La propuesta es un Israel para todos los israelíes, un Israel para todos sus ciudadanos. Para los electores que llevan en sus corazones los valores de la izquierda: paz, justicia, igualdad, democracia, derechos humanos para todos, feminismo, protección del medio ambiente, separación entre estado y religión. Hablo de una izquierda renovada que defina un nuevo modelo del Estado de Israel, con una sociedad civil participativa. Soy un israelí postsionista, no antisionista.
martes, 10 de septiembre de 2013
La gran negligencia por Ury Avnery. 40 Aniversario de la Guerra de Iom Kipur
El 6 de octubre de 1973 fue Guerra de Iom Kipur según el calendario común, representó una inflexión en la historia de nuestra sociedad. De acuerdo al calendario hebreo, este sábado, Iom Kipur, es el 40 Aniversario de la misma. Uri Avnery nos brinda este agudo análisis político del conflicto en cuestión, también conocido como Guerra del Ramadán o Guerra de Octubre, que fue un enfrentamiento armado a gran escala entre Israel, Egipto y Siria. También fue la última gran guerra convencional en múltiples frentes en el conflicto árabe-israelí . C. B.
Original en hebreo de Gush Shalom:
http://zope.gush-shalom.org/home/he/channels/avnery/1348845521/
En español: revisado y compaginado por Carlos Braverman
Estoy sentado aquí escribiendo este artículo a 39 años desde el momento en que las sirenas comenzaron a gritar, anunciando el comienzo de la guerra.
Un minuto antes, reinaba total tranquilidad, igual que ahora. No hay tráfico, no hay actividad en la calle, a excepción de unos pocos niños montados en sus bicicletas. La sacralidad del Yom Kippur, el día más sagrado para los judíos, reinaba. Y entonces...
Inevitablemente, la memoria comienza a trabajar.
Este año se liberaron muchos documentos nuevos para su publicación. Abundan los libros y artículos críticos.
Los culpables supremos son Golda Meir y Moshe Dayan.
Han sido acusados antes, desde el día después de la guerra, pero sólo por los superficiales delitos militares conocidos en ese momento como “El fallo”. Así se llamó por el fracaso en la movilización de las reservas, y no mover a tiempo los tanques al frente, a pesar de los muchos indicios de que Egipto y Siria estaban a punto de atacar.
Ahora, por primera vez, se está investigando el verdadero error: el trasfondo político de la guerra. Los resultados tienen una relación directa con lo que está sucediendo ahora.
Se tiene constancia de que en febrero de 1973, ocho meses antes de la guerra, Anwar Sadat envió a su ayudante de confianza, Hafez Ismail, al todopoderoso Secretario de Estado de EE.UU., Henry Kissinger. El delegado ofreció el inicio inmediato de las negociaciones de paz con Israel. Había una condición y una fecha: todo el Sinaí, hasta la frontera internacional, tendría que restituirse a Egipto sin ningún tipo de asentamientos israelíes y el acuerdo tenía que alcanzarse en septiembre, a más tardar.
A Kissinger le gustó la propuesta y la transmitió de inmediato al embajador israelí, Yitzhak Rabin, quien estaba a punto de terminar su mandato. Rabin, por supuesto, inmediatamente informó a la Primera Ministra, Golda Meir. Ella rechazó la oferta rápidamente. Se produjo una acalorada conversación entre el embajador y la Primera Ministra. Rabin, que estaba muy cerca de Kissinger, estaba a favor de aceptar la oferta.
Golda trató la iniciativa en su conjunto como otro truco árabe para inducirla a abandonar la península del Sinaí y eliminar los asentamientos construidos en territorio egipcio.
Después de todo, el verdadero propósito de estos asentamientos -incluida la brillante ciudad blanca nueva, Yamit- era precisamente para evitar el retorno de toda la península a Egipto. Ni ella ni Dayan soñaban con abandonar el Sinaí. Dayan ya había hecho la declaración la famosa que él prefería "Sharm al-Sheik, no a la paz sin Sharm al-Sheik" (Sharm al-Sheik, que ya había sido rebautizado con el nombre hebreo Ophira, se encuentra cerca de la punta sur de la península, cerca de los pozos de petróleo a los que Dayan también estaba poco dispuesto renunciar).
Incluso antes de las nuevas revelaciones, el hecho de que Sadat había hecho varias gestiones de paz no era ningún secreto. Sadat había manifestado su voluntad de llegar a un acuerdo en sus negociaciones con el mediador de la ONU, el doctor Gunnar Jarring, cuyos esfuerzos se habían convertido en una broma en Israel.
Antes de eso, el anterior presidente egipcio, Gamal Abd-al-Nasser, había invitado a Nahum Goldman, presidente del Congreso Judío Mundial (y por un tiempo presidente de la Organización Sionista Mundial) a entrevistarse en El Cairo. Golda había impedido esa reunión, y cuando el hecho se supo se levantó una tormenta de protestas en Israel, incluyendo una famosa carta de un grupo de estudiantes de duodécimo grado diciendo que sería difícil para ellos servir en el ejército.
Todas estas iniciativas egipcias pudieron rechazarse como maniobras políticas. Pero no corrió la misma suerte un mensaje oficial enviado por Sadat al Secretario de Estado. Así, recordando la lección del incidente Goldman, Golda decidió mantener en secreto todo el asunto.
Así se creó una situación increíble. Esta desafortunada iniciativa, que podría haber sido un punto de inflexión histórico, se puso en conocimiento solo de dos personas: Moshe Dayan e Israel Galili.
El papel de este último necesita explicación. Galili fue la eminencia gris de Golda, así como de su predecesor, Levy Eshkol. Conocí a Galili bastante bien y nunca entendí el de dónde vino su fama de brillante estratega. Ya antes de la fundación del Estado fue el máximo representante de la organización militar ilegal Haganah. Como miembro de un kibutz, era oficialmente socialista pero en la realidad era un nacionalista de línea dura. Fue quien tuvo la brillante idea de levantar los asentamientos en territorio egipcio, con el fin de imposibilitar la devolución del norte del Sinaí.
De manera que la iniciativa de Sadat era conocida sólo por Golda, Dayan, Galili y Rabin y el sucesor de Rabin en Washington, Simcha Dinitz, un don nadie que era lacayo de Golda.
Por increíble que pueda parecer, el Ministro de Relaciones Exteriores, Abba Eban, jefe directo de Rabin, no fue informado. Tampoco lo fueron todos los demás ministros, el Jefe de Estado Mayor y los demás líderes de las fuerzas armadas, incluidos los jefes de Inteligencia del Ejército, así como los jefes del Shin Bet y el Mossad. Era un secreto de Estado.
No hubo debate al respecto, ni público ni secreto. Septiembre llegó y pasó, y el 6 de octubre, las tropas de Sadat golpearon en el canal y lograron una exitosa sorpresa que sacudió el mundo (igual que los sirios en los Altos del Golán).
Como resultado directo del gran error de Golda, 2.693 soldados israelíes murieron, 7.251 resultaron heridos y 314 fueron hechos prisioneros (junto con decenas de miles de egipcios y sirios muertos).
Esta semana varios comentaristas israelíes lamentaron el silencio total de los medios de comunicación y de los políticos de la época.
Bueno, no tan así. Varios meses antes de la guerra, en un discurso en la Knesset, advertí a Golda Meir de que si el Sinaí no se devolvía pronto, Sadat iniciaría una guerra para salir del callejón sin salida.
Yo sabía de lo que estaba hablando. Por supuesto, no tenía ninguna idea acerca de la misión de Ismail, pero en mayo de 1973 asistí a una conferencia de paz en Bolonia. La delegación de Egipto estaba dirigida por Khalid Muhyi al-Din, un miembro del grupo original Oficiales Libres que hicieron la revolución de 1952. Durante la conferencia me llevó aparte y me dijo en confianza que si no le devolvían el Sinaí antes de septiembre Sadat iniciaría una guerra. Sadat no se hacía ilusiones de victoria, dijo, pero esperaba que una guerra obligara a los EE.UU. e Israel a iniciar las negociaciones para la devolución del Sinaí.
Mi advertencia fue completamente ignorada por los medios de comunicación. Ellos, como Golda, tenían por el ejército egipcio un desprecio abismal y a Sadat lo consideraban un imbécil. La idea de que los egipcios se atrevieran a atacar al invencible ejército israelí parecía ridícula.
Los medios de comunicación adoraban a Golda, igual que el mundo entero, en especial las feministas. (Un famoso cartel mostraba su cara con la inscripción: "¿Pero ella puede escribir?") En realidad, Golda era una persona muy primitiva, ignorante y obstinada. Mi revista, Haolam Hazeh, la atacaba prácticamente todas las semanas, lo mismo que yo en la Knesset. (Me pagó con el cumplido único de declarar públicamente que estaba lista para "montar las barricadas" para sacarme de la Knesset).
La nuestra era una voz que clamaba en el desierto, pero al menos hemos cumplido una función: En su “Marcha de la Locura", Barbara Tuchman estipulaba que una política podría ser calificada como una locura si hubiera habido al menos una voz de alerta en contra de ella en tiempo real.
Tal vez incluso Golda habría reconsiderado si no hubiera estado rodeada de periodistas y políticos que le cantaban alabanzas, celebrando su sabiduría y coraje y aplaudiendo cada una de sus estúpidas declaraciones.
El mismo tipo de personas, incluso algunas de las mismas personas, ahora están haciendo lo mismo con Binyamin Netanyahu.
Una vez más, estamos mirando el mismo magnífico error de frente.
Una vez más, un grupo de dos o tres están decidiendo el destino de la nación. Únicamente Netanyahu y Ehud Barak toman todas las decisiones, "manteniendo sus cartas cerca de su pecho". ¿Atacar o no atacar a Irán? Mantienen a los políticos y a los generales en la oscuridad. Bibi y Ehud lo saben mejor. No hay necesidad de ninguna otra opinión.
Pero más revelador que las amenazas que hielan la sangre sobre Irán es el silencio total sobre Palestina. Las ofertas de paz de los palestinos se ignoran, igual que las de Sadat en su época. Los diez años de la Iniciativa de Paz Árabe, avalada por todos los árabes y todos los Estados musulmanes, no existen.
Una vez más florecen y se expanden los asentamientos con el fin de impedir la devolución de los territorios ocupados. (Vamos a recordar a todos los que decían en aquellos días, que la ocupación del Sinaí era "irreversible". ¿Quién se atrevería a levantar Yamit?)
Una vez más, una multitud de aduladores, estrellas de los medios y políticos compiten entre sí en la adulación de "Bibi, el Rey de Israel". ¡Qué bien puede expresarse en inglés estadounidense! ¡Cómo convencen sus discursos en la ONU y en el Senado de los EE.UU.!
Bueno, Golda, con sus 200 palabras de mal hebreo e inglés primitivo, era mucho más convincente, y le gustaba la adulación de todo el mundo occidental. Y al menos ella tenía el tino de no impugnar al presidente estadounidense en ejercicio (Richard Nixon) durante una campaña electoral.
En aquellos días, llamé a nuestro gobierno “la nave de los locos". Nuestro gobierno actual es peor, mucho peor.
Golda y Dayan nos llevaron al desastre. Después de la guerra, su guerra, fueron echados, no por elecciones, no por ninguna comisión de investigación, sino por las masivas protestas populares que acumuló el país.
Bibi nos está llevando a otro desastre mucho peor. Algún día muchos, serán expulsados por las mismas personas que los adoran ahora, si sobreviven.
jueves, 1 de agosto de 2013
Entre la fe laica y la mesiánica por Carlos Braverman
Los israelíes que hacemos de la democracia una vocación de fe laica, sabemos que sus enemigos son los asentamientos, la ocupación, por ende la imposibilidad de paz y el racismo en nuestra sociedad.
Existe y es difícil negarlo, una ola de la legislación anti-árabe muy evidente. Es posible apreciarla en ciertos proyectos de leyes como: la ley de gobernabilidad, que perjudicará principalmente a los partidos árabes; el proyecto de Ley Básica Estado-Nación, que define a Israel como un estado judío primero y sólo después como una democracia y otros proyectos que pasaron su primera lectura de las tres obligatorias.
Los intentos de Kerry es probable que fracasen y el nudo de la cuestión reside en los 500 mil colonos que si están ahí es porque alguien les permitió y les sigue permitiendo su estancia y extensión de territorios. Desde la época del Laborismo y luego con mejor perfil el Likud, fue el estado quien los apañó.
Cuando la cuestión societaria es mirar para otro lado, no cabe duda que la amenaza de decadencia y deterioro se incrementan y la sociedad se vuelve patética.
La política americana es completamente incapaz de poner fin al conflicto. El Israel del "campo moderado", en la que la doctrina de los Estados Unidos supuestamente se basa, es en la actualidad una entidad desdibujada.
Hablamos de un campo de la paz no muy efectivo en los hechos pero sí superlativo en las denuncias y esclarecimiento y una izquierda que recién comienza a recuperarse. En realidad no se los puede culpar de su perfil actual, el panorama ofrece poca clientela para estos productos.
Los resultados electorales que concluyeron en el gobierno actual hablan de la confusión y cansancio de la ciudadanía. Votaron a un supuesto liberal como Lapid que mostró rápido el lobo que ocultaba su piel de oveja.
La mayoría de los israelíes, sobre todo los que están ahora a la espera de Kerry, permitieron con su indiferencia e incapacidad ampliar los asentamientos. No pensemos tampoco que saldrán a la calle en masa para protestar por la situación, porque están ocupados en sus cosas particulares. Los colonos sin embargo seguirán asentándose y ampliando sus colonias, lo hacen con fe mesiánica y con la fuerza que el pacifismo y la izquierda carecen.
Es imposible pensar en la paz si no se piensa que esto significa devolver territorios. Pero es difícil pensar que con el actual elenco de gobierno es posible considerar esto como una opción seria y válida. Los 500 mil colonos dictan la política interna e internacional del resto del país.
Los resultados son más aislamiento global y más peligro de un estado de apartheid, es inconcebible imaginar una democracia con un pueblo dominado. Debemos entender de una vez y para siempre que Israel no tiene una tercera vía. O es el racismo, las diferencias sociales y la ocupación, o como bien dije volver a las promesas de igualdad inscritos en la Declaración de la Independencia y a las fronteras de 1967.
*Carlos Braverman es Politólogo y Psicólogo, miembro de la Asociación de Derechos Civiles en Israel, militante por la coexistencia judeo-árabe en Israel y la paz con el pueblo palestino. Es miembro del Partido Socialista de Israel (Meretz), e integrante de Paz Ahora (Shalom Ajshav). Es Presidente del Instituto Campos Abiertos de Israel (Investigación y desarrollo en Ciencia Política). Su trabajo está centrado en la investigación, la academia, la docencia y la actividad política; así como en el periodismo y el trabajo por los derechos civiles.
Derechos reservados: Instituto Campos Israel ISBN963-03- 0316- 2 מסת"ב
sábado, 20 de julio de 2013
Carta de Europa: La UE y el conflicto de Oriente Próximo
Nick Witney - Política Exterior 154
Senior fellow del ECFR en la oficina de Londres (www.ecfr.eu)
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La UE tiene que recuperar su compromiso con el conflicto palestino-israelí. Una política europea más firme e independiente fortalecerá la mano de Washington y abrirá nuevas posibilidades de paz.
Los primeros meses de 2013 han alargado la sombra sobre las perspectivas de una solución del conflicto palestino-israelí basada en los dos Estados. Las elecciones en Israel tuvieron como resultado un nuevo gobierno incluso más inclinado hacia el anexionismo respecto a Cisjordania, mientras que la visita de Barack Obama a la región respondió a las mínimas expectativas que suscitaba. Hasta los actores principales del mundo árabe están ocupados con otras cosas. Es difícil identificar quién quiere ayudar a evitar la desaparición final de la solución de los dos Estados si no lo hacen los europeos.
En un estudio reciente del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR, en sus siglas en inglés) se han analizado los puntos de vista de los 27 países de la Unión Europea en relación a la solución de los dos Estados. La mayoría reconoce la importancia estratégica y económica de la paz en Oriente Próximo y muchos hasta sienten un fuerte vínculo político e incluso sentimental con este objetivo. Pero pocos se preocupan de actuar de manera decidida. La mayoría prefiere usar la (cuidadosamente preparada) posición de la UE respecto al proceso de paz como una coartada colectiva y útil para desviar las críticas a sus protagonistas mientras que, en paralelo, desarrollan relaciones bilaterales en línea con sus intereses nacionales.
Mientras tanto, y careciendo de unas instrucciones claras que digan lo contrario, la Comisión Europea sigue estrechando las relaciones con Israel, a pesar de que se haya suspendido el “acuerdo especial” declarado en 2009. Si bien las élites políticas son partidarias de mantener las cosas con Israel como hasta ahora, la opinión pública de la UE muestra cada vez menos apoyo a las políticas israelíes y se ha vuelto más comprensiva hacia los apuros que sufren los palestinos. Las sucesivas votaciones en las Naciones Unidas, entre 2011 y 2012, muestran que hoy los gobiernos europeos avanzan en la misma dirección. Israel corre el peligro de “perder” a Europa.
Los recientes informes de los responsables de las misiones en Jerusalén y Ramala han sacado a la luz hasta qué punto se ha debilitado la presencia palestina en Jerusalén Este y en una gran parte de Cisjordania. Esta es la política del Estado de Israel y difícilmente podrá verse influida desde el exterior. ¿Los europeos deberían consentirla sin objetar? No.
Todo afianzamiento futuro de la ocupación, sumado al desvanecimiento de la esperanza de la solución de los dos Estados, hará que ya no se puedan ignorar los paralelismos con el apartheid en Suráfrica. Lo siguiente serán las sanciones y el aislamiento internacional, y parece más probable que se produzca una posible catástrofe sangrienta que una secuela de la “nación del arcoíris” surafricana. Por ello, los europeos deben hacer lo que esté en sus manos y centrarse en Israel, ya que el poder de las partes es asimétrico. Ellos no van a crear la paz solos, pero se puede intentar mantener la opción de los dos Estados e incluso preparar el terreno para la nueva iniciativa estadounidense, que no debería descartarse durante el segundo mandato de Obama.
¿Qué puede hacer la UE?
Los esfuerzos europeos para contener a Israel y que no afiance su ocupación han tenido poco impacto. Sus planes para apoyar a la Autoridad Nacional Palestina (ANP), con más de 1.000 millones de dólares anuales de ayuda, tampoco han sido los más efectivos. La “construcción del Estado” ha resultado ser un callejón sin salida que ha contribuido a crear una cultura de dependencia en Cisjordania, encubriendo a su vez el vaciamiento de la economía real. Ha llegado el momento de tratar a ambas partes de manera más firme.
Los esfuerzos europeos para contener a Israel y que no afiance su ocupación han tenido poco impacto. Sus planes para apoyar a la Autoridad Nacional Palestina (ANP), con más de 1.000 millones de dólares anuales de ayuda, tampoco han sido los más efectivos. La “construcción del Estado” ha resultado ser un callejón sin salida que ha contribuido a crear una cultura de dependencia en Cisjordania, encubriendo a su vez el vaciamiento de la economía real. Ha llegado el momento de tratar a ambas partes de manera más firme.
En cuanto al trabajo con Israel, no es fácil encontrar canales de influencia. Los gobiernos europeos simplemente no ambicionan políticas ni señales que puedan parecer sanciones o castigos. Incluso encontrar incentivos positivos es una tarea difícil. Los israelíes ya tienen lo más importante de Europa, que es el acceso comercial al mercado más grande del mundo, tienen la posibilidad de viajar sin visados y una posición única y privilegiada en los programas de investigación e innovación de la UE. Sin embargo, sí se pueden dar pasos, aunque limitados, para asegurar que no se otorguen beneficios que podrían influir en las conductas al margen de la posición oficial y, sobre todo, mostrar a los israelíes de qué manera están “perdiendo Europa”.
El nuevo gobierno puede parecer implacable, pero las recientes elecciones han revelado que existen sectores dentro de la sociedad israelí con más sensibilidad hacia el coste que la ocupación y la expansión de los asentamientos suponen para las relaciones de Israel con Europa y el resto del mundo. La campaña que ya está en marcha para asegurar que los europeos no extiendan los beneficios (como el acceso preferente al mercado europeo) a los asentamientos porque se deben limitar solo al Estado de Israel, es necesaria para garantizar que las acciones europeas tengan un mínimo de coherencia con sus políticas y, por supuesto, con la legalidad internacional. Esto es importante porque representará una señal clara de la inconformidad de Europa. Incluso se podría ser más ambicioso si estos esfuerzos se extienden para cubrir también el asesoramiento de las empresas y los inversores, la supresión de las ventajas fiscales al apoyo financiero de los asentamientos, la imposición del régimen de visados para los colonos, además de evitar el contacto con la primera universidad en los asentamientos.
Dichas maniobras podrían entenderse como acciones que los europeos tienen que emprender sin remedio. Así, se puede alertar a la opinión pública israelí sobre su creciente aislamiento. La UE puede desarrollar una política más independiente en la región que incluya un fuerte impulso hacia la reconciliación con Palestina, el cese de esfuerzos para disuadir a los palestinos de involucrar a la Corte Penal Internacional y una posición más matizada respecto a Irán. Los europeos deben, principalmente, asegurar que no se emprenderá ningún paso nuevo en la ampliación de la relación bilateral entre la UE e Israel sin tener en cuenta a cambio de qué se otorgará y si hay garantías para aliviar el control y la restricción de la ocupación.
En cuanto al trabajo con los palestinos, hasta ahora la ayuda europea ha servido para prolongar la ocupación, atenuar el impacto del conflicto en los palestinos y pagar el coste de los israelíes. Los europeos deberían reducir progresivamente su ayuda presupuestaria a la ANP y trabajar con los palestinos en el desarrollo de una economía real. Esto no funcionará sin cambiar los términos establecidos de la ocupación: que haya más tierra disponible para el desarrollo palestino, reformular el Protocolo de París que regula las relaciones económicas entre Israel y los territorios palestinos ocupados en perjuicio de estos, asegurar una distribución y acceso más justo a los recursos del agua y, lo más urgente, aliviar el cierre de la franja de Gaza.
Los europeos tienen que colaborar con la ANP. Así, los Estados miembros podrían “patrocinar” diferentes segmentos que permitan formular los asuntos necesarios para reanimar la economía palestina. Esto debería traducirse luego en gestos recíprocos del gobierno israelí que los europeos pueden requerir la próxima vez que se proponga un paso nuevo para acercar Israel a Europa.
Los mayores donantes de ayuda de la UE (los “tres grandes”, Francia, Alemania y Reino Unido, junto con los países nórdicos, incluida Noruega, y los principales países del Benelux) representarían una agrupación natural a la hora de desarrollar una nueva estrategia para los palestinos y, por extensión y de acuerdo con el Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE), definirían qué cambios hay que pedir en el asunto de la ocupación y cómo animar a Israel a que los emprenda.
También la UE debe trabajar más y mejor con los árabes para conseguir que estos países y Turquía se impliquen (o vuelvan a implicarse). Según se vaya reduciendo la ayuda europea, tendrán que asumir la parte financiera para apoyar a la ANP a presionar hacia una reconciliación en Palestina y recordar a los israelíes que les espera un lugar reconocido en la región si desisten de la ocupación.
Renovar el compromiso
Es el momento de que Europa logre unir la retórica con la acción. Como vienen afirmando en sus declaraciones diplomáticas, la expansión “sin remordimiento” de los asentamientos, el aislamiento de Gaza y el debilitamiento sistemático de la presencia palestina en Jerusalén Este y Cisjordania han erosionado las bases para la solución de los dos Estados, hasta el punto casi del colapso. Ahora lo más urgente es encontrar los medios que permitan persuadir a los israelíes para que desistan de seguir avanzando con la ocupación y comiencen a retirarse.
Es el momento de que Europa logre unir la retórica con la acción. Como vienen afirmando en sus declaraciones diplomáticas, la expansión “sin remordimiento” de los asentamientos, el aislamiento de Gaza y el debilitamiento sistemático de la presencia palestina en Jerusalén Este y Cisjordania han erosionado las bases para la solución de los dos Estados, hasta el punto casi del colapso. Ahora lo más urgente es encontrar los medios que permitan persuadir a los israelíes para que desistan de seguir avanzando con la ocupación y comiencen a retirarse.
Antes de que sea demasiado tarde, Europa tiene que volver a calibrar su compromiso en el conflicto palestino-israelí. Tiene que lograr que Israel se dé cuenta de lo cerca que está el peligro del aislamiento internacional. Y tiene que reducir paulatinamente su apoyo financiero al statu quo, trabajando con las dos partes para conseguir cambios en las condiciones de la ocupación, lo que permitiría a los palestinos desarrollar una economía real. Una política más firme y más independiente desde Europa fortalecerá la mano de Washington con Israel y mejorará las posibilidades de una iniciativa de paz estadounidense, antes de que se acabe el mandato de Obama y de que la ocupación entre en su quincuagésimo año.
Si se planteara un paralelismo entre las políticas en Cisjordania y Gaza con las del apartheid de Suráfrica, veríamos que las consecuencias de ambos fenómenos son difíciles de resistir y evitar. Para no llegar a una situación límite, Israel necesita cambiar de estrategia y los europeos hacer un llamamiento al coraje, al realismo y al cambio de acción por parte de Israel. Si lo entienden, será un avance para el largo sufrimiento palestino y servirá a sus propios intereses en el mundo árabe. Tal como discurren los dilemas en política exterior, este no parece ser un objetivo tan complicado.
jueves, 18 de julio de 2013
¿Estamos a un minuto del Apartheid? Por Carlos Braverman
Durante muchos años sostuve que comparar
el Apartheid Sudafricano con Israel es insidioso. No hace mucho comencé a decir
que estamos a un centímetro de este sistema y creo que cada vez ofrecemos más argumentos a la insidia. Pero aún no llegamos
a ese infierno.
La caída brusca de nuestra democracia y el impacto en una sociedad deteriorada preocupa al respecto.
El deslucido estado de los derechos civiles en los Territorios Ocupados y las medidas muchas veces racistas respecto a la minoría árabe en Israel, son temerarias. Una tendencia de prejuicio se extiende con los cánticos xenófobos en los encuentros de futbol, en las opiniones de ciertos rabinos ultra-ortodoxos hacia esta población y sus recomendaciones al respecto. También en los planes gubernamentales que hacen dudar del fin de la ocupación, por el contrario, le auguran larga vida.
Las declaraciones del ministro Bennet (nacional religioso) que expresa a los colonos, no tranquiliza, su objetivo es la anexión de hecho de la Zona C según los Tratados de Oslo, de Cisjordania.
Este posicionamiento terminaría con la hipótesis de dos estados y dudo que si existe uno todos sean iguales en él. Para los sionistas sería el fin de su sueño, un estado de los judíos, para los que no somos sionistas el fin de la democracia y ahora sí la entrada al Apartheid.
Para la Convención Internacional de 1973 sobre la Represión y el Castigo del Crimen de Apartheid (ICSPCA), que precedió al Estatuto de Roma, el apartheid se define como: "actos inhumanos cometidos con el fin de instituir y mantener la dominación de un grupo racial de personas sobre cualquier otro grupo racial y de oprimirlo sistemáticamente".
El artículo 7 del Estatuto de Roma de 2002, define el crimen de apartheid como actos "cometidos en el contexto de un régimen institucionalizado de opresión y dominación sistemáticas de un grupo racial sobre uno o más grupos raciales con la intención de mantener ese régimen"
Lo fundamental es el objetivo y las acciones que deben ser institucionalizadas, éstas pueden ser legisladas o ad hoc, y sí, deben formar parte de un régimen motivado con engranajes para tal fin.
La Declaración de Independencia de Israel pidió el establecimiento de un estado con la igualdad de derechos sociales y políticos, independientemente de religión, raza o sexo. Los derechos de los ciudadanos están garantizados por un conjunto de leyes básicas (Israel no tiene Constitución). A pesar de este conjunto de leyes no incluye explícitamente el término "derecho a la igualdad", el Tribunal Supremo de Israel ha interpretado constantemente la "Ley fundamental: dignidad y libertad humanas" y la "Ley fundamental sobre la libertad de Ocupación (1994)", para garantizar la igualdad de derechos para todos los ciudadanos de Israel. De acuerdo a esta práctica en Israel y los Territorios Ocupados, la ley israelí prohíbe la discriminación por motivos de raza, y el gobierno hizo cumplir efectivamente estas prohibiciones vía dictámenes del Tribunal Superior de Justicia.
Todavía Israel tiene mecanismos de defensa, pero es inocultable una tendencia insalubre sobre la que me explayé al principio. Estamos a un centímetro del Apartheid y el tiempo que tardemos en recorrerlo es decisivo. Lo es tanto para sus partidarios, como para los que lo rechazamos por principios políticos y morales.
Todavía no dimos una respuesta válida desde la izquierda, si no lo hacemos, debemos reconocer que somos incapaces. Yo no lo creo, somos tan capaces como los racistas la pura expresión de la soberbia de los inferiores.
No tenemos mucho tiempo, pero aún disponemos de él, entonces a no desperdiciarlo.
*Carlos Braverman es Politólogo y Psicólogo, miembro de la Asociación de Derechos Civiles en Israel, militante por la coexistencia judeo-árabe en Israel y la paz con el pueblo palestino. Es miembro del Partido Socialista de Israel (Meretz), e integrante de Paz Ahora (Shalom Ajshav). Es Presidente del Instituto Campos Abiertos de Israel (Investigación y desarrollo en Ciencia Política). Su trabajo está centrado en la investigación, la academia, la docencia y la actividad política; así como en el periodismo y el trabajo por los derechos civiles.
La caída brusca de nuestra democracia y el impacto en una sociedad deteriorada preocupa al respecto.
El deslucido estado de los derechos civiles en los Territorios Ocupados y las medidas muchas veces racistas respecto a la minoría árabe en Israel, son temerarias. Una tendencia de prejuicio se extiende con los cánticos xenófobos en los encuentros de futbol, en las opiniones de ciertos rabinos ultra-ortodoxos hacia esta población y sus recomendaciones al respecto. También en los planes gubernamentales que hacen dudar del fin de la ocupación, por el contrario, le auguran larga vida.
Las declaraciones del ministro Bennet (nacional religioso) que expresa a los colonos, no tranquiliza, su objetivo es la anexión de hecho de la Zona C según los Tratados de Oslo, de Cisjordania.
Este posicionamiento terminaría con la hipótesis de dos estados y dudo que si existe uno todos sean iguales en él. Para los sionistas sería el fin de su sueño, un estado de los judíos, para los que no somos sionistas el fin de la democracia y ahora sí la entrada al Apartheid.
Para la Convención Internacional de 1973 sobre la Represión y el Castigo del Crimen de Apartheid (ICSPCA), que precedió al Estatuto de Roma, el apartheid se define como: "actos inhumanos cometidos con el fin de instituir y mantener la dominación de un grupo racial de personas sobre cualquier otro grupo racial y de oprimirlo sistemáticamente".
El artículo 7 del Estatuto de Roma de 2002, define el crimen de apartheid como actos "cometidos en el contexto de un régimen institucionalizado de opresión y dominación sistemáticas de un grupo racial sobre uno o más grupos raciales con la intención de mantener ese régimen"
Lo fundamental es el objetivo y las acciones que deben ser institucionalizadas, éstas pueden ser legisladas o ad hoc, y sí, deben formar parte de un régimen motivado con engranajes para tal fin.
La Declaración de Independencia de Israel pidió el establecimiento de un estado con la igualdad de derechos sociales y políticos, independientemente de religión, raza o sexo. Los derechos de los ciudadanos están garantizados por un conjunto de leyes básicas (Israel no tiene Constitución). A pesar de este conjunto de leyes no incluye explícitamente el término "derecho a la igualdad", el Tribunal Supremo de Israel ha interpretado constantemente la "Ley fundamental: dignidad y libertad humanas" y la "Ley fundamental sobre la libertad de Ocupación (1994)", para garantizar la igualdad de derechos para todos los ciudadanos de Israel. De acuerdo a esta práctica en Israel y los Territorios Ocupados, la ley israelí prohíbe la discriminación por motivos de raza, y el gobierno hizo cumplir efectivamente estas prohibiciones vía dictámenes del Tribunal Superior de Justicia.
Todavía Israel tiene mecanismos de defensa, pero es inocultable una tendencia insalubre sobre la que me explayé al principio. Estamos a un centímetro del Apartheid y el tiempo que tardemos en recorrerlo es decisivo. Lo es tanto para sus partidarios, como para los que lo rechazamos por principios políticos y morales.
Todavía no dimos una respuesta válida desde la izquierda, si no lo hacemos, debemos reconocer que somos incapaces. Yo no lo creo, somos tan capaces como los racistas la pura expresión de la soberbia de los inferiores.
No tenemos mucho tiempo, pero aún disponemos de él, entonces a no desperdiciarlo.
*Carlos Braverman es Politólogo y Psicólogo, miembro de la Asociación de Derechos Civiles en Israel, militante por la coexistencia judeo-árabe en Israel y la paz con el pueblo palestino. Es miembro del Partido Socialista de Israel (Meretz), e integrante de Paz Ahora (Shalom Ajshav). Es Presidente del Instituto Campos Abiertos de Israel (Investigación y desarrollo en Ciencia Política). Su trabajo está centrado en la investigación, la academia, la docencia y la actividad política; así como en el periodismo y el trabajo por los derechos civiles.
lunes, 8 de julio de 2013
SÍ SE PUEDE CAMBIAR ESTE MUNDO
Por Xavier Caño
La revuelta iniciada en la plaza de Taksim es un gran movimiento ciudadano para frenar el autoritarismo neoliberal del gobierno de Erdogan.
¿Por qué una manifestación para salvar un parque de Estambul desata una rebelión ciudadana en toda Turquía? En varias ciudades turcas, ha habido manifestaciones de decenas de miles contra el Gobierno de Erdogan, ferozmente reprimidas. Amnistía Internacional denuncia que podría haber dos mil heridos y al menos dos jóvenes muertos por la brutal represión policial. El motivo inicial era salvar un parque de Estambul contra la especulación del gobierno, pero pronto los manifestantes exigieron la dimisión del primer ministro Erdogan. La revuelta iniciada en la plaza de Taksim es un gran movimiento ciudadano para frenar el autoritarismo neoliberal del gobierno de Erdogan.
En casi todos los países de Europa hay y ha habido multitudinarias protestas ciudadanas contra el vaciado de la democracia y los recortes de derechos. Las movilizaciones no cesan y la rebelión ciudadana brota en otros lugares. Pero acaso sea ya tiempo de avanzar. Además de denunciar, protestar y reivindicar, hay que elaborar programas comunes mínimos. Para un cambio profundo. Es tiempo de coordinación de plataformas, asociaciones y movimientos sociales en un movimiento ciudadano unificado y transformador. Y no solo en una nación. En toda Europa. Para hacer política. No la política tramposa y con cartas marcadas del sistema. Política de valores republicanos. Y difusión de esos valores contra el individualismo, el materialismo zafio y la hegemonía del beneficio como motor principal de la economía.
¿Por qué una manifestación para salvar un parque de Estambul desata una rebelión ciudadana en toda Turquía?
Es hora de propuestas y programas concretos; de ocupación de zonas de poder; de iniciativas económicas y sociales imaginativas regidas por principios de solidaridad, cooperación y respeto a la Tierra. No para volver a la situación anterior a la crisis. Esa socialdemocracia vergonzante ya no sirve. Con este capitalismo de democracia desinflada, la crisis es el pretexto de la minoría rica dominante para perpetrar el mayor ataque del último siglo contra las clases populares y recuperar el estatuto que esa minoría tenía antes de la segunda mitad del siglo XX. Por eso hay que cambiar esta sociedad a fondo, porque pretenden reducir la ciudadanía a casi nada y, si no cambiamos las cosas de verdad, lo lograrán. Los apaños no valen.
Regresar al bienestar de antes de las hipotecas basura es volver al modelo basado en el crecimiento indiscriminado y la posesión ascendente de bienes materiales. Que supone la explotación de parte de población mundial para que otra más reducida disfrute de un presunto bienestar de tener cosas materiales y cada vez más. Además de que tal modelo agota los recursos naturales y condiciona gravemente la vida de las generaciones venideras.
El objetivo es otro modelo económico, político y social. Justo, equitativo, respetuoso con la naturaleza, no basado en el crecimiento constante e ilimitado y sí en el respeto a los derechos humanos en todas partes y en el respeto a la Tierra.
Y no digan que no es posible, que es utópico. Utopía es lo que hoy no es, pero puede ser. Y será. No hay otra. En mayo de 1886, la clase obrera de Chicago arrancó la jornada laboral de 8 horas tras ser reprimidos, encarcelados y ejecutados. ¿Utópico? Lo lograron.
Es tiempo de coordinación de plataformas, asociaciones y movimientos sociales en un movimiento ciudadano unificado y transformador.
A finales del siglo XIX, algunas mujeres norteamericanas reclamaron el derecho de todas a votar. Desde 1917, se concentraron cada día frente a la Casa Blanca exigiendo el voto. Insultadas, vejadas, reprimidas... y más de 200 activistas, detenidas. Pero en 1919 el Congreso aprobó la ley por la que las mujeres votaban. Vencieron.
En 1930, Gandhi y unas docenas de personas iniciaron una marcha de cuatrocientos kilómetros hasta el mar contra el monopolio británico en el comercio de sal en la India. Al finalizar, eran miles. Y empezó la desobediencia civil que años después llevó a la independencia.
En diciembre de 2010, en Túnez comenzaron las manifestaciones ciudadanas que exigían democracia y derrocaron el gobierno dictatorial de Ben Ali. En Egipto, multitudinarias concentraciones en la plaza de Tahrir derrocaron al dictador Mubarak... 15 M , Occupe Wall Street, ahora Taksim...
Quienes dicen que no se puede hacer nada desconocen la historia. ¿No se acabó con las monarquías absolutas y se formaron repúblicas? ¿No se eliminaron las condiciones infrahumanas de los trabajadores del siglo XIX? ¿El fin del apartheid en Sudáfrica acaso fue imaginación de Mandela? ¿No estaban solos e ignorados aquellos primeros ecologistas de mediados del XX? ¿No avanza América Latina en la eliminación de la pobreza?...
Perseguidos, tachados de locos, de subversivos, encarcelados... Persistieron y han conseguido lo que soñaron o abrieron el camino. Aunque fuera utópico.
Sí se pueden cambiar las cosas. No me digan que no es posible frenar a la dictadura financiera y construir otro mundo decente y justo. Porque sí se puede. Δ
Xavier Caño, periodista y escritor. xacata.wordpress.com
domingo, 7 de julio de 2013
Ni Morsi ni Ejército. Democracia.
Por Victor Alonso Rocafort
Web Colectivo Novecento
Una democracia no son elecciones… y si te he visto no me
acuerdo. Aquí y en Egipto. Para el engaño no hay pueblo que esté preparado.
Para la democracia —es decir, para tomar entre todos libremente las decisiones
sobre lo que nos afecta— todos los pueblos lo están. Otra cuestión es que esto
alguna vez suceda.
La
democracia, si trata de erigirse sobre la representación, debe hacer que esta
se base en la confianza, en la rendición cotidiana de cuentas, en el trenzado
de vínculos con la ciudadanía. Aceptar la pluralidad en este sentido es básico,
tanto para quienes tienen el poder como para quienes lo buscan. Pero más allá
del ámbito representativo, la política debe sustentarse en una amplia
participación de una ciudadanía que pueda escoger sus problemas relevantes
debatiendo respetuosamente, que marque la agenda, dialogue sobre las
alternativas y finalmente decida entre sus opciones.
Es decir,
que llamamos democracia a cualquier cosa, aquí y en Egipto.
Pero aceptemos que tenemos un Estado de derecho, donde se
respetan libertades mínimas y hay elecciones competitivas entre partidos.
Cuando un gobierno elegido en este marco —en el que los elementos oligárquicos
suelen dominar sobre los democráticos— incumple sus promesas y gobierna solo
para una minoría (religiosa o propietaria) lesionando los derechos
fundamentales del resto, la rebelión popular es legítima. La gente en las
calles reclama, con razón, la salida del gobierno elegido, pues ha incumplido
todo aquello que se había comprometido a realizar y además ha atacado
libertades básicas erosionando los cimientos compartidos de lo público. Es
entonces cuando suelen resaltar más que nunca las fallas democráticas del
régimen.
Lo que se
reclama desde una protesta de este tipo suele ser más democracia. La presión de
la gente en las calles y plazas de un país conforma un amplio poder popular,
capaz de anular, o al menos tambalear, la confianza en el uso de la fuerza
represora por parte del gobierno. Incluso, puede llegar a obligar a los
gobernantes menos temerarios a marcharse. Turquía, Brasil, Egipto, ofrecen tres
respuestas diferentes a similares desafíos durante las últimas semanas.
Si el
ejército se presenta como atajo para la rebelión popular y da un golpe de
Estado militar, como ha sucedido en Egipto, con suspensión de leyes y represión
de periodistas, con encarcelamiento sin juicio previo de antiguos gobernantes,
la senda que aparece es la de menos democracia, si no la de la guerra civil.
Recordemos que al hablar del ejército nos referimos a una institución per
se jerárquica, basada en las armas y no en la palabra. En el caso
egipcio hablamos de quienes sostuvieron a Hosni Mubarak durante décadas, los
mismos militares que reprimieron duramente a los revolucionarios de hace un par
de años, aquellos que reciben millones de dólares norteamericano en armamento.
Los mismos que ayer emitían un comunicado amenazando a “terroristas,
extremistas e ignorantes”. Aquí y en Egipto, esta es la clásica mentalidad
autoritaria que coloca su verdad como la verdad evidente, que sitúa al opositor
discrepante como a un peligroso fuera de la ley.
La lógica
aristotélica estableció tres grandes principios para el pensamiento occidental.
El de identidad, el de no contradicción y finalmente el del tercio excluso.
Ninguno de los tres actúa al cien por cien en política. Partiendo del de
identidad (A es A), los ciudadanos no son siempre un sólido A nacional, sexual,
religioso, de género o ideológico; a veces, y más si atendemos a nuestra
realidad inconsciente, nos situamos en la ambigüedad de los grises —más aún si
tenemos en cuenta el factor tiempo—. Esto es lo que hizo a Walt Whitman
exclamar en su canto democrático aquello del “Me contradigo/ sí, me contradigo/
soy uno y contengo multitudes”. La aceptación de la pluralidad como aquello
que, queramos o no, rige en la comunidad política, es lo que sustenta el
principio —este sí democrático— de escuchar todas las voces de nuestra ciudad
(interna y externa). Otra cuestión es hacerlas caso. Contradecirse entre amigos
es lo normal (el pensamiento también es diálogo con uno mismo, basado en la
amistad con uno mismo). Por eso en nuestras instituciones y partidos,
conformadas por jefes y sometidos que desprecian la amistad política,
comprobamos la constante persecución de la disidencia. Eso sí, necesario sería
indicar que algo muy distinto de la contradicción es la traición.
Pues bien,
el tercio excluso nos dice que entre dos contradicciones no hay posibilidad de
alternativa: A o no A. Escojamos. De nuevo la política —y diría que la propia
vida— nos muestra a cada rato que este último principio aristotélico tampoco
rige. Parece que si no queremos a Morsi debemos comernos con patatas al
Ejército egipcio. Pero no es así. Juan puede no ser ni guapo ni feo, sino
maravilloso. Las trampas lógicas a las que estamos acostumbrados nos sitúan
ante dilemas que sin embargo sí tienen salida. Hay terceros, cuartos y quintos…
que deben incluirse frente a dos opciones que parecen enfrentarse en el abismo.
El ejército
en este caso, es verdad, proporciona el brillo de la omnipotencia: con su
fuerza parece que todo lo puede, además de manera veloz, contundente. Pero
pensemos que precisamente esa omnipotencia es la mayor fuente de peligro
político que tenemos desde siempre. Como un dios implacable, como una explosión
nuclear, arrasa con todo. Por el contrario el tempo de la
democracia además de pacífico suele ser lento, pues depende del pensamiento y
del diálogo. También es lento el tiempo de las rebeliones que se quieren
democráticas, aquellas que ponen el respeto a las libertades de todos
—incluyendo las de aquellos contra quienes uno se rebela— como condición
irrenunciable de su acción política. Aquellas que construyen a cada paso
democracia, sin guillotinas, checas ni comisariados.
Que sea
difícil no quiere decir que sea imposible. O que debamos entregarnos en brazos
de lo fácil, en este caso posiblemente de un nuevo opresor que nos tutele. De
nuevo, renunciar a la omnipotencia no debe sumirnos en su opuesto, la
impotencia.
La incierta
y frágil aventura de tratar de expulsar del poder a los gobernantes que se han
rebelado, ellos sí, contra la democracia, no debería así hacerse abrazando la
violencia organizada de un grupo armado como el ejército ni reprimiendo
“enemigos”. La alternativa tampoco es paralizarnos, o prepararnos únicamente
para las siguientes elecciones. Es necesario confrontar a los votantes del PP
—perdón, de Morsi— con las consecuencias de su voto. Pero no solo. Pues
volvamos al principio: una democracia no son únicamente elecciones… Y menos aún
lo es saltar de fraude en fraude con total impunidad. Frente a ello la opción
siempre será más democracia, y tenemos derecho a reclamarlo en las calles.
Aquí y en Egipto.
¿El antisemitismo impone la ley? Michael Lowy
MICHAEl LOWY
De la Web Viento Sur
De la Web Viento Sur
Nazis que denuncian ante la justicia a un marxista judío
al que le acusan de haberles "calumniado". ¿Alemania 1933? No,
no estamos hablando de la Alemania del 33, sino de la "democrática"
(entre muchas comillas) Grecia del 2013. El acusado en cuestión se llama Savas
Mikhail, un intelectual brillante y dirigente de una de las organizaciones de
la izquierda marxista revolucionaria griega.
Savas Mikhail es un intelectual atípico y "fuera de
toda norma": greco-judío, no sionista e internacionalista, es autor de una
obra considerable e inclasificable (en cierta manera literaria, filosófica y de
lucha de clases), que se distingue por su originalidad y el dinamismo de su
posición. La primera cosa que impresiona al lector de sus escritos es su
inmensa cultura: el autor conoce muy bien la Biblia, el Talmud, la Cábala, el
teatro griego clásico, la literatura europea, la filosofía francesa
contemporánea, la poesía griega contemporánea, la poesía griega moderna, Hegel
y Marx –sin hablar de Trotsky, su principal norte político–… La lista es
interminable.
Una de las características más singulares de su
pensamiento es el intento de reinterpretar el marxismo y la teoría
revolucionaria a la luz del mesianismo y de la mística judía, y viceversa. Se
trata de un punto de vista paradójico e innovador que –como el de Ernst Bloch o
el de Walter Benjamin, dos de sus autores preferidos– forma parte de un ateísmo religioso o, si se quiere, de un mesianismo profano.
Estas cuestiones las aborda, por primera vez y de manera
central, en una notable compilación de ensayos publicados en 1999, Figures du Messianique. El último trabajo de Savas Makhail, Golem. A propos du sujet et d’autres fantômes (2010), es otro ejemplo de este punto de vista ateo religioso,
judeo-marxista. Se trata de una compilación de ensayos referentes no sólo al
Golem sino también a Kafka, Hölderlin, Lacan, Philippe Lacoue-Labarthe, Hegel,
Marx y algunos poetas griegos modernos como Andreas Embirikos. La coherencia
del libro proviene de la forma, totalmente singular, como el autor asocia,
articula y fusiona la mística judía, la literatura –la griega y la universal– y
el marxismo revolucionario.
Savas Mikhail jamás ha ocultado sus convicciones antifascistas
y, a lo largo de estos últimos años, no ha cesado de denunciar las nefastas
actividades de la organización neo-nazi Amanecer Dorado, que más bien debería
llamarse Crepúsculo Sangriento. Por eso, en 2009, esta organización que
reivindica insistentemente la herencia del III Reich, presentó ante la justicia
griega un legajo de acusaciones contra un montón de personalidad de diferentes
corrientes de la izquierda y de la extrema izquierda griega. La policía,
siguiendo las órdenes del fiscal general –nombrado por el gobierno hegemonizado
por la derecha neo-liberal– citó el año pasado a todas estas personalidades
para interrogarlas. Todas ellas, de común acuerdo, decidieron no presentarse y
remitir a la policía una declaración legal rechazando las acusaciones. Tras
examinar los documentos, el fiscal general decidió llevar ante los tribunales a
dos de ellas: Savas Mikhail y el antiguo decano de la Escuela Politécnica,
Constantin Moutzouri. Este último acusado de haber autorizado aIndymedia –un medio social alternativo- a utilizar las
instalaciones de la Escuela para sus emisiones. Savas fue acusado por "difamación" hacia
los neo-nazis –de haberles tratado de criminales–, de "incitación a la violencia" –por
llamar a combatir el fascismo– y por "atentado
a la paz social", al
haber llamado, en un panfleto, a manifestarse contra Amanecer Dorado. En esa
época, los neonazis griegos llevaban a cabo una frenética campaña antisemita
contra Savas Mikhail, denunciándole en sus medios de comunicación como "un agente de la conspiración judía mundial contra
la Nación griega, cuyo objetivo era provocar una guerra civil e imponer un
régimen judío-bolchevique".
Siniestra impresión de algo ya visto…
Este enjuiciamiento ha generado numerosas reacciones en
Grecia y en Europa, pero no ha impedido que el juicio vaya a tener lugar. La
fecha prevista es el 3 de setiembre de 2013. Es mucho lo que está en juego: más
allá de las personas inculpadas, se trata de saber si en el futuro, en Grecia,
podrá o no podrá existir la libertad de expresión para las ideas
anti-fascistas.
Este caso ilustra no solo el extraordinario descaro de
los señores de Amanecer Dorado, sino también la complicidad, cada vez más
evidente, del actual gobierno griego, presidido por Antonis Samaras, con los
fascistas griegos. Varios de los ministros de ese gobierno (cada vez más
autoritario y regresivo) fueron miembros de la extrema derecha: el secretario
de Estado para la inmigración, Kostoulas, es el autor de un libro negacionista
para mayor gloria del Tercer Reich; y su portavoz en el Parlamento, el diputado
Makis Voridis, es un amigo de Jean-Marie Le pen [hasta hace poco presidente del
Frente Nacional en Francia] y un antiguo dirigente del movimiento de la
juventud nacionalista promovido por la dictadura del Coronel Papadopoulos
(1967-1974). Por otra parte, la reciente decisión de Antonis Samaras de cerrar
pura y simplemente la ERT, radio televisión pública griega, cortándole el
suministro eléctrico –decisión que provocó una crisis gubernamental y el abandono
del gobierno de Izquierda Democrática– ha sido calurosamente aplaudida por
Amanecer Dorado.
El próximo 3 de setiembre se sabrá si los antisemitas
dictan la ley en Grecia o si aún subsisten un mínimo de garantías democráticas.
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