liberación de las mujeres apuntó, simultáneamente, dos futuros posibles muy diferentes. En el primer escenario, se prefiguraba un mundo en el que la emancipación de género iba de la mano de la democracia participativa y la solidaridad social. En el segundo se prometía una nueva forma de liberalismo, capaz de garantizar, tanto a las mujeres como a los hombres, los beneficios de la autonomía individual, mayor capacidad de elección y promoción personal a través de la meritocracia. La segunda ola del feminismo fue ambivalente en ese sentido. Compatible con cualquiera de ambas visiones de la sociedad, fue susceptible de realizar también dos elaboraciones históricas diferentes.
Tal como yo lo veo, la ambivalencia del feminismo ha sido resuelta, en los últimos años, en favor del segundo escenario, el liberal-individualista. Pero no porque fuésemos víctimas pasivas de la seducción neoliberal. Sino que, por el contrario, nosotras mismas hemos aportado tres ideas importantes para este desarrollo.
Una de esas contribuciones fue nuestra critica del "salario familiar": del ideal de familia, con el hombre que gana el pan y la mujer ama de casa, que fue central en el capitalismo con un estado regulador. La critica feminista de ese ideal sirve ahora para legitimar el "capitalismo flexible". Después de todo, esta forma actual de capitalismo se apoya, fuertemente, sobre el trabajo asalariado de las mujeres. Especialmente sobre el trabajo con salarios mas bajos de los servicios y las manufacturas, llevados a cabo no solo por las jóvenes solteras, sino también por las casadas y las mujeres con hijos; no sólo por mujeres discriminadas racialmente, sino también por las mujeres, prácticamente, de todas las nacionalidades y etnias. Con la integración de las mujeres en los mercados laborales en todo el mundo, el ideal del salario familiar, del capitalismo con estado regulador, está siendo reemplazado por la norma, más nueva y más moderna, aparentemente sancionada por el feminismo, de la familia formada por dos asalariados.
No parece importar que la realidad subyacente, en el nuevo ideal,  sea la rebaja de los niveles salariales, la reducción de la seguridad en el empleo, el descenso del nivel de vida, el fuerte aumento del numero de horas de trabajo asalariado por familia, la exacerbación del doble turno, ahora, a menudo, triple o cuádruple, y el incremento de la pobreza, cada vez más concentrada en los hogares de familias encabezadas por mujeres. El neoliberalismo nos viste a la mona de seda a través de una narrativa sobre el empoderamiento de las mujeres. Al invocar la crítica feminista del salario familiar para justificar la explotación, utiliza el sueño de la emancipación de las mujeres para engrasar el motor de la acumulación capitalista.
El feminismo, además, ha hecho una segunda contribución a la ética neoliberal. En la era del capitalismo con estado regulador, criticábamos, con razón, la estrecha visión política que, intencionalmente, se focalizaba en la desigualdad de clases y que no era capaz de fijarse en otro tipo de injusticias "no económicas", como la violencia domestica, las agresiones sexuales y la opresión reproductiva. Rechazando el "economicismo" y politizando lo "personal", las feministas ampliaron la agenda política para desafiar las jerarquías de status basadas en las construcciones culturales sobre las diferencias de genero. El resultado debía haber conducido a la ampliación de la lucha por la justicia, para que abarcara tanto lo cultural como lo económico. Pero el resultado ha sido un enfoque sesgado hacia la "identidad de género", a costa de marginar los problemas del "pan y la mantequilla". Peor aun, el giro del feminismo hacia las política de la identidad encajaba sin fricciones con el avance del neoliberalismo, que no buscaba otra cosa que borrar toda memoria de la igualdad social. En efecto, enfatizamos la critica del sexismo cultural precisamente en el momento en que las circunstancias requerían redoblar la atención hacia la critica de la economía política.
Finalmente, el feminismo contribuyó con una tercera idea al neoliberalismo: la critica al paternalismo del estado del bienestar. Indudablemente y de forma progresiva, en la era del capitalismo con estado regulador esa crítica ha ido convergiendo con la guerra neoliberal contra el "estado-niñera" y su más reciente y cínico apoyo a las ONGs. Un ejemplo ilustrativo es el caso de los "micro-créditos", el programa de pequeños préstamos bancarios para mujeres pobres en el Sur global. Presentado como un empoderamiento, de abajo hacia arriba, alternativo al de arriba a abajo, al burocratismo de los proyectos estatales, los micro-créditos se promocionan como el antídoto feminista contra la pobreza y el sometimiento de las mujeres. Lo que se pasa por alto, sin embargo, es una coincidencia inquietante: el micro-crédito ha florecido precisamente cuando los Estados han abandonado los esfuerzos macro-estructurales para combatir la pobreza, esfuerzos que no se pueden sustituir con prestamos a pequeña escala. También en este caso una idea feminista ha sido recuperada por el neoliberalismo. Una perspectiva dirigida, originalmente, a democratizar el poder del Estado para empoderar a los ciudadanos, es ahora utilizada para legitimar la mercantilización y los recortes de la estructura estatal.
En todos estos casos la ambivalencia del feminismo ha sido resuelta en favor del individualismo (neo)liberal. Sin embargo, el escenario alternativo de la solidaridad puede que aún esté vivo. La crisis actual ofrece la posibilidad de volver a tirar de ese hilo una vez más, de manera que el sueño de la liberación de las mujeres sea de nuevo parte de la visión de una sociedad solidaria. Para llegar a ello, las feministas necesitamos romper esa "amistad peligrosa" con el neoliberalismo y reclamar nuestras tres "contribuciones" para nuestros propios fines.
En primer termino, debemos romper el vinculo espurio entre nuestra crítica al salario familiar y el capitalismo flexible, militando en favor de una forma de vida que no gire entorno al trabajo asalariado y valorice las actividades no remuneradas, incluyendo, pero no solo, los "cuidados". En segundo lugar, debemos bloquear la conexión entre nuestra critica aleconomicismo y las políticas de la identidad, integrando la lucha por transformar el status quo dominante que prioriza los valores culturales de la masculinidad, con la batalla por la justicia económica. Finalmente, debemos cortar el falso vínculo entre nuestra crítica de la burocracia y el fundamentalismo del libre-mercado, reivindicando la democracia participativa, como una forma de fortalecer a los poderes públicos, necesarios para limitar al capital, en nombre de la justicia.
Nancy Fraser es una académica feminista estadounidense, profesora de ciencia política en el New School University de Nueva York. 

sábado, 19 de octubre de 2013

El capitalismo en 10 lecciones

COMENTARIOS AL LIBRO DE MICHEL HUSSON


Por IVAN GORDILLO

"Un libro imprescindible" anuncia el título del excelente prólogo de Manuel Garí y Nacho Álvarez. Ciertamente, el libro del economista Michel Husson, El capitalismo en 10 lecciones /1, es del todo necesario para quienes deseen iniciarse rigurosamente en la crítica marxista del capital. Husson consigue sintetizar en 10 capítulos los elementos fundamentales para entender y criticar el capitalismo, en un volumen de fácil lectura, pensado para el público general y acompañado de las agudas ilustraciones de Charb, sin las cuales el libro no sería igual de incisivo. La propuesta del economista marxista, de origen francés, es también una buena herramienta para activistas que quieran introducir-se en la crítica de la economía política.
¿Qué es el capital?
El orden de los capítulos no es aleatorio, sigue un hilo conductor que va desplegando los elementos y categorías fundamentales para entender el capitalismo en su fase actual. La lección que abre este breve curso ilustrado de economía heterodoxa aborda de qué hablamos cuando hablamos de capitalismo como sistema económico-social. En la primera página se establece una definición de capital, como relación social basada en la propiedad de los medios de producción. Esta apropiación privada diferencia entre quienes tienen y quienes, al no tener nada, deben vender su trabajo para vivir. El capital se define como una relación social basada en la explotación; no es, entonces, sólo una cantidad de dinero ni una inversión mobiliaria, productiva o financiera. Dónde hay capital hay trabajo, y se reproduce mediante un proceso de permanente autovalorización, regido por un régimen de competencia que obliga a cada capitalista a aumentar su capital reduciendo el valor unitario de cada mercancía, y que es sacudido por sus propias contradicciones durante las crisis.
Pero esto no ha sido –ni será– siempre así, se trata de un sistema de producción histórico que, como todos los anteriores, tiene su momento de emergencia, maduración pero también de extinción. La división del trabajo y el mercado son consustanciales al capitalismo, pero también caracterizaron sociedades anteriores, en las que a diferencia del capitalismo el valor de uso regía la producción y el comercio. Si entendemos la historia como un proceso dialéctico observamos como lo viejo da paso a lo nuevo dejando siempre un sedimento donde las nuevas formas desarrolladas de relaciones sociales de la producción, el intercambio y el consumo conviven con otras más arcaicas. Husson combina varios factores para explicar el surgimiento del capitalismo: el mercantilismo de las ciudades estado entre el siglo XIV y XVI; el saqueo de las regiones descubiertas y colonizadas más allá de Europa; la posterior revolución industrial; el acceso a recursos naturales como el carbón y los progresos tecnológicos; la subsunción del trabajo al capital –especialmente a través de la mecanización de la industria–, los aumentos de productividad que esto produjo; la destrucción progresiva de los commons, es decir, las tierras y los recursos de uso colectivo propios de las sociedades campesinas, y los cambios institucionales que facilitaron la conversión de la aristocracia en burguesía agrícola e industrial. Lejos de tratarse de un proceso "natural" más bien asistimos a un proceso histórico caracterizado por la violencia estatal y el enfrentamiento entre grupos sociales. Este escenario complejo no permite explicaciones mecanicistas, monolíticas, de burda lógica monocausal. El surgimiento y expansión del capitalismo adopta diversas formas dependiendo de las peculiaridades autóctonas de cada región, influido por las nuevas características de las fases de su desarrollo por todo el planeta.
¿De dónde viene el beneficio?
¿De dónde viene el beneficio?, es el título del segundo capítulo. Como pilar fundamental de la acumulación del capital, Husson lo aborda partiendo de la noción de excedente: aquello que la sociedad produce por encima de su nivel de mera reproducción de las condiciones de existencia de los productores. En una sociedad de clases como la capitalista este excedente es apropiado por un grupo reducido dentro de ella. El apartado sobre las teorías del beneficio es sin duda uno de los mejores fragmentos del libro. Partiendo de la teoría del valor-trabajo iniciada por los clásicos Smith y Ricardo y perfeccionada por Marx, Husson consigue resumir en pocas páginas las críticas más importantes a los pilares de la teoría económica ortodoxa como el individualismo metodológico, los modelos de equilibrio, la optimización paretiana, la remuneración de los factores capital y trabajo, y la ya demostrada falaz, por los mismos keynesianos de Cambridge, teoría del capital. El autor va más allá del burdo tópico según el cual los economistas son agentes a sueldo del capital o que la mera utilización de las matemáticas en sus modelos es reaccionaria. Lo más grave de la economía dominante, denuncia, es la pretensión de que se basa en una visión científica de la sociedad y, por tanto, no intoxicada de ideología aunque sea obvio que estas afirmaciones ya están, en sí mismas, saturadas de ideología.
¿Por qué los ricos son más ricos?
La tercera lección aborda rigurosamente la evolución y profundización de las desigualdades. Para explicar por qué los ricos son mas ricos hace falta observar la estrecha relación que guardan dos características básicas del capitalismo: el aumento de la productividad y el incremento de las desigualdades. Hasta los años 70 los aumentos de productividad se veían reflejados en aumentos salariales. Después de la crisis de los 70 y la ofensiva neoliberal, los aumentos de productividad se empezaron a revertir mayoritariamente en los beneficios empresariales estancando así los salarios. De este modo las rentas del capital ganaron terreno en detrimento de las rentas salariales en el conjunto de la renta nacional. A pesar de que diversos estudios indican que el número de pobres se ha reducido en los últimos años, no es menos cierto que han aumentado exponencialmente las desigualdades sociales. Así, la pobreza relativa sigue en aumento, pues la pobreza misma no es en sí un valor estanco que se pueda considerar abstractamente, sino que está en función del conjunto de la sociedad, de su modelo de consumo y su cultura. Por ello, a pesar de la aparente paradoja, la inmensa acumulación de riqueza es la responsable de la profundización de las desigualdades. El capitalismo es enormemente excluyente y las necesidades sociales se satisfacen solo si son rentables.
¿Qué necesitamos (realmente)?
Precisamente sobre las necesidades, ¿Qué necesitamos (realmente)?, versa el cuarto capítulo. Husson muestra como los cambios en la estructura de la demanda acentúan la crisis sistémica. Se observan tres tendencias. Primero, el desplazamiento de la demanda social de los bienes manufacturados a los servicios, estos últimos caracterizados por unas tasas de productividad menores. Segundo, la reducción de la presión fiscal, al mismo tiempo que aumenta el consumo del sector público, contrarrestado parcialmente durante las últimas décadas por la ola de privatizaciones. Y tercero, la evolución de la productividad, creciente pero a un ritmo menor. La combinación de estas (contra)tendencias da lugar, según Husson, a una demanda social cada vez menos conforme con las exigencias de rentabilidad, en contradicción con las exigencias de acumulación, porque equivale a un desplazamiento hacia sectores de menor potencial productivo y de menor potencial en términos de beneficio. Dado que lo importante para el capital es la rentabilidad se intentará adecuar las necesidades a este objetivo sin considerar su satisfacción social óptima.
Una de las salidas a esta situación de estancamiento de la rentabilidad en los sectores productivos y de las rentas salariales, comentada anteriormente, es la inversión en sectores de bienes de lujo. Estos sectores son favorecidos por la desigualdad en el reparto del beneficio hacia arriba. Este proceso no es suficiente para explicar el desencadenamiento de la crisis, que veremos más adelante, pero nos muestra la transición hacia un capitalismo que acumula poco y profundiza las desigualdades y en el que su reproducción pasaría necesariamente por una involución social generalizada.
¿Qué no es mercancía?
La quinta lección: ¿Qué no es mercancía?, presenta otro de los procesos importantes en la dinámica del capital: la mercantilización de la vida. Destaca como el trabajo se ha convertido en una mercancía y como la extensión del capitalismo al conjunto del planeta ha permitido al capital hacerse con reservas inagotables de mano de obra barata mediante la disolución de las formas de vida precapitalista. Esta dinámica aumenta los ejércitos de reserva en los países desarrollados y presiona a la baja los salarios. También aborda los más recientes debates sobre la mercantilización de la naturaleza, el conocimiento, los productos inmateriales y los commons. En uno de los pasajes más interesantes, Husson recupera la crítica a la teoría ortodoxa que pretende reducir todo comportamiento humano a un cálculo individual de utilidad traducible en dinero, algo a todas luces irracional sobre todo si tratamos con bienes públicos o colectivos. Como resistencia a esta dinámica, destaca Husson, que todo progreso social, ha pasado por procesos de desmercantilización, forzosamente impuestos al capitalismo pues van en contra de su lógica profunda.
¿Es posible un capitalismo verde?
El capítulo sexto aborda otro de los debates más en boga recientemente: ¿Es posible un capitalismo verde? Para justificar su imposibilidad, Husson analiza el efecto que tendría en la rentabilidad una hipotética reducción de la intensidad energética en la producción. Por un lado se observa que si se pretende mantener la tasa de beneficio, al mismo tiempo que se aumenta el coste por la introducción de tecnologías más limpias, indudablemente se hará a costa de las rentas salariales. Por otro lado, la rentabilidad se verá deteriorada pues productos más eficientes energéticamente tendrán un coste superior para los consumidores, y aquí es donde surgen los problemas en la realización de estas mercancías en un contexto de estancamiento salarial. Husson también critica detalladamente como las soluciones de mercado para la cuestión ecológica están condenadas al fracaso, destacando así la contradicción entre eficacia medioambiental y eficacia económica entendida, estrechamente, como la optimización del beneficio. Capitalismo verde es un oxímoron, y sus defensores olvidan que este sistema se basa en la ganancia, la competencia y la ley del valor.
¿A que conduce la globalización?
Otro de los fenómenos importantes en la historia reciente del capitalismo es abordado en la séptima lección:¿A que conduce la globalización? En ella se describe lo que se ha llamado popularmente como la fábrica global, así como la internacionalización de la división del trabajo, el papel de las multinacionales y los movimientos de la inversión extranjera directa. Una de las consecuencias de este fenómeno ha sido la erosión de los modelos sociales, sobretodo en Europa, mucho más difíciles de defender ahora que no hay fronteras para el capital ni éste siente la presión de la existencia del antiguo bloque soviético.
El papel de Europa
El papel de Europa y su unión económica y monetaria, abordado en el capítulo octavo, es fundamental en la historia de la globalización. Después de una breve revisión histórica desde la CECA al actual sistema euroliberal, Husson analiza las consecuencias del proceso de integración europeo. Lo que debería haber sido una senda de convergencia hacia arriba de los sistemas sociales de bienestar se ha acabado convirtiendo en la negación de esa Europa social regida por políticas económicas keynesianas. La construcción europea, particularmente la unión monetaria, tenía de entrada enormes complicaciones pues organizar un espacio económico donde coexisten países con niveles salariales y de productividad muy divergentes no es fácil sin grandes dosis de voluntad y coordinación política.
La lógica de la competencia, en plena contrarrevolución neoliberal, fue la bandera izada por los gobiernos, muchos de ellos socialdemócratas, para la mayor ola de privatizaciones de empresas y servicios públicos que jamás se haya visto. Los criterios de Maastritch fueron el corpiño definitivo para encauzar la política económica de los estados miembro: la moneda común y el pacto de estabilidad institucionalizaron la austeridad como única política económica posible. Los favorecidos, una vez más, han sido los grandes grupos empresariales que han visto flexibilizarse los mercados de trabajo y reducirse los salarios. La crisis, señala el autor, no ha hecho más que poner de manifiesto las incoherencias y asimetrías del sistema euro. Pero el objetivo del proceso de integración nunca fue tender a una mayor coordinación y convergencia, sino conseguir la liberalización económica, lógica que se acentúa tras la aplicación de las recetas de austeridad en el actual momento de crisis.
¿Qué es una crisis?
Las dos últimas lecciones abordan el fenómeno de la crisis y la recesión actual. Husson explica como la crisis es intrínseca a la dinámica capitalista y establece cuatro dimensiones para entender como las grandes crisis y sus posteriores consecuencias dieron lugar a las diferentes fases del capitalismo: régimen de acumulación (la economía), paradigma tecnológico (la técnica), regulación social (lo social) y división internacional de trabajo (lo internacional). Una de las conclusiones más contundentes es que los llamados"treinta gloriosos" fueron, en realidad, un paréntesis, una anomalía, en la historia del capitalismo. La crisis de los 70 presentó un aumento de las tasas de desempleo junto con una progresiva caída del crecimiento de la productividad. El auge del neoliberalismo puso fin al crecimiento del Estado de bienestar y estigmatizó la inflación, gran enemiga del capital financiero, que iniciaba un proceso de crecimiento y hegemonía que dura hasta nuestros días. La agenda neoliberal sirvió a los intereses del capital en un momento en que las políticas clásicas de relanzamiento de la economía no funcionaron. Esta nueva fase se caracterizó por un descenso del peso de los salarios y un alza de la tasa de beneficios, simultáneamente al estancamiento de la tasa de acumulación (inversión) y al aumento de la parte destinada a los dividendos de los accionistas. La crisis actual, en lugar de presentar un retorno al tipo de capitalismo regulado, está suponiendo una profundización de las políticas neoliberales junto con una regulación caótica incapaz de hacer frente a las contradicciones que caracterizan el capitalismo en su fase de globalización o internacionalización.
Directos al precipicio
Por último, quienes piensen que el capitalismo verá su fin tras una gran crisis que haga insoportables sus contradicciones no pueden andar más equivocados. Husson es categórico: el capitalismo no es una fruta madura y no se hundirá a pesar de su pérdida de eficacia. La idea misma de una "crisis final" es intrínsecamente absurda, porque el capitalismo no es solamente un modelo económico, sino un conjunto de relaciones sociales; y éstas sólo pueden ser cuestionadas por la iniciativa de fuerzas sociales decididas a superarlas.
La mejor contribución que se puede hacer a la crítica del capitalismo y a la construcción de una teoría que sea una enmienda a la totalidad del sistema es la adecuada explicación de cómo funciona realmente. No hay nada más frustrante y estéril que construir una teoría o emprender una acción política a partir de premisas erróneas. Es necesario conocer qué se esconde detrás de los velos ideológicos con los que se pretende naturalizar relaciones de explotación y dominación que no son más que históricas y sociales, por tanto combatibles y transformables. Para ello hay que tener conciencia de cómo funciona la sociedad, y las 10 lecciones de Husson son un buen comienzo: riguroso, pedagógico y estimulante.

Ivan Gordillo miembro del Seminari D’economía Crítica Taifa
1/ Michel Husson, El capitalismo en 10 lecciones, Los libros de Viento Sur-La Oveja Roja, Madrid, 2013.

sábado, 12 de octubre de 2013

La verdadera bomba Por Uri Avnery



Original en hebreo de Gush Shalom: http://zope.gush-shalom.org/home/he/channels/avnery/1380282122/
En español revisado y compaginado por Carlos Braverman

Hace años descubrí uno de los mayores secretos de Irán: Mahmoud Ahmadinejad era un agente del Mossad.
Súbitamente, todos los curiosos detalles de su comportamiento cobraban sentido. Sus fantasías públicas sobre la desaparición de Israel. Su negación del Holocausto, que hasta entonces había sido algo exclusivo de lunáticos. Sus fanfarronadas sobre la capacidad nuclear de Irán.
¿Cui bono? ¿A quién le interesaban todas esas tonterías?
Sólo hay una respuesta sensata: a Israel.
La postura de Ahmadinejad trasladaba una imagen del Estado iraní a la vez ridícula y siniestra. Justificaba la negativa israelí a firmar el Tratado de No Proliferación Nuclear o a ratificar la Convención sobre Armas Químicas. Desviaba la atención del rechazo israelí a discutir la ocupación de los territorios palestinos o a mantener negociaciones de paz significativas.
Cualquier duda que hubiera podido albergar acerca de esta primicia internacional se ha esfumado ahora.
Nuestros líderes políticos y militares deploran casi públicamente la desaparición de Ahmadinejad.
Obviamente, el Guía Supremo, Ali Jamenei, decidió que yo tenía razón y silenciosamente ha sacado del escenario a ese bufón.
Peor aún, ha reafirmado su mortal enemistad contra la Entidad Sionista sacando a la palestra a una persona como Hassan Rouhani.
Rouhani es todo lo contrario de su predecesor. Si le hubieran pedido al Mossad que describiera al peor líder iraní que Israel pudiera imaginar habrían propuesto alguien como Hassan Rouhani.
¡Un iraní que reconoce y condena el Holocausto! ¡Un iraní que brinda dulzura y luz! ¡Un iraní que desea paz y amistad a todas las naciones y que da a entender que incluso Israel podría incluirse en esa oferta si saliéramos de los territorios palestinos ocupados!
¿Cabe imaginarse algo peor?
No estoy bromeando. ¡Esto es mortalmente serio!
Incluso antes de que Rouhani pudiera abrir la boca después de haber sido elegido ya fue rotundamente condenado por Benjamín Netanyahu.
¡Un lobo con piel de oveja! ¡Un auténtico antisemita! Un falsario decidido a engañar a todo el mundo! Un político taimado cuyo diabólico objetivo es abrir una brecha entre Israel y los ingenuos estadounidenses!
Ésta es la auténtica bomba iraní, mucho más amenazadora que la nuclear que será construida tras la cortina de humo de la suave parla de Rouhani!
Es posible disuadir una bomba nuclear con otra bomba nuclear. Pero, ¿cómo disuadir a un Rouhani?
Yuval Steinitz, nuestro antiguo y fallido ministro de Hacienda que en la actualidad es responsable de nuestro "pensamiento estratégico" (¡sí, en serio!) exclamó desesperado que el mundo desea ser engañado por Irán. Benjamín Netanyahu lo denominó "trampa de miel". Los comentaristas que se alimentan directamente de la mano de los "círculos oficiales" (es decir, de la Oficina del Primer Ministro) proclaman que Rouhani constituye una amenaza existencial.
Todo eso antes de que Rouhani hubiera pronunciado una sola palabra.
Cuando Rouhani por fin pronunció su gran discurso ante la Asamblea General de la ONU se confirmaron los terribles presagios.
Allí donde Ahmadinejad había provocado una estampida de los delegados de la sala, Rouhani hizo que acudieran en masa a escucharlo. Diplomáticos de todo el mundo sentían curiosidad por el hombre. Habrían podido leer el discurso unos pocos minutos más tarde, pero querían ver y escuchar por sí mismos. Incluso EEUU envió a sus funcionarios para que estuvieran presentes. Nadie abandonó la sala.
Bueno, nadie excepto los israelíes.
Los diplomáticos israelíes recibieron de Netanyahu la orden de abandonar aparatosamente la sala cuando el mandatario iraní comenzara a hablar.
Fue un gesto estúpido. Tan racional y eficaz como la rabieta de un niño pequeño cuando le quitan su juguete favorito.
Estúpido, porque hace aparecer a Israel como un aguafiestas en un momento en el que al mundo entero es presa de un arrebato de optimismo ante los últimos acontecimientos en Damasco y Teherán.
Estúpido, porque constituye una proclamación de que Israel está actualmente completamente aislado.
Por cierto, ¿notó alguien que durante la media hora que duró su discurso Rouhani no paró de secarse la frente? Obviamente, el hombre estaba pasándolo mal. ¿Algún agente del Mossad se infiltró hasta el cuarto de mantenimiento de las Naciones Unidas y apagó el aire acondicionado? ¿O fue sólo a causa de las pesadas vestimentas?
Nunca he sido sacerdote, y no sólo porque soy ateo (igual que muchos sacerdotes, sospecho), sino también por esa obligación de llevar pesados ropajes que imponen todas las confesiones. Lo mismo me ocurre con la carrera diplomática.
Al fin y al cabo, los sacerdotes y los diplomáticos también son seres humanos (muchos de ellos, al menos).
Solo un miembro del gabinete israelí se atrevió a criticar abiertamente el desplante israelí. Yair Lapid. ¿Qué viento le dio? Bueno, el caso es que las encuestas muestran que la fulgurante estrella ascendente ya no sube más. Como ministro de Hacienda se ha visto obligado a tomar medidas muy impopulares. Dado que no habla de cosas como la ocupación y la paz está considerado como una persona superficial. Casi lo han arrumbado. Su contundente crítica a Netanyahu puede traerlo de vuelta al centro.
Sin embargo, ha puesto el dedo en una cuestión clave: que Netanyahu y su equipo se están comportando exactamente como solían comportarse los diplomáticos árabes hace una generación. Es decir, que están atrapados en el pasado. No viven en el presente.
Para vivir en el presente se necesita hacer algo que los políticos detestan: repensar las cosas.
Las cosas están cambiando. Lentamente, muy lentamente, pero de forma perceptible.
Es demasiado pronto para decir algo con fundamento sobre el declive del imperio estadounidense, pero no se necesita un sismógrafo para percibir que hay movimientos en esa dirección.
La cuestión siria es un buen ejemplo. A Vladimir Putin le gusta ser fotografiado en poses de judoka. En el judo uno explota el impulso del oponente para derribarlo. Eso es exactamente lo que hizo Putin.
El presidente Obama se había acorralado a sí mismo en un rincón. Había proferido belicosas amenazas y no podía dar marcha atrás, aunque el público estadounidense no está de humor para guerras. Putin lo liberó del dilema. A cambio de un precio.
No sé si Putin es un jugador tan ágil que se abalanzó sobre un comentario marginal de John Kerry sobre la posibilidad de que Bashar Assad renunciara a sus armas químicas. Más bien sospecho que todo estaba arreglado de antemano. De cualquier manera, Obama salió del atolladero y Putin volvió a entrar en el juego.
Tengo sentimientos muy encontrados sobre Putin. A sus ciudadanos chechenos les ha hecho prácticamente lo mismo que Assad está haciendo a sus ciudadanos suníes. El tratamiento que dispensa a sus disidentes, como la banda Pussy Riot, es abominable.
Sin embargo, en la escena internacional Putin es ahora el pacificador. Ha resuelto la crisis de las armas químicas y es muy posible que tome la iniciativa para alcanzar un acuerdo que ponga fin a la terrible guerra civil.
El siguiente paso podría ser jugar un papel similar en la crisis iraní. Si Jamenei ha llegado a la conclusión de que tal vez su programa nuclear no compensa la miseria económica que provocan las sanciones, es perfectamente posible que se lo venda a EEUU. En ese caso Putin puede jugar un papel vital actuando como intermediario entre dos mercaderes correosos que tienen mucho género que comerciar.
(A menos, por supuesto, que Obama se comporte como el estadounidense que compró una alfombra en un bazar persa. El vendedor le pidió 1.000 dólares y el estadounidense los desembolsó sin regatear. Cuando le dijeron que la alfombra no valía más de cien dólares, respondió: "Ya lo sé, pero quería castigarlo. Ahora no va a poder dormir, maldiciéndose por no haber pedido 5.000 dólares".)
¿Cómo encajamos nosotros [los israelíes] dentro de este escenario cambiante?
En primer lugar, debemos comenzar a pensar, por mucho que prefiramos evitar hacerlo. Nuevas circunstancias exigen nuevas ideas.
En su discurso de EEUU Obama estableció una clara conexión entre la bomba iraní y la ocupación israelí. Ese vínculo no puede ser deshecho. Seamos conscientes de ello.
EEUU es hoy un poco menos importante de lo que era ayer. Rusia es un poco más importante de lo que era. Y como demostró su inútil ataque en el Capitolio durante la crisis siria, también el AIPAC es menos poderoso.
Pensemos otra vez en Irán. Es demasiado pronto para determinar hasta qué punto Teherán se está moviendo, o si lo está haciendo en absoluto. Pero tenemos que intentarlo. Abandonar las salas no es una política. Entrar en ellas sí.
Si pudiéramos recuperar algo de nuestra antigua relación con Teherán, o simplemente quitarle un poco de hierro a la actual, sería tremendamente beneficioso para Israel. Combinar eso con una verdadera iniciativa de paz con los palestinos sería aún mejor.
La ruta que seguimos actualmente nos va a conducir al desastre. Los actuales cambios en la escena internacional y regional pueden hacer que el cambio de rumbo sea posible.
Ayudemos al presidente Obama a cambiar la política estadounidense en lugar de utilizar al AIPAC para aterrorizar al Congreso y forzarlo a apoyar ciegamente una política obsoleta con respecto a Irán y Palestina. Extendamos cautelosas antenas en dirección a Rusia. Modifiquemos nuestra posición pública como lo están haciendo con tanto éxito los líderes de Irán.

¿Son más inteligentes que nosotros?