jueves, 15 de julio de 2010

Reflexiones de un postsionista. El sionismo de Hitler II por Carlos Braverman Compartir


Me llegaron algunas inquietudes sobre la nota “El Sionismo de Hitler”, tal vez los mayores
interrogantes se plantean por la excesiva radicalidad negativa del altermundialismo en la cuestión del sionismo.
Esa radicalidad es extensiva en la generalidad de las ocasiones a Israel, sin distinción alguna de su arco ideológico civil interno.
Entre múltiples interrogantes llegados sobre la izquierda y el antisionismo prefiero abordar no extensamente, pero sí con cuidado, el tema del altermundialimo.
Soy altermundialista y reconozco que me cuesta mucho el vínculo por ejemplo con Attac y el FSM referido a esta cuestión.
Numerosos compañeros israelíes no podemos suscribir muchas declaraciones por estos motivos, algunos son sionistas y en mi caso que soy postsionista me veo impedido por el aroma a prejuicio que estas exhalan, sin contar con la demonización a ultranza de Israel.
Para ser franco, sólo un ala trasnochada y no muy sana del antiguo trotskismo de Matzpén, en hebreo Brújula, junto con la Red Internacional Judía Antisionista que destilan en conjunto toda la confusión y auto odio concentrado imaginable, no hay agrupación en Israel que tenga margen para una acción conjunta responsable y seria con otros altermundialistas globales, con estas posturas no hay espacio para un trabajo consecuente de estas con el progresismo del país.
Por ejemplo en la Campaña Queremos Otra Europa se puntualiza el rechazo a que: “Europa mantenga tratados preferentes con estados como Israel y Marruecos mientras masacran a palestinos y saharauis”
Sin ir más lejos ¿cómo considerar a Somalía, donde el movimiento islamista Al-Shabaab y el partido Hizbul Islam, dominantes en amplias regiones, lleva una poco discreta y virulenta violación de los derechos humanos?, a propósito del tema, el último informe de Amnesty International dice que el número más alto en términos proporcionales de violaciones al respecto, sobre el conjunto de países examinados, se produjeron en países del G-20, donde casualmente figuran la mayor parte de los países donde residen los suscriptores del llamado. No olvidemos que los Kurdos son bastante mal tratados por muchos países cuyas conducciones son siempre bien consideradas por el altemundialismo en general, dadas las agresiones que sufren por parte del imperialismo y el sionismo, en este orden. Turquía y Siria tienen buenas dotes en esta especialidad, pero junto a Irán están construyendo el eje del bien que se opone a la dupla del mal us-sionista.
¿Qué está pasando con este formidable movimiento masivo y global que puso su impronta a una nueva era en la política de los pueblos y sus sociedades civiles? Soy un ferviente altermundialista, tanto como un metódico y científico analista de los problemas fundamentales de las mayorías populares a nivel global y creo que el altermundialismo establece un antes y un después en los análisis y las prácticas políticas.
Dije que soy un israelí postsionista, hecho que no me convierte en antisionista. Lo que comenzó como una revisión histórica del sionismo y las narraciones oficiales de la historiografía de Israel, hoy es un posicionamiento diferente en su arena política que busca la apertura de las narraciones nacionales, así como incentivar la inclusión y ensanchamiento de las identidades de la sociedad civil del país. Es difícil entender por qué causa somos ante ciertos relevantes izquierdistas, cómplices de determinadas políticas por omisión o supuesta comisión de hechos y aparte tenemos que dar explicaciones de nuestros posicionamientos e inserciones intentando que sean incluidos en las buenas pprácticas políticas de la izquierda universal, sin contar que parecería que debemos hacer una profesión de fe contra nuestro gobierno, nuestro país, el sionismo y etc, para ser bien considerados. Jamás escuché a un altermundialista francés o italiano que afrontara la situación de afirmar su vocación política mientras aclara que se opone a medidas del gobierno de turno en su país, cosa que es obvia por otra parte, o establece que tipo de nexo existencial tiene con su nación y cómo gestionó esta el desarrollo de su historia. Muchas naciones que son cuna de destacados altermundialistas tienen pasados imperiales y presentes con determinados compromisos geoestratégicos muy ligados de una u otra manera a EEUU.
Para hacer un poco de historia, el antisionismo de origen estalinista se fusionó con el antisionismo árabe creado en los años cincuenta y sesenta por los refugiados nazis en El Cairo, principalmente por Johann Von Leers, antiguo ayudante de Goebbels. Este antisionismo fue seguido por los medios occidentales tercermundistas en todas las variedades de la extrema izquierda, incluidos los trotskistas. Así nada nuevo ha aparecido en el discurso antisionista radical, salvo la incorporación de pesos pesados como Chomsky y José Bové. Ciertos movimientos antiglobalización combinan posiciones anticapitalistas radicales, basadas en un antiamericanismo y antisionismo muy primitivos, no todos desde ya en este preciso aspecto, pero sí aparecieron entre los años 1990 y 2000 posicionamientos maniqueos y simplistas en sus postulados hacia el sionismo, Israel y la cuestión judía relacionada con estos dos últimos factores.
Así Israel es la encarnación de Occidente para los anti-occidentales, del imperialismo para los anti-imperialistas, del infiel para los islamistas, del racismo para los pro-palestinos. Es percibido como el estado que sobra, que debería desaparecer para que la humanidad quede libre del "Mal". Este trato, absolutamente demonizador, es exclusivo para Israel.
Sionista es de esta forma un término polémico, que abarca de forma indiscriminada a los israelíes, a los defensores de Israel (judíos o no) y a los propios judíos (salvo que éstos se afirmen a su vez como antisionistas). El odio antisionista es un odio no sólo ideológicamente aceptable, sino altamente respetable y vivamente recomendado. Este es uno de los mecanismos hallables en lo "políticamente correcto" en todo el mundo.
Para otro mundo posible son necesarios otros caminos, caminos de mejores análisis y más científicos en estas cuestiones. No entiendo por qué dividir masas a la hora de la lucha social y no aunar voluntades superadoras en beneficio de las amplias mayorías postergadas y degradadas por la concentración neoliberal de la riqueza.
En primer lugar ¿ahora que muchos postsionistas estamos en marcha en esta lucha en Israel, como actores políticos plenos, cómo se manejará el tema en las entidades altermundialistas?, ¿tendremos que seguir explicando lo que no se necesita explicar?, ¿seguirá haciendo falta aclarar que existen sionistas de izquierda que son destacados luchadores de las causas sociales y el entendimiento entre los pueblos, habrá que seguir contando que no todos son judíos y sionistas en Israel, que queremos mucho a nuestro país a pesar que combatimos sus injusticias internas y la ocupación de territorios en Cisjordania y Gaza?
¿Habrá que seguir afirmando qué cómo israelíes no pensamos que somos parte de un país que sobra, que en tanto militantes del cambio no nos consideramos y no somos agentes de ningún colonialismo e imperialismo?, ¿habrá que preguntar cómo miles de veces antes, por qué el sionismo fue el único movimiento de liberación nacional que se considera producto del imperialismo?, ¿todos los movimientos de liberación nacional fueron progresistas, ninguno más allá de la noble empresa independista tuvo matices reaccionarios en su seno salvo el sionismo?
Es hora de un debate cierto, veraz y con coraje. A partir de aquella mesa que comenté y el triste saldo del “Sionismo de Hitler” entre otros hechos, me pongo a disposición para el debate en cualquier parte del mundo donde sea necesario, allá iremos.
Sea en foros u otros espacios, en países del G- 20 o en los lugares más postergados, pero debatamos con amplitud, aceptemos que en esto hay una fractura y tenemos que encontrar un lugar para los actores políticos mencionados y reconocer su rol de sujetos políticos de un cambio progresta.
Tomo el desafío, si otro mundo es necesario será posible con todos los que peleamos por él, así que debatamos.


*Carlos Braverman (Israel): Politólogo y Psicólogo, miembro de la Asociación de Derechos Civiles de Israel. Activista por una coexistencia judeo-árabe mutuamente justa y el altermundialismo. Miembro del Partido Meretz (Partido Socialista de Israel - Tel Aviv). Presidente del Instituto Campos Abiertos (Investigaciones en Ciencias Políticas).
Derechos reservados Instituto Campos Abiertos Israel ISBN 965 387 008 9 זכויות יוצרים

1 comentario:

  1. Sr. Braverman, quiero corregir una confusión de su texto. El antisionismo no está construido sobre el odio ni tampoco sobre el maniqueísmo. Nace del reconocimiento de que el sionismo es una doctrina racista y por ende apoyada sobre la mentira. El daño producido por el advenimiento del sionismo en toda la región del Oriente Medio es perfectamente verificable a través de un análisis histórico frío y racional, sin odio o prejuicio alguno. Es el origen, por ejemplo, del conflicto entre judíos y árabes palestinos en Palestina y en los países árabes. Es sintomático que con el advenimiento del sionismo colectividades judías enteras con una riquísima tradición de convivencia pacífica con el entorno islámico desde el siglo VII hayan sido acabadas violentamente. Es un daño muy profundo en la convivencia entre los pueblos que quiere persistir, pues la ideología sionista desgraciadamente persiste en el gobierno de Israel, en la mayoría de su población, y en las dirigencias de las colectividades judías de prácticamente todo el mundo. Hacerse llamar de postsionista no resuelve este problema, lo ignora, porque mira para otro lado, no se enfrenta con el origen del problema. Al sionismo, así como al fascismo, y a cualquier otra ideología nociva y peligrosa, hay que confrontarla, porque sino se la deja expandir libremente a través de sus sofisticadísimos aparatos de propaganda y llevar a desastres como los que ya hemos visto y que continúan incluso ocurriendo mientras escribo estas líneas. Sólo cuando hayamos acabado con sus manifestaciones podremos afirmar alegremente que somos "postsionistas".

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