miércoles, 22 de diciembre de 2010

Trotsky y la cuestión judía II parte (Arlene Clemesha)


Durante la revolución y la guerra civil en la URSS
Trotsky no escribió sobre la cuestión judía durante el período de la revolución y la guerra civil en Rusia. Pero la cuestión judía, por lo que revela su autobiografía, entre otros estudios, estaba presente en lo cotidiano de ese período agitado. Trotsky, en Mi Vida, escribió que un día después de la revolución de octubre rechazó el importante cargo de Comisario de Asuntos Internos (ministro del Interior), que Lenin insistía tomara a su cargo, para “no colocar en las manos de los enemigos un arma como mi judaísmo”.
Trotsky explica su actitud diciendo que “ya había mencionado que la instancia nacional, tan importante en la vida de Rusia, no había cumplido papel alguno en mi vida. En mi juventud los impulsos nacionales y pre-conceptos irracionales ya me parecían incomprensibles, y en algunos casos me causaban repugnancia. La educación marxista profundizó ese estado de ánimo y lo convirtió en internacionalismo activo. La vida en diversos países, el conocimiento del idioma, de la política y de la cultura de cada uno, hicieron que ese internacionalismo penetrase en mi carne y en mi sangre. Y si en el año 1917, y posteriormente, utilicé mi judaísmo como argumento para no aceptar alguna nominación, lo hice sólo por consideraciones políticas” (27).
Cuando la prensa mundial se refería a la Revolución Rusa casi siempre mencionaba el origen judío de Trotsky, uno de sus principales líderes. La prensa judía, dice Glotzer, expresaba orgullo por los orígenes judíos de Trotsky, a pesar de que casi siempre condenaba su bolchevismo (!)(28), mientras que Trotsky intentaba desvincular su imagen de la de un judío. Cuando en 1918 una delegación de judíos pidió a Trotsky usar su influencia con los bolcheviques para que fuese mantenida la igualdad de derechos que la revolución de febrero les había concedido por primera vez en la historia de Rusia, Trotsky respondió: “No soy un judío sino un internacionalista”. Notamos que la intención de Trotsky tampoco era oponerse a los derechos de los judíos. Trotsky resaltó, en su Historia de la Revolución Rusa, para mérito de la revolución de febrero, que abolió las 650 leyes restrictivas de los derechos judíos en Rusia.
El rabino-jefe de Moscú, Jacob Maze (a veces escrito como Mazeh), en 1921 “en la cúspide de su poder político, después de la consolidación de la revolución bolchevique, lo visitó en nombre de los judíos privados nuevamente de muchos derechos (…) [la campaña anti-religiosa era dirigida indiscriminadamente contra todas las religion es, NdA]. Trotsky respondió: “Yo soy un revolucionario y bolchevique, no un judío”. Rabbi Maze retrucó: “Los Trotskis hacen la revolución y los Bronsteins pagan la cuenta”. Antes de ese episodio, consta que Trotsky le dijo a un grupo de judíos que lo visitó, que “los judíos no le interesaban más que los búlgaros”. Según Vladimir Medem, Trotsky dijo que no se consideraba ni judío ni ruso, apenas un socialdemócrata (29).
De hecho, había una campaña antisemita dentro de Rusia, y fuera también, dirigida contra la revolución. “En el auge de la guerra civil, la agencia de noticias blanca, en Yekaterinburg, publicó un panfleto titulado ‘Tristes Recordaciones sobre los bolcheviques’. Su autor, Sergei Auslender, pintó el perfil de los líderes bolcheviques, sobre todo el de Trotsky: ‘Ese especulador internacional subyugó a Rusia, está fusilando a los viejos generales del ejército, vive en el palacio del Kremlin y comanda el ejército ruso… El sabe cómo extraer lo que hay de peor y más podrido en sus esclavos’. En noviembre de 1921, un panfleto titulado ‘Bolchevismo judío’ fue publicado en Munich con un prefacio de Alfred Rosenberg, el ideólogo nazi. El objetivo de ese trabajo era mostrar que la Revolución Rusa, en su contenido, ideas y liderazgo, era profundamente judía: ‘Desde el día de su surgimiento, el bolchevismo es una empresa judía’. Manipulando el número de Comisarios del Pueblo judíos, Rosenberg intentó mostrar que ‘la dictadura proletaria sobre el pueblo arruinado, semi-hambriento, fue un plan trazado en los albergues de Londres, Nueva York y Berlín’. Sus principales ejecutores también eran judíos, el principal entre ellos, Trotsky-Bronstein, y su objetivo era la revolución mundial. Ese tipo de calumnia tenía por objetivo desacreditar no sólo a la revolución sino también a sus líderes” (30).
Mandel sugiere que Trotsky era más conciente que el propio Lenin (que como líder de la revolución y jefe del nuevo Estado soviético se mostró un riguroso e incansable combatiente del antisemitismo) de los horrores potenciales del antisemitismo en Rusia (31). La preocupación de Trotsky por evitar, de todas las maneras, actitudes que pudieran dar margen a nuevas irrupciones de antisemitismo en Rusia se mostró justificada durante la guerra civil. Durante ese período, los ejércitos blancos de Petlioura y Koltchak, con la ayuda del ejército anarquista anti-bolchevique de Nestor Makhno, dejaron en Ucrania un saldo de más de 1.000 pogroms, 125.000 judíos muertos y 40.000 heridos, sin contar la destrucción general causada por los saqueos (32). Para Wistrich, los ataques a los judíos durante la guerra civil “eran, por lo menos en parte, una reacción contra el ‘Zhid’ Trotsky y los ejércitos bolcheviques bajo su comando” (33). Lo que sugiere Wistrich debe ser tomado en consideración. Significa que los pogroms de los bandos blancos y anti-bolcheviques en general fueron, en gran medida, un acto de venganza contra una revolución que veían como “obra de judíos”. Según Mandel, las masacres de los blancos dejaron “el mayor número de víctimas judías antes de la masacre nazi” (34).
Pero el antisemitismo no era exclusividad de los opositores de la revolución de octubre. Existía dentro de Rusia como herencia del zarismo, y Trotsky se vio obligado a combatirlo dentro del propio Ejército Rojo. Como jefe del Ejército, Trotsky llegó a mandar a los judíos al frente de batalla para evitar comentarios antisemitas que acusaban a los judíos de permanecer en los bastidores, en cargos administrativos, y no tomar las armas para defender la revolución. Trotsky permitió, a pedido del partido sionista de Rusia, la formación del batallón Poale Sion, pero, conciente del antisemitismo de sus soldados, sugirió que los batallones judíos entrasen en aquellos regimientos donde hubiese también batallones de otras nacionalidades, para “evitar el chauvinismo que resulta de la separación de las nacionalidades, y que infelizmente surge cuando se constituyen unidades militares nacionales totalmente independientes” (35).
Antes de la revolución, era generalizada la creencia de que los judíos eran “cobardes” y evitaban el servicio militar, lo que explica que Trotsky, como jefe del Ejército Rojo, fuese visto como un “ruso auténtico”, “un luchador”, “uno de los nuestros”, según un cosaco citado en Mi Vida. Las palabras del cosaco no constituían un caso aislado. Otros ejemplos semejantes aparecen en la literatura de ficción de la época. En un cuento de la conocida escritora Seipulina, un campesino decía: “Trotsky es uno de los nuestros, él es ruso y bolchevique. Lenin es judío y comunista”. En Sal, de Isaac Babel, publicado originariamente en 1923, una mujer, que tiene su sal (un producto escaso en la época) requisada por un soldado, le dice: “Yo perdí mi sal, lo reconozco y no temo la verdad. Pero a ustedes sólo les preocupa salar los a zhid Lenin y Trotsky”. El soldado: “Que en este momento no se hable de los judíos, ciudadana saboteadora; los zhids no tienen nada que ver con eso y a propósito, ya que habla de Lenin, no tengo nada que decir, pero si se trata de Trotsky, él es descendiente del heroico y temido gobernador de Tambov…” (36).
En ese momento de revolución y guerra civil, Trotsky lidió con el problema antisemita, en la medida en que se imponía en los pogroms de los ejércitos adversarios, en la propaganda anti-bolchevique y dentro del propio Ejército Rojo. Más tarde, Trotsky dirá que el antisemitismo constituyó un problema con el que resultó, en verdad, difícil lidiar y combatir durante el reflujo revolucionario del período stalinista.
En el exilio
El próximo escrito de Trotsky dedicado a la “cuestión judía” fue una carta-respuesta al Klorkeit (“Claridad”, en idisch, el órgano del grupo judío de la Oposición Comunista de Izquierda de Paris) escrita desde el exilio, en Turquía, el 10 de mayo de 1930 y publicada en Klorkeit, Nº 3, Paris, mayo de 1930, con el título “El papel de los trabajadores judíos en el movimiento general de los trabajadores de Francia”.
Trotsky agradece al grupo por una carta, que le llevaba informaciones, por primera vez, sobre el estado del movimiento obrero judío en Europa Occidental. En su respuesta, Trotsky explica el papel especial que los 60.000 obreros judíos podrían ejercer en el movimiento obrero de Francia, por su situación de inmigrantes y por su posición entre las camadas más bajas del proletariado francés, mal organizado y que carecía de la influencia internacionalista y del ánimo de lucha típicos del obrero judío. Trotsky usa el ejemplo del Bund para alertarlos contra el papel que no debe cumplir la prensa idische: “Es claro que no servirá arrancar a los trabajadores judíos del movimiento obrero de cada país específico, como fue el caso con la prensa del ‘Bund’ judío, sino por el contrario, aproximarlos a lo cotidiano de esa clase obrera” (37).
En esa carta como en otra siguiente, escrita desde Prinkipo, Turquía, el 9 de mayo de 1932, al diario idische de la Oposición Comunista de Nueva York, Unser Kamf (publicada en ese diario el 1º de junio de 1932 bajo el título: “El papel del obrero judío en el movimiento combativo internacional”; y traducida enseguida al inglés, fue publicada en The Militant del 11 de junio de 1932, como “Saludos al Unser Kamf”), Trotsky no se opone a la formación de grupos judíos dentro de la Oposición. Principalmente en la segunda carta, se nota que saluda con bastante ánimo la creación de diarios idisches, afirmando que “la existencia de una publicación judía independiente no sirve para separar a los trabajadores judíos, sino que por el contrario, para hacer más proclives a las ideas que unen a los trabajadores en una sola familia revolucionaria internacional” (38).
La carta que Trotsky recibió de la Oposición de Izquierda de Paris, en 1930, le requería su opinión sobre la transformación de Klorkeit en órgano internacional del proletariado judío. En esa ocasión Trotsky respondió que la idea era interesante pero que aún no tenía claro cuál sería, en ese caso, la relación del diario con los movimientos nacionales y con las organizaciones de la Oposición. Trotsky apenas indica que el diario tendría que tornarse más teórico-propagandístico, que no podría tratar de las cuestiones políticas específicas de cada país por separado, y se abstiene de dar una respuesta más definitiva.
Trotsky es quien toma la iniciativa de escribir al Unser Kamf, en 1932, para decir que su aparición fue un paso adelante de gran importancia, certificando en la misma carta que el grupo neoyorquino rechaza intransigentemente (sic) el principio bundista de federación de las organizaciones nacionales. Trotsky incentiva al diario a “desarrollarse y a fortalecerse para poder ejercer su influencia más allá de las fronteras de EE.UU. y Canadá: en América del Sur, Europa y Palestina”.
Trotsky en ese momento no duda sobre la importancia, para la Oposición, de un diario idische de características internacionalistas y circulación mundial, incluyendo al “viejo mundo y la URSS”. Trotsky, en esa carta, también atribuye un papel especial al proletariado judío, que ya no se limita a las fronteras de este o aquel país, o a la influencia positiva que pueda tener sobre los sectores aún desorganizados del proletariado de Francia o de EE.UU. Los judíos, dice Trotsky, por las condiciones históricas a las que fueron sometidos, se tornan especialmente suceptibles a las ideas del comunismo científico e internacionalista por su propia dispersión por el mundo. Debido a eso apenas (¿sería necesario más?) la Oposición Comunista de Izquierda podía contar con una gran influencia entre los proletarios judíos. Con un trabajo adecuado de la Oposición en un medio obrero judío, y un diario idische de circulación mundial, Trotsky vislumbraba la posibilidad de que las ideas de la Oposición ganaran terreno en Rusia a través de los obreros judíos. Los vínculos, de cultura y lengua comunes, que ponen en contacto a los trabajadores judíos de todo el mundo, podrían ayudar significativamente en la difusión de las ideas de la Oposición dentro de Rusia, el centro de la revolución mundial (39).
El antisemitismo ruso y la lucha contra la Oposición Trotskista
Los escritos siguientes de Trotsky sobre la “cuestión judía” abarcaron aspectos variados del problema, como la “asimilación” de los judíos y la utilización del idisch, el problema de la “región autónoma judía” del Birobidjan, el antisemitismo en la URSS, el sionismo, el conflicto árabe-judío en Palestina y el ascenso del nazismo.
El primero de sus artículos, “Sobre el problema judío”, en verdad una entrevista realizada en París, publicado en Class Struggle (publicación perteneciente a un grupo de corta vida, la Communist League of Struggle, liderada por Albert Weisbord), en febrero de 1934. En octubre del mismo año Trotsky escribió una “respuesta a una pregunta sobre Birobidjan”, dirigida al Ykslagor, un grupo judío de la Oposición de Izquierda en la URSS, que trabajaba en condiciones de severa represión.
Otra entrevista, titulada apenas “Entrevista con corresponsales judíos en México”, realizada el 18 de enero de 1937, fue publicada en idisch el 24 de enero, en el periódico socialista judío de Nueva York, Forverts, y al día siguiente, en forma fragmentada, en Inglaterra, en el Boletín diario de la ITA (agencia judía de noticias). La entrevista también fue publicada íntegramente en inglés, en la revista mensual de los trotskistas de EE.UU., Fourth International, en diciembre de 1945. La entrevista fue realizada en la casa del pintor mexicano Diego Rivera y estaban presentes P. Rozenberg por parte de la ITA, tres redactores del periódico idische publicado en México, Unzer Veg, y la secretaria que traducía las preguntas al francés. Todas las respuestas fueron dadas por escrito, también en francés (40).
Trotsky produjo el 22 de diciembre de 1938 su último escrito dedicado exclusivamente a la cuestión judía: una carta a un amigo en EE.UU., publicada como “Llamamiento a los judíos norteamericanos amenazados por el fascismo y el antisemitismo” en la ya mencionada Fourth International, de diciembre de 1945. Pero ese no fue su último comentario sobre el asunto. La preocupación por la “cuestión judía” impregna varios de sus artículos sobre el fascismo y sobre la situación mundial. Hasta poco antes de su asesinato, Trotsky continúa demostrando una gran preocupación por el destino de los judíos, como muestra un pasaje de “La guerra imperialista y la revolución proletaria mundial” (el manifiesto de la Conferencia de Emergencia de la Cuarta Internacional realizada en mayo de 1940), que volveremos a mencionar más adelante (41).
Mencionamos por último el artículo de Trotsky, “Thermidor y antisemitismo”, escrito el 22 de febrero de 1937 y publicado en The New International, mayo de 1941. El artículo analiza un asunto específico: el crecimiento del antisemitismo en la URSS después de la muerte de Lenin y su utilización contra Trotsky y sus aliados de la Oposición Comunista. El término “thermidor”, de acuerdo con el calendario proclamado por la Revolución Francesa, designa el mes en que los radicales jacobinos, liderados por Robespierre, fueron vencidos por un ala reaccionaria de la revolución, que no obstante no llegó a restaurar el régimen feudal. Trotsky usó el término en analogía histórica, para designar la toma del poder por la burocracia conservadora stalinista en el cuadro de las relaciones estatales de producción. Más allá de una simple analogía, el título del artículo indica cuál será su tesis central. Para Trotsky, la persistencia del antisemitismo en Rusia no se debía a la incapacidad de la revolución de combatirlo, sino a la necesidad de la contra-revolución stalinista de rescatarlo.
Como recuerda Glotzer, Trotsky fue el primero en denunciar el uso del antisemitismo por Stalin en las disputas internas del partido, primero en forma indirecta y velada, y después abiertamente, “hasta transformarse, de hecho, en tema dominante en el nuevo clima político impuesto bajo el stalinismo” (42). Pero las denuncias de Trotsky de que el antisemitismo venía utilizándose en forma creciente desde 1923, fueron recibidas con incredulidad y hasta indignación por los militantes y simpatizantes comunistas que no comprendían que la Rusia revolucionaria, que en 1917 había eliminado toda restricción legal a los judíos, y había penado rigurosamente el antisemitismo como un crimen y representaba el pensamiento progresista en el mundo, podía permitir el desarrollo del odio irracional a los judíos.
El editor del diario judío de Nueva York The Day, B.Z. Goldberg, y un conocido columnista del mismo diario, Aaron Glanza, son dos ejemplos de simpatizantes comunistas que manifestaron su indignación por las denuncias de Trotsky publicadas en la ya mencionada “Entrevista con corresponsales judíos en México” (24 de enero de 1937), en el diario Forverts, competidor de The Day.
Goldberg criticó a Trotsky en dos artículos, el 26 y 27 de enero de 1937: “En lo que se refiere a la cuestión judía, Trotsky hizo algo que es característico de todo político mediocre: utilizó la cuestión judía con objetivos políticos propios. Lo que es absolutamente indigno de León Trotsky. Para atacar a Stalin, Trotsky cree justificable proclamar que la Unión Soviética es antisemita… ¿Eso es verdad señor Trotsky? ¿Y si no es verdad, es correcto decir tal cosa? No importa qué tipo de reacción existe en este momento en la Unión Soviética *y yo no pretendo defender a Stalin o a la Unión Soviética*, lo que no puede ser dicho del actual régimen es que oprime a las minorías nacionales… El mismo Trotsky sabe que toda nacionalidad no sólo es libre en la URSS, sino que ésta garantiza la protección y preservación de su lengua y cultura, lo que vale para los judíos también… (Trotsky) también declara que los líderes bolcheviques están utilizando esa tendencia antisemita para desviar hacia los judíos la insatisfacción de las masas con la burocracia… Hasta el judío más ortodoxo, o el más conservador, dirá: ‘Stalin puede ser un desgraciado pero no permitirá que el antisemitismo se difunda en la Unión Soviética’…” (43).
En otras palabras, Glanz dijo aproximadamente lo mismo, cuando escribió a Max Shachtman, en México: “La entrevista de Trotsky sobre el antisemitismo en Rusia es incomprensible y dolorosa. Debo decir que, particularmente, considero esa acusación desafortunada. Nuestros judíos son muy sensibles a lo que dice respecto al antisemitismo, como creo que es lógico. En el cuadro de la judeofobia mundial, la posición oficial de la URSS que pena al antisemitismo con la muerte, es una excepción única, la única isla habitable, por así decir, que trata el asunto de esa manera. Los judíos de todas las clases y de todos los países aprecian eso tremendamente, y con toda razón. Por lo tanto, a no ser que Trotsky pueda facilitar pruebas, no debería haber hecho la acusación… Mi profunda estima por el grandioso exiliado se mantiene, es claro, inalterable. Transmítale mis saludos y el deseo de que le sea dada la oportunidad de presentar la verdad al mundo” (44).
Para Trotsky, declaraciones como las de Goldberg y Glanz eran típicas de un pensamiento ingenuo y poco dialéctico, acostumbrado a contraponer, en dos campos distintos e impermeables, el antisemitismo fascista alemán a la emancipación de los judíos realizada por la Revolución Rusa. El antisemitismo existía en la Unión Soviética, dice Trotsky, y tenía dos fuentes: la tradicional, que no desaparece en apenas una o dos generaciones, y el nuevo odio a la burocracia transformado, por ignorancia y simplificación de la realidad, en odio a los judíos. A pesar de que los judíos constituían apenas el 4,2% de la población de la Unión Soviética en 1917, llegaban a representar el 10%, 15% y hasta 25% de la población de las grandes ciudades. Los profesionales y funcionarios públicos en general se reclutaban en el medio urbano y no entre los campesinos (en gran medida semi-analfabetos). Los judíos en Rusia poseían desde hacía siglos una tradición urbana y una preocupación por el aprendizaje y la especialización profesional que los ubicaba en condiciones especiales de aptitud para los nuevos puestos de la administración pública.
Como afirmó Trotsky en 1937: “El régimen soviético, en la actualidad, inició una serie de nuevos fenómenos que, por causa de la pobreza y el bajo nivel cultural de la población, fueron capaces de generar nuevamente un clima antisemita. Los judíos forman típicamente una población urbana. Constituyen un porcentaje considerable de la población urbana en Ucrania, en la Rusia Blanca y hasta en la Gran Rusia. El régimen soviético, más que cualquier otro en el mundo, necesita de un gran número de funcionarios públicos. Los funcionarios públicos son reclutados entre la población más culta de las ciudades. Los judíos naturalmente ocuparon una porción desproporcionadamente grande de la burocracia, principalmente en sus niveles medio y bajo (…) El odio de los campesinos y trabajadores por la burocracia es un hecho fundamental en la vida soviética. El despotismo del régimen, la persecución a toda crítica, el atrofiamiento de todo pensamiento vivo, finalmente las farsas judiciales, son apenas el reflejo de este hecho básico. Incluso a través de un pensamiento apriorístico es imposible no concluir de que el odio por la burocracia asumirá una coloración antisemita” (45).
Trotsky escribe, un poco más adelante, en el mismo artículo: “Todo observador honesto y serio, especialmente aquel que vivió algún tiempo entre las masas trabajadoras, es testigo de la existencia del antisemitismo, no del viejo y hereditario, sino del nuevo antisemitismo ‘soviético’…”.
En el cuadro de este nuevo clima antisemita creado en la URSS, por la mezcla de las antiguas creencias antisemitas y las impresiones recientes acerca de que los judíos eran los nuevos explotadores de los trabajadores rusos, es que Stalin hace uso del antisemitismo para sus maniobras políticas, cada vez con más éxito. Para muchos en el mundo entero, el desprecio, para decir lo mínimo, de Stalin por los judíos sólo quedó claro cuando los ministros de Relaciones Exteriores ruso y alemán, Molotov y Von Ribbentrop, estrecharon sus manos con la firma del pacto Hitler-Stalin.
Como recuerda Arkady Vaksberg, “el hecho de que Stalin era un antisemita convencido y hasta fanático, sólo comenzó a discutirse recientemente. Los numerosos libros y artículos dedicados a él en los años veinte, treinta y después, se refieren a sus cualidades varias, los diversos aspectos de su personalidad que de ninguna forma pueden ser consideradas virtudes *su sed por el poder, de venganza, crueldad, traición, rencor, hipocresía, etcétera*. Pero su ‘antipatía’ hacia los judíos, igualmente poderosa, que fue el estímulo para una serie de actos criminales, no fue mencionada hasta bien recientemente. Hasta Trotsky, en su clásico de dos volúmenes, Stalin, silencia al respecto ese importante ‘detalle’…” (46). Hasta hace poco, era común decir que Stalin sólo se volvió antisemita a finales de los años 1940.
Aunque Vaksberg esté en lo cierto al decir que Trotsky no divisaba el antisemitismo personal de Stalin, no se pueden negar los esfuerzos de Trotsky para denunciar y luchar contra la utilización del antisemitismo por Stalin en el partido, desde los altos niveles a la base en las fábricas, como muestra el episodio narrado por el mismo Trotsky: “No sólo en el interior, inclusive en Moscú, en las fábricas, el ataque a la Oposición en 1926 asumía un carácter abiertamente antisemita. Muchos agitadores decían abiertamente: ‘Los judíos ya están conspirando’. Yo recibí centenas de cartas deplorando los métodos antisemitas en la lucha contra la Oposición. En una de las sesiones del Politburó escribí una nota a Bujarín: ‘Ya debe haber oído decir que hasta en Moscú los métodos demagógicos de las Centurias Negras (antisemitismo, etc) están siendo usados contra la Oposición’. Bujarín me respondió evasivamente, en el mismo pedazo de papel: ‘Casos aislados, es claro, ¡son posibles!’. Escribí nuevamente: ‘Lo que tengo en mente no son casos aislados, sino una agitación sistemática entre los secretarios del partido de las grandes industrias de Moscú. ¿Me acompañaría a la fábrica de Skorokhod para investigar un caso de esos? (conozco innumerables ejemplos)’; Bujarín respondió: ‘Bueno, entonces vamos’. Intenté en vano hacerle cumplir su promesa. Stalin se lo prohibió categóricamente” (47).
El episodio ocurrido un año después, en 1927, narrado por Leonard Schapiro, es bastante revelador: “Entre los papeles de Trotsky hay un registro de una reunión realizada en el partido en 1927 para exigir la expulsión de Trotsky, que fue una de las miles organizadas por el Secretariado como parte de la campaña por esa expulsión. La voz principal enfatizaba que la nacionalidad de Trotsky impedía que fuera un comunista ya que ‘mostraba que él debía estar a favor de la especulación’…” (48).
Según el análisis de Trotsky, la política antisemita de Stalin se intensificó juntamente con la profundización de la lucha contra la Oposición, y era ejecutada primordialmente en función de esa lucha. En un primer momento, entre 1923 y 1926 (cuando el judío Zinoviev y el medio judío Kamenev aún apoyaban a Stalin), la utilización del antisemitismo por parte de Stalin fue realizada de forma sutil y encubierta. Constantes referencias, en los diarios y eventos públicos, se hacían contra los “pequeñoburgueses de las ‘pequeñas ciudades’…” que apoyaban a Trotsky —una referencia al Shtetl, típica pequeña ciudad judía de la porción Oeste del antiguo imperio zarista.
La campaña de combate contra la Oposición, en 1926, asumió un tono abiertamente antisemita, y Trotsky escribe que “en los meses de preparación para la expulsión de las oposiciones del partido, las detenciones, los exilios (en el segundo semestre de 1927), la agitación antisemita, asumirán un carácter devastador. El slogan ‘abajo la Oposición’ frecuentemente tomaba la apariencia del viejo slogan ‘abajo los judíos y salve a Rusia’ …” (49).
Según Trotsky, proporcionalmente no había más judíos en la Oposición que en el partido en general o en la burocracia, pero Stalin estaba determinado a descubrir a los que lo eran y hacerlo público. Después que Kamenev y Zinoviev pasaron a la oposición, fueron llamados Rozenfeld y Radomislyski. El hijo menor de Trotsky, que se llamaba Serguei Sedov porque usaba el nombre de la madre, no judía, pasó a ser llamado Bronstein, a pesar de que el nombre “Trotsky” era mucho más conocido que Bronstein y esclarecía mejor la filiación de Serguei, si eso era lo que se buscaba.
Los métodos antisemitas de Stalin eran, según Trotsky, como mínimo repugnantes. El que jamás tuvo en consideración su origen nacional, que en más de una ocasión enfatizó que no pertenecía a nacionalidad alguna, que era sólo socialdemócrata e internacionalista, fue llevado a reconocer que “el antisemitismo había levantado cabeza juntamente con el anti-trotskismo”. Como recuerda Isaac Deutscher, “Trotsky, en su juventud, en los términos más categóricos había repudiado la demanda de ‘autonomía cultural’ para los judíos, que el Bund presentó en 1903. Lo hizo en nombre de la solidaridad del judío y no-judío con el socialismo. Casi un cuarto de siglo después, cuando emprendía la lucha desigual contra Stalin y se dirigia a las células del partido en Moscú para exponer sus puntos de vista, se encontró con alusiones a su judaísmo y hasta con insultos antisemitas abiertos. Las alusiones y los insultos provenían de miembros del partido, que él, junto con Lenin, había guiado durante la revolución y la guerra civil” (50).
Stalin dio la señal de largada para impulsar la campaña antisemita, y los otros miembros del alto comando soviético se embarcaron con mucha facilidad y desenvoltura. Según Glotzer, Bujarín y los miembros del Politburó, Rykov y Tomsky, pueden ser citados entre los que apoyaron a Stalin en todas sus medidas para alcanzar el poder absoluto, inclusive en el antisemitismo (51).
Purgas y antisemitismo
En 1936 comenzaron los “Procesos de Moscú”, juicios farsescos contra la Oposición que Stalin en ese momento quería eliminar. La fabricación de los procesos, con pruebas falsas y la utilización del antisemitismo para dar mayor “legitimidad” a la condena del acusado, llevó a Trotsky a comparar los “Procesos de Moscú” con otros juicios antisemitas ocurridos en la historia: los casos Beillis y Dreyfus.
Los métodos (antisemitismo, acusaciones falsas y sensacionalismo) y los objetivos (desviar la atención de las masas de los verdaderos culpables y los reales problemas del país) eran tan semejantes en los dos casos, que Trotsky afirmó que los casos Beillis y Dreyfus fueron los antecedentes históricos de los “Procesos de Moscú”. Como dice Volkogonov, “los procesos de Moscú no fueron apenas una purga general, fueron realizados para destruir a Trotsky moral, política y psicológicamente; la orden para aniquilarlo físicamente ya había sido dada mucho antes” (52).
El Estado soviético promovía el antisemitismo general del país y perseguía a los judíos (Trotsky y los opositores no eran los únicos judíos perseguidos, ni el antisemitismo stalinista concluyó luego de su eliminación: vease el caso del “Complot de los Médicos” en 1952 y el destino de Leopold Trepper, a manos de la policía rusa después de la Segunda Guerra Mundial, entre otros tantos ejemplos), al mismo tiempo que condenaba a muerte a los antisemitas. Stalin mantuvo la orden de condenar el antisemitismo mientras lanzaba su propia campaña antisemita. Según Vaksberg, no fueron sólo los procesos antisemitas las que crecieron en los años treinta, sino también los propios anti antisemitas (53). El Estado soviético fingía combatir el antisemitismo mientras promovía el antisemitismo.
Los procesos de Moscú consiguieron reunir las dos acusaciones *judaísmo y antisemitismo*… en la misma víctima: “El último proceso de Moscú, por ejemplo, fue escenificado con la intención muy mal encubierta de presentar a internacionalistas como judíos infieles capaces de venderse a la Gestapo alemana. Desde 1925 y principalmente desde 1926, la demagogia antisemita, bien camuflada, inatacable, se da de la mano con juicios simbólicos contra supuestos pogromistas” (54).
En la medida en que el dictador derrotó a Trotsky y sus aliados con métodos antisemitas, es lícito indagar si Trotsky fue derrotado porque era judío, como sostienen Wistrich y Volkogonov. Wistrich afirma inclusive que Winston Churchil no tenía dudas de que el judaísmo de Trotsky fue central para su derrota: “El era además un judío. Nada podía alterar eso”, diría el estadista británico (55).
Dimitri Volkogonov, basándose en un episodio que envolvió al antiguo populista Vasiliev, afirma que “no todo el mundo aceptaba a Trotsky como líder. Entre los bolcheviques estaban aquellos que no perdonaban su pasado no bolchevique, mientras que para la población en general, sus orígenes judíos confundían. La acusación de que Lenin estaba ‘rodeado de judíos’, fue hecha con bastante frecuencia. Entre la correspondencia que Lenin recibió sobre el asunto, estaba el telegrama de un antiguo miembro de la Voluntad del Pueblo [Narodnaya Volia, NdA], un simpatizante bolchevique llamado Makari Vasiliev: ‘Para salvar al bolchevismo, debería separar a una serie de bolcheviques extremamente respetados y populares: el gobierno soviético sería beneficiado con la renuncia inmediata de Zinoviev, Trotsky y Kamenev, cuyas presencias en los puestos más elevados e influyentes, no refleja el principio de autodeterminación nacional’. Vasiliev también exigió el ‘auto-alejamiento de Sverdlov, Ioffe, Steklov, y su reemplazo por personas de origen ruso’…”(56). No es necesario decir que Lenin ignoró al viejo populista Vasiliev.
Está claro que Stalin persiguió a Trotsky por la amenaza que representaba a su poder y no porque era judío. En el período en que Stalin persiguió y expulsó de Rusia a Trotsky y sus aliados, durante las décadas de 1920-1930, difícilmente perseguía judíos sólo por odio racial. No dejaba de ser peligroso contraponerse a los principios establecidos anteriormente por Lenin. O sea que Stalin, en la mayoría de los casos, no perseguía a los judíos porque era antisemita. Pero como en el fondo lo era, no le importaba utilizar y fomentar el antisemitismo de las masas rusas para legitimar la persecución a sus opositores. Pero todo indica que durante la década del ‘40 la poca racionalidad que había en la política antisemita de Stalin desaparece por completo y la persecución a los judíos (por más inexplicable que sea a través del análisis histórico) pasa a ser parte de los devaneos de una mente enferma.
Referencias
27. Idem, pág. 7.
28. A. Glotzer, Op. Cit. pág. 209.
29. Todos los pasajes se encuentran en: A. Glotzer, Op. Cit. pág. 208.
30. Dimitri Volkogonov, Trotsky. The eternal revolutionary. Nueva York, Free Press, 1996, págs. 206-207.
31. Ernest Mandel, Trotsky Como Alternativa. São Paulo, Xamã, 1995, pág. 203.
32. Cf. Meir Talmi, Análisis histórico del problema, en: Nahum Goldman et al. Nacionalidad Oprimida. “La minoria judía en la URSS”. Montevideo, Mordijai Anilevich, 1968, pág. 26.
33. R. Wistrich, Op. Cit. pág. 199.
34. E. Mandel, Op. Cit. pág. 203.
35. Citado por R. Wistrich, Op. Cit. pág. 199.
36. Citado por J. Harari, Op. Cit. pág. 8.
37. Leon Trotsky, “Letter to Klorkeit and to the Jewish workers in France”. On the Jewish Question. Nueva York, Pathfinder, 1994, pág. 15.
38. Leon Trotsky, “Greetings to Unser Kamf”, Idem, pág. 16.
39. Cf. Leon Trotsky, “Letter to Klorkeit and to the Jewish workers in France”, Idem, págs. 14-17.
40. Cf. J. Harari, Op. Cit. pág. 12.
41. Los artículos de Trotsky aqui citados se encuentran publicados en Leon Trotsky, On the Jewish Question. Nueva York, Pathfinder, 1994.
42. A. Glotzer, Op. Cit. pág. 218.
43. Citado por A. Glotzer, Op. Cit. págs. 222-224.
44. Idem.
45. León Trotsky, “Thermidor and anti-Semitism”, On the Jewish Question. Nueva York, Pathfinder, 1994, pág. 23.
46. Arkady Vaksberg, Stalin Against the Jews. Nueva York, Vintage, 1995, págs. 15-16.
47. León Trotsky, Op. Cit.. pág. 26.
48. Citado por A. Glotzer, Op. Cit. pág. 218.
49. León Trotsky, Op. Cit. pág. 26.
50. Isaac Deutscher, Los Judíos no Judíos. Buenos Aires, Kikiyon, 1969, pág. 37.
51. Cf. A. Glotzer, Op. Cit . págs. 217-218.
52. D. Volkogonov, Op. Cit. pág. 381.
53. Cf. A. Vaksberg, Op. Cit . pág. 70.
54. León Trotsky, “Interview with Jewish correspondents in Mexico”. On the Jewish Question. Nueva York, Pathfinder, 1994, pág. 21.
55. Cf. R. Wistrich, Op. Cit . pág. 201.
56. D. Volkogonov, Op. Cit. págs. 92-93

Trotsky y la cuestión judía I Parte por Arlene Clemesha


La trayectoria y las ideas de Trotsky con relación al judaísmo presentan un múltiple interés. Primero, obviamente por el propio origen judío de Trotsky. Pero también se debe tomar en consideración el peso del antisemitismo en la tradición histórica rusa, en especial como política de gobierno de la autocracia zarista; el amplio uso del antisemitismo en la lucha de Stalin contra la oposición trotskista en la URSS, como mostró recientemente Dimitri Volkogonov; y finalmente la importancia del Holocausto perpetrado por el nazismo, como paradigma de la barbarie contemporánea.
La conferencia de Karlsruhe y el II Congreso del POSDR
Los primeros registros de una declaración de Trotsky sobre la “cuestión judía” datan de 1903. Trotsky tenía 23 años, era marxista desde los 17, y ya integraba la dirección del movimiento socialdemócrata ruso. En julio de ese año, durante el II Congreso del POSDR (Partido Obrero Social-Demócrata de Rusia), Trotsky participó del debate contra la corriente judía que terminó retirándose del partido. Pero, uno o dos meses antes, Trotsky fue invitado a una pequeña y poco recordada conferencia en Karlsruhe, organizada por esa misma corriente judía del partido, el Bund.
El Bund (en idisch, “unión”, abreviatura de Unión General de los Trabajadores Judíos de Polonia, Lituania y Rusia) era una organización judía dentro del partido de Rusia. Se formó en 1897, un año antes del POSDR, y en 1898 fue el principal organizador del congreso de formación de éste. Hasta 1903 el Bund era la mayor organización socialdemócrata del imperio ruso, con mayor estructura y número de integrantes, con la más extendida publicación clandestina de periódicos y traducciones, y con mayor circulación y contrabando de literatura revolucionaria.
Participaron de la conferencia de Karlsruhe un integrante del Bund local, Trotsky y el teórico bundista Vladimir Medem, quien a través de su libro de memorias proporciona una descripción del evento. Medem relata una discusión que duró alrededor de dos horas. Después de la intervención del “camarada de Karlsruhe” exponiendo el programa nacional del Bund, Trotsky intervino con una respuesta crítica, contestada inmediatamente por Medem. Algunos jóvenes sionistas del público tomaron la palabra para exponer sus ideas, que fueron respondidas por Trotsky “con humor y buenas maneras”. El debate siguió y culminó con una discusión, en términos “muy duros”, entre Medem y Trotsky sobre la política del POSDR para combatir el antisemitismo.
El primero acusó al partido de descuidar la tarea. Trotsky rebatió la crítica afirmando, en primer lugar, que el partido combatía el antisemitismo a través de la distribución de volantes sobre el tema, y en segundo lugar, que en realidad no había que combatir específicamente el antisemitismo porque la solución para eliminar un sentimiento anticuado, herencia de la ignorancia imperante en la era medieval, era elevar el nivel general de conciencia de las masas.
Medem registró la antipatía que sintió por Trotsky desde ese momento y la mala sensación que le causó su discurso, que no pasaba de “una manera de ocultar para sí mismo la real y grave responsabilidad de los socialistas rusos” (1).
Era uno de los momentos más delicados para los judíos. En abril de 1903 (poco antes de la conferencia de Karlsruhe) ocurrió, en el imperio ruso, más específicamente en la porción ucraniana de la “zona de residencia”, el mayor pogrom visto hasta entonces.
Los barrios judíos de Kichinev fueron destruidos, las casas devastadas, con cientos de judíos heridos y muertos. Fue el tristemente célebre “pogrom de Kichinev”, que “shockeó” al mundo e incorporó a todos los idiomas el término ruso pogrom, que significa masacre. Esta fue incitada por agentes de policía del zar y por las Centurias Negras, pero la masa de los pogromistas era el pueblo, obreros y trabajadores como los judíos que perseguían. La confianza de los obreros judíos en sus hermanos de clase rusos resultó seriamente debilitada.
Fue ese espíritu de desconfianza el que Trotsky denunció durante el II Congreso del POSDR como una de las principales fuentes de discordia entre ellos y el Bund. La organización judía presentó sus demandas al congreso: autonomía dentro del partido, con el derecho de elegir su propio comité central y elaborar su propia política en las cuestiones referentes a la población judía; el reconocimiento del Bund como el único representante de la socialdemocracia entre los judíos; y la “autonomía cultural” en lugar de la simple “igualdad de derechos” que el partido defendía para los judíos, o sea, la reunión de los judíos alrededor de instituciones culturales propias, sin depender de un territorio común. La “autonomía cultural” resultaría en la defensa del derecho de los judíos a conducir sus propios asuntos culturales dentro de Rusia, como la educación en idisch.
La mayoría del congreso, formada por los “iskristas” (Iskra era el nombre de la revista que publicaban), estaba en contra del Bund porque veía en sus exigencias un separatismo que crearía precedentes para otros grupos y pondría en riesgo la unidad del partido. Quedó a cargo de los iskristas judíos, Martov y Trotsky rebatir las exigencias del Bund. Martov fue miembro del grupo fundador del Bund y Trotsky tomó la palabra como “representante de los iskristas de orígen judío”. Esa fue una de las raras ocasiones en que Trotsky se refirió a sí mismo como judío, como lo recuerda Isaac Deutscher (2).
El debate no fue menos difícil por haberse sostenido “entre judíos”. Trotsky rebatió enérgicamente las tres exigencias del Bund y tomó la palabra diez veces durante el debate, llevando a los representantes de la organización judía a una furiosa indignación.
En lo que se refiere a la “cuestión nacional” (la “autonomía nacional-cultural”), el Bund estaba dividido. La mitad del partido judío creía, en ese momento, que el futuro llevaría a la asimilación de los judíos y que nada debería ser hecho para separarlos, ya sea territorialmente o apenas en forma “cultural”. Como recuerda Medem, “nosotros los bundistas no habíamos hecho de nuestro programa nacional una condición sine qua non y no salimos del partido por causa de su rechazo (…) Nuestro congreso [el V Congreso del Bund, 1903, NdA] sobre este asunto, se había dividido en dos” (3).
Con relación a la educación en idisch, ningún socialdemócrata podía seriamente oponerse al derecho de un pueblo o nación al propio idioma. La oposición, como quedó evidenciado en escritos posteriores de Lenin y Trotsky, era a la división de la educación en el imperio, en educación pública para los rusos y escuelas particulares en idisch para los judíos.
En un artículo publicado en Severnaya Pravda, Nº 14, agosto de 1913, Lenin escribe, respecto de la política oficial del Estado: “La expresión extrema del nacionalismo [ruso, NdA] actual está en el proyecto para la nacionalización de las escuelas judías, formulado por el oficial de educación del distrito de Odessa, y bien recibido por el Ministro de ‘Educación’ Pública. ¿Pero cuál es el significado de esa nacionalización? Ella significa segregar a los judíos en escuelas judías especiales (nivel secundario). Las puertas de todos los demás establecimientos de enseñanza *privados y públicos* serían completamente cerradas a los judíos… Ese proyecto, extremadamente perjudicial, incidentalmente demuestra el error de la llamada ‘autonomía nacional-cultural’, o sea, la idea de sacar la educación de las manos del Estado y pasarla a cada nación separadamente” (4).
Pero en lo que decía respecto al status del Bund dentro del POSDR, la organización judía no estaba dispuesta a ceder. Su decisión estaba tomada desde 1901: los judíos defendían la transformación del POSDR en una federación de organizaciones nacionales. La conquista de la autonomía política y organizativa del Bund dentro del POSDR era vista como una cuestión de sobrevivencia de la organización judía (5). Para Trotsky, lo que estaba en juego era más que una “cuestión judía”. El partido no podía conceder la autonomía al Bund, abandonar el modelo de partido por el cual venía luchando, centralizado y no un conjunto suelto de organizaciones. Y no podía aprobar la exclusividad del Bund de la representación de los trabajadores judíos, sin ceder a la división del movimiento obrero por nacionalidad.
Como describe Deutscher, “la exigencia de que el Bund fuese reconocido como el único representante del partido entre los trabajadores judíos significaba afirmar que sólo los judíos estaban autorizados a llevar el mensaje socialista a los trabajadores judíos y organizarlos. Eso, dijo Trotsky, era una expresión de falta de confianza en los miembros no judíos del partido, un desafío a sus convicciones y sentimientos internacionalistas”. “El Bund *dijo Trotsky en medio de una tormenta de protestas* es libre para no confiar en el partido, pero no puede esperar que el partido vote su no confianza en sí mismo”. El objetivo del socialismo, argumentó Trotsky, era “barrer las barreras entre razas, religiones y nacionalidades, y no colaborar para levantarlas” (6).
Según la visión de Enzo Traverso, “cuando se trató de comprender las causas profundas de la escisión entre el Bund y la social-democracia, su análisis [de Trotsky, NdA] se reveló menos abstracto que el de los bolcheviques. En el congreso de fundación del POSDR, la autonomía del Bund era puramente técnica, pero percibió que poco a poco lo ‘particular’ se había sobrepuesto a lo ‘general’: de representante del POSDR en el seno del proletariado judío, el Bund se había transformado en representante de los trabajadores judíos vis-a-vis al partido social-demócrata. El congreso de 1903, en el fondo, sancionó una escisión que ya existía en la realidad” (7).
El Bund anunció su retirada del partido durante el congreso en Londres. Su salida no era totalmente inesperada, pero no por eso fue menos grave para ambas partes. El Bund se retiró del congreso llevándose consigo 25.000 del total de 34.000 miembros del POSDR (8).
Robert Wistrich sugirió que Lenin deseaba la retirada del Bund del congreso para facilitar su victoria en los dos debates siguientes que llevaron a la escisión entre mencheviques y bolcheviques, y usó a Trotsky para provocar al grupo adversario: “Trotsky, representando a la Unión Social-Demócrata de los Trabajadores de Siberia, fue de hecho el instrumento de Lenin para forzar al Bund a abandonar el congreso de Londres. De esa forma, con Martov ayudó, sin intención, a forjar una mayoría bolchevique en las sesiones siguientes” (9). No obstante, no tenemos motivos para suponer que Trotsky actuó por otras convicciones que no fueran las propias. En todos sus escritos siguientes sobre la “cuestión judía”, fuesen cartas, entrevistas, capítulos o pasajes de sus libros, Trotsky mantuvo su oposición al modelo bundista de partido y a cualquier forma de separación de los trabajadores judíos del movimiento obrero del país en que vivieran.
Más sobre el movimiento obrero judío
En 1903 Trotsky también escribió su primer artículo dedicado exclusivamente a la “cuestión judía”, titulado “La desintegración del sionismo y sus posibles herederos”, publicado en Iskra, Nº 56, 1º de enero de 1904. El artículo era un comentario sobre el VI Congreso Sionista (Basilea, agosto de 1903), donde Trotsky también profundiza en las críticas hechas al Bund verbalmente durante el II Congreso de la Socialdemocracia de Rusia.
Durante el congreso de Basilea, Theodor Herzl, creador del movimiento sionista, anuncia que no había esperanza de obtener Palestina en un futuro próximo, y propone a Uganda como hogar nacional judío, por lo menos hasta que se pueda obtener la “tierra prometida”, entonces parte del imperio turco. Por poco no se produjo una ruptura en el joven movimiento y Herzl tuvo que intervenir, utilizando su influencia y carisma para mantener la unidad del movimiento (unidad que duró hasta dos años después de su muerte, producida en 1904).
Trotsky no dejó de notar la diversidad de los grupos que formaban el movimiento sionista y pronosticó su fracaso: “El congreso de Basilea, repito, es apenas una demostración de desintegración e impotencia. El señor Herzl podrá ligarse durante algún tiempo a una u otra ‘patria’. Decenas de agitadores y centenas de hombres simples podrán apoyar su aventura, pero el sionismo como movimiento ya fue condenado a perder todo derecho a la existencia en el futuro. Esto está claro como el sol del medio día” (10).
Con la supuesta liquidación del sionismo y la desintegración política del “conglomerado de camadas sociales que componían el movimiento”, el interés de Trotsky estaba en saber qué organización de izquierda heredaría a la izquierda sionista “compuesta por la intelligentzia y/o semi-intelligentzia de la democracia burguesa” (11).
El Bund, en un panfleto de la misma época, “El Congreso Sionista en Basilea”, también pronosticó el fin del sionismo y demostró la misma preocupación por transformarse en el heredero de la izquierda del movimiento.
La posibilidad de que el Bund de hecho incorporase la militancia de izquierda sionista fue el motivo por el que Trotsky reitera su crítica de julio de 1903 y demuestra, primero, que el Bund no podía atraer militantes desilusionados con el sionismo porque en su polémica contra los sionistas, terminó incorporando de ellos su esencia nacionalista. En segundo lugar, si el Bund eventualmente se transformase en el sucesor del movimiento, acabaría “desviando al proletariado judío del camino revolucionario socialdemócrata…” (12).
En la interpretación de Harari, en ese artículo Trotsky llega a indicar la posibilidad de que se cree una nueva organización de izquierda, no nacionalista como el Bund, para absorber a la izquierda del movimiento sionista (13). Para otros autores, Trotsky no está haciendo una apelación para la creación de una organización judía, pero sí está alertando a la socialdemocracia de la necesidad de incorporar esos obreros judíos a sus propias filas (14).
Lo cierto es que en 1903-1904 Trotsky demuestra, ante la falsa previsión de desintegración del sionismo, la preocupación por aproximar el movimiento obrero judío al movimiento revolucionario socialdemócrata de Rusia.
Los ‘pogroms’ de 1905
En 1905, Trotsky, como presidente del Soviet de San Petesburgo (el primer soviet de la historia), intervino en la creación de las unidades de auto-defensa judía en Kiev y San Petesburgo y promovió la participación conjunta de judíos y no-judíos en la resistencia contra los actos de vandalismo. Como recuerda Glotzer, ese acto inauguró una serie de intervenciones de Trotsky contra las manifestaciones anti-judías, hasta su asesinato en 1940 (15). Las primeras unidades de auto-defensa fueron creadas por el Bund en 1903 y fueron conocidas por la sigla BO (Beovie Otriady). Pero durante la revolución de 1905 (y la reacción contra ella) los pogroms se multiplicaron de tal forma que los esfuerzos aislados del Bund no lograron defender, prácticamente, a la población judía.
Albert Glotzer cuenta que Trotsky, después de la derrota de la revolución de 1905, estaba impactado por la atrocidad de los pogroms y escribió más que nadie en el partido contra las masacres. En su libro 1905, hace una descripción viva y minuciosa del pogrom de Odessa, de más de tres páginas, de las cuales reproduciremos algunos fragmentos, mostrando que la policía, la iglesia y otros órganos ligados al imperio prepararon el pogrom, divulgaron rumores mentirosos sobre los judíos, incitaron a la población y hasta condujeron la masacre: “Todo el mundo sabe con antelación cuando va a haber un pogrom: se distribuyen llamamientos, artículos odiosos aparecen en el órgano oficial Goubernskia Viedomosti (La Información Provincial) (…) rumores siniestros son divulgados entre la masa ignorante: ‘los judíos están listos para atacar a los ortodoxos’; ‘los socialistas profanaron un verdadero ícono’; ‘los estudiantes despedazaron un retrato del zar’ (…) Cuando llega el gran día, el oficio divino es celebrado en la catedral: el sermón es pronunciado. Al frente del cortejo patriótico marcha el clero, con un retrato del zar prestado del distrito policial y con innumerables estandartes nacionales. Al comienzo se rompen las vidrieras, los transeúntes son maltratados y se bebe en abundancia. La música militar repite incansablemente el himno ruso: ‘¡Dios salve al emperador!’ *es el himno de los pogroms (…) Protegida por el frente y por la retaguardia por patrullas de soldados, por un escuadrón de cosacos, guiados por policías y provocadores, acompañados por mercenarios (…) el bando se precipita a través de la ciudad en un carnaval de locura y sangre… El pordiosero es amo de la situación. Un esclavo temeroso, hasta aquel momento, perseguido por la policía, muerto de hambre, ahora siente que ninguna barrera se puede oponer a su despotismo (…) El puede todo, se atreve a todo… ‘¡Dios salve al emperador!’. Por un lado, un joven que vio la muerte tan cerca que sus cabellos se emblanquecieron en pocos minutos. Por el otro, un niño de diez años que perdió la razón sobre los cadáveres mutilados de sus padres. O el médico graduado que conoció todos los horrores de la toma del Port-Arthur sin vacilar, pero que no pudo soportar algunas horas del pogrom de Odessa (…) Otros caen de rodillas delante de los oficiales, de los policías, delante de los asesinos, extienden sus brazos, besan las botas de los soldados y suplican. La respuesta viene entre carcajadas insensatas. ‘Vos quisiste la libertad, ¡aprovechá su dulce sabor!’ En esas palabras se resume la moral, la infernal política de los pogroms…” (16).
Trotsky analiza la condición social de los judíos
En 1911 comenzó el “Caso Beillis”, la acusación de asesinato ritual contra Mendel Beillis, un desconocido trabajador judío de Kiev. Las acusaciones contra Beillis fueron hechas por el Ministerio de Justicia, comandado por Schelovitov, antisemita notorio. El proceso terminó en 1913, con la inocencia de Beillis pero con la victoria del gobierno zarista que, con toda la murmuración creada sobre la “naturaleza maligna y asesina de los judíos, etc.”, consiguió fomentar el antisemitismo al punto de crear el clima para la irrupción de una onda de pogroms en Kiev.
Trotsky escribió en un artículo, en noviembre de 1913, para Die Neue Zeit, publicación socialdemócrata dirigida por Karl Kautsky, que el proceso antisemita le causó náuseas, y comparó el Caso Beillis con el Caso Dreyfus, ocurrido en Francia entre 1894 y 1906. Para Trotsky las semejanzas eran superficiales, puesto que el antisemitismo francés era un juego de chicos al lado de la política criminal del zar Nicolás II. Para Trotsky, el antisemitismo en Rusia se había vuelto un medio de gobierno, una política de Estado (17).
Trotsky viajó por los Balcanes, entre 1912 y 1913, como corresponsal del diario liberal ruso Kievskaya Mysl. Entre sus varios artículos envió al diario uno llamado “La cuestión judía en Rumania y la política de Bismarck”. El artículo fue enviado, en el verano de 1914, al diario berlinés antibelicista dirigido por Rudolf Breitscheid, Auslandspolitik Korrespondenz, siendo publicado el 4 y 25 de abril de 1918, después de terminar la guerra, porque al comienzo de la guerra había “perdido su actualidad”, como decía la nota introductoria del artículo en el diario (18).
Trotsky inicia el artículo (que firma con su nombre completo, Lev Davidovitch Bronstein) diciendo que “la verdadera Rumania se manifiesta a través de la cuestión judía” (19). Aquí, los judíos no poseían derechos, sólo obligaciones, como el servicio militar obligatorio, y restricciones profesionales que terminaban creando los rótulos de “judíos usurarios”, “aprovechadores” y así en adelante. “El país estaba penetrado por el odio a los judíos: los pequeños comerciantes temían su competencia; profesionales y funcionarios estatales estaban preocupados por la posibilidad de que los judíos conquistaran la ciudadanía y de esa forma tomaran sus puestos; profesores y padres, ‘agentes’ de los propietarios rurales patrióticos, convencían al campesinado de que todos los males de debían a los judíos”. Pero, ¿por qué los judíos eran tolerados? De acuerdo con Trotsky, el régimen rumano necesitaba al judío: primero, para actuar como el “intermediario” entre el propietario de las tierras y el campesino, entre el político y sus clientes, para realizar todo el ‘trabajo sucio’; en segundo lugar, para ser el blanco de la indignación de la población rumana insatisfecha, para ser el eterno chivo expiatorio” (20).
Reiterando la afirmación de que la situación de los judíos expresaba de forma extremadamente clara la situación general de Rumania, Trotsky dice que “las condiciones de parálisis feudal, restricción legal, corrupción política y burocrática no sólo degradan económicamente a las masas judías, sino que también promueven su degradación espiritual. Puede haber innumerables argumentos para decir que los judíos son una nación aparte, pero es un hecho incuestionable que los judíos reflejan las condiciones económicas y morales del país en que viven y que igualmente aislados artificialmente de la mayoría de la población, pertenecen integralmente a ella (21).
Trotsky llegó a los siguientes números sobre la composición social de los judíos, basándose en sus propias investigaciones: Los judíos constituían el 4% de la población rumana. Debido a las restricciones legales que pesaban sobre ellos, con la prohibición de poseer tierras, vivir en las aldeas y una limitación sobre la cantidad de tierra que podían arrendar, 4/5 de los judíos vivían en las ciudades. La concentración de los judíos en las ciudades los transformaba en un factor bastante importante en la vida del país. Pero Trotsky alerta que “es superfluo decir hasta qué punto carece de lógica tipificar el judaísmo rumano como una clase explotadora (…) La mayor parte de los judíos estaba asentada en Moldavia y estaba compuesta por pequeños artesanos: costureros, zapateros, relojeros y finalmente aquellos seres que constituían una incógnita no sólo desde el punto de vista económico sino también desde un punto de vista fisiológico, o sea que su posibilidad de existencia física constituye una incógnita” (22).
Trotsky señala que la mitad de la población judía de Rumania estaba compuesta por familias de obreros y pequeños artesanos (30.000 familias o 150.000 almas). La otra mitad de la población judía estaba dividida entre varias ocupaciones, como propietarios de pequeños comercios, industriales, prestamistas, cerca de 500 médicos, 40 abogados, algunos ingenieros y un total de 2 profesores.
Los judíos de Rumania, dice Trotsky, eran víctimas de un sistema social y hasta de una maniobra diplomática internacional, por no decir conspiración, como demostraban los eventos de 1878. Durante el Congreso de Berlín, realizado ese año, estadistas de Europa occidental, y Bismark en particular, impusieron la igualdad de derechos de los judíos de Rumania como pre-condición para garantizar la independencia de ese Estado. Pero luego quedó claro, dice Trotsky, que la verdadera preocupación de Bismark era la adquisición a precios elevados, por parte de Rumania, de las participaciones de los banqueros alemanes, muchos de los cuales eran judíos, en los ferrocarriles rumanos, que hasta ese momento sólo habían dado pérdidas.
La “pre-condición judía” fue rápidamente olvidada ni bien la transacción comercial fue resuelta satisfactoriamente para Bismark. De esa forma, el gobierno rumano reconoció, en 1879, que la religión no podía ser un obstáculo para obtener los derechos civiles en Rumania y emancipó a los 900 judíos que lucharon en la guerra ruso-turca de 1876-1878. Luego de que las potencias occidentales desviaron sus ojos del “problema judío”, la monarquía maniobró para mantener a sus judíos en su tradicional estado de opresión, estableciendo que ellos eran ciudadanos extranjeros y sólo podían naturalizarse individualmente.
Cada judío como individuo debía presentar un pedido de naturalización que, tras pasar por toda la burocracia del Estado, demandaría de 15 a 30 años y una suma de dinero para soborno fuera del alcance de la mayoría. En los 34 años siguientes a la promulgación de la ley se emanciparon no más de 400 judíos. Por lo tanto, de los casi 300.000 judíos rumanos, en 1913, quedaban aproximadamente 450 judíos emancipados desde 1879 (la otra mitad ya había fallecido) y otros 400 más obtuvieron su emancipación individual. Los otros 299.150 permanecieron como antes.
Por lo tanto Trotsky, en este artículo, investigó la historia más reciente de la región, la tentativa de emancipación de los judíos de 1879 y, quejándose de la falta de un censo oficial, investigó los números de la población judía y su composición social. Trotsky criticó al gobierno rumano y demostró una gran solidaridad con los judíos y la injusticia practicada contra ellos.
Glotzer cuenta que Trotsky estaba shoqueado por el salvajismo del antisemitismo oficial de la monarquía rumana y por la indiferencia de Europa y de los judíos europeos frente al sufrimiento de los judíos de los Balcanes. En esa región atrasada de Europa, principalmente en Rumania, el antisemitismo se había vuelto, en palabras de Trotsky, “una religión de Estado”.
Como dice Harari, “el artículo es un testimonio muy importante de la actitud de Trotsky con relación a la cuestión judía y hasta hoy continúa siendo actual para todos aquellos a quienes les importa el destino de los judíos y ven que éste es determinado en gran medida por las intrigas de los grandes Estados” (23). Según Glotzer, causa extrañeza a los historiadores del socialismo que se ocuparon de la “cuestión judía” que Trotsky interviniese tanto sobre el asunto, ya que no se consideraba judío (24). Para Knei-Paz, la sensibilidad de Trotsky en ese artículo para con el sufrimiento de los judíos, que considera uno de los mejores artículos de Trotsky sobre la “cuestión judía”, casi produce la impresión en el lector de que Trotsky se identificaba no sólo con “el sufrimiento” sino con “el sufridor”, el judío (25).
Concluyendo el artículo, Trotsky nota que hasta el momento los judíos no habían conseguido organizarse para una acción política efectiva. Habían formado una “Unión” que basaba su programa en la aproximación con la oligarquía gobernante y el patriotismo rumano. Trotsky llega a la conclusión de que era obligación del partido del proletariado luchar para integrar en sus filas, y desde un punto de vista político, a todos los elementos “cuya existencia y desenvolvimiento no se moldeaban al régimen existente” (26). La socialdemocracia era la única defensora de los derechos de los judíos en general (no sólo de los trabajadores), ya que los otros partidos existentes, conservadores y liberales, no tenían un compromiso siquiera con la lucha por un gobierno democrático en Rumania.
Referencias
1. Vladimir Medem, De mi Vida. Buenos Aires, Ediciones Bund, 1986, págs. 262-263.
2. Isaac Deutscher, The Prophet Armed. Nueva York, Vintage Books, 1954, pág. 74.
3. Cf. V. Medem, Op. Cit. pág. 279. Sobre el V Congreso del Bund y la decisión de excluir la discusión sobre el programa nacional de las propias actas del congreso, ver pág. 273.
4. V. I. Lenin, “The nationalization of Jewish schools”, en: Daniel Rubin (ed.), Anti-Semitism and Zionism. Nueva York, International Publishers, 1987, pág. 63.
5. Cf. V. Medem, Op. Cit. pág. 279.
6. Cf. I. Deutscher, Op. Cit . págs. 74-75.
7. Enzo Traverso, Les Marxistes et la Question Juive. Paris, Kimé, 1997, pág. 154.
8. Cf. V. Medem, Op. Cit. pág. 281.
9. Robert Wistrich, Revolutionary Jews from Marx to Trotsky. Londres, Harrap, 1976, pág. 193. También encontramos en Glotzer la afirmación de que “el académico marxista David Riazanov dice que Trotsky fue el instrumento de Lenin sobre la cuestión”. Albert Glotzer. “Yo no soy un judío sino un internacionalista”, en: Trotsky: Memoir & Critique. Nueva York, Buffalo, Prometheus Books, pág. 212.
10. Citado por Jejíel Harari, “Trotsky y la cuestión judía”. Raíces. Testimonio 31, sdp, pág. 4.
11. Idem.
12. Citado por Peter Buch, “Introducción”, en: Leon Trotsky. On the Jewish Question. Nueva York, Pathfinder, 1994, pág. 7.
13. Cf. J. Harari, Op. Cit. págs. 4-5.
14. Cf. Baruch Knei-Paz, The Social and Political Thought of Leon Trotsky. Oxford, Clarendon, 1979, pág. 541; Peter Buch, Op. Cit. pág. 7.
15. A. Glotzer, Op. Cit. pág. 212.
16. León Trotsky, 1905. Paris, Minuit, 1969, págs.121-123.
17. Cf. B. Knei-Paz, Op. Cit . págs. 346. Según Enzo Traverso, “es interesante notar que Trotsky fue el único dirigente marxista de primer nivel en intervenir sobre esta cuestión: Otto Bauer, Karl Kautsky, Victor Adler, Jorge Plejanov y Lenin no interferirán, en esa ocasión, en el silencio del movimiento socialista sobre el anti-semitismo” (E. Traverso. Trotsky et la question juive. Quatrième Internationale . Paris, 1990, pág. 76).
18. Cf. J. Harari, Op. Cit. pág. 5.
19. Citado por B. Knei-Paz, Op. Cit. pág. 542.
20. Idem, pág. 543.
21. Idem, pág. 544.
22. Citado por J. Harari, Op. Cit. pág. 6.
23. Idem, pág. 5.
24. A. Glotzer, Op. Cit. pág. 213.
25. B. Knei-Paz, Op. Cit. pág. 542.
26. Citado por J. Harari, Op. Cit. pág. 7.

LOS JUDÍOS Y LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA POR ALICIA BENMERGUI


El 18 de julio se han cumplido 70 años de lo que conocemos con el nombre de Guerra Civil Española. España, dividida en lo profundo de sus entrañas entre republicanos y nacionalistas, padeció una terrible guerra, donde la división atravesó toda una sociedad, donde se enfrentaron ideologías, valores, familias y poblaciones enteras. Una de las razones de este feroz enfrentamiento fue porque los sectores dominantes españoles se negaron a aceptar un cambio en su condición, rechazaron al régimen democrático que ponía en cuestión sus privilegios y todo el andamiaje que colaboraba en su sostenimiento, como era el caso de la iglesia católica y el de las fuerzas armadas en gran parte. Esta guerra duró tres años, lo que prolongó la guerra fue la ayuda y participación extranjera, pues ninguno de los dos bandos en lucha, y especialmente los franquistas, contaban con los recursos suficientes más allá de tres meses de combate como máximo. La ayuda con que contaron los republicanos fue la proporcionada por la Unión Soviética y los miles de brigadistas que llegaron de todo el mundo para derrotar al fascismo encarnado en el bando revolucionario. Este, por su parte contó con la ayuda de Italia y Alemania, que allí probaron sus nuevas armas y entrenaron a sus soldados para la guerra que preparaban. Puede decirse que esta guerra preparó y permitió la terrible conflagración que estallaría en 1939, el nazifacismo tuvo pruebas de que sus avances y abusos en su marcha hacia el totalitarismo no suscitaron ninguna reacción, especialmente en las naciones europeas más importantes y tampoco en los Estados Unidos. Los judíos, de todos los orígenes y de la izquierda en gran parte, pero también simpatizantes liberales, participaron de esta gesta.

Recordar aquellos tiempos, rendirles homenaje significa también echar una mirada de profunda nostalgia por aquellos tiempos donde tanta gente fue a luchar, entregando sus vidas, por aquellos valores en los que creían, donde la generosidad y la entrega fueron la norma. Se considera que luego de los franceses, los judíos fueron el grupo más numeroso. Los criterios para definir el judaísmo de los involucrados, especialmente de quienes eran comunistas, fueron definidos por el origen familiar, y en numerosos casos por la auto identificación de los combatientes de esas Brigadas Internacionales, que dando esta lucha comprendieron que lo que se avecinaba era tan peligroso y letal como se mostró luego en la orgía de muerte que se desató. Esta fue una investigación muy pormenorizada, basada en los textos de historia, pero a fuer de ser sinceros, debemos decir que una de las razones que nos empujó a esta investigación fue un texto hallado en ese rico mundo virtual y que nos acercó al texto de la Exposición titulada NO PASARAN realizada en la Biblioteca Nacional y Universitaria de Guivat Ram, Israel, por la Universidad Hebrea de Jerusalém del Instituto Avraham Harman de Judaísmo Contemporáneo. Más allá de lo que sabíamos y conocíamos en el prólogo de ese texto, el Prof. Haim Avni, y la Dra. Raquel Ibáñez-Sperber, nos cuentan entre otras cosas que la exposición se ocupó de los extranjeros que participaron en las Brigadas Internacionales, especialmente se ocuparon de la contribución de los judíos y de los que acudieron de Eretz Israel. “Desde el conocimiento a posteriori, ellos resultan ser los primer o que tomaron las armas para luchar contra quienes planeaban el exterminio de su pueblo”.

El 18 de julio de 1936 los militares más conservadores del Ejército español se levantaron en armas contra la República. este acto significaba el fin del experimento democrático realizado en España desde abril de 1931 y el comienzo de lo que conocemos con el nombre de Guerra Civil Española. La caída de la Dictadura del general Miguel Primo de Rivera y el descrédito de la Monarquía habían posibilitado la proclamación de la II República Española como panacea que pretendía sacar al país de su histórico atraso. El 17 de julio de 1936 los militares más conservadores del Ejército se levantaron contra el gobierno de la República. El alzamiento comenzó antes de lo planeado en Melilla. Pronto se extendió a Tetuán y a Ceuta, prácticamente todo el Marruecos español estaba en manos de los rebeldes antes de que Franco, procedente de las Canarias, se pusiera al mando de las tropas sublevadas. Al día siguiente, 18 de julio, el levantamiento se extendió a la Península. El 21 de julio se podía ya trazar una línea aproximada que dividía las zonas donde había triunfado la rebelión de aquellas donde había fracasado (ver mapa). La rebelión fue derrotada en cinco de las siete principales ciudades de España. Las principales zonas industriales quedaron en poder de la República, pero las más vastas zonas agrícolas del país, apoyadas por campesinos conservadores, quedaron en manos de los rebeldes. La mitad del Ejército, casi toda la escuadra y dos tercios de las fuerzas aéreas españolas quedaron en poder de la República pero con los sublevados habían quedado las más numerosas y mejor entrenadas tropas del Ejército español, los 40.000 hombres que componían las tropas de regulares. Los rebeldes contaron desde el primer momento con el apoyo de Italia y Alemania. El bando republicano contó con la ayuda de la Unión Soviética y de los combatientes que formaron las Brigadas Internacionales y que llegaron de todas partes del mundo.

A comienzos de la Guerra Civil, en España vivían cerca de 6.000 judíos, la mitad de ellos había nacido en España o ya vivían allí antes de la proclamación de la Segunda República, la otra mitad se componía de refugiados que huyeron de Alemania ni bien el nazismo accedió al poder, en 1933 (en esa época España era uno de los pocos países que daban refugio a los judíos). La mayor parte de estos judíos se establecieron en Barcelona donde crearon la Judischer Kulturbund ("Liga de la Cultura Judaica"), asociación cultural de izquierda, ligada al comunismo ortodoxo catalán. Cuando fue la sublevación nacionalista, muchos judíos, pertenecientes a la asociación deportiva judía Hapoel, se encontraban en España en la Ciudad Condal para participar de las Olimpiadas Obreras que se desarrollarían en oposición a las Olimpíadas de Berlín, organizadas por los nazis. Las olimpíadas no pudieron realizarse por el levantamiento de los rebeldes, y los jóvenes del Hapoel estuvieron entre los primeros en ofrecerse como voluntarios para combatir contra Franco. Un significativo número de judíos, en su mayor parte comunistas y miembros del partido revolucionario Bund, se enroló en las Brigadas Internaciones. Ni bien estalló la guerra el Gobierno de la República buscó el apoyo para su causa tanto de personas como de instituciones judías, por lo que nombró a algunos judíos como sus representantes en el exterior. Uno de ellos fue el escritor Max Aub, judeoalemán nacionalizado español con el expreso objetivo de obtener el apoyo y los contactos necesarios de la gran colonia judía de Francia, fue designado agregado cultural a la Embajada de España en París, ciudad que se había convertido entre 1937/38 en el centro de las organizaciones de lucha contra el antisemitismo y el racismo. Fue muy importante la tarea desarrollada por Max Aub a favor del gobierno republicano. También fue designado José Máximo Khan, como cónsul en Atenas que tenía la misión expresa de obtener el apoyo de la muy importante comunidad sefaradí, especialmente de la residente en Salónica. A pesar de todos los problemas ocasionados por la Guerra Civil, los representantes del gobierno republicano estuvieron presentes en los distintos congresos sobre el antisemitismo y también en los congresos sefardíes. En 1928 se realizó en Amsterdam el Congreso Mundial Sefardí, auspiciado por el gobierno republicano, asistieron dos representantes de la comunidad judía de Barcelona, Edmundo Graenbaum, presidente de la Comunidad y Menahem Coriat Bendahan, profesor de estudios talmúdicos del Instituto hispano- marroquí, presidente de la Corte Rabínica de Barcelona y funcionario del Estado como agregado de la Dirección General de Marruecos y Colonias y un leal sostenedor de la causa de la República. Esto les había ocasionado grandes problemas a su familia y a él. Su discurso, en hebreo y castellano, fue muy aplaudido, defendió al gobierno republicano porque entre otras cosas permitía el desarrollo normal de la vida judía en su territorio. Obtuvo importantes apoyos para la República y al finalizar el congreso, su vicepresidente, N. Ovadia le escribe al vicepresidente de ministros “El consejo ha escuchado no sin emoción el informe del Sr. Coriat exponiendo que en la España republicana los israelitas gozan de la mayor libertad de conciencia y practican libremente la religión mosaica. No puedo, por ello, reservando en calidad de gran rabino, dejar de hacer llegar la expresión de todo mi reconocimiento".

El mundo judío ofreció un gran apoyo a la República , especialmente el intelectual, de dos maneras: a través de la prensa judía, mayoritaria en el apoyo a los republicanos y la segunda a través de las Brigadas Internacionales. El mundo judío intelectual y la prensa judía se sumaron al apoyo a la República, a la que consideraba como un baluarte en la defensa de la libertad. Numerosos periódicos judíos apoyaban la causa republicana. En casi toda la prensa judía y especialmente en la de los judíos alemanes el apoyo estaba basado en la conciencia que se tenía del conflicto que se debatía en la Guerra Civil. En un periódico de judíos alemanes expatriados “Judische Revue” de 1937 se decía: “El antisemitismo está afilando sus armas contra los judíos en una conspiración internacional”. La expresión de esta opinión fue demostrada a través de la llegada de voluntarios judíos de la mayoría de los países, donde también había grupos de judíos sefardíes, sionistas, socialistas, comunistas etc. La prensa fascista italiana así como la nazi, denunciaba sistemáticamente el fuerte apoyo judío a la causa republicana. Así se denuncian a familias judías inglesas por haber contribuido económicamente para sostener al bando republicano, entre ellos se denunció a Henry Strakoch, presidente del periódico The Economist.

Cuantos judíos lucharon en la guerra civil española

Son conocidas las dificultades para determinar con exactitud el número y el origen de los voluntarios que acudieron de todo el mundo para defender la República Española. Los que se enrolaron en las milicias antes de la constitución de las Brigadas Internacionales no fueron registrados y muchos otros modificaron sus apellidos en la tentativa de evitar consecuencias penales en sus países de origen. Tal problemática se repite en la determinación del número de voluntarios de origen judío. No es fácil dar cifras exactas sobre la participación judía en esa guerra, por mucho tiempo como lo pusieron en evidencia Arno Lustiger y Alberto Fernandez los judíos no fueron ni siquiera mencionados entre los voluntarios extranjeros.

Convencido de la importancia de hacer emerger del olvido, voluntario o casual, la lucha y los sacrificios llevados a cabo por los judíos que combatieron en la guerra civil española, Arno Lustiger inició en 1984 un investigación de documentos y entrevistas a veteranos, con el objeto de escribir un libro que pudiese contribuir a rendir homenaje al esfuerzo de las generaciones de idealistas judíos que combatieron por un mundo mejor (tikkun olam, 'reparación o restauración del mundo' se llama este postulado en las fuentes judías). Resultado del trabajo de Lustiger fue el volumen Shalom Libertad!, cuya primera edición vio la luz en noviembre de 2001. Alberto Fernandez, en un artículo publicado en la revista Raíces de 1989, “Voluntarios Judíos en las Brigadas Internacionales" escribe que no se puede establecer cuantos fueron exactamente los voluntarios judíos en las Brigadas Internacionales también “por el hecho que existían solamente determinadas fuentes de informaciones, cuidadosamente manipuladas y puestas a disposición del público, pocas personas - y con mucho retardo – pueden consultar los documentos dispersos en los archivos nacionales.”

Lustiger, en su libro Shalom Libertad!, hizo notar justamente que para aclarar la cuestión del número de voluntarios en la guerra civil española es necesario antes que nada, la definición de quienes eran judíos, un grupo 'étnico-nacional' o calificados exclusivamente como un grupo 'religioso' y por lo tanto, como tales, son simplemente ciudadanos de sus países? Por otra parte, quien fue considerado ‘combatiente en España’? Solo los soldados en las trincheras o también los periodistas, los médicos y las enfermeras, los técnicos, los traductores? Generalmente, por 'judíos combatientes en España se entienden todas las personas de origen judío que han contribuido a la defensa de la República durante la guerra civil.

Los judíos y el comunismo en 1930

En 1930 los soviéticos crearon el Territorio Autónomo de Birobidgian, en la frontera con China comunista. Muchos judíos comunistas de todo el mundo se trasladaron allí para ver realizado su sueño de una patria judía y comunista. Fue creada la Geserd (Geselschaft for jid ujif erd in Fssr: "Sociedad para la colonización agrícola judía en la URSS") una clase de organización sionista de la Unión Soviética, encargada de recoger fondos para Birobidjan entre los judíos de todo el mundo. Casi todos los funcionarios de la Geserd se presentaron como voluntarios para ir a combatir a España...

Los voluntarios de Eretz Israel

La guerra de España estalló unos cuatro meses después del inicio en Eretz Israel de una serie de disturbios árabes contra la población judía que como el Mandato Inglés tuvo que hacer frente a una oleada de terror y de violencia. Los partidos encuadrados en la Unión General de Trabajadores Judíos (Histadrut) simpatizaron en bloque con la República y promovieron debates y campañas de información en pro de la España combatiente, pero sin favorecer, antes al contrario, la participación activa de sus afiliados en la lucha; los voluntarios procedentes de la izquierda sionista, que estaban encuadrados sobre todo en Hashomer Hatzair y Poalei Zion, fueron, por lo tanto, relativamente escasos en la participación en las Brigadas que marcharon a España, Salman Zalzman fue el único voluntario por la derecha sionista. El partido comunista judío de Palestina, había sido fundado en 1919, se hallaba en conflicto con los sionistas y con las autoridades del Mandato británico, en 1923 se fusionó con los comunistas árabes, dando origen en julio de 1923, al Partido Comunista Palestino. Para los miembros o simpatizantes del ilegal PKP (Partido Comunista de Palestina) la situación era diferente. El Komintern, aprobaba la resistencia árabe contra la autoridad del Mandato Británico y ordenó a todos los miembros del partido, incluidos los judíos, apoyar la insurrección general de los árabes. Los judíos comunistas se encontraron ante una terrible alternativa: o unirse a los árabes y con acciones armadas, impedir la llegada de judíos o renunciar al partido. La difícil disyuntiva en que los ponía el apoyo de los comunistas árabes a los actos terroristas contra los judíos y la arabización de los cuadros promovida por la URSS, hizo que, para muchos de ellos, el voluntariado en España se presentara como una solución. La posibilidad de ir a luchar a España representó para muchos judíos comunistas una alternativa a su dilema: era una opción ideológicamente satisfactoria, les ofrecía la posibilidad de alejarse de la situación política en su país.




Numéricamente los judíos fueron el segundo contingente de extranjeros presente en las Brigadas Internacionales, después de 8.500 franceses. Se deducen de esta cifra los 1.043 judíos comprendidos en el contingente francés, esos se hallan en primer lugar. La presencia de los judíos fue no solo importante numéricamente, también lo fue cualitativamente. Entre los combatientes hubo diversos comandantes de las Brigadas Internacionales, los generales Manfred Stern (Kleber) de la XI, Mata Zalke (Lukacs) del la XII y Waclaw Romar de la 129ª, mientras que fueron numerosos los norteamericanos que cubrieron los cargos de comando como Milton Wolff, John Gates y John Dallet. El judío norteamericano Irving Goff fue el organizador de las escuadras de guerrilleros que operaban detrás de las líneas nacionalistas. Ernest Hemingway se inspiró en su figura para el protagonista de su novela ¿Por quien doblan las campanas? Las acciones más importantes fueron la destrucción del puente sobre el río Guadalaviar, el descarrilamiento de un tren cargado de italianos sobre la línea italiana que iba desde Córdoba – Los Rosales, la liberación de 308 prisioneros asturianos de la fortaleza del Motril y la captura del Estado Mayor completo de una división franquista en Cataluña. Muy importante fue la participación judía al servicio de la Sanidad Militar de la República que en el momento de la revuelta de los generales había permanecido con tres de las ocho divisiones médicas del ejército y precisamente con aquellas de Madrid, Barcelona y Valencia, esta fue una gran demostración de su fidelidad a la causa republicana. Para superar enormes deficiencias y carencias, acudieron centenares de médicos, enfermeras y auxiliares gracias a las organizaciones humanitarias, creadas por quienes apoyaban a los republicanos. Por ejemplo, los norteamericanos sostenidos por el American Medical Bureau to Aid Spanish Democracy fueron capaces de mandar a España equipos completos, con médicos y enfermeras, llegaron con hospitales totalmente equipados, ambulancias, cámaras quirúrgicas móviles y medicamentos. En esta generosa carrera de solidaridad se distinguieron los médicos y las enfermeras judías de cada parte de Europa y de Norte América que llegaron a curar heridos españoles e internacionales, vinieron 46 polacos, 25 alemanes y 15 norteamericanos. Hubo 127 médicos judíos instalados en los hospitales próximos a las líneas y entre las de las de retaguardia se cuentan 12 mujeres. Algunos de ellos obtuvieron cargos de prestigio como el norteamericano Edward K. Barsky, director del Servicio Sanitario en la zona catalana. También entre las 600 enfermeras se contaron numerosas judías, se sabe, por ejemplo, que 25 vinieron de de los Estados Unidos y 26 de Bélgica, el idish fue el idioma utilizado para comunicarse en las mesas de cirugía y en las salas de los diferentes hospitales. Judíos fueron dos de los más famosos corresponsales de guerra como Robert Capa y su compañera Gera Taro, muerta en el curso del conflicto.

Gina Medem, una periodista norteamericana publicó el libro Los judíos luchadores de la Libertad, ella fue la corresponsal de guerra en España para el Morgen Freiheit, diario norteamericano en idish. Con sus discursos, sus testimonios y sus artículos, Gina Medem fue una protagonista en la ayuda ofrecida a la Republica. En su libro, Gina Medem explica que todos ellos consideraban el fascismo como el mayor peligro inmediato y esa fue una de las razones por las que fueron a España a combatir por los republicanos. Cuando llegó vio que eran muchos los voluntarios judíos, estaban aquellos que luchaban por la libertad en sus respectivos países, que fueron a España con los mismos ideales: liberales, anarquistas, socialistas, comunistas, en su mayor parte, entre todos lucharon contra el fascismo que amenazaba a España. En el prefacio del libro de Medem, Luigi Longo escribía "... en los primeros días, cuando los voluntarios llegaban a Albacete. . . un joven judío me buscaba porque yo era el responsable de las organización de las Brigadas Internacionales. Hablaba en nombre del primer grupo de 15 voluntarios judíos que él mismo había organizado. . .me pidió que los judíos fuesen reunidos en una formación dentro de nuestras Brigadas. ‘Queremos demostrar - dijo de un modo sincero y apasionado - queremos demostrar que cosas somos capaces de hacer los judíos Los fascistas afirman que somos canallas. Mostraremos al mundo que podemos ser héroes’. Comprendí exactamente los sentimientos y motivaciones políticas de este compañero; y rápidamente compartí sus ideas. . . creo que se sintió en parte reivindicado de todas las calumnias lanzadas contra sus hermanos y su pueblo.... comprendí que nosotros, voluntarios de la libertad, habíamos contraído una enorme deuda en la lucha con los héroes judíos que han escrito páginas magníficas en todas nuestras brigadas”.

El 12 de diciembre de 1927 Farol Guzmán, comandante de la segunda compañía del Batallón Palafox9 perteneciente a la XIII Brigada Dombrowski, fundó la unidad judía con el nombre de Botwin, En recuerdo del judío polaco comunista Naftali Botwin condenado a muerte por la policía política polaca en 1925.

La Compañía judía Botwin
(De los 152 brigadistas que la componían solo sobrevivieron 86).

Un orden del día del Estado Mayor de la XIII Brigada Dombrowski comunicaba: " El 12/12/1937 la Compañía judía Botwin se ha unido a nuestra gloriosa familia de combatientes antifascistas que comprende combatientes polacos, alemanes, bielorusos, judíos, españoles y de otras nacionalidades. Más allá de las diferencias nacionales o de las convicciones políticas, lo que nos une es la lucha contra el fascismo. En la lucha por nuestra y vuestra libertad, se dan la mano los antifascistas de todos los países del mundo. Entre los voluntarios de las Brigadas Internacionales, en particular de la Brigada Dombrowski, los voluntarios judíos se han hecho notar por su heroísmo y su espíritu de sacrificio en la lucha contra el fascismo. Para honrar la memoria de los combatientes judíos caídos sobre el campo de batalla, hemos decidido que la segunda compañía del heroico batallón Palafox desde hoy se llame Compañía Judía Botwin. A nosotros nos es caro el recuerdo de Naftali Botwin, el obrero judío polaco que sacrificó su vida por la lucha contra el fascismo. Su nombre es símbolo de la lucha de las masas populares judías, símbolo de la solidaridad internacional y de la fraternidad entre los pueblos."
Durante los nueve meses de existencia de la Compañía Botwin, sus comandantes fueron muertos o murieron rápidamente a consecuencia de sus heridas durante las acciones de combate. Además de los judíos, desde el comienzo militaban en la Compañía Botwin polacos, españoles, un griego y un italiano. En seguida se incorporaron a la compañía dos árabes que comprendían el idish, provenientes de Palestina. Eli Abdul Halak, inscripto en el Partido Comunista de Palestina, encarcelado varias veces por la autoridad del Mandato Británico, una vez llegado a España había manifestado su deseo de combatir en la unidad judía, el otro fue Fawzi Nabulsi, caído en batalla como soldado de la Compañía Botwin.

El 21/9/1938, durante la batalla del Ebro, la Unidad Botwin fue vencida por la superioridad de las fuerzas enemigas. Todos los sobrevivientes fueron hechos prisioneros, los voluntarios judíos fueron asesinados en el campo de batalla por los legionarios de Franco mientras otros fueron llevados a un campo de prisioneros de guerra.

La Prensa en idish [11]

El primer número del Freiheits Kämpfer apareció el 7 agosto 1937.

El diario judío Naje presse, en su primera página de la edición del 17 de agosto de 1937 escribe: "Aparece en España un diario de las milicias judías. Sin duda este día permanecerá como una fecha gloriosa en la historia del pueblo judío, en particular en la lucha de sus heroicos hijos que combaten por la libertad y la independencia de España. . . Mientras los antisemitas definen a los judíos como personas sin coraje, mientras el diario reaccionario polaco Sila tiene el descaro de declarar que en España no combate ni siquiera un solo obrero judío, el legendario ejército popular de la República española inicia la publicación de un diario dedicado a los combatientes judíos.”
Imprimir un diario en idish no fue una tarea fácil porque la tipografía española no tenía máquinas para escribir con caracteres hebreos. Se debía entonces inicialmente recurrir a un diario mural. Sobre la cubierta del primer número del Freiheits Kämpfer estaban representados algunos militantes judíos durante un ataque. Las palabras “por vuestra libertad y la nuestra” estaban escritas en idish y en castellano. En el diario se publicaba una entrevista al comisario político de la compañía Mickiewicz, en la cual combatieron muchos judíos, un artículo de Gina Medem, el discurso del corresponsal de la Presse Nouvelle en España que asistió al "Congreso de la cultura judía” en París.

El fundador de este diario fue Gerszon Dua (Bogen)que ya desde joven fue activista del Partido Sionista Socialista Poale Zion (obreros de Sion) luego perteneció a la dirección de los Obreros Judíos Socialistas, organización que antecedió al Partido Comunista Palestino. Expulsado de Palestina por la autoridad del Mandato Británico, fue a Polonia donde dirigió la sección judía del Partido Comunista de Polonia.

Dua-Bogen trabajó siempre como periodista y contó la experiencia de su vida en un libro de memorias publicado en idish en Varsovia en 1965. Después de la creación de la Compañía Judía Botwin aparece el diario más importante impreso en idish, difundido entre los combatientes de todas las brigadas: Botwin. El primer número del diario Botwin aparece el 30/12/1937 y comienza con el siguiente artículo: "No solo la unidad Botwin, centenares de voluntarios de otras compañías esperan ansiosamente poder leer este diario. Desde los cuatro rincones de la tierra, voluntarios judíos llegaron a España para combatir el fascismo. No todos han podido ser incluidos en esta unidad judía, muchos de ellos no han querido ser separados de sus compañeros no judíos de otros países. Estos voluntarios no han olvidado sus orígenes judíos y no han ni siquiera olvidado que combatiendo contra el fascismo, se oponen a la barbarie del antisemitismo y a ese dañino régimen que ha traído las leyes de Nüremberg, los guetos y los pogroms”.

El número dos fue publicado en febrero en 1938. Sobre la cubierta se ve una caricatura de Franco, Hitler y Mussolini que son barridos con una gran escoba para eliminarlos de España. La editorial señala el reforzamiento de las fuerzas fascistas y concluye con estas palabras: "Todos unidos en la lucha contra la Inquisición y la dictadura. También nosotros podemos golpearlos, también nosotros podemos realizar acciones violentas. . . Y nosotros, soldados de la Botwin, redoblando nuestras fuerzas, nuestra ira, nuestra amargura, apoyándonos en la solidaridad fraterna de los antifascistas de todos los pueblos, liberaremos al mundo de la barbarie fascista con nuestras armas de la libertad".

El número tres que habría debido ser publicado poco después del segundo, salió recién el 22 de abril a causa de los despiadados combates en el frente de Aragón en que muchos redactores murieron, o fueron heridos y una gran parte del material preparado fue destruído. El número cuatro, que apareció a inicios del mes de agosto, había mejorado gráficamente porque no fue impreso a mano como los anteriores, finalmente había llegado de París una máquina de escribir con caracteres hebreos.

El número cinco es el más importante de todos. Fue publicado el 30 de noviembre de 1938, cuando las Brigadas Internacionales se estaban preparando para abandonar España. Representa una suerte de balance de aquello que fue hecho y el empeño moral de hacer aquello que quedaba por hacer. Este número debía ser el último ya que los voluntarios esperaban ser repatriados. El 12 de diciembre, día del aniversario de la fundación de la compañía, los brigadistas se encontraban en un campo militar de Cataluña y decidieron preparar una edición especial del Botín.

El número seis fue el último y fue publicado el 13 de diciembre, una semana después de la disolución de las Brigadas Internacionales. Luego de la derrota del ejército republicano, los sobrevivientes, recluidos antes en el campo de concentración de Saint Chirríen y luego en el de Gurs, publicaron el diario mural Tus hila (en ayuda) y el diario Ínter shtachel drot. En septiembre de 1938, las Brigadas Internacionales comenzaron a retirarse del frente de guerra. El último adiós lo dieron el 9 de octubre de aquel año en Barcelona, poco después en la sepultura del último caído de las Brigadas, el judío Haskiel Honigstein.

El Mausoleo del Fossar de la Pedrera de Barcelona, es el lugar donde Franco hizo inhumar en una enorme fosa común los cuerpos de los republicanos catalanes fusilados en el período que va desde 1939 hasta 1945. Entre otras lápidas conmemorativas hay una dedicada a los judíos " Homenaje a los héroes judíos caídos entre los 7000 judíos voluntarios de todos los países combatientes de la libertad en España”. El monumento del cementerio de Montjuich (Barcelona) en honor de los brigadistas judías tiene la forma de una Estrella de David, se inauguró en 1990 por iniciativa de un grupo de brigadistas judíos, encabezados por Bernard (Dov) Lieberman con esta inscripción: "A todos los voluntarios judíos combatientes caídos en España". En el cementerio de Fuercarral en Madrid, se colocó una gran estrella de mármol, en sustitución de aquella destruida por Franco, "In memoriam. Aquí yacen los voluntarios judíos, heroicamente caídos en Madrid en el transcurso de la Guerra Civil Española en defensa de la libertad (1936-1937) La vuestra y la nuestra!". Esta lápida fue inaugurada en 1988 en el cementerio de Fuencarral (Madrid con la presencia de Shlomo Ben Ami, en ese momento embajador de Israel en España, Salman Salzman, presidente de la Asociación de voluntarios de las Brigadas Internacionales en España (1936-1939) y un representante del ayuntamiento de Madrid. La lápida lleva el nombre de quince combatientes caídos en la defensa de la capital, a los que se añadieron posteriormente otros cuatro.

Este relato no termina aquí, gracias a la exposición realizada en Israel, y numerosos testimonios pudimos conocer las historias individuales de quienes participaron en esta gesta. Acá les dedicaremos el recuerdo y homenaje a algunos de los combatientes que podemos identificar gracias a diversos relatos pero muy especialmente a la exposición “No Pasarán” presentada por la Universidad de Jerusalem en Ramat Gan y a otros diversos relatos. A través de estos testimonios intentaremos identificar a algunos de estos heroicos combatientes por la libertad.

La llegada a España

Hubo voluntarios internacionales luchando con la República desde el inicio mismo de la guerra. Los primeros se integraron en las milicias que los distintos partidos y sindicatos formaron espontáneamente ni bien se produjo la sublevación franquista y algunos se reunieron en grupos como el que llevó el nombre de Ernest Thaelmann, secretario general del PC alemán que en aquellos momentos estaba preso en su país. El Grupo Thaelmann se componía de catorce combatientes, doce de ellos judíos. Paralelamente empezaron a llegar del extranjero voluntarios que en las semanas iniciales no necesitarían más que tomar el tren en Francia y pasar la frontera pero que pronto, debido al pacto de no intervención, se verían obligados a embarcarse en secreto en Marsella o a atravesar los Pirineos a pie.

En diciembre de 1937, catorce meses después de crearse las BB II, la segunda compañía del Batallón Palafox quedó designada como compañía judía y recibió el nombre de Naftalí Botwin, un comunista judío polaco ajusticiado en 1925 por haber dado muerte a un infiltrado en las filas del partido. La compañía se creó cuando los polacos, que habían conseguido tras muchas presiones tener su propia brigada en verano de ese año (la XIII Brigada Dombrowski), formaron en ella dos compañías para las minorías judía y ucraniana.

La fuerza de las BB II, por otra parte, se había ido aminorando debido a las cuantiosas bajas y al corte en el flujo de voluntarios, y la creación de una compañía judía, en este contexto, parece haber sido considerada por las altas jerarquías de las BB II, ante todo, como una operación propagandística. El objetivo se logró: la compañía Botwin, con su bandera, su periódico y su coro con repertorio en ídish, se convirtió, a pesar de sus reducidos efectivos, en símbolo de la participación judía en la guerra de España y obtuvo un eco resonante en parte del mundo judío. La compañía Botwin del Batallón Palafox fue la primera sección mixta. Fueron algunos de sus integrantes: Max Geler, Moishe Szafran, Moishe Rozenberg, Emanuel Mink, Alter Szerman, jefe de la sección, y Jasza Zawidowicz.

Los comandantes de la compañía fueron Karol Gutman que cayó en acción, Mija Sapir que fue gravemente herido en Lérida en abril de 1938, Leon Rubinsztein que fue gravemente herido en Caspe, en marzo de 1938, Alter Szerman, herido en el frente del Ebro en 1938, Israel Halbersberg que cayó en acción) y Emanuel Mink que fue herido dos veces.

El último entierro oficial de un brigadista muerto en combate fue el del botwinista Jazkel.
Joseph Rzepkowicz fue un antiguo estudiante de yeshivá que se afilió al Partido Comunista polaco. En España sirvió en la compañía Botwin entre otras. Resultó gravemente herido en junio de 1938, durante la batalla del Ebro, y quedó inválido. Evacuado a la URSS, volvió a Polonia después de la Segunda Guerra Mundial. Tras la oleada de antisemitismo que siguió a la guerra de los Seis Días, inmigró a Israel. Murió en Jolón en 1992. Moshe Krempel: un caso típico de brigadista hijo de una familia judía tradicional. También él, como muchos otros veteranos polacos, volvió a su país de nacimiento tras la Segunda Guerra Mundial y después, a raíz de las oleadas de antisemitismo que se dieron en Polonia, acabó por instalarse en Israel.

Olek Nuss fue un poeta, responsable de la redacción del periódico de la compañía y de la letra del himno, Olek murió en Auschwitz. Henri (Yejiel) “Largo” Sulewic escapó y desde ese momento vivió en Francia. Todos sus papeles y fotos de España quedaron enterrados en Gurs.

La compañía Botwin del Batallón Palafox fue la primera sección mixta. Fueron algunos de sus integrantes Max Geler; Moishe Szafran, Moishe Rozenberg, Emanuel Mink y Alter Szerman,jefe de la sección, y Jasza Zawidowicz.

Mir Guedenken (“Nosotros recordamos ”) fue un libro editado por los “Amigos del Batallón Botwin” para recoger dinero para los brigadistas judíos internados en los campos franceses. Esto fue en Nueva York, en 1939.

Dabrowszczak, fue elperiódico de campaña de la XIII Brigada.

En él se publicó un poema de Rafael Alberti dedicado a las Brigadas Internacionales. La traductora y redactora del periódico fue Zofia Schleyen, una judía polaca, uno de sus compañeros de redacción fue Ignaz Potazman. Elöre, periódico del frente periódico del frente, dedica su primera página a Mate Zalka, alias Pavel Luckas, caído en acción. Zalka era un general judío de procedencia húngara, primer comandante de la XII Brigada.

Oif di Spuren fun guevure, “Tras las huellas del heroísmo” es la autobiografía de Gershon Dua-Bogen, activo militante del PC polaco que fue secretario general del PC palestino hasta su expulsión del país por sus actividades políticas. Fue uno de los promotores de la creación de la compañía Botwin.

Zijrones fun a Botwinist (“Recuerdos de un botwinista”) del eretz-israelí Efraim Wuzek. Se publicó en Varsovia en 1964, Henryk [Heniek] Torunczyk, coronel judío polaco, fue el último comandante de la XIII Brigada y estuvo al frente de la Agrupación Internacional que se formó tras la retirada oficial de las BB II con los voluntarios que no pudieron ser repatriados.

El General Manfred Stern alias Emilio Kleber. El general Kleber estuvo al mando de la XI Brigada durante la primera defensa de Madrid. Sus hermanos Wolf y Leo también combatieron en España.

Carta en ídish y foto de David Lipton: “Muy, muy queridos, muy, muy amados papá y mamá: estoy sentado en una montaña entre viñedos y olivos cubiertos de la sangre de España. Miro la caída del sol y lloro, lloro, lloro... “, escribe David a sus padres, y les pide perdón por haberles ocultado su viaje a España. El autor de la carta cayó en acción tres semanas después de escribirla, más o menos en las mismas fechas en que su familia la recibió

Los voluntarios de Eretz-Israel

Las autoridades mandatarias en Eretz Israel apoyarían esta opción poniendo incluso en libertad a algunos militantes encarcelados por sus actividades políticas, a cambio de que se marcharan como voluntarios a los frentes españoles. En total, el número de eretz-israelíes, es decir, de combatientes que llegaron a España procedentes de Palestina o que estaban estudiando temporalmente en Europa, se calcula en unos 180, incluidos unos 13 armenios, 6 árabes y un ruso cristiano.

“De Madrid a Berlín” fue el libro escrito por el comunista Israel Centner, sobre la participación de los eretz-israelíes en las BB II.

Shemuel Segal eretz-israelí, recibió su pasaporte, tras mucho insistir, después de su retirada de España, con la condición expresa de no volver a Palestina.

El eretz-israelí Jezy Bryn, murió en una cárcel polaca donde cumplía una condena por haber sido falsamente acusado de espionaje. Se publicó en Israel Shtime (15-9-1976).

Voluntarios de Eretz-Israel: Mateusz Elman (Matias), Aron Guinzburg, Marcel Langer, Nahum Sofer, Abram Yungstajn, Ruth (Jaya) Maitis, Schlama Jofe, Israel Centner, Moshe Estracher.

Itinerario de un voluntario de Eretz-Israel: David Karon:

Pasaporte palestino número 62476 – Nacido en Homel en 1915; agricultor, residente en Mikvé Israel. Altura, 164 cms., ojos grises, pelo castaño... Recibió visado francés y permisos de tránsito en septiembre de 1937.

Carnet militar español número 76.018. Partido político: antifascista; fecha de entrada en las BB II: 17 de octubre de 1937; servicio en el frente: del 6 de diciembre de 1937 al 24 de septiembre de 1938 en los frentes de Zueva, Extremadura, Aragón, Lérida, Fayón y Ebro; equipo que recibió: un capote, una chaqueta, un par de pantalones, un par de zapatos, dos camisas, una camiseta, un cinturón, una mochila; soldada: 310 pesetas al mes. Se le autorizó a salir de España con trescientos francos.

Se le otorgó el Carnet de Honor de la 35 división: nombrándolo a David Karon “Combatiente de Honor como voluntario de la libertad”...“Los soldados de la División, todos los españoles, no olvidarán jamás a los que defendieron la independencia del suelo nacional... España, octubre de 1938”.

Se presentó una petición a la administración central de las BB II al Comité de ayuda al pueblo español en Tel Aviv, para que asistiera a David Karon que “regresa a su domicilio por razones de retirada”. El Departamento de Migración del Gobierno de Palestina reconoce el 24 de enero de 1939, haber recibido el salvoconducto expedido a David Karon en Barcelona el 9 de diciembre de 1938.

El oficial de distrito del Gobierno de Palestina pide a David Karon que abone “los 2576’86 francos que recibió del cónsul general de Su Majestad en Marsella para su repatriación a Palestina”.
David Karon volvió a su grupo de pioneros en el moshav Hadar (cerca de Ramataim) y fue readmitido sin problemas aunque había sido expulsado cuando decidió participar en la guerra de España. Fundó en 1939 con sus compañeros el kibutz Kfar Menajem, donde murió en 2001.
Imre Jacobi pertenecía a la selección nacional palestina de fútbol. Imre, que militaba en el PKP, cayó en acción en el frente del Jarama.

El monumento de la XV Brigada en Sierra Pandols fue construido durante la batalla del Ebro por el judío ruso-británico Percy Ludwig, ingeniero jefe de la brigada, y se conservó de la destrucción de que fueron objeto casi todos los monumentos de las BB II después de la guerra, gracias a su localización en plena montaña. Contiene el nombre de varios oficiales, entre ellos el de Mark (Mordejai) Millman junto con el de su país de origen – Palestina. Se trata, casi con seguridad, del único monumento de la época todavía en pie donde se menciona a un combatiente eretz-israelí. Percy Ludwig dibujó un croquis para explicar la ubicación exacta del monumento al brigadista israelí Salman Saltzman. El eretz-israelí David Kami: Durante la guerra mundial, Kami formó parte de la red de espionaje soviética “Orquesta Roja” que causó graves daños a los alemanes. Descubierto y detenido, fue torturado por la Gestapo pero murió sin confesar.

Ha-tizmoret ha-adumá shelí de Leopold Trepper, organizador y jefe de la “Orquesta Roja”. Mijail Makarov y Vera Ackermann, eran veteranos de la guerra de España, que pertenecieron asimismo a la red.

En Yidn in Spanishn Birgerkrig 1936-1939 (“Los judíos en la guerra civil española 1936-1939”), Benjamin Lubelski recuerda sus experiencias durante la guerra, las de algunos voluntarios de su Lublin natal y un nuevo viaje a España años después. El autor volvió tras la Segunda Guerra Mundial a Polonia donde trabajó en las altas esferas del servicio diplomático. Emigró a Israel tras la ola de antisemitismo que siguió a la guerra de los Seis Días y trabajó hasta su jubilación como bibliotecario del Instituto de Estudios Eslavos de la Universidad Hebrea de Jerusalén
Marcel Langer había nacido en la ciudad de Auschwitz. Llegó a Eretz-Israel y residió en Haifa, pero fue expulsado del país por las autoridades mandatarias a causa de sus actividades políticas en el PKP. Se instaló en Francia y allí se enroló en las BB II. En España se casó con la española Cecilia. A ella y a su hija Rosita estuvo dirigida una última carta antes de ser ejecutado el 13 de marzo de 1943 en Toulouse, por su importante papel en la resistencia francesa: “Querida mujercita, cuando esta carta llegue a tus manos, ya no estaré en este mundo...”.

Con la derrota de los republicanos, los civiles y los brigadistas que pudieron buscaron refugio en Francia. Allí llegaron 500.000 refugiados, donde fueron internados en campos totalmente improvisados en pésimas condiciones sanitarias y sometidos a una estricta vigilancia. Luego de un año y medio concentraron a la población judía en campos que fueron habilitados nuevamente, Vernet fue uno de ellos, y en otro nuevo, Gurs. Algunos brigadistas fueron enviados a Djelfa, Argelia y a otros campos del norte de Africa. Cuando Francia fue ocupada por los nazis, los antiguos voluntarios de las Brigadas, también por supuesto los judíos, fueron los primeros en integrar la Resistencia como extranjeros.

El eretz-israelí Haim Adler, que se incorporó al ejército inglés durante la Segunda Guerra Mundial, le contó a su novia su encuentro en el norte de África con antiguos compañeros de la guerra de España liberados de Djelfa que van camino de la URSS: “He visto a estos hombres, a mis compañeros de armas, que durante cuatro años han soportado la vida más miserable en los campos de concentración de África. Su pelo ha encanecido, sus dientes han ennegrecido, las manos les tiemblan, la espalda se les ha arqueado, pero su corazón sigue siendo puro, fuerte y lleno de fe”.

R. G. Thackrah, del National Joint Committee for Spanish Relief, escribe a la Organización Sionista en Londres para comunicarle que ha encontrado un grupo de treinta y seis internados que tenían pasaportes palestinos y no han sido repatriados. Thackrah espera que la Organización Sionista pueda hacer algo por ellos ya que las condiciones en Saint Cyprien son “extremadamente duras”.
En Mefaked ivri be-Sefarad ha-lojemet (“Un comandante hebreo en la España combatiente”) Mordejai Avi-Shaul glosa la vida de Mordejai Millman, militante del PKP que estudiaba agricultura en Marsella cuando estalló la guerra y en España fue comandante de una compañía de la XV Brigada.
La comisión militar internacional de la Sociedad de Naciones hace constar la presencia en Saint Cyprien del eretz-israelí Nahum Sofer en febrero de 1939.

Un importante grupo de brigadistas, de antigua extracción comunista hizo “aliá” a Israel, de modo que su presencia determinó la posibilidad de que el Estado Judío asumiera su representación a la hora de homenajear y recordar a estos brigadistas judíos. Es por esa razón que la lápida que se inauguró en el cementerio de Fuencarral en 1988, en Madrid, contara con la presencia del Embajador de Israel en ese momento en España, justamente el historiador israelí Shlomo Ben Ami, uno de los investigadores de este tema. También estuvo allí Salman Zalzman, el único voluntario que fue por la derecha sionista y que en ese momento era el presidente de la Asociación de Voluntarios de las Brigadas Internacionales en España (1936-1939), y un representante del ayuntamiento de Madrid. La lápida lleva el nombre de quince combatientes caídos en la defensa de la capital, a los que se añadieron posteriormente otros cuatro. “In Memoriam. Aquí yacen los voluntarios judíos heroicamente caídos en Madrid en el transcurso de la Guerra Civil Española en defensa de la libertad (1936-1937). La vuestra y la nuestra” reza la lápida en honor de los brigadistas judíos.


George Nathan (?-1937).
Antiguo oficial británico y participante durante los años veinte
en la lucha por la independencia de Irlanda.
De extraordinario valor, desempeñó distintos mandos en las BB.II.
Murió durante la ofensiva de Brunete.

El monumento del cementerio de Montjuich, de Barcelona, en honor a los brigadistas judíos tiene forma de Estrella de David y citas de Luigi Longo, primer comisario general de las BB II, y del entonces presidente del Estado de Israel Haim Herzog. Se inauguró en 1990 por iniciativa de un grupo de brigadistas judíos, encabezados por Bernard (Dov) Liebermann.

En 1996 hubo una conmemoración festiva en Israel de las BB II Israel: con motivo del cincuentenario del comienzo de la guerra, se planta un bosque en honor de los voluntarios.

Los brigadistas recuerdan

Cierto número de los combatientes en la guerra escribieron sus memorias en edades avanzadas. . . El pasado fue analizado con una mirada teñida por las experiencias vividas a lo largo de los años. La caída de la Unión Soviética, las persecuciones, los padecimientos de la Segunda Guerra, la prisión que padecieron muchos de ellos por haber caído en desgracia en el régimen stalinista, desdibujaron e impregnaron las ideologías que los habían impulsado a luchar en España. Por otra parte, los voluntarios judíos norteamericanos o de los países que no pertenecían a la órbita, figuraron en listas negras, o como en el caso de los norteamericanos de la Brigada Lincoln, sufrieron persecuciones, eran objeto del macartismo existente en los Estados Unidos de la Guerra Fría. “En los libros de voluntarios judíos, la Shoa actúa en ocasiones como telón de fondo dando a la lucha antifascista internacionalista de los treinta, un sentido que quizás no tuviera, o por lo menos, no de esa manera cuando se produjo. Cuando se habla de los polacos, esta experiencia ineludible suele ir acompañada de una amarga decepción con respecto a un sistema que permitiría, en la época de Gomulka, la ola de antisemitismo que obligó a muchos de ellos a abandonar el país que hasta entonces habían considerado como suyo. Pero cualquiera haya sido su trayectoria pasada, España suele quedar fuera del ajuste de cuentas y los brigadistas conservarán, en general, un recuerdo positivo de su intervención en la guerra”.

Los combatientes del Batallón Lincoln.

Algunos de sus integrantes fueron Joe Taylor, hijo adoptivo de una familia judía, Edwin Rolfe (Solomon Fishman), cuya famosa “Elegía” dedicada a Madrid haría llorar a Hemingway, Harry Fisher, enlace y empleado en las transmisiones del batallón norteamericano a nombre de Abraham Lincoln. Alvah Bessie, Spanish Sammy Nahman (Manny Harriman) fue el primero de su familia en volver a España “después de que la Inquisición expulsara a todos los judíos de España en 1492”. Como muchos otros norteamericanos, Manny, dos veces herido, luchó en el Batallón Lincoln. Barcelona fue la ciudad donde Nahmánides, su antepasado directo, según la tradición familiar, participó en la famosa disputa teológica por orden real.

Ben Leider militaba en el PC estadounidense; en España cumplió funciones de corresponsal del periódico de su partido Daily Worker. Cayó en la defensa de Madrid en febrero de 1937 a bordo de uno de los cazas rusos Polikarpov I-15 conocidos popularmente como “Chatos”. Fue uno de los pocos voluntarios estadounidenses caídos en España, si no el único, cuyos restos fueron trasladados a su país natal para ser inhumados allí. El poeta y educador Bezalel Friedman publicó en su honor un largo poema.

Edward Barsky era cirujano del hospital neoyorquino Beth Israel, fue fundador del Medical Bureau to Aid Spanish Democracy (Comité médico de ayuda a la democracia española), que recolectó dinero para los servicios médicos de la República; organizó el primer hospital norteamericano en el frente del Jarama y proyectó un tipo de quirófanos móviles que se montaban en camiones y podían apostarse junto a las trincheras mismas. Llegó a ser médico jefe del Servicio Sanitario Internacional. Irène Joliot-Curie fue presidenta honorífica de la Centrale Sanitaire Internationale (organización médica francesa de ayuda a España). Albert Einstein se destacó como importante patrocinador del Medical Bureau y sostenedor constante de la causa republicana. Wilfred (“Mendy”) Mendelson, activista estudiantil, era, por su parte, estadounidense. También lo eran Dave Doran, comisario político de los Lincoln que traspasó inadvertidamente las líneas enemigas y fue ejecutado y Joe Dallet, que murió en Fuentes de Ebro en su primer día en el frente.
Abraham Sasson, antiguo alumno de un orfelinato judío de Brooklyn, cayó en acción. Sus antiguos compañeros organizaron una velada en su memoria y la de otros cinco muertos en combate egresados del establecimiento. En el programa, se hace una petición para recoger fondos con los que ayudar a los otros nueve antiguos alumnos del orfelinato que todavía estaban en España y para poder repatriar a los heridos.

Prisoners of the Good Fight (“Prisioneros de la buena causa”) libro del brigadista norteamericano Carl Geiser que llegó a estar en el paredón, pero que no fue ejecutado en aquel mismo momento porque cambió la política franquista. En él hace un recuento de la historia de los prisioneros de guerra, especialmente los norteamericanos, en el campo de San Pedro de Cardeña
Captured by Franco (“Capturado por Franco”) del judío norteamericano Lou (Samuel) Ornitz, fue editado por los Amigos de la Brigada Abraham Lincoln para obtener dinero con el que rehabilitar a los prisioneros liberados y enviar ayuda a los que todavía estaban en las prisiones españolas. Se publicó en Nueva York, en 1939. Pocas semanas después de haber sido puesto en libertad, Sid Rosenblatt acude a la boda de un amigo brigadista en Nueva York. Siendo prisionero le hicieron desnudar y lo filmaron en una película para demostrar que estaba circuncidado y denunciar así la supuesta confabulación del “judeocomunismo” mundial contra el pueblo español.

Spain’s Cause was Mine (“La causa de España era la mía”) son las memorias de guerra de Hank Rubin, un judío norteamericano que sirvió como ayudante en los servicios médicos.
El judío norteamericano Milton Felsen describe en The Anti-Warrior: A Memoir (“El anti-guerrero”) su actuación como conductor de ambulancias en España y sus experiencias en la Segunda Guerra Mundial donde, a diferencia de otros antiguos brigadistas que fueron confinados lejos del frente por sus ideas izquierdistas, combatió para el Office of Strategic Services.

Our Fight(“Nuestro combate”) es una miscelánea de recuerdos, poemas y aportaciones de brigadistas editada por dos antiguos voluntarios: Alvah Bessie y Albert Prago. El libro incluye un pionero artículo de Prago sobre los judíos en las Brigadas Internacionales que es representativo de la conciencia de su propio judaísmo que ciertos voluntarios judíos norteamericanos fueron tomando con el tiempo. De los 3000 voluntarios que llegaron de Estados Unidos en la Brigada Abraham Lincoln, algunas estimaciones sugieren que una tercera parte eran judíos. Muchos eran hijos de inmigrantes europeos que habían llegado a los Estados Unidos durante los primeros años del siglo. Habían recibido una educación “americanizada” en la escuela, pero ellos sentían que tenían lazos familiares con Europa. La mayoría de los voluntarios llegaron de las grandes ciudades, donde se habían instalado los inmigrantes. Dos terceras partes de los voluntarios eran comunistas. Pero muchos judíos no lo eran, fueron a España a luchar contra los Nazis y los fascistas. " Soy un buen antifascista como cualquier comunista” escribió un voluntario a su comisario " Tengo razones para serlo. Soy judío y esta es la razón por la que llegué a España. Se lo que significará para mi gente si el fascismo llegara a ganar ( y yo se que no ganará)".

Hayman Katz fue uno de los voluntarios llegados de Nueva York. Se fue a España sin despedirse de su madre porque no quería asustarla, pero cuando fue herido en acción en 1937, el joven voluntario decidió explicarle porque se había alistado contra los deseos de ella. Su carta a casa revela los motivos de muchos otros voluntarios judíos "No te das cuenta que los judíos seremos los primeros en sufrir si ganan los fascistas?”. Entre los voluntarios judíos estaba Samuel Levinger de Columbus, Ohio, quién era el hijo de un rabino. El cayó en Brunete en Julio de 1937. Su padre, el Rabino Lee Levinger permaneció siendo un amigo leal de la Brigada Lincoln. Muchas judías, incluyendo Esther Silverstein se ofrecieron como voluntarias para servir como enfermeras. El alto porcentaje de judíos entre los voluntarios del antifascismo incitó a la dirección de las Brigadas Internacionales a considerar la posibilidad de formar una brigada completamente judía. El propósito de esta unidad era demostrar la participación directa de judíos junto a otros grupos nacionales en la lucha contra fascismo. Las numerosas s muertes hicieron este imposible, pero ahí fue cuando se formó la Compañía Judía dentro de la Brigada Polaca de Dombrowski, nombrada después Naftali Botwin. Las publicaciones Der Fraihaits-Kempfer y Botwin en idish también fueron publicadas para todos los voluntarios judíos dispersos entre las varias unidades nacionales. Después de la Segunda Guerra Mundial, los veteranos judíos de la Guerra Civil Española retornaron sus países de origen, en los que algunos de ellos alcanzaron altas posiciones en la infraestructura económica y política. Para los judíos, la amenaza fascista era mucho más peligrosa que para los que no lo eran, no solo implicaba opresión política era también racismo antisemita. En 1939, como parte de su testimonio ante el Dies Committee enviado por el Congreso estadounidense para investigar las así llamadas organizaciones antiamericanas, Milton Wolff dijo, explicando porque se alistó en la Guerra Civil Española: “Soy un Judío, y sabiendo que como judíos nosotros estábamos en primer lugar para los sufrimientos cuando llegara el fascismo, yo fui a España a luchar contra ellos.” Las Brigadas Internacionales se convirtieron en el medio a través del cual los judíos de todo el mundo pudieron enfrentar a su odiado enemigo “Aquí, finalmente” dijo Wolman “los oprimidos de la Tierra están unidos, aquí finalmente nosotros tenemos armas, aquí nosotros volvemos a la lucha. Aquí, aún si perdemos. . . en la lucha misma, en el surgimiento del fascismo, nosotros habremos ganado” Aún antes de la formación de las Brigadas Internacionales, los judíos estaban entre los primeros en tomar las armas en España. Entre ellos había muchos que vinieron de Alemania cuando Hitler llegó al poder y habían sido bienvenidos por el gobierno republicano. También llegaron los integrantes de grupos de atletismo que habían venido de varios países a Barcelona para tomar parte en los Juegos Olímpicos que deberían celebrarse a mediados de julio, en 1936 en respuesta a las Olimpíadas que se realizarían en Berlín, con todo el aparato propagandístico y la pompa características del nazismo hitlerista. Dentro de las Brigadas la alta proporción de judíos llegaron de Polonia, Francia, Gran Bretaña, Alemania, Canadá y Palestina. También llegaron 22 sionistas de Palestina a España, eran miembros del Hapoel, la Asociación Atlética del Sionismo Laborista, quienes habían llegado a las Olimpíadas de los Trabajadores programadas para desarrollarse en Barcelona el 19 de julio de 1936 como protesta contra los juegos olímpicos que tendrían lugar en Berlín. Casi todos ellos tomaron parte en las batallas en Barcelona cuando los trabajadores provocaron el levantamiento de la guarnición local. El mayor número de judíos llegó de Polonia y luego de Estados Unidos. Se estima que el setenta por ciento del personal médico estaba integrado por judíos.

. En la Unión Soviética muchos consejeros judíos soviéticos en la república española fueron víctimas de las purgas de la década del treinta. . Entre ellos estaban Yaakov Shmushkevitch, que había ayudado a organizar a la fuerza aérea republicana española, Grigori Stern, consejero del jefe militar, Mikhail Koltzov, corresponsal de Pravda durante la Segunda Guerra Mundial y Marcel Rosenberg, embajador soviético en España. En los últimos años de la década del cuarenta, el general Manfred Stern de la Unión Soviética que había dirigido las Brigadas Internacionales en el frente de Madrid, fue acusado de "sionismo" y de nacionalismo judío y enviado a Siberia, donde murió. En otros países socialistas soviéticos las campañas antisemitas estaban entre los factores que condujeron, a la detención y la persecución de generales de brigada judíos, incluyendo a Artur London, entonces diputado de asuntos extranjeros en el gobierno checo, que fue condenado a prisión perpetua (rehabilitado en 1955), y Eva y Benko Litwak, quienes habían servido como médicos en España, que fueron obligados a abandonar la República Democrática Alemana. En Polonia la campaña antisemita se extendió después de la Guerra de los Seis Días en 1967. El gobierno acusó a todos los judíos, incluyendo veteranos de la Guerra Civil Española, de deslealtad hacia Polonia como partidarios de Israel. Fueron expulsados de sus puestos en el Estado y de sus lugares de trabajo, muchos veteranos de la Guerra Civil Española perdieron sus pensiones y otros servicios sociales y algunos fueron forzados a renunciar a su ciudadanía polaca y emigrar a Israel. Los veteranos de la brigada de Abraham Lincoln protestaron formalmente por la política del gobierno polaco hacia los veteranos judíos.

Con la derrota de Hitler y Mussolini, los integrantes de la Brigada Lincoln se sintieron justificados en sus luchas contra el fascismo y el nazismo. Sin embargo, muchos se sintieron amargados y frustrados porque los aliados victoriosos permitieron que Franco permaneciera en el poder en España. Después de la Segunda Guerra Mundial, las autoridades de Estados Unidos aceptaron a Franco como parte de la alianza anticomunista de la guerra fría. Los veteranos de la brigada de Abraham Lincoln (VALB) sin embargo continuaban apoyando a los opositores de Franco dentro de España y celebraron la muerte del dictador en 1975. Durante la era de la guerra fría, los miembros de la Brigada Lincoln y la Veteranos, fueron investigados individualmente por sus lazos con el comunismo y la Unión Soviética, también muchos de ellos perdieron sus puestos de trabajo en tanto que otros eran hostigados en su desempeño laboral. Puesto que cerca del 70 por ciento de los miembros de la brigada habían sido afiliados al Partido Comunista (o estaban relacionados con afiliados a él) todos fueron tratados como subversivos potenciales. En los años sesenta, el Tribunal Supremo de Estados Unidos falló a favor de los veteranos de la Brigada Lincoln para impedir que fueran tratados como una organización subversiva.

Algunos brigadistas italianos también eran judíos; el más notable de ellos fue Carlo Rosselli, a quién Mussolini consideraba su más peligroso opositor entre la comunidad de exiliados. Un liberal disidente que fue a España antes que los comunistas, había organizado la primera columna italiana de 130 hombres, la mayoría eran anarquistas, con unos pocos grupos de liberales y trotsquistas luchando en las fuerzas de la milicia de los anarcosindicalistas catalanes. Mussolini finalmente mandó matar a Carlo y su hermano Nello por un grupo de asesinos llamados los Cagoulards, un grupo fascista francés, el 9 de julio de 1937.

Mientras tanto, como individuos y como grupo, los veteranos de la brigada de Lincoln seguían siendo activistas políticos, sosteniendo públicamente causas en favor del movimiento de las derechas civiles, contra la guerra en Vietnam, oponiéndose al golpe de Pinochet en Chile y numerosas causas que consideraban justas. Cuando envejecieron, los veteranos de Lincoln prestaron más atención a su legado personal como radicales y, en muchos casos, como judíos. Algunos se centraron en sus trabajos sobre todo en temas judíos. Otro veterano, Albert Prago, en su investigación histórica acentuó el papel del sentimiento judío en los motivos de los voluntarios que se ofrecieron a luchar contra fascismo.. Muchos otros veteranos que sobreviven reconocen la importancia de la investigación de Prago. "anunciemos el hecho," escribió, "que hubo más judíos, proporcionalmente entre los que combatieron en España... que cualquier otra minoría o cualquier otra nacionalidad en Europa!" Prago sostiene que muchos judíos alemanes, ni bien Hitler llegó al poder, ante el aumento y la ferocidad de las persecuciones antisemitas, buscaron refugio en otros países. A pesar de las denuncias de ciudadanos prominentes, de las presiones ejercidas por varias organizaciones judías para alterar las políticas inmigratorias y facilitar la admisión de refugiados judíos, éstos fueron rechazados por el Departamento de Estado y el Congreso norteamericanos. Pese a que el presidente Franklin D. Roosevelt había designado a un judío para un cargo tan alto como la Secretaría de Hacienda, Henry Morganthau y habiendo reconocido la importancia del apoyo de los judíos a su política del New Deal, sin embargo no hizo nada para cambiar el predominante sentimiento antisemita existente entre los grupos dirigentes. Rehusando cambiar las existentes cuotas de inmigración, Washington permitió entrar al país solo a judíos destacados como fue el caso de Albert Einstein, pero no hizo nada para ayudar a las masas de refugiados judíos. En su ensayo, “Judíos en las Brigadas Internacional” reeditado por los Veteranos de la Brigada Abraham Lincoln Our Fight, editado por Alvah Bessie y Albert Prago (1986), enfatizaba el rol jugado por la identidad judía que inspiraba individualmente a los voluntarios a luchar contra los fascistas. Muchos otros veteranos sobrevivientes reconocen la importancia de la investigación de Prago. Una vez derrotado el ejército republicano, la experiencia bélica pesaba fuertemente sobre todas las actividades posteriores de todos los voluntarios. Para muchos judíos el fin de la Guerra Civil Española significaba una reasunción de la lucha antifascista en diferentes campos de batalla. Con el comienzo de la Segunda Guerra Mundial en septiembre de 1939, algunos brigadistas judíos en los campos, junto con otros extranjeros judíos que vivían en Francia, se unieron a la Armada Francesa. El hecho es que la mayoría de los brigadistas prisioneros en los campos vieron sellado su destino con la caída de Francia en poder de la Alemania nazi en 1940. Los franceses colaboracionistas de Vichy transfirieron a los prisioneros que quedaban bajo el control de los nazis quienes los deportaron junto con otros españoles republicanos capturados mientras servían en la armada francesa, a los campos de la muerte, en Alemania, Austria y Polonia. Muy pocos de ellos sobrevivieron.

Muchos judíos que eludieron la captura y el aprisionamiento se unieron a la Resistencia contra los ocupantes nazis y sus gobiernos títeres a través de Europa. La mayoría de los brigadistas judíos europeos que habían estado en la compañía Botwin, se quedaron en Francia, entre ellos Abraham Lissner, Leon Pakin y Sevek Kirschenbaum para formar una unidad judía, “Segunda Unidad” que adquirió fama considerable por sus valientes acciones contra los ocupantes nazis. Otros fueron Marcel Langer, fundador y comandante de la Brigada 35 de la Resistencia, Josef Hauptmann, miembro de las fuerzas de la Resistencia en el sur de Francia. Joseph Epstein fue el jefe de la Resistencia en la región de París. Varias mujeres judías que habían participado de la guerra civil en España participaron en la lucha de la Resistencia, entre ellas estaban la nacida en Palestina Simone Bronstein, Olga Bancid de Rumania, Sarah Kowalski y Sarah Vronsky-Rozenblum de Polonia e Irene Goldin, nacida en Connecticut que permaneció en Francia luego de la derrota republicana. De todo el grupo que habían integrado, solo Abraham Lissner, Leonard Hauptmann e Irene Goldin sobrevivieron a la guerra.

Antiguos brigadistas judíos fueron prominentes líderes de los movimientos de la Resistencia a través de Europa así como de la Orquesta Roja, la más importante operación llevada a cabo por la Inteligencia de las fuerzas aliadas durante la Segunda Guerra Mundial. Muchos brigadistas judíos que vivían en la Unión Soviética cuando los nazis la invadieron se unieron a la Armada Roja o a las fuerzas de la retaguardia polaco-soviética capitalizando sus contactos en los territorios ocupados. Algunos luego de haber sido entrenados por el veterano judío Henryk Torunczyk de la Guerra Civil Española se lanzaron en paracaídas detrás de las líneas enemigas. Entre ellos estaban Pinkus Kartin, Bernard Volkas quienes con el veterano Abe Osheroff fueron sobrevivientes del hundimiento del barco Ciudad de Barcelona en España. Pinkus Kartin cayó en Polonia donde junto con otros veteranos de España Abraham Fiszelson y otros dos combatientes, encabezaron una sección de operativo militar "Bloque Antifascista" en el Gueto de Varsovia. Arrestado y torturado por la Gestapo, Kartin se suicidó en la prisión en junio de 1942. Volkas fue enviado detrás de las líneas nazis en otoño de 1941 para organizar grupos partisanos. Arrestado y deportado a Auschwitz, Volkas ayudó a escapar a otros dos judíos prisioneros llevando con ellos las fotografías tomadas por otro veterano de las Brigadas Internacionales y uno de los líderes de la resistencia clandestina de Birkenau. Estas fotografías documentaban las atrocidades cometidas en los campos nazis. Volkas mas tarde emigró a los Estados Unidos.

Cuando los Estados Unidos entraron en la guerra, 400 veteranos de la Brigada Lincoln se alistaron en los servicios de la armada mientras que otros sirvieron en la marina mercante. Muchos de ellos ganaron recomendaciones y medallas por sus actos de heroísmo en acción. Veinte veteranos de la brigada cayeron durante la Segunda Guerra Mundial, incluyendo a Herman Bottcher, él mismo un refugiado llegado de Alemania. Como miembros de las fuerzas armadas de los Estados Unidos los veteranos judíos de la Brigada Lincoln lucharon alrededor del mundo. Varios participaron en acciones dentro de Alemania. Algunos incluyendo veteranos como Al Tanz, Lou Gordon, Morris Cohen y Jack Lucid ayudaron a liberar los campos de concentración. Con los siguientes textos comenzamos a despedirnos de estos luchadores, de éstos combatientes para quienes las causas por la libertad y por la dignidad eran suyas, para quienes pagaron con su vida su visión heroica de la vida, porque para todos ellos los ideales y los principios eran lo que daban sentido a su existencia. Sabemos que no hemos sido justos, he aquí una mínima parte de los protagonistas de esta historia, lo mismo podemos decir de las mujeres, numerosos combatientes de origen judío partieron también de la Argentina y del Uruguay. No los hemos olvidado ni ignorado. Cuando tengamos material suficiente sobre ellos volveremos sobre el tema. La razón es que no disponemos de historias de vida en las que ellos se hayan identificado, como en la mayoría de los casos mencionados en esta historia, como judíos. Pero también desde aquí, desde estos lejanos rincones del mundo, también impulsados por el mismo heroísmo y la misma generosidad partieron estos brigadistas y por supuesto judíos también en gran número.

Sabemos que este ha sido un homenaje insuficiente, pero por lo menos hemos intentado colaborar para que sus vidas y el ejemplo que dieron con ellas no sean olvidados, para que en estos tiempos donde las utopías se ven muy deslucidas y son pocos los que están dispuestos a luchar por ellas recordamos a estos personajes extraordinarios. Muchos de ellos con edades ya avanzadas abrazados aún a sus posiciones militantes por la vida y la justicia.

En el folleto escrito por Albert Prago, éste relata que entre los voluntarios judíos había al menos 36 voluntarios de Yugoslavia y 17 de Bulgaria, entre ellos judíos sefardíes y el que luego fue el muy reconocido antropólogo John Murra, de origen rumano, nacido en Odessa (actual Ucrania) en 1916 y fallecido el pasado 16 de octubre, a los 90 años de edad. Prago contó la historia, según él perfectamente documentada, de Ezekiel Pikar, que en 1930 fue enviado por la Haganá a Londres para aprender a volar, al poco tiempo después de que obtuviera la licencia de piloto estalló la Guerra en España, Pikar se fue para allí y se presentó como piloto, volando en la escuadra de Andre Malraux, cuando su bando perdió la guerra marchó al Asia donde luchó contra los japoneses en China. Luego persuadido por uno de sus camaradas de la Haganá para retornar a Palestina se integró al Palmaj, el brazo armado de la Haganá. Entre los brigadistas también se encontraba el judío negro norteamericano Aaron Johnson y el judío chino Chi Chano. El músico judío de origen ucraniano también integrante de la Brigada Lincoln, Lan Adomian compuso algunas de las canciones republicanas más representativas de ese tiempo.. .entre las numerosas historias de los combatientes están la de Sammy Nahman (Manny Harriman) Manny, dos veces herido, luchó en el Batallón Lincoln. Era descendiente de Nahmanides, su antepasado directo según la tradición familiar, protagonista de la famosa disputa teológica por orden real en Tortosa, Cataluña. También la de Abraham Sasson quién fue un antiguo alumno de un orfelinato judío de Brooklin, caído en acción, sus antiguos compañeros organizaron una velada en su honor así como de otros compañeros muertos también caídos en combate.

Combatientes anarquistas.

Entre los anarquistas también hubo combatientes judíos, tenemos los nombres de algunos de ellos, cuatro combatientes de la “Columna Durruti” (anarquista): el judío estadounidense George Sossenko que tenía dieciséis años cuando llegó a España procedente de Francia. Su padre logró dar con su paradero y lo convenció para que volviera, aduciendo que su madre estaba muy enferma y quería verlo; cuando George se dio cuenta del engaño, se escapó y volvió a atravesar los Pirineos. Otro fue el judío polaco Benjamin Lewinski, comandante de un grupo de combate del POUM, quién tuvo bajo sus órdenes a George Orwell, el conocido autor de 1984, que lo menciona reiteradas veces en Homenaje a Cataluña, el libro donde contó sus experiencias en la guerra de España.

Anarquista también fue la alemana Clara Thalmann que había llegado a Barcelona para participar como nadadora en la Olimpíada Popular y se quedó formando parte de una unidad anarquista
La judía de origen lituano Emma Goldman, una de las figuras más destacadas del anarquismo estadounidense, se encargó de recoger fondos en Inglaterra para aliviar la situación de la población civil española.

LOS HEROES DE LA LUCHA AEREA

General Douglas, fue eltítulo del libro en idish de Dimitri Zilmanowitz publicado en Moscú en 1986, ese era el seudónimo de Yaacov Shmushkevich que tuvo un papel esencial en la profesionalización de la aviación gubernamental. Tras su participación en la guerra de España fue comandante de la Fuerzas Aéreas Soviéticas y uno de los pocos oficiales distinguido dos veces con el título de “Héroe de la Unión Soviética”, hecho que no impidió su ejecución en la época de las purgas estalinistas.

El escritor y posterior ministro de Cultura francés André Malraux fue quién organizó una escuadrilla aérea previa a la intervención de la URSS. Escribió una novela L’Espoir (“La esperanza”) y una película Sierra de Teruel rodada en 1939 como parte del esfuerzo propagandístico republicano. El autor del libro André Malraux en Espagne, Paul Nothomb, estuvo a sus órdenes en España como piloto.

Ben Leider militaba en el PC estadounidense; en España cumplió funciones como corresponsal del periódico de su partido, el Daily Worker. Cayó en la defensa de Madrid en febrero de 1937 a bordo de uno de los cazas rusos Polikarpov I-15 conocidos popularmente como “Chatos”. Fue uno de los pocos voluntarios estadounidenses caídos en España, si no el único, cuyos restos fueron trasladados a su país natal para ser inhumados allí. El poeta y educador Bezalel Friedman publicó en su honor un largo poema. Walter Katz, un judío alemán, fue uno de los primeros pilotos que llegaron a España en 1936. En julio de 1937 fue destinado a Albacete para organizar la Escuadrilla de Bombardeo Nocturno. Murió, también él, a bordo de un Chato. Otro judío alemán, el berlinés Hermann Feld combatió con la Escuadrilla España de André Malraux y más tarde, en otras unidades. Llegó a tener el grado de teniente y a ser nombrado jefe de estado mayor de la Segunda Escuadrilla. Cayó en acción el 18 de julio de 1937.


G. Taro

Héroes caídos en la lucha

Marion Merriman, llegó a tener el grado de sargento, fue la viuda del comandante de la XV Brigada Robert Merriman, contó en el libro American Commander in Spain la historia de su relación con su carismático marido, sus años de estudiantes en Berkeley y la intervención de ambos en la guerra de España. Robert, uno de los varios aspirantes a haber servido de modelo a Hemingway para el personaje de Jordan en “Por quién doblan las campanas”, fue ejecutado al ser tomado prisionero durante la batalla del Ebro.

Los eretz-israelíes Dov Halperin y Mijael Segal, fueron ejecutados al ser capturados. Otros eretz-israelíes que también murieron en esta guerra fueron Robert Aaquist (cayó en la batalla del Ebro, 1938), David Alexandrowitz (murió al parecer en la resistencia en Francia), Itzjak Yafe (cayó en Córdoba, 1937). Hans Beimler, Medalla de Honor (RDA), fue uno de los caídos en la defensa de Madrid. En el cementerio de Montjuich tiene una lápida a su nombre junto a la del presidente de la Generalitat (gobierno catalán) Lluis Companys, ejecutado por el régimen franquista.
Imre Jacobi, fue un judío húngaro, que pertenecía a la selección nacional palestina de fútbol, militaba en el PKP, desde allí llegó a España para perder su vida en el frente del Jarama.
Pierre Feintuch, había nacido en Polonia y vivió los avatares de la inmigración ilegal y la militancia comunista en Francia y Bélgica antes de enrolarse en las BB II. Moriría combatiendo en la resistencia francesa.

Juan Miguel de Mora, Profesor de Indología de la Universidad de Méjico y ex combatiente en la Guerra Civil Española sostiene que “no todos los judíos en las Brigadas eran comunistas como no lo era George Nathan, aunque sí Harry Fisher. Pero sí todos sabían lo que Hitler estaba haciendo contra su pueblo y eran, me consta, muy conscientes de ser judíos luchando contra la Legión Cóndor de Hitler”. George Nathan, era uno de esos judíos, sargento del ejército inglés en la Primera Guerra Mundial, afiliado al IRA y miembro de la Dublin Castle Murde Gang, no ocultaba su homosexualidad, en España vestía de un modo impecable y guiaba a los suyos al ataque al grito de "Adelante señoras!" agitando un bastoncito según la tradición de los oficiales ingleses. Comandó la 1ª compañía del 12° batallón "Marsellaise", desde esta unidad se convirtió en Jefe de Estado Mayor de la XV Brigada Internacional, de comandante de los batallones Lincoln, Washington y los ingleses. Herido gravemente durante la batalla de Brunete, ordenó cantar a sus hombres hasta que finalmente expiró. Fue sepultado bajo los olivos no lejos del Guadar. George Nathan fue entre todos los oficiales brigadistas, uno de los más valientes y admirados por sus hombres. Su valor fue proverbial en los momentos más duros de las batallas en las que participó. Obreros curtidos, veteranos de las Brigadas, algunos de ellos comunistas, soltaron las lágrimas cuando cayó mortalmente herido en la línea de fuego,

Mujeres Combatientes

Las mujeres tomaron parte activa en los primeros momentos de la defensa popular contra la insurrección y las fotos de las milicianas desfilando o defendiendo a punta de fusil las barricadas, dieron la vuelta al mundo. Una de los combatientes del Grupo Thaelmann, probablemente el primero internacional, fue Golda Friedman que combatió junto con su marido Max; el primer voluntario británico caído en España.

Las mujeres formaban parte de las brigadas. En este último marco, las voluntarias colaboraron en los Servicios de Sanidad, tanto en el frente como en la retaguardia. También fueron traductoras, periodistas, educadoras o fotógrafas, en ocasiones encuadradas en el aparato militar y otras veces por su cuenta.


La mujer ne las fuerzas republicanas

Anna Srulovic (Hana Israeli). Nació en Czernovitz en una familia jasídica. En España trabajó como enfermera. Participó en la resistencia francesa y, tras la guerra mundial, residió en la URSS hasta que inmigró a Israel donde reside actualmente.

Dos fotógrafas: Margaret Michaelis, anarquista judía austriaca, residía en España antes de estallar la guerra. Sus fotos fueron profusamente utilizadas por el Comisariado de Propaganda. Gerda Tharo, judía alemana, era la compañera de Robert Capa. Murió mientras fotografiaba los combates durante la campaña de Brunete.

Gerda Taro o Gerta Pohorylle : fotógrafa y compañera de Robert Capa, murió en un accidente durante la Guerra Civil Española. Se llamaba en realidad Gerta Pohorylle, y era hija de judíos polacos. A pesar de sus orígenes burgueses, desde muy joven entró a formar parte de movimientos socialistas y obreros, Gerda fue testigo del triunfo republicano en esta primera fase de la batalla. Este reportaje fue publicado en "Regards" el 22 de Julio de 1937 y dio a Gerda un gran prestigio. Sin embargo poco después las tropas franquistas iniciarían un feroz contraataque, y Gerda decidió volver al frente de batalla en Brunete. Allí Gerda fue testigo de los salvajes bombardeos de la aviación del bando nacional, y realizó muchas fotografías, poniendo en riesgo su vida. En aquel infierno murieron miles de republicanos y finalizó en derrota. Gerda Taro perdió la vida en un absurdo accidente volviendo del frente de batalla, se había subido al estribo del coche del General Walter (miembro de las Brigadas Internacionales) unos aviones enemigos, volando a baja altura hicieron que cundiera el pánico en el convoy, y un tanque republicano golpeó sin querer a Gerda Taro, aplastando su cuerpo. Gerda malherida, fue trasladada urgentemente al Hospital El Goloso de El Escorial, donde murió pocas horas después, el 26 de 1937. Tenía solo 27 años.

Adelina Abramov, rusa de origen argentino, trabajó como traductora con los consejeros soviéticos que asistieron al ejército republicano.

Setti Abraham Horresh, nació en Bagdad el 15 de junio de 1905, de familia judía. Trabajó en la confección de sellos de goma, y como tipógrafo y linotipista. En 1929, emigró a Uruguay, donde se afilió al Partido Comunista. En diciembre de 1937, se fue a España y se incorporó como soldado en la Segunda Compañía del 24 Batallón de la 15 Brigada Internacional, asignado al Parque Automovilista. En 1938 se afilió al PCE. En su hoja de servicio consta que habla y escribe árabe, español e inglés. Su expediente no contiene más datos

La Historia de Robert Capa

Nacido en Budapest, Endre Friedmann, también conocido como Bandi, muy joven salió exiliado de Hungría hacia Berlín, en donde trabajaría en la célebre agencia fotográfica Dephot. Ahí el director de la misma, Simon Guttman, le ofreció su primera oportunidad a quien hasta entonces era un recadero y ayudante de cuarto oscuro de 18 años. Su primer trabajo: realizar un reportaje en Copenhage sobre el exiliado ruso Leon Trotsky ofreciendo un discurso a estudiantes daneses. A partir de ahí las cosas ya no volverían a ser las mismas, Guttman reconoció su talento. Pero para 1934 las cosas se comenzaban a poner feas para Europa. De ascendencia judía, Endre tuvo que salir en dirección a París, al arribo de Hitler como canciller alemán.Capa, siendo refugiado húngaro, judío sabía perfectamente que significa tener que dejar todo atrás, conocía las leyes de la pura supervivencia.


Robert Capa

En esta ciudad conocería a otras celebridades fotográficas: André Kertész, quien lo ayudó a sobrevivir, y al joven rico Henri Cartier-Bresson. Aunque también hizo algo más. Ante tantas carencias económicas y la imposibilidad de vender su obra fotográfica, Gerda Taro, esa bellísima mujer a quien conocería en París y quien se convertiría en su amante, le ayuda a inventarse otra personalidad: la de un fotógrafo norteamericano, que respondía al breve y sonoro nombre de Robert Capa (que era una unión cinematográfica proveniente de Robert Taylor y Frank Capra) con reconocida fama y prestigio pero que nunca se dejaba ver. Gerda se volvió su agente, lo promocionó entre los diarios y revistas franceses que comenzaron a comprarles sus imágenes, y le inventaría su propia historia a este huidizo y enigmático fotógrafo. Hasta que se descubrió que aquel foto reportero de apellido Friedmann, al que pocos tomaban en cuenta, era el tal Robert Capa. Por ahí comenzó su leyenda, aunque también por su capacidad de registro de los sucesos que comenzaban a conmocionar Europa.

En 1936, Capa cubre la guerra civil española, sin duda determinaría las capacidades de Capa en su movilidad (esa manera de trabajar con la que logra deslizarse y aplicar distintos puntos de vista) dentro de los conflictos y le daría a su trabajo una especial implicación hacia la circunstancia humana. Las imágenes tomadas en el fragor de la guerra civil, aparecen simultáneamente en la francesa Vu, la londinense Weekly Ilustrated y la revista norteamericana Life, lo que pocos habían logrado para entonces. Aunque ciertamente para esos años pretelevisivos las revistas ilustradas se habían vuelto en el gran medio gráfico de información visual, lo que favorecería la labor de este reportero que apenas superaba los 20 años y que ahora se encontraba estrenando nuevo nombre. Teruel, 21 de Diciembre 1937. Los muertos yacen sobre el helado campo, esta foto la publicó Life el 28 de Enero de1938.

Soldado muerto mientras tendía las líneas telefónicas. Teruel Diciembre 1937.

En 1936, Robert Capa retrató a un miliciano español en el momento mismo en que recibía una mortal herida de bala. La imagen recorrió el mundo y catapultó la fama de Capa Abandonó España por un tiempo para participar en el documental “Los cuatrocientos millones” en China, desde donde envió fotos tanto del generalísimo Chian Kai-Shek y de su esposa, como de las atrocidades japonesas. Regresó para cubrir la derrota de la República española, y en la batalla del Ebro se confirmó su prestigio como el fotógrafo más valiente que cubrió la guerra de España.

En la Segunda Guerra Mundial ejerció como corresponsal de guerra de Life, y desembarcó el día D, el 6 de junio de 1944 con la primera oleada norteamericana en Normandía, y pasó noventa minutos en la playa Omaha disparando sus cámaras en condiciones terribles hasta que se le acabaron los carretes. Pudo hacer llegar las cuatro películas de 35 milímetros y algunas películas de 120 al laboratorio de Life en Londres, donde la precipitación provocó que el ayudante de revelado cometiera un error y se derritiera la emulsión de la película. Sólo se salvaron once fotos que se publicaron el 19 de junio en siete páginas de Life. Capa nunca reprochó el error. En 1947 fundó Magnum Photos, conjuntamente con Henri Cartier Bresson, David Seymour, George Rodger y William Vandivert. Al año siguiente Capa viajó a Rusia con John Steinbeck, y entre 1948-1950 a Israel con Irwin Shaw. Durante la guerra de Israel por su independencia y en un enfrentamiento entre la Haganah y el grupo extremista Irgun, una bala le rozó dolorosamente la entrepierna y temió que le hubiera arrancado los genitales. No quiso ir a Corea, pero en cambio aceptó reemplazar al fotógrafo que cubría la guerra francesa de Indochina para Life, cuando la revista le hizo una generosa oferta económica en Japón, donde se encontraba realizando un reportaje para Mágnum. Robert Capa murió el 25 de mayo de 1954 al pisar una mina antipersonal en el camino vietnamita de Thai Binh que le voló en pedazos la pierna izquierda, y le hirió gravemente en el pecho. Mientras expiraba no soltó su cámara Contax de la mano.

Un final trágico y consecuente para un guerrero del fotoperiodismo que vivió intensamente y gozó de igual manera. Atrás quedaron sus colaboraciones en trabajos literarios con John Steinbeck y el famoso periodista Theodore H. White. Sus largas noches de póker, su amistad con Ernest Hemingway y John Huston, su relación con Picasso y tantos otros personajes célebres. Sus más famosas imágenes fueron realizadas en el calor de la batalla y son las tomas de guerra más intensas y cercanas jamás hechas. Las imágenes de Capa muestran su extraordinaria sensibilidad y compasión hacia la condición humana. Sus obras consistieron principalmente en imágenes de batallas, imágenes de los efectos de la guerra sobre los soldados y los civiles, e imágenes de paz. Capa dominó el potencial de su pequeña cámara para capturar el espíritu del momento con un sentido de intimidad y apremio. Capa fotografió, no simplemente como observador sino también como participante. Conoció a muchos de sus sujetos, por carecer de autoconciencia inhibidora, su cordialidad y generosidad le dieron entrada donde quisiera y hacían sentir cómoda a la gente.
Capa se pensaba a si mismo como un reportero, donde mejor combinaba sus intereses en la literatura y la política. Aun luego de ser reconocido como uno de los más destacados fotógrafos del siglo, Capa solía comentar a sus amigos “Yo no soy un fotógrafo, soy un periodista”.

He aquí que por ahora nos estamos despidiendo de las mujeres y hombres judíos, quienes llegaron a España desde todas partes. Fueron una gran parte de los voluntarios llegados de todas partes del mundo y tuvieron un rol importantísimo en la mayor parte de los grupos nacionales que integraron. Vinieron de Polonia, de Francia, de Gran Bretaña, Canadá, Palestina, de Estados Unidos, de la Argentina, de Bulgaria. Eran Liberales, Socialistas, Comunistas, Sionistas, o Bundistas. Vinieran de donde vinieran, desde sus más variadas convicciones políticas, todos los voluntarios comprendieron que el fascismo representaba la amenaza más grande para los judíos y el resto de humanidad. Los campos de batalla de España dieron a los judíos la primera oportunidad de resistir organizadamente contra el antisemitismo nazi fascista. Madrid será la tumba del fascismo.“Ese lema indicó la esperanza que un optimismo fundada en una victoria en España pudiera detener el peligro evitando una segunda guerra mundial. Pero no pudo ser. Incapaz de obtener suficientes armas y la ayuda de las democracias y de los gobiernos occidentales, el ejército español republicano fue derrotado y la república española murió en marzo de 1939. Los miedos ante la posibilidad de una Segunda Guerra Mundial probaron ser justificados, el terror de esa guerra excedió de hecho las predicciones hechas en los años treinta. Murieron en esa guerra cincuenta millones de personas, incluyendo seis millones de judíos europeos.

*Nuestra despedida no es definitiva, siempre que hallemos un artículo importante sobre el tema volveremos a él. No queremos que el recuerdo de su generoso heroísmo muera con ellos.*

Mientras tanto les dejamos como recuerdo la letra del nuevo Himno de la República Española, cuya poesía pertenece a Miguel Hernández , ligeramente retocada por Margarita Nelken y cuya música fue compuesta por el voluntario judío Lan Adomian, un neoyorkino nacido en Ucrania.

"La libertad nos ha dado su aliento
La independencia y el pueblo, su hogar/
En el combate por un mundo hermoso
nos dan coraje la tierra y el mar".

Estribillo:

"¡En pie, República Española, con decisión!/
¡En pie, con alma y vida, frente al felón!
¡A España la salvarán sus hijos con tesón!
/ Patria de mi vida, tierra de mi corazón/
Patria de mi vida, tierra de mi corazón/
Al otro lado del fuego y el odio/
El porvenir nos requiere de amor/
En el futuro seremos hermanos/
Con la victoria y los brazos en flor".

Estribillo:

"Se apagarán en la paz los fusiles/
Madura el campo feliz de rumor/
Y, en donde entremos, talleres fecundos,
/ habrán de entrar la alegría y el sol".