lunes, 27 de enero de 2014

Día Internacional de Recordación del Holocausto: aún hay mayorías pasivas y silenciosas Por Carlos Braverman


Sartre nos legó un pensamiento clave: ojalá haya llegado el momento de decir que se acabaron las mayorías pasivas y silenciosas.
El 1 de noviembre de 2005 la Asamblea General de las Naciones Unidas en la Resolución 60/7 decide que las Naciones Unidas designen el 27 de enero “Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto”, fecha de la liberación del campo de concentración de Auschwitz.
Resolución tardía organismo internacional y conveniente para el entonces contexto global, pero bienvenida, tal como lo dejo claro en mi texto académico “Narraciones nacionales: Holocausto y  la cuestión judía en Israel”, editado en español por la Revista Nómadas número 37 de la Universidad Complutense en 2013 (ver link http://pendientedemigracion.ucm.es/info/nomadas/37/carlosbraverman.pdf)
El original en hebreo es muy anterior a dicha fecha, es del año 2006, editado en Tel Aviv y fue actualizado para la edición en España. La medida de la UN no sólo es bienvenida, sino que además este año, por vez primera por motivos que explico en el texto publicado en Nómadas, se conmemora en Israel en forma plena en consonancia con el resto de las naciones. Más loable aún es el énfasis que en Israel se pone en el presente año sobre el colectivo LGTB que fue víctima del genocidio, se inauguró una plaza, una escultura conmemorativa y una serie de actos también. Nadie puede ya identificar Holocausto o Shoah sólo con judaísmo, tampoco puede ignorar el número  sobresaliente y el rol emblemático de la víctima judía en la tragedia. El pasado 1 de octubre, la Agencia de Derechos Fundamentales de la Unión Europea (FRA), dio a conocer un documento en el que expresa su opinión sobre el impacto de la legislación antidiscriminatoria tras diez años de aplicación en la UE. Basándose en los datos recopilados e investigaciones e informes elaborados en esta materia en los últimos años, la Agencia pone de manifiesto que la discriminación sigue siendo parte de la vida diaria de muchas personas en la UE (Ver link de la síntesis del informe en línea http://fra.europa.eu/sites/default/files/fra-2013-factsheet-jewish-people-experiences-discrimination-and-hate-crime-eu_en.pdf)
Este informe abarca las respuestas de 5.847 judíos en los ocho países en los que viven alrededor del 90% de la población judía estimada en la UE.

Las principales conclusions fueron:
§  66% de los encuestados considera que el antisemitismo es un problema importante en sus países, mientras que el 76% dijo que la situación se había vuelto más aguda en los últimos cinco años.
§  El 76% de las víctimas de acoso antisemita no reportó el incidente a la policía o a cualquier otra organización.
§  21% de todos los encuestados han experimentado un incidente antisemita o incidentes relacionados con el insulto verbal, acoso o un ataque físico en los 12 meses anteriores a la encuesta. 2% de los encuestados habían sido víctimas de un ataque físico antisemita el año anterior.

§  Sub-grabación: los mecanismos de recolección de datos limitados para el caso en muchos Estados miembros de la UE, implica que los ataques antisemitas siguen siendo subestimados.
§  El antisemitismo es considerado el cuarto problema más acuciante social y político en todos los países encuestados, por debajo del desempleo, el estado de la economía, y la preocupación por la corrupción del gobierno.
§  Tres cuartas partes de los encuestados consideran que el antisemitismo online es un problema muy serio. En Internet, en los sitios de redes sociales y otros, el número de incidentes antisemitas han aumentado de manera significativa. La encuesta realizada por la Agencia Europea de Derechos Fundamentales, dice que para los judíos europeos el 75% experimentó el antisemitismo en línea, a través de blogs, redes sociales, vídeos de YouTube, etc, La mayoría de los encuestados declararon que se vive la mayor frecuencia de antisemitismo en línea de los últimos años.


Estos datos son una preocupación que no debería importar solo a los judíos, porque el compromiso de proteger la dignidad humana de cada uno de sus ciudadanos falla, está en déficit. También porque el objetivo final siempre es atacar la propia y los derechos de todas las minorías. El caso Dieudonné en Francia expuso muchos aspectos sintomáticos. Es una cuestión de franco antisemitismo, sin otro flanco que el odio antisemita pleno y expuesto en forma cruda y ruin. Junto con la islamofobia y el racismo contra la población gitana en Europa es parte de la decadencia neo-liberal. Conforma con ellos la sintomatología de un capitalismo que no puede remontar su propia crisis y que la socialdemocracia fracasada no atina a dar respuestas para tal fin. Guste o no, el caso de Dieudonné es antisemitismo puro y llano, no se trata ya de anti-israelismo o anti-sionismo y no tuvo un tratamiento adecuado. Por una parte las autoridades no encontraron el cauce adecuado al tema y las solidaridades con el colectivo afectado exhibieron notorias ausencias que son dolorosas, tan dolorosas como cretinas, sólo posibles gracias a una miopía pronunciada y a un prejuicio inconsciente merecedor de un esmerado tratamiento psicoanalítico. Personalmente yo apelé a amigos europeos en esa ocasión y no puedo ocultar el gusto amargo que sentí frente a silencios y falta de respuestas claras y contundentes. El panorama es malo, la iniciativa de la UN es válida a pesar de su historia, tema que profundizo en el artículo que mencioné (Braverman 2006, 2013). Para finalizar me resta recordar y expresar el dolor por las víctimas de este infortunado episodio en la historia de la barbarie humana y rendir mi tributo a todas sin catalogar que particularidad las convirtió en tales. También lamento que aún haya mayorías pasivas y silenciosas Amén.
Carlos Braverman
Tel Aviv Israel
27 de enero de 2014
*Carlos Braverman es Politólogo y Psicólogo, miembro de la Asociación de Derechos Civiles en Israel, militante por la coexistencia judeo-árabe en Israel y la paz con el pueblo palestino. Es miembro del Partido Socialista de Israel (Meretz), e integrante de Paz Ahora (Shalom Ajshav). Es Presidente del Instituto Campos Abiertos de Israel (Investigación y desarrollo en Ciencia Política). Su trabajo está centrado en la investigación, la academia, la docencia y la actividad política; así como en el periodismo y el trabajo por los derechos civiles.
Derechos reservados: Instituto Campos Israel ISBN963-03- 0316- 2 
מסת"ב


lunes, 13 de enero de 2014

Dieudonné hace resurgir en Francia un antisemitismo postcolonial por Jean-Loup Amselle






Aun si, como algunos estiman, los objetivos de estrategia política personal no están ausentes en la campaña desarrollada por Manuel Valls frente a Dieudonné, el eco encontrado por éste –que es más un político que un cómico— precisa de un análisis que no se conforme con recuperar las reflexiones tradicionales sobre el antisemitismo francés de los años 30 del siglo pasado.

En efecto, la proximidad de Dieudonné con Jean-Marie Le Pen, con el viejo antisemitismo francés, ha oscurecido la nueva configuración en la que se desarrolla el muy particular humor del inquilino del Théâtre de la Main d'or.

Dos pesos, dos medidas

Es imposible ignorar el contexto del nuevo antisemitismo, ese tan bien representado por los “chistes” de mal gusto sobre la deportación de los judíos durante la II Guerra Mundial como por las quenelles, ese saludo “tan nuestro” efectuado por Dieudonné y sus seguidores, en primera fila de los cuales se halla en lugar destacado el futbolista Nicolas Anelka.

La última provocación del provocador del esférico balompédico francés llama, en efecto, nuestra atención sobre el hecho de que Anelka es musulmán y de que, por eso mismo, su gesto no puede considerarse con independencia, no tanto de las relaciones más o menos hostiles inveteradamente existentes entre las pretendidas “comunidades” judía y musulmana, cuanto del conflicto eminentemente contemporáneo que enfrenta al Estado de Israel con Palestina.

Si Dieudonné encuentra tamaño éxito de público en sus representaciones, no es sólo porque recupere la vieja cantilena de los años 30 sobre los “judíos plutócratas”; es también, y sobre todo, porque habla en nombre del famoso “dos pesos, dos medidas”, concepto maestro de las ideas poscoloniales.

La popularidad de Dieudonné trae su origen en el hecho de que si, para él, uno puede meterse impunemente, o casi, con los negros, los árabes, los musulmanes, en una palabra: los subalternos, resulta casi imposible, en cambio, a causa del peso del lobby judío en la economía y en los medios de comunicación, tocarles un pelo a los judíos o rozar siquiera a Israel sin ser inmediatamente tachado de antisemita.

Antisionismo y antisemitismo

Es verdad, por otra parte, que la confusión hábilmente alimentada entre antisionismo y antisemitismo, de la que en su tiempo sufrieron Edgar Morin y algunos otros, no deja de dar cuenta de la seducción que ejercen las ideas de Dieudonné sobre un público discriminado, el de los barrios llamados sensibles, en el seno de los cuales circula toda una literatura antisemita de nuevo tipo basada precisamente en el antagonismo de décadas entre Israel y Palestina.

A este respecto, acaso no sea inútil repasar la sinuosa trayectoria político-ideológica de Dieudonné. Movilizado al principio contra el imperialismo y contra el Frente Nacional de Le Pen, se acercó luego a Le Pen y adoptó una postura claramente antisemita y negacionista.

Esa actitud responde en él a un rechazo del universalismo republicano, representado señaladamente por SOS-Racismo, y culpable a sus ojos de ocultar las diferencias raciales. De suerte que ha terminado por apreciar, en el pensamiento de Jean-Marie Le Pen, el reconocimiento de la existencia de la raza, de las diferentes razas, reconocimiento sobre el que funda ahora su temática del mestizaje entendido como coexistencia de razas distintas en el seno de la comunidad nacional. En eso se distingue de Kemi Seba, el dirigente de la extinta Tribu Ka, hostil a la coexistencia de razas y defensor encarnizado de la supremacía de la raza negra o “camita”, aun cuando, con el tiempo, los dos ideólogos han ido acercando posturas, convergiendo en una misma concepción del martirio de la raza negra oprimida por el “complot judeo-masónico”.

Un sometimiento esclavista y colonial

Según ellos, los negros han sido siempre oprimidos y explotados por los blancos, pero sobre todo –y aquí se recupera uno de los grandes temas de la Nación del Islam norteamericana— por los judíos, quienes habrían sido los instrumentos capitales de la trata negrera atlántica…

Se puede observar aquí un primer punto de patinazo antisemita, que volvemos a encontrar luego en las nociones de lobby, de comunidad o de pueblo judío, porque, aun si anduviera en lo cierto –que no es ni por asomo el caso— y los judíos hubieran jugado un papel preponderante en la trata esclavista, quedaría todavía por probar que participaron en esa empresa en tanto que judíos, y no simplemente en tanto que negreros.

Sea ello como fuere, ese sometimiento esclavista y colonial se seguiría practicando hoy con la nueva trata que sufre África (la del pillaje de las materias primas) y, claro está, con la colonización sionista de Pastelina y la fundación del Estado de Israel, que representa la nueva figura del apartheid en Oriente Próximo.

Lo que paradójicamente une a ideólogos como Dieudonné y Kemi Seba con ensayistas como Alain Soral o con dirigentes políticos como Florian Philippot del Frente Nacional es un mismo odio al mundialismo y la defensa de una especie de desarrollo separado tendente a erigir fronteras entre los pueblos negro, árabe y blanco.

Para Dieudonné y sus acólitos, como para los ideólogos del Frente Nacional, se trata también de proteger a esos pueblos supuestamente autóctonos o arraigados, en particular a los palestinos, de la acción malhechora del lobby sionista, del que se supone que no cuenta en sus filas sino con judíos, los cuales quedan de entrada asimilados, además, a una comunidad o a un pueblo.

Como declara Kemi Seba, los árabes y los negros tienen claramente un enemigo común, los colonos judíos, y ese enemigo común es el fundamento de su solidaridad antiimperialista. En efecto, en esa tematización, el colono judío o el lobby sionista ocupan por excelencia –a despecho de que los judíos reivindiquen la primacía en la ocupación del territorio israelí— la posición del grupo desterritorializado, nómada, recuperando así la vieja imagen del judío errante o del pueblo sin hogar ni lugar.

Por una especie de transmutación del antiimperialismo de los años 70 en lucha de razas, el palestino, el africano, pero también el francés de pura cepa, en tanto que representantes de los pueblos autóctonos, han llegado a representar la antítesis absoluta del colono judío desarraigado y sionista, desesperadamente en busca de una tierra en la que ejercer sus fechorías y chupar la sangre de sus víctimas.

August Bebel (1840-1913), uno de los fundadores de la SPD alemana, declaró al romper el siglo XX que el antisemitismo era el socialismo de los imbéciles. Habría que preguntarse si no es aplicable también esa fórmula al poscolonialismo de Dieudonné y sus secuaces.

Jean-Loup Amselle es un antropólogo africanista de la estirpe de los grandes sabios marxistas franceses Claude Meillassoux y Maxime Rodinson. Inteligente defensor de la ciencia social y la historiografía clásica frente al asalto relativista posmoderno, poscolonial y subalternista (véase en SinPermiso la reseña de su libro de 2008 El Occidente descolgado, un formidable alegato científico y metodológico contra esas corrientes académicas en boga en las últimas décadas), su último libro (2011) es un lúcido ensayo sobre las consecuencias ideológico-políticas de la “Etnización de Francia”.

Traducción para www.sinpermiso.info: Miguel de Puñoenrostro

Le Monde, 31 diciembre 2013

viernes, 10 de enero de 2014

Dieudonné y la lectura de la Torah por Carlos Braverman


Escribo esta líneas en este Shabath especial, donde la porción de la Torah que leeremos está dedicada a la libertad y el miedo a ella. Pocas veces me reservo el tema de antisemitismo en mis intervenciones, es común que éste aparezca en escena de la mano del anti-israelismo o el anti-sionismo. Dieudonné M’Bala M’Bala en Francia es una excepción, constituye un tema que hace ya mucho tiempo estalló y está en pleno desarrollo y evolución. Es una cuestión de franco antisemitismo, sin otro flanco que el odio antisemita pleno y expuesto en forma cruda y ruin.
Junto con la islamofobia y el racismo contra la población Gitana en Europa es parte de la decadencia neo-liberal. Conforma con ellos la sintomatología de un capitalismo que no puede remontar su propia crisis y que la socialdemocracia fracasada no atina a dar respuestas para tal fin.
Guste o no, el caso de Dieudonné M’Bala M’Bala es Antisemitismo puro y llano, no se trata ya de anti-israelismo o anti-sionismo y es de esperar un tratamiento adecuado del hecho.
En Francia el ministro del interior y sus aspiraciones presidenciales no encuentran los causes apropiados, la representación de la comunidad judía, el CRIF, hace bastante pero no podrá parar la ola.
Así como en este Shabath reflexionaremos sobre la libertad, Francia y Europa toda, hacerlo con respecto a estos elementos neo-nazis. ¿Cuál es el límite para la libertad del Frente Nacional, la prédica de Jacques Sorel o Amanecer Dorado y sus socios en otros países? No somos necios y sabemos que las proscripciones sólo es esconder el síntoma, pero se debe actuar con algún plan claro, sobre todo sobre el fondo de la cuestión, que es la atrofia del sistema económico.
Con bendiciones para vosotros, me despido con las mejores expectativas de un mundo mejor para todos. No puedo esperar que Dieudonné M’Bala M’Bala reflexione, pero si albergo la esperanza que el pueblo de Francia lo haga, de las autoridades nacionales y europeas es poco lo que puedo decir al respecto, por lo que prefiero el silencio hacia ellos.
Carlos Braverman
Tel Aviv Israel
10 de enero de 2014


*Carlos Braverman es Politólogo y Psicólogo, miembro de la Asociación de Derechos Civiles en Israel, militante por la coexistencia judeo-árabe en Israel y la paz con el pueblo palestino. Es miembro del Partido Socialista de Israel (Meretz), e integrante de Paz Ahora (Shalom Ajshav). Es Presidente del Instituto Campos Abiertos de Israel (Investigación y desarrollo en Ciencia Política). Su trabajo está centrado en la investigación, la academia, la docencia y la actividad política; así como en el periodismo y el trabajo por los derechos civiles.
Derechos reservados: Instituto Campos Israel ISBN963-03- 0316- 2
מסת"ב

viernes, 3 de enero de 2014

La sinrazón de la supuesta anexión del Valle del Jordán por Carlos Braverman





El gobierno de Israel informó el domingo que el Comité Ministerial de Legislación votó a favor de un proyecto de ley para anexionar la totalidad del Valle del Jordán. Cuatro ministros aprobaron y la propuesta y tres se opusieron, según el informe. Entre quienes se oponen se encuentra Tzipi Livni, ministra de Justicia de Israel, quien apeló el voto. Es evidente que la medida no prosperará en el parlamento y creo que no pasará siquiera la primera de las tres lecturas.
La pregunta que se impone es qué se busca. Israel se volvió un especialista en perder amigos y ser su principal des-legitimizador.
El juego es interno, en realidad es una escenificación, pero el equívoco está en que no se trata de un ensayo general, sino que se está frente a la realidad cruda de un mundo que nos mira peor que mal.
En su décimo viaje en 12 meses Kerry es el otro actor de la puesta en escena, al que Netanyahu le dirá, me ataron de manos otra vez y no puedo maniobrar, necesito tiempo. Justamente el factor tiempo se acaba, no me parece que nadie pueda pasar bien esta mala jugada, los síntomas de violencia ya se dejan ver y la espiral de violencia en la zona es muy fácil de comenzar, sin saber cómo se termina.
La mayoría del Valle del Jordán está bajo control militar israelí. Más del 94 % del Valle del Jordán y el Mar Muerto está vedado al uso de Palestina, la tierra está declarada zona militar cerrada o reservada para los asentamientos israelíes. Sin embargo no es nueva la idea de Israel sobre una presencia militar en esa frontera, considerada vital para su seguridad para al menos 10 o 15 años después incluso de la independencia de un Estado Palestino.
Pero constituye el 28,3% de la tierra en la que se supone debería pertenecer ese Estado Palestino por concretarse. Hoy viven en esa zona cerca de 60.000 palestinos que habitan en 29 aldeas alrededor de Jericó, Wadi al-Fara'a y el norte del Valle del Jordán. La Comisión avanzó por una senda que obvia irresponsablemente los conflictos concernientes al derecho internacional que la medida puede ocasionar. Sin dejar de lado, dicho sea de paso, la posibilidad de una crisis en las relaciones con Jordania.
Los palestinos tendrán que atravesar 20 puestos de control y puertas de hierro con el fin de ir de un pueblo o de una ciudad a la otra. La medida contempla anexar la amplia extensión que conecta Jerusalén con el Valle, porque no se puede anexar el Valle del Jordán sin anexar también los caminos que conducen por ella y los aislados asentamientos dispersos a lo largo del mismo.
El tema supuesto de la seguridad puede ofender a Jordania, pues habría que pensar en una hipótesis de conflicto, con tanques que emanen desde el territorio del Reino de Jordania y recorriendo el Valle del Jordán se dirijan hacia Jerusalén. No entiendo porqué sumar un enemigo donde no hay posibilidad que esté.
Pero si así fuera, las Fuerzas de Defensa de Israel necesitan sólo las fuerzas de posición en los pasos estratégicos a lo largo de la orilla occidental del Río Jordán. Esta supuesta medida a implementarse implica más aislamiento regional, internacional y una carga económica suplementaria para reforzar la seguridad de los asentamientos y la protección de Israel en su territorio reconocido como tal.
La intención no es hacer naufragar el proceso de paz, sino nivelar en la propia coalición a los moderados y los más dispuestos a concesiones en el proceso de paz, pero el juego es peligroso y se puede escapar de las manos. No son pocos los sectores de la dirigencia de la ANP y de los fundamentalismos clásicos en el campo palestino que ya instrumentan esta bravuconada de Israel. En la Casa Blanca las miradas son cada vez más torvas y el mensaje de Kerry no fue amable.
Los perdedores claros son los ciudadanos de Israel y los sectores del pueblo palestino que están dispuestos a un entendimiento serio y responsable. Ambos se encuentran nuevamente con dirigencias cínicas y si algo saben es de la ausencia de criterio estadista en sus conducciones cuando más se necesita. La historia así se les enseñó a estos pueblos, hoy nuevamente Israel volvió a cometer otro error y hace mucho que el balón está en su campo.
*Carlos Braverman es Politólogo y Psicólogo, miembro de la Asociación de Derechos Civiles en Israel, militante por la coexistencia judeo-árabe en Israel y la paz con el pueblo palestino. Es miembro del Partido Socialista de Israel (Meretz), e integrante de Paz Ahora (Shalom Ajshav). Es Presidente del Instituto Campos Abiertos de Israel (Investigación y desarrollo en Ciencia Política). Su trabajo está centrado en la investigación, la academia, la docencia y la actividad política; así como en el periodismo y el trabajo por los derechos civiles.
Derechos reservados: Instituto Campos Israel ISBN963-03- 0316- 2 מסת"ב

viernes, 20 de diciembre de 2013

No creo que debamos esperar un Mandela por Carlos Braverman


Con la muerte de Mandela, no tardaron en aparecer preguntas y líneas escritas hasta el hartazgo sobre la ausencia de un símil de Madiba palestino y un de Klerk israelí. En su momento Itzjak Rabin Z”L (De Memoria Bendita), fue nuestra esperanza con formato del general  de Gaulle. En este capítulo de la historia, poniendo fin al colonialismo israelí en territorios palestinos, en lugar de abandonar la dominación sobre Argelia.
Las historias son singulares, es una necedad intentar buscar una repetición de las mismas y sus protagonistas, lo que es tangible siempre es la injusticia y las necesidades de los oprimidos y carenciados.  Situación que es posible porque existen minorías que tienen una alta concentración de beneficios que se nutren de la extensión de esas carencias y la existencia del sufrimiento de estos sectores.
No puedo decir que existirá un Madela palestino y no sé si lel pueblo palestino lo necesita, lo mismo puedo decir del hipotético de Klerk israelí. Tampoco puedo hablar de un Apartheid israelí, lo que puedo decir es que Israel retiene territorios destinados a un Estado Palestino y lo hace cada vez con más violencia y ausencia de derechos civiles, situación en la que no falta el eufemismo de una llamada Administración Civil de los mismos. Esta “Administración Civil” es militar y procede como tal, es decir con brutalidad, esto permite que la vida en la  denominada zona C según los difuntos acuerdos de Oslo mantenidos con respiración asistida, pero con muerte clínica clara, sea cada vez más infernal.
Sin duda los judíos, en comparación con los palestinos, incluso los judíos más discriminados y oprimidos tienen más derechos que los palestinos. 
 En el Apartheid Sudafricano las leyes y los segmentos segregados tenían un común denominador, acá la mayor desigualdad se da en la zona C de Cisjordania y los derechos  o ausencia de ellos por parte de la población árabe no son iguales en territorio israelí propiamente dicho, la Franja de Gaza, Cisjordania o Jerusalén Este.

Estos segmentos sufren diferentes grados de violación de los derechos humanos y civiles. También ocurre lo mismo con los ciudadanos drusos,  los beduinos, los árabes cristianos o aquellos que son musulmanes. Estas caracterizaciones diferentes de la desigualdad benefician a los poderes fácticos que la necesitan.
Por lo que hablar de un Apartheid en Israel-Palestina es entrar en un terreno de similitudes y diferencias que no ocultan por cierto la injusticia de la opresión. Los proyectos de un nacionalismo religioso mesiánico y los beneficios de la colonización expansionista no llevan a concluir en la existencia de un clon de la historia de Sudáfrica. Como contrapartida a ésta del triste Apartheid tenemos fenómenos Yihadistas- fundamentalistas que también hacen que la caracterización sea distinta.
Las historias no se repiten y las soluciones de las injusticias tampoco, la OLP no fue nunca el ANC de Sudáfrica y la población israelí nunca fue un reflejo de los Afrikaners.
Ellos allá no fueron parte de una historia que contó en ella con el Holocausto y tampoco con una Naqba, nosotros  a su vez acá no vivimos una empresa colonial del tipo que se vivió allá. Lo cierto del caso, son las injusticias sociales y étnicas que tienen su origen en la estructura económica y los juegos de poder geopolítico y geoestratégico, tanto en Israel como en todo el Oriente Medio.
En lo que respecta a mi país, puedo decir que son muy pocos los que gozan del privilegio de estar entre las 18 familias que controlan el mismo, con el beneficio de un 77 % del PBI como renta y el 60% de los valores en la Bolsa. Estas familias cuentan con las 500 empresas líderes de un  mercado oligopólico, que obedece la lógica actual de la expulsión constante de mano de obra y de la pauperización crónica de la población.
No me cabe duda, necesitamos concertar una salida y terminar con la ocupación, somos los más fuertes de la ecuación y debemos tener la primera palabra. También los sectores progresistas y lúcidos de Israel debemos remontar nuestros fracasos en esta empresa y la ANP junto a la OLP deben ponerse a la altura de lo que el pueblo palestino necesita.
No sé si necesitamos un Mandela y un De Klerk, necesitamos voluntad de cambio y lucidez, Las 18 familias israelíes, la burocracia corrupta de la ANP, los Yihadismos y los dueños de los resortes geopolíticos no lo harán, pueda que sea prejuicioso, pero estoy convencido que el cambio no estará en sus manos. Es hora de hablar con más seriedad, de buscar una salida viable y de ser claros en las denuncias y caracterizaciones del cuadro que vivimos. Hay una sociedad clasista injusta y una opresión nacional que recae hoy sobre los palestinos, pero no puedo aún hablar de un Apartheid, aunque no descarto que una sociedad de este tipo pueda generar algo similar. La violación de los derechos civiles hacia los palestinos llegó muy lejos, los intentos de generar leyes casi racistas en Israel son muy patéticos. La lengua soez de elementos oscuros del gobierno hacia la minoría no tiene parangón, y ni que hablar de intentos y a veces actos anti-democráticos claros y fehacientes. No sé si necesitamos a Mandela, necesitamos criterio para ser un país mejor y terminar con esta ocupación que lleva 45 años, mientras tanto mis respetos a Madiba que fue un ejemplo con sus aciertos y errores.

*Carlos Braverman es Politólogo y Psicólogo, miembro de la Asociación de Derechos Civiles en Israel, militante por la coexistencia judeo-árabe en Israel y la paz con el pueblo palestino. Es miembro del Partido Socialista de Israel (Meretz), e integrante de Paz Ahora (Shalom Ajshav). Es Presidente del Instituto Campos Abiertos de Israel (Investigación y desarrollo en Ciencia Política). Su trabajo está centrado en la investigación, la academia, la docencia y la actividad política; así como en el periodismo y el trabajo por los derechos civiles.
Derechos reservados: Instituto Campos Israel ISBN963-03- 0316- 2 מסת"ב

martes, 3 de diciembre de 2013

Ucrania en el gran juego geopolítico


El rechazo de Ucrania a firmar un acuerdo de aproximación a la Unión Europea, además de sus consecuencias inmediatas, es otro paso hacia una nueva geopolítica mundial
JOAQUÍN R. HERNÁNDEZ 29 DE NOVIEMBRE DE 2013- La Voz del Sandinismo
La cumbre europea de Vilnius, Lituania, concluyó sin que se produjera la difícil sorpresa que los dirigentes de la Unión Europea soñaban. El presidente Viktor F. Yanukovich no se retractó de su anunciada decisión de no firmar un acuerdo que acercaría a su país definitivamente a la organización regional regenteada por los grandes países de Europa occidental.
Muchos creyeron que se trataba de una jugada para obtener ventajas de la Unión. Pero el presidente ucraniano conocía las consecuencias inmediatas y a largo plazo de la carta que se había jugado.
En general, de este lado del Atlántico se sabe poco del destino de los países que constituían el bloque euroriental socialista. Mucho menos se conoce del rumbo de las naciones que integraban la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
Los primeros, siempre que pudieron, se integraron por razones económicas e ideológicas con Occidente y varios de ellos forman parte de la Unión Europea.
Las antiguas repúblicas soviéticas han seguido cursos muy diferentes.  Son hoy una frontera entre el bloque unionista y Rusia. 
Mientras la relevancia regional –y mundial- de Rusia fue escasa, empeñada en resolver su desorden interno y el desplome de su economía, los apetitos hacia ese espacio postsoviético no fueron considerables.
Pero a partir del renacimiento de Rusia como potencia crecientemente decisiva, los ojos de la Unión Europea se dirigieron a esos olvidados países. Mucho más cuando escucharon a Vladimir Putin manifestar la intención rusa de capitanear una nueva unión que los involucraría y que ocuparía una importante extensión entre las antiguas fronteras soviéticas con la Unión Europea, hacia el oeste, y China, hacia el este.
El proyecto no deja de estar teñido por una antigua nostalgia. En el 2005, ya Putin había calificado la desaparición de la Unión Soviética como “la gran catástrofe geopolítica del siglo 20”.
Pero la evocación tiene más de sicológica que de ideológica. Lo que se propone con la futura Unión Euroasiática, que se espera tener constituida en el 2015, no es la imposible reconstrucción de la antigua Unión Soviética, sino la creación de un fuerte bloque, encabezado por Rusia, que sea capaz de rivalizar con China, los Estados Unidos y la Unión Europea.
El primer paso en esa dirección es una unión aduanera, creada en 2010, a la que se han incorporado Kazajstán y Bielorrusia, y que abarca hoy 165 millones de habitantes, las tres cuartas partes de la superficie del antiguo territorio soviético (con excepción de los tres estados del Baltico) y una economía conjunta de 2,3 billones -millones de millones- de dólares anuales. Kirguistán y Armenia han dado pasos para su integración a esta unión.
Faltaba Ucrania
Ucrania era la pieza clave, tanto para el avance de la Unión Europea hacia el este, como de la futura Unión Euroasiática -y por ahora su unión aduanera- hacia el oeste.
La joya de la corona del espacio post soviético, Ucrania, es el segundo país de mayor extensión de Europa. La pueblan 65 millones de habitantes, y es un gigantesco productor de cereales: la llaman el granero de Europa.
Por su territorio pasan estratégicos gasoductos que conducen el gas ruso hacia el resto de Europa: Rusia suministra a la Unión Europea, y en particular a Alemania, alrededor del 30 por ciento del gas que consume, el cual se convierte, como es obvio, en una herramienta muy fuerte en sus relaciones con Europa occidental.
Ucrania, en el momento de su último cortejo por la Unión Europea, atravesaba -atraviesa- una seria crisis económica, en un escenario político interno dividido entre quienes promueven el acercamiento a la Unión y quienes esgrimen como bandera la intensificación de las relaciones con Rusia, de antiquísima data.
Pero el vínculo con la Unión Europea tiene un precio inmediato. La equiparación de la economía ucraniana con los requisitos exigidos por la Unión requiere de un financiamiento inasequible, más de 11 mil millones de dólares, del que los socorridos fondos occidentales no ofrecen más de 600 millones. El Fondo Monetario Internacional hizo depender su ayuda de la adopción de las tantas veces vistas políticas de ajuste y austeridad, que hoy en Ucrania representan un imposible político.
Además, y haciéndose eco de los reclamos de sus adeptos en el interior del país, la Unión Europea exigió el traslado al extranjero por razones de salud de la opositora visceral de Yakunovich, Yulia Timoshenko. Esta condición injerencista, como era de esperarse, fue rechazada por el propio Parlamento ucraniano.
Al optar por el acercamiento a Rusia, el gobierno ucraniano no solamente accedió a la ayuda inmediata rusa, que le permitirá enfrentar gruesos vencimientos de la deuda el año próximo, sino contribuir a la creación de una nueva e importante zona de influencia mundial.
Si faltaran elementos para destacar la importancia de la conmoción geoestratégica que traerá el surgimiento de la nueva entidad euroasiática, dejemos que sea Hillary Clinton, durante su mandato como secretaria de Estado norteamericana, quien la defina: “Sabemos cuál es su objetivo -el de la proyectada Unión Euroasiática- y estamos tratando de imaginar vías efectivas para retrasarla o incluso para prevenirla”.

Es, en el fondo, el verdadero significado de la histórica decisión del presidente ucraniano.

lunes, 2 de diciembre de 2013

En otros 90 años Por Uri Avnery


Compaginado y revisado en español por Carlos Braverman.

Con motivo de mi 90 cumpleaños un panel de eminentes historiadores se reunió en el pabellón Tsavta de Tel Aviv para debatir sobre la siguiente cuestión: "¿Seguirá existiendo Israel dentro de 90 años?" Sigue a continuación una versión ligeramente abreviada de mi intervención. Un video completo del debate con traducción al inglés saldrá a la luz tan pronto como sea posible.
¿Seguirá Israel existiendo dentro de 90 años? La propia pregunta es típicamente israelí. Nadie se tomaría en serio una pregunta similar en Inglaterra o en Alemania, ni siquiera en otros Estados surgidos de la inmigración como Australia o EEUU.
Sin embargo, aquí la gente habla sin cesar de los "peligros existenciales". Un Estado palestino es un peligro existencial. La bomba iraní es un peligro existencial. ¿Por qué? Los iraníes tendrán su bomba, nosotros tenemos la nuestra y habrá un "equilibrio del terror". ¿Entonces?
Hay algo en nuestro carácter nacional que fomenta la duda, la incertidumbre. ¿Será el Holocausto? ¿Será quizás un sentimiento inconsciente de culpa? ¿Será consecuencia de la guerra eterna, o incluso causa de ella?
Permítanme decirlo claramente desde el principio: sí, creo que Israel seguirá existiendo dentro de 90 años. La pregunta es: ¿qué tipo de Israel? ¿Será un país del que sus tatara-tatara-tatara-nietos/as estarán orgullosos? ¿Será un Estado en el que querrán vivir?
El día en que se fundó el Estado de Israel yo tenía 24 años. Mis compañeros y yo, soldados de nuestro nuevo ejército, no creíamos que el acontecimiento fuera muy importante. Nos estábamos preparando para la batalla que iba a tener lugar esa noche y los discursos de los políticos de Tel-Aviv realmente no nos interesaban. Sabíamos que si ganábamos la guerra habría un Estado y que si no la ganábamos no habría ni un Estado ni nosotros.
No soy una persona nostálgica. No siento nostalgia por el Israel anterior a (la guerra de) 1967, como la que han expresado algunos de mis colegas. También entonces se hicieron muchas cosas mal. Se expropiaron enormes cantidades de bienes árabes. Pero no miremos atrás. Miremos a Israel tal como es ahora y preguntémonos: ¿hacia dónde vamos?
Si Israel continúa su marcha en la dirección actual nos espera una catástrofe.
La primera etapa será el apartheid. El apartheid ya existe en los territorios ocupados y se extenderá a Israel propiamente dicho. El descenso a los abismos no será dramático o súbito. Será gradual, casi imperceptible.
Poco a poco aumentará la presión sobre Israel. La demografía hará su trabajo. En algún momento antes de que transcurran esos 90 años Israel se verá obligado a conceder derechos civiles a los palestinos. Entonces habrá una mayoría árabe e Israel será un Estado de mayoría árabe.
A algunas personas eso puede agradarles, pero significará el fin del sueño sionista. El sionismo se convertirá en un episodio histórico. Este Estado será otro país más en el que los judíos –los que se queden– vivirán como una minoría.
Hay quienes dicen: "Simplemente no hay solución". Si eso es así, mejor que comencemos a conseguir pasaportes extranjeros desde ahora mismo.
Algunos sueñan con la denominada "solución de un solo Estado". Bueno, durante los últimos cincuenta años se han desintegrado muchos Estados en los que habían vivido juntas naciones diversas. Una lista parcial: Unión Soviética, Chipre, Yugoslavia, Serbia, Checoslovaquia, Sudán. No ha habido ni un solo caso de dos naciones que se hayan unido libremente para formar un Estado. Ni uno solo.
No temo ninguna amenaza militar. Por ese lado no existe ningún peligro real. Al día de hoy ningún país que posea armamento nuclear puede ser destruido por la fuerza. Somos perfectamente capaces de defendernos.
Más bien temo los riesgos internos: la implosión de nuestros estándares intelectuales, la proliferación de un stablishment ortodoxo parasitario y, sobre todo, la emigración. En todo el mundo la gente es cada vez más móvil. Las familias se dispersan. El sionismo es una calle de dos vías. Si uno puede ser un buen judío viviendo en Los Ángeles o en Tel Aviv, ¿por qué quedarse aquí?
El vínculo entre Israel y los judíos del mundo se debilitará. Eso es natural. Somos una nación nueva, arraigada en este país. Ese es el objetivo real. Nuestras relaciones con la diáspora serán como las que existen, por ejemplo, entre Australia e Inglaterra.
Quiero plantear una cuestión básica: ¿sobrevivirá el nacionalismo en sí?
¿Será suplantado por nuevas ideologías y formas colectivas de organización?
Creo que el nacionalismo seguirá existiendo. En el siglo pasado ningún poder ha conseguido superarlo. La Unión Soviética internacionalista colapsó sin dejar tras de sí nada salvo un nacionalismo racista rampante. El comunismo solo tuvo éxito cuando se subió al carro del nacionalismo, como en Vietnam y China. La religión solo tuvo éxito cuando se vistió con los ropajes del nacionalismo, como en Irán.
¿Dónde radica el poder del nacionalismo? Parece que el ser humano necesita un sentido de pertenencia, formar parte de una determinada cultura, una tradición, tener unos recuerdos históricos (reales o inventados), una patria, un idioma.
Plantearé la pregunta de otra forma: ¿sobrevivirá el Estado-nación?
De facto, el Estado-nación es un anacronismo. Se formó durante los últimos tres siglos debido a que la necesidad económica de un mercado doméstico grande, la necesidad militar de un ejército adecuado y así sucesivamente demandaba la existencia de un Estado del tamaño de, digamos, Francia. Sin embargo, ahora casi todas esas funciones han sido asumidas por bloques regionales como la Unión Europea.
Ésa es la razón de un fenómeno curioso: mientras que los Estados-nación se integran en unidades mayores, ellos mismos se están dividiendo en unidades más pequeñas. Escoceses, corsos, flamencos, catalanes, vascos, chechenos, francocanadienses y muchos más persiguen su propia independencia.
¿Por qué? Un escocés cree que una Escocia independiente puede adherirse a la UE y cosechar todos los beneficios sin tener que sufrir el esnobismo inglés. El nacionalismo pequeño desbanca al nacionalismo más grande.
Así pues, ¿dónde estaremos dentro de 90 años, a principios del siglo XXII?
El año en que nací, 1923, un noble austríaco llamado conde Nikolaus Coudenhove-Kalergi reclamó un movimiento paneuropeo para crear los Estados Unidos de Europa. En aquel momento, recién finalizada la Primera Guerra Mundial y pocos años antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, aquello sonaba a utopía de orate. Ahora la Unión Europea es una realidad.
En estos momentos los Estados Unidos del Mundo parecen una utopía descabellada. Pero no habrá manera de eludir alguna forma de gobierno mundial. La economía global lo necesita para poder funcionar. Las comunicaciones globales lo hacen posible. El espionaje global ya está aquí. Sólo una autoridad mundial eficaz será capaz de salvar nuestro sufrido planeta, poner fin a las guerras y a las guerras civiles, a las epidemias globales y al hambre.
¿Puede ser democrática la gobernanza mundial? Así lo espero. Las comunicaciones mundiales lo hacen factible. Los descendientes de ustedes votarán a un parlamento mundial.
¿El Estado-nación seguirá existiendo en ese nuevo mundo? Sí, lo hará. Igual que muchos Estados-nación siguen existiendo en la Europa de hoy: cada uno con su bandera, su himno, su equipo de fútbol y ​​ su administración local.
Esta es, pues, mi visión optimista: Israel, el Estado-nación del pueblo israelí, en estrecha alianza con el Estado-nación del pueblo palestino, será miembro de una unión regional que incluirá a los Estados árabes y, espero, a Turquía e Irán, como miembro orgulloso de los Estados Unidos del Mundo.
Un Estado democrático, liberal y laico en el que vuestros descendientes proclamarán con orgullo: "¡Soy israelí"