martes, 3 de mayo de 2011

Al Qaida nunca existió por Isabel Iriarte


La organización ha evolucionado desde un grupúsculo de militantes escogidos hasta unas directrices ideológicas bajo las que cualquier radical puede atentar
Fuente: ABC
¿Quién, antes del 11-S, había oído hablar de Osama Bin Laden? Apenas un puñado de académicos, periodistas y expertos antiterroristas. El reportero británico Robert Fisk, intrigado por su personalidad, le entrevistó en varias ocasiones, en Sudán y, posteriormente, durante su exilio en Afganistán. Y sin embargo, a finales de los 90, , tras los atentados contra las embajadas norteamericanas de Kenia y Tanzania en 1998.
Dos años después, el ataque contra el portaaviones norteamericano USS. Cole en Yemen –en el que un suicida lanzó una lancha con explosivos contra el navío, y que acabó con la vida de diecisiete soldados- probó al mundo que aquel hombre iba en serio. En la boda de su hija, Osama Bin Laden leyó un clarificador poema: “Un portaaviones: incluso los valientes temen su potencia / inspira horror en el puerto y en alta mar / navega en las olas / flanqueado por la arrogancia, la soberbia y el falso poder / se mueve lentamente hacia su muerte / un pequeño bote le espera, mecido por las olas”. La organización de Bin Laden se veía a sí misma como un David contra el Goliat occidental.

Bases en Afganistán

“Lo más parecido a Al Qaida, tal y como se entiende popularmente, existió en Afganistán por un corto período de tiempo, entre 1996 y 2001, y cuyas bases estaban en Afganistán”, escribe el periodista especializado Jason Burke, autor de una de las mejores monografías sobre este grupo. El multimillonario saudí Osama Bin Laden, radicalizado tras su participación en la “yihad” afgana contra los rusos, decidió utilizar a los veteranos de aquella guerra en una empresa de más envergadura: tras la derrota soviética, ahora era el turno de hacer caer al coloso estadounidense.
Pero, como explica Burke, jamás hubo una organización terrorista con ese nombre: “al-qaida”, “la base”, era utilizado por los yihadistas que operaban en Afganistán para describir una táctica, una manera de operar. “Al Qaida”, la marca, fue de hecho creada por el FBI, tras interrogar a un militante sudanés de bajo rango que había desertado del entorno de Bin Laden tras robar algunos fondos del grupo. La falta de recursos, de traductores y expertos en terrorismo islamista –en aquella época, apenas era una prioridad para las autoridades estadounidenses- hizo el resto.
Tras el 11-S, la campaña militar en Afganistán lanzada por la Administración Bush logró destruir los centros de entrenamiento yihadista, y la respuesta policial en todo el mundo desbarató gran parte del entramado logístico y económico del grupo. Pero poco importaba: Al Qaida, la organización, podía haber sido derrotada, pero había nacido Al Qaida, la Idea.

Tres Al Qaidas

A partir de ese momento, hubo al menos tres Al Qaidas. Estaba el núcleo duro, la organización de militantes motivados que actuaba bajo las órdenes directas de Bin Laden y su lugarteniente, el egipcio Ayman Al-Zawahiri. Existían también terroristas independientes que planeaban sus propias operaciones y acudían a Bin Laden en busca de fondos y apoyo logístico. Los ataques contra las embajadas de Kenia y Tanzania, el USS Cole y el 11-S fueron obra del primer grupúsculo. Otros atentados, como los de Bali en 2002, pertenecen al segundo tipo.
Y en 2004, en un contexto de gran radicalización en el mundo musulmán debido a la guerra de Irak, Bin Laden lanzó su famoso discurso en el que hacía un llamamiento a “atacar a judíos y cruzados en todo el mundo”. Desde entonces, cualquiera podía cometer un atentado contra intereses occidentales y atribuirle un nuevo tanto a la yihad global. Para complicar las cosas, apareció una “cuarta Al Qaida”: aquellos grupos que, sin tener ningún tipo de vínculo con el grupo, decían actuar en su nombre para obtener notoriedad, o que eran así etiquetados por gobiernos interesados, como en el caso de la insurgencia musulmana en el sur de Tailandia.
“Al Qaida se ha convertido sobre todo en una idea, una organización visionaria, y de entrenamiento, y otros grupos sin experiencia previa se convierten sus extremidades”, explica a ABC el profesor Rohan Gunaratna, del Centro Internacional de Investigación en Terrorismo y Violencia Política de Singapur, y uno de los primeros estudiosos de este grupo. “Pero además ha aumentado su capacidad para influir en individuos de todo el mundo, y estos yihadistas, como en el caso de los atentados en Madrid o Casablanca, actúan ligados a Al Qaida ante todo de forma ideológica, no operativamente”, asegura.
De unos postulados eminentemente políticos –liberación de Palestina, salida de las tropas estadounidenses de Arabia Saudí- la organización fue potenciando progresivamente su componente religioso, a pesar de la insistencia de los doctores del islam en que se trata de un movimiento herético. De un llamamiento inicial a la unidad de la “umma” (la comunidad de creyentes musulmanes) pasó a considerar herejes a los chiíes. Comenzó a reivindicar Al Andalus como “territorio a recuperar para el Islam”. Intensificó los ataques contra cristianos en lugares como Irak, Pakistán o Egipto.
Pero algunos expertos, como Jean-Pierre Filiu, insisten en que la propia violencia de la organización supondrá su fin, un fin que está cercano, puesto que la mayor parte del mundo islámico ha constatado con horror que Al Qaida mata, ante todo y sobre todo, a otros musulmanes. Su popularidad está bajo mínimos. La muerte de Osama Bin Laden, marca el principio de una nueva época para la organización. Queda por ver si Al Qaida, la idea, podrá sobrevivir sin el hombre que la creó.

La Estrategia de Seguridad Nacional del presidente Obama (ARI) por Félix Arteaga


Real Instituto Elcano. ARI 104/2010 - 18/06/2010
Tema: El 27 de mayo de 2010 se publicó la última edición de la National Security Strategy de EEUU. Con ella, el presidente Barack Obama desarrolla la visión, objetivos y medidas para la seguridad nacional de su Administración durante los próximos años.
Resumen: El presidente de EEUU ha promulgado en mayo de 2010 una nueva edición de la National Security Strategy (NSS).[1] Su publicación viene obligada por el Congreso y debe servir para enmarcar todas las políticas relacionadas con la seguridad. Las estrategias anteriores, NSS de 2002 y NSS de 2006, tuvieron una gran repercusión por sus implicaciones en la lucha contra el terrorismo de las dos Administraciones del presidente George W. Bush en el entorno post-11S. Se recordarán por su reivindicación de las acciones preventivas y por fijar como objetivo prioritario la lucha contra el terrorismo global. La nueva Estrategia de 2010 presenta más continuidades que novedades respecto a las anteriores y se recordará por ser una estrategia de “transición” que permita a EEUU reducir el desfase entre sus capacidades y compromisos como país líder de la seguridad global. En conjunto, el documento es más una declaración política que una guía de acción: sabe señalar los objetivos a conseguir pero no la forma en la que se deben conseguir.
Este ARI compara el contenido y estructura de la NSS 2010 con las precedentes y los cambios que presenta en relación con el concepto, enfoque y problemas de seguridad, así como los retos a los que se enfrenta en materia de recursos y de modelo de gestión.

Análisis: La Estrategia de Seguridad Nacional (National Security Strategy, NSS) de 2010 presenta la visión de la Administración estadounidense del presidente Obama sobre el mundo que le ha tocado liderar, el papel de EEUU en él, sus objetivos en relación con el orden internacional, el bienestar norteamericano y la seguridad nacional. Todas las estrategias de seguridad sirven para articular los objetivos políticos de cada gobierno con los instrumentos de influencia de los que disponen pero en el caso de una gran potencia como la estadounidense, dadas su variedad y cantidad de instrumentos y el nivel de ambición de los objetivos, el documento configura una estrategia de gran nivel (grand strategy). Esto marca la diferencia entre cualquier NSS estadounidense y otras estrategias europeas de seguridad nacional, ya que no disponen de los mismos medios y voluntad de influencia internacional.
La finalidad práctica de las estrategias es la de alinear los objetivos y políticas departamentales en materia de seguridad con las expresadas por la Casa Blanca en el documento. No se trata, por tanto, de una declaración programática cuya utilidad se agota en la publicación, sino que debe servir para orientar la continuidad o el cambio de las políticas exterior y de seguridad de EEUU. Así, la NSS de 2006 influyó en la elaboración de las estrategias de Lucha Contra el Terrorismo de septiembre de 2006 y la de Homeland Security de octubre de 2007 que se han venido aplicando desde entonces. Por eso, se supone que ninguna subestrategia puede anticiparse a la estrategia general –estrategia de estrategias– que son las NSS. Sin embargo, la Estrategia de 2010 no alude a la necesidad de actualizar las subestrategias sectoriales, a pesar de que, por ejemplo, la Cyber-Space Policy Review recomendó la necesidad de desarrollar una estrategia de ciberseguridad y, por el contrario, el Departamento de Defensa ha publicado la Nuclear Posture Review antes que la NSS, lo que introduce un poco de confusión sobre la lógica formal del documento.
Las estrategias de seguridad nacional no son, como el sentido común induce a pensar, una estrategia militar o de defensa aunque delimitan los escenarios y condiciones en los que EEUU podría emplear su poder militar. El factor de la fuerza tuvo más relieve en las ediciones anteriores de 2002 y 2006 debido a la preocupación de la Administración del presidente Bush por la lucha contra el terrorismo en un entorno post-11S. Aunque todas las estrategias mantienen una estrategia similar y presentan más elementos de continuidad que de cambio, aquellas tuvieron una mayor notoriedad porque sus prioridades de seguridad “militarizaron” la estrategia y el flujo estratégico derivado de ella. Por el contrario, las estrategias sirven para comunicar qué combinación de instrumentos empleará cada Administración para resolver los problemas de seguridad que le toca afrontar. En algunas ediciones, como en la NSS de 2006, esta labor de comunicación estratégica y de diplomacia pública (estrategia) tiende a primar sobre la finalidad primigenia de orientar las políticas (concepto estratégico), por lo que se identifican objetivos y líneas de acción sin explicar suficientemente qué se hará para conseguirlos. La NSS de 2010 enumera muchos objetivos a conseguir pero no da demasiadas indicaciones sobre la forma de hacerlo. Así, y entre muchos ejemplos, no dice cómo debe penalizarse el incumplimiento de las obligaciones contraídas sobre proliferación, comercio o derechos humanos, ni qué consecuencias deben tener los incumplimientos o cómo se puede aislar a los gobiernos que se burlan de las normas internacionales (¿qué hacer con Irán y con Corea del Norte?). Mayor detalle ofrece sobre Afganistán, Pakistán y al-Qaeda, donde se nota la existencia de estrategias específicas que permiten ampliarse en explicaciones, y la lucha contra la proliferación de armas de destrucción masiva, algo que se explica por la prioridad de estas cuestiones en la agenda personal de un premio Nobel para la consecución de un mundo sin armas nucleares.
El mundo que se ve desde la Casa Blanca (“the world as it is”)
La NSS de 2010 constata que el mundo está cambiando y que ya que EEUU no puede configurar la realidad internacional, debe adaptarse a ella. Las estrategias anteriores apostaban por un enfoque proactivo de la acción exterior por la que EEUU debería configurar (shape) el orden mundial fomentando la democracia, el desarrollo y la seguridad por todo el mundo, especialmente allí donde los estados fueran más débiles o fallidos, una estrategia que la antigua secretaria de Estado, Condoleezza Rice, tradujo en su transformational diplomacy y en cambios en el Servicio Exterior. Ahora, la NSS de 2010 sustituye el liderazgo decidido y transformador por otro más pragmático y compartido, ya que la Administración Obama entiende que hay que cambiar muchas cosas en casa antes de poder cambiarlas fuera y que es necesario compartir la responsabilidad de la seguridad global con los aliados, socios e instituciones internacionales.
Las estrategias establecen qué problemas de seguridad se solucionan solos y cuales junto a otros. La NSS de 2010 acentúa el foco multilateral de la acción exterior. Tras constatar que ninguna nación puede hacer frente a los retos globales individualmente, la Administración Obama se compromete a conseguir sus intereses mediante un sistema internacional reforzado en el que todas las naciones compartan derechos y deberes. En materia de seguridad internacional, las distintas administraciones estadounidenses han mantenido ese mismo patrón de actuación por el que tienden a actuar unilateralmente cuando no es posible conseguir sus intereses actuando junto a terceros. Las dos estrategias anteriores era más unilateralistas, especialmente en el ámbito militar, pero no descartaban actuar mediante instituciones o alianzas cuando fuera necesario para satisfacer intereses comunes. La diferencia entre esta NSS de 2010 y las dos anteriores es que reconoce que las instituciones multilaterales no funcionan eficazmente como debieran y que deben reforzarse para servir al interés global: una aproximación a los enunciados del multilateralismo eficaz que acuñó la Estrategia Europea de Seguridad en 2003. Reforzar el orden internacional es una de las propuestas más reiteradas en la NSS de 2010 aunque no se concreta suficientemente cómo hacerlo.
EEUU desea seguir comprometido (engaged) en los asuntos internacionales para influir en ellos. Con sus aliados tradicionales, con las potencias emergentes e incluso con los adversarios potenciales para explorar oportunidades de solución y mostrar a su población que existe la voluntad de cooperar. Un aspecto novedoso en la NSS de 2010 es la relevancia que atribuye a los actores no estatales, las potencias emergentes, el G-20, la sociedad civil, el sector privado y los individuos como sujetos activos de la seguridad global. En el lado oscuro de la seguridad, también reconoce la emergencia de actores locales radicalizados y redes criminales trasnacionales. La diversificación de actores ofrece la posibilidad de nuevas combinaciones de ellos en agrupaciones (partnerships) para hacer frente a nuevos problemas de seguridad mientras que para los problemas de naturaleza militar siguen siendo necesarias las alianzas intergubernamentales.

Continuidad y cambios respecto a estrategias anteriores
Cada estrategia contiene un concepto de seguridad que refleja las preocupaciones de cada período y Administración. En la NSS de 2010, el concepto de seguridad desborda el limitado marco de los problemas de la lucha contra el terrorismo y el uso de la fuerza lejos del territorio propio para establecer un continuo de seguridad entre lo que pasa fuera y lo que pasa dentro. La estrategia dibuja un espectro de riesgos que van desde los que afectan a la población y al territorio estadounidense (Homeland Security) hasta los que afectan a la seguridad internacional y exterior y reconoce estar superando la distinción entre ambas (en mayo de 2009, el presidente Obama decidió integrar los consejos de Seguridad Nacional y Seguridad Interior).
Si en las estrategias anteriores irrumpió con fuerza el enfoque preventivo –con demasía en el ámbito de los ataques preventivos– en respuesta a la gravedad de los efectos y a la necesidad de prevenir los daños y agresiones, en la NSS de 2010 aparece el concepto de recuperación (“resiliencia”). La dificultad de garantizar que se puedan evitar todas las agresiones posibles mediante la prevención, obliga a desarrollar dentro de las sociedades una capacidad de recuperación para que a pesar de la dimensión de los daños, puedan recuperar su funcionamiento normal cuanto antes. Este enfoque ya figura en las estrategias británica y francesa de seguridad nacional y, ahora, la NSS reconoce la importancia de proteger los servicios e infraestructuras públicas, gestionar las emergencias naturales o debidas a la acción humana y fomentar la colaboración público-privada.
La comparación con las estrategias de 2002 y 2006 ofrece más continuidad que cambios en los contenidos, aunque los cambios son importantes en el lenguaje de comunicación y en la estructura respecto a las anteriores estrategias. Mantiene los contenidos de las anteriores, salvo los relacionados con la lucha contra el terrorismo global y los cambios orgánicos introducidos en el sistema de seguridad nacional que desaparecen en la nueva estrategia, aunque el resto se redistribuye en una estructura clásica que describe el contexto estratégico y los intereses de seguridad, prosperidad, valores y orden internacional. La principal amenaza que ve esta Administración para su seguridad nacional es la proliferación de las armas de destrucción masiva, sea entre actores estatales o no estatales.
A diferencia de la NSS de 2006 que mantuvo la denominación de “guerra” para la lucha contra el terrorismo global, la NSS de 2010 ha abandonado el término del terrorismo global pero sigue utilizando el término de “guerra” para referirse no ya a la lucha contra el terrorismo sino a la que llevan a cabo contra la red de al-Qaeda, dos guerras en Irak y Afganistán-Pakistán, una guerra que diferencian de la guerra contra el islam –al igual que ya hiciera la NSS de 2006, pero que sigue abierta contra al-Qaeda y quienes les ayudan–. Si la estrategia de 2006 tenía un apartado dedicado a la lucha contra el terrorismo global, la NSS 2010 tiene otro dedicado a perturbar, desmantelar y derrotar a al-Qaeda, por lo que Afganistán seguirá siendo una guerra de necesidad para esta Administración mientras –y sólo mientras– al-Qaeda actúe desde allí o desde nuevas plataformas en Yemen, Somalia, Maghreb o el Sahel.
La NSS de 2010 ha abandonado el calificativo de global para definir el terrorismo y éste pasa a ser “una entre muchas otras” amenazas y una táctica de actuación más que un enemigo concreto, aunque sigue siendo una preocupación grave de seguridad como lo son la proliferación de armas de destrucción masiva, junto a riesgos derivados de la globalización como las epidemias, los tráficos ilícitos y los desastres naturales, tal y como se identificaban ya en la NSS de 2006, aunque no los del cambio climático que sí aparecen en la nueva estrategia de 2010. Las mayores novedades aparecen en el ámbito interior de la seguridad, añadiéndose la seguridad de los medios marítimo, espacial y cibernético (global commons), las infraestructuras críticas, las fronteras amenazadas y el cambio climático como nuevos escenarios de riesgo, a los ya identificados en estrategias anteriores como la seguridad energética, la criminalidad transfronteriza y las enfermedades contagiosas.
A diferencia de la NSS de 2002, que admitió las acciones preventivas, y de la NSS de 2006, que mantuvo su validez, la NSS abandona ese tipo de acciones pero mantiene abierto el recurso unilateral de la fuerza si es necesario para defender la nación o sus intereses. Añade cautelas de legitimación internacional, valoración y de último recurso pero la estrategia permite emplear la fuerza en todo el ámbito del espectro y decidir a su presidente cuándo es necesario hacerlo (la dedicación de un apartado específico al empleo de la fuerza es un reflejo de una cultura estratégica sin complejos, algo que sería impensable en algunas estrategias y sociedades europeas). Dentro de esta dimensión ética, cabe destacar que la prevención del genocidio, que ya fue una preocupación de la NSS de 2006, se consolida ahora tras el respaldo estadounidense al principio de Naciones Unidas de la “responsabilidad de proteger”, aunque lejos de aplicarlo en solitario EEUU desea que esa responsabilidad se ejerza por la comunidad internacional y, en su defecto, mediante acuerdos multilaterales o bilaterales, incluido el uso de la fuerza si es preciso tal y como se venía reconociendo anteriormente. También resulta novedosa la alusión a la aproximación estadounidense al Tribunal Penal Internacional para acercar posiciones en asuntos de interés común, aunque no se acepta su jurisdicción para juzgar al personal estadounidense que interviene en acciones de seguridad internacional.
La NSS de 2010, al igual que las precedentes, incluye el fomento de la democracia yla libertad internacional. Proceden de la tradición de la filosofía política estadounidense que parte de la alta consideración del modelo estadounidense y sus valores (“ejemplarismo”) para proyectarlos como parte de su política exterior (“reivindicacionismo”). Todas las estrategias consideran que la proyección de la democracia y la libertad son asuntos de los que depende la seguridad nacional y tratan de fomentarlos pero, a diferencia de las estrategias anteriores, la NSS de 2010 se ha vuelto más pragmática y continúa fomentando la dignidad humana y la democracia aunque de forma indirecta. En lugar de actuar directamente sobre los gobiernos poco democráticos, la NSS de 2010 propone la doble vía de mantener abierto el diálogo con esos gobiernos mientras se promocionan los derechos y libertades individuales apoyando a los activistas locales e internacionales como instrumentos de acción.
En cuanto a aspectos regionales, la NSS de 2010 continúa prestando gran importancia a Rusia, China, Indonesia y la India, algo que ya se venía haciendo en las estrategias anteriores aunque pasara desapercibido. Ahora, la estrategia de 2010 se asoma a nuevos centros de influencia como Brasil y otras organizaciones y foros como el G-20 como actores estratégicos con los que estrechar relaciones. Por el contrario, pierden importancia el Greater Middle East, del que apenas queda un apartado testimonial frente a las pretensiones transformadoras de la NSS de 2006, e Irak, del que ya sólo se apuntan las condiciones del relevo de responsabilidades. También es de resaltar que la NSS de 2010 ha eliminado a Siria de su lista de Estados patrocinadores del terrorismo mientras que Irán sigue centrando las preocupaciones de EEUU debido a sus implicaciones en casi todos los problemas graves que afectan a la seguridad nacional.
El desfase entre los objetivos y recursos (“building at home vs shaping abroad”)
Para que la visión del mundo deseada se materialice, y la visión se transforme en una estrategia, los documentos deben describir cómo se van a utilizar los recursos disponibles para conseguir los objetivos propuestos. La NSS de 2010 constata que EEUU ya no dispone de los recursos ilimitados del pasado y reconoce que la seguridad final dependerá de los recursos educativos, económicos, científicos y tecnológicos disponibles, pero a partir de esa constatación, no determina sus prioridades de forma que los escasos recursos se asignen a sus objetivos por orden de importancia. En su lugar, la NSS de 2010 vuelve a elaborar un listado de intereses a proteger: seguridad, bienestar, valores y orden internacional sin que se mencione ningún orden de preferencia.
El problema de fondo es que en los últimos años ha crecido el desfase entre sus recursos y objetivos. Sus instrumentos de acción siguen siendo el poder militar, la competitividad económica, el liderazgo moral y el compromiso moral, pero esos instrumentos se han visto afectados por los conflictos de Irak y Afganistán, la recesión económica y las acciones de al-Qaeda. Por eso, la NSS de 2010 reivindica un período de transición, para “reequilibrar” sus prioridades y poder recuperar sus instrumentos de acción, para volver a liderar la seguridad global como en el pasado y poder configurar los cambios en lugar que tener que adaptarse a ellos. La NSS acierta al identificar el descenso de los niveles de bienestar, educación, capital humano y ventaja tecnológica o el mal gasto como la fuente del desfondamiento del liderazgo estadounidense, pero la Estrategia de 2010 se equivoca al prescribir los remedios contra esos males estadounidenses dentro de un documento dedicado a la seguridad, no a la política general que es donde se deberían haber encuadrado. Ni los instrumentos ni los responsables para solucionar esos problemas se encuentran en el sistema de seguridad nacional, sino en el conjunto de la Administración, por lo que su inclusión produce confusión y da la impresión de que la seguridad nacional puede extenderse a todos los problemas nacionales, lo cual va en contra de la filosofía de estos documentos.
La estrategia muestra el deseo de reequilibrar los instrumentos de acción exterior: reducir el papel fundamental hasta ahora de la fuerza armada y desarrollar instrumentos diplomáticos, de desarrollo propios y potenciar sus alianzas de seguridad con sus aliados europeos, asiáticos o norteamericanos tradicionales o forjar nuevas asociaciones. Para ello, y en condiciones de escasez de recursos, sólo queda aumentar la eficacia del modelo de gestión. La NSS de 2006 ya mencionaba la necesidad de potenciar la capacidad de planeamiento de todas las agencias y departamentos que contribuyen a la seguridad, un llamamiento que reitera la NSS de 2010 al hilo del ya famoso enfoque integral (comprehensive approach) que consiga no sólo coordinar las contribuciones de las agencias sino fomentar en las civiles una capacidad de planeamiento estratégico y de previsión que acabe con un modelo descentralizado de planeamiento y ejecución por agencias. Las experiencias de Irak y Afganistán sugieren un cambio hacia un modelo interagencias (whole of government approach) en el que se actualicen, equilibren e integren sus distintos instrumentos. En esto la NSS de 2010 no hace más que seguir el modelo de gestión por el que se encaminan tantos gobiernos europeos u organizaciones como la UE o la OTAN. Aunque cambiar de modelo no será fácil, los progresos hacia ese modelo podrían aliviar alguno de los problemas de ejecución de las anteriores estrategias en las que el sistema de gestión empleado centralizaba en exceso las decisiones en el presidente (Chief Executive Officer) y descentralizaba su ejecución en las distintas agencias, sin que el Consejo de Seguridad Nacional contara con capacidad suficiente para integrar y supervisar el planeamiento y ejecución de las decisiones y políticas derivadas de las Estrategias.
La NSS de 2010 incluye como instrumentos a integrar la defensa, la diplomacia, la economía, la seguridad interior (Homeland Security), la inteligencia, la comunicación estratégica y la colaboración social. Este amplio elenco parece capaz de permitir una adecuación flexible de instrumentos para lograr la mezcla adecuada en cada momento, aunque su entidad está desequilibrada porque el instrumento militar es desproporcionado en relación con los no militares. El desequilibrio se viene agravando desde 2001 y las sucesivas estrategias no han servido para corregirlo, aunque ésta, al menos, reconoce la necesidad de hacerlo y que de no conseguirlo se seguirá identificando el liderazgo estadounidense con el poder militar. La NSS de 2010, al igual que las anteriores, no entra en precisiones presupuestarias que permitan traducir sus prioridades en refrendos materiales, y sólo establece el principio de la racionalidad del gasto, lo que se puede traducir en cancelación de inversiones programadas y en la petición de mayores esfuerzos a aliados y socios. La Estrategia afirma que, dado el estado de la economía, habrá que conciliar los distintos programas en curso para asegurar las prioridades, pero nuevamente no dice qué programas habrá que sacrificar. Al no establecer distribución de gastos, habrá que esperar a los presupuestos de cada área para ver cuáles son las prioridades de verdad en el gasto y cuáles son las que se anuncian para la galería.
Conclusiones: Las estrategias nacionales de seguridad deben servir para comunicar los objetivos y políticas de seguridad a la audiencia nacional e internacional y, por otro lado, para facilitar el planeamiento y ejecución de los distintos departamentos implicados en la seguridad nacional. La NSS de 2010 tiene más de lo primero que de lo segundo. Ofrece más una visión de la seguridad global hacia la que se desea ir que del modo de hacerlo, es más una estrategia declarativa que un concepto estratégico normativo. Queda por ver si la falta de precisiones generales obedece a la intención de precisarlas luego, sector por sector, o porque no se dispone de ideas o de confianza para la consecución de los objetivos que se plantean.
La Estrategia se autodefine de transición porque el reto de los compromisos contraídos le obliga a ocuparse de los problemas heredados antes de afrontar los nuevos que emergen en el horizonte. Siendo de transición, la continuidad prevalece sobre los cambios aunque estos se apuntan para que la tengan en cuenta las próximas ediciones. Las primeras críticas internas apuntan a una pérdida de ambición y liderazgo de EEUU, mientras que los primeros apoyos proceden de su visión más realista y pragmática de la realidad internacional y de las limitaciones estadounidenses para continuar siendo el líder de la seguridad global que ha sido y que pretende volver a ser.
No pudiendo resolver todos los problemas por sí mismo, EEUU ha vuelto a la senda del multilateralismo para corresponsabilizar a otros de la gestión internacional. El problema es que al hacerlo, el resultado de su estrategia depende de otros en buena medida. La interdependencia, multipolaridad en términos estratégicos, complica mucho la elaboración de estrategias y genera incertidumbre sobre el resultado final de tantas interacciones y de tantos actores en la seguridad global. Esto no significa que el margen estadounidense de autonomía en la seguridad global no siga siendo el mayor conocido bajo la globalización y que no vaya a emplearlo unilateralmente para conseguir sus intereses de seguridad, como ha hecho en el pasado. El estilo del texto y la percepción de la nueva Administración en la NSS de 2010 no alteran los patrones tradicionales de comportamiento de la política de seguridad estadounidense que, como se ha visto, mantienen la continuidad en lo esencial con estrategias anteriores. El multilateralismo no es, por lo tanto, un fin en sí mismo, sino un instrumento para conseguir fines, siempre y cuando sea eficaz, para lo que parece contar con la voluntad estadounidense de reforzar el orden internacional e institucional.
Si hay que reseñar algún cambio estructural, podemos atender al creciente componente interno de la seguridad. La preocupación por la Homeland Security se está equiparando a la que tradicionalmente ha recibido la dimensión exterior de la seguridad y, a medida que se resuelvan las “guerras” del presente, está por ver si se asumen nuevos retos internacionales o se continúa prestando más atención a los nuevos riesgos. También se debe prestar atención a la evolución del modelo de gestión interagencias (whole of government approach) y al reequilibrio de los instrumentos, algo que precisará un tiempo y un esfuerzo que trascenderá el marco temporal de esta Estrategia. Las experiencias y buenas prácticas de EEUU servirán para cambiar el modelo de gestión de la seguridad nacional e internacional más allá de las fronteras continentales, afectando a las nuevas estrategias y sistemas de seguridad que se diseñan en las sociedades avanzadas.

Félix Arteaga
Investigador principal de Seguridad y Defensa, Real Instituto Elcano

[1] http://www.whitehouse.gov/sites/default/files/rss_viewer/national_security_strategy.pdf.

lunes, 2 de mayo de 2011

Dos análisis sobre el tema Bin laden


El asesinato de Osama Bin Laden está lejos de ser un golpe mortal a Al-Qaeda, no pondrá fin a las actividades de grupos que operan bajo el paraguas de la yihad global.
Al-Qaeda no es una organización ordenada y estructurada. Bin Laden no era el comandante de los musulmanes extremistas que operan en Yemen, Irak, o el Norte de África, e incluso de los que utilizan su nombre en la Franja de Gaza.
Su muerte será un catalizador para los intentos de los innumerables miembros de grupos extremistas musulmanes que pretenderán llevar a cabo ataques de venganza contra objetivos estadounidenses y occidentales.
Obama, criticado por su política exterior, por su falta de comprensión en especial hacia Oriente Medio y el mundo musulmán alcanzó una victoria simbólica. La batalla para detener Al-Qaeda no se detendrá con el asesinato de Osama bin Laden, dijo la Secretaria de Estado de EE.UU. Hillary Clinton.
Queda mucho camino por recorrer, pero es innegable que el mapa y el tablero político- militar, especialmente en lo relativo a EEUU, cambió con este hecho.
Se produce en un momento crítico de ebullición en el Magreb y Oriente Medio, en medio de redefiniciones de los criterios y principios de la OTAN y la necesidad de posicionarla frente a otros esquemas militares y geopolíticos.
Seleccioné dos notas al respecto para comentar y analizar el tema.
Carlos Braverman
Tel Aviv Israel
2 de mayo de 2011


Muerte de Bin Laden catapulta para reelección Obama.Con Oscar M Beteta http://www.radioformula.com.mx/notas.asp?Idn=170681
2 de Mayo, 2011
La muerte de Osama Bin Laden ha provocado un repunte en la popularidad de Barack Obama y será una herramienta muy importante para las aspiraciones de reelección de Obama, refirió el periodista Jorge Ramos. Los restos de Bin Laden fueron depositados en el mar.
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La muerte de Osama Bin Laden da a Barack Obama más posibilidades para ser reelecto en las elecciones presidenciales de Estados Unidos para el 2012. "Ningún republicano en estos momentos va a poder presentarse con mejores credenciales en lo que se refiere a seguridad nacional", aseguró el periodista Jorge Ramos.

La muerte del líder de la organización terrorista Al Qaeda ha provocado un repunte en la popularidad de Barack Obama y será una herramienta muy importante para las aspiraciones de reelección de Obama. Los restos de Bin Laden fueron depositados en el mar, informó el periodista.

Desde el mes de agosto del año pasado autoridades de Estados Unidos, en una operación encubierta, tenían la ubicación del lugar donde se encontraba Osama Bin Laden. El líder de la red terrorista, vivía en una lujosa residencia, ubicada a unos kilómetros de Islamabad, capital de Pakistán, no en una cueva como muchos pensaban. Las autoridades están a la espera de los análisis de ADN para asegurar la muerte de Bin Laden.

Un comando de Marinos norteamericanos ingresó a la lujosa residencia donde se encontraba Bin Laden y lo mataron de un disparo en la cabeza. Junto a él murieron otras cuatro personas que opusieron resistencia junto al líder terroristas. Se realizaron pruebas al cadáver para confirmar que se trata de Osama.

El cadáver de Bin Laden, indicó Ramos, fue trasladado a un barco norteamericano y sus restos fueron "sepultados" en el mar. El motivo de esto fue para evitar que grupos terroristas y simpatizantes al líder árabe tuvieran un lugar donde recordar y honrar a Osama Bin Laden. Ahora, sólo se esperan los resultados de los análisis de ADN para determinar si efectivamente Bin Laden ha muerto.

La muerte de Osama ha provocado que cientos de norteamericanos estén en la Casa Blanca festejando la muerte del responsable de los ataques a las torres gemelas, que provocaron la muerte de más de 3 mil ciudadanos estadounidenses, en el ataque del 11 de septiembre del 2001.

Autoridades de los Estados Unidos han iniciado la Operación Hércules, por lo que todas las embajadas e instalaciones norteamericanas se encuentran en estado de alerta, para estar preparados por un posible ataque terrorista.

La muerte de Osama Bin Laden ha traído la percepción, por parte de algunos inversionistas en todo el mundo, de que el mundo es un más seguro. Prueba de ello es que están tomando parte en inversiones de mayor riesgo.

El ex presidente George W. Bush, quien prometió capturar al líder de Al Qaeda, felicitó a Barack Obama por la operación que puso fin a la vida de Bin Laden.

Una de las interrogantes que están en el aire, es si los Estados Unidos contaron con el apoyo del gobierno pakistaní y si podría aplicar la misma política en México, en el tema del narcotráfico. "Cuando Estados Unidos tiene una labor militar no importan los acuerdos internacionales, no importa absolutamente nada¸ Estados Unidos va a actuar", señaló el periodista.

The New York Times y El País de España no publicaron en sus primeras planas la noticia de la muerte de Osama Bin Laden.


jgam
Escuchar http://www.radioformula.com.mx/notas.asp?Idn=170681



Analistas árabes califican muerte de Bin Laden de gran golpe contra Al Qaeda. Globovisión/EFE http://globovision.com/news.php?nid=186658

Varios analistas del mundo árabe han calificado hoy la muerte del dirigente de Al Qaeda, Osama bin Laden, en una operación militar de las tropas estadounidenses en Pakistán de un "gran golpe" contra esta red terrorista que puede provocar su retroceso.

En cambio, varias horas después de la muerte de Bin Laden, ningún Gobierno árabe ha evaluado el fallecimiento del máximo representante de Al Qaeda, excepto un portavoz la Autoridad Nacional Palestina (ANP).

Ghasan al Jatib, portavoz del primer ministro de la ANP, Salam Fayad, calificó hoy de "acontecimiento para la paz" la desaparición de Bin Laden y quien subrayó que "lo más importante es deshacernos de la ideología y las creencias radicales de Bin Laden".

El profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Libanesa Nasim Jury manifestó a Efe que la muerte de Bin Laden "no supone el final (de Al Qaeda), pero significa el comienzo del fin de la interpretación errónea que hizo del Islam", en referencia a las tesis integristas y violentas que defendía Bin Laden.

Jury calificó la muerte del dirigente de Al Qaeda como una "buena noticia para todo el mundo, ya que fue la fuente del fanatismo y del conflicto entre Oriente y Occidente".

Este analista subrayó que el islamismo que defiende Al Qaeda está muy alejado de los "verdaderos principios" de esta religión pues "Querían que el mundo volviera a la Edad Media".

Jury destacó la importancia que la figura de Bin Laden ha tenido en el mundo árabe como líder de Al Qaeda, la organización terrorista que estuvo detrás de los atentados de Estados Unidos del 11 de septiembre de 2001.

"Todo lo acaecido estos diez últimos años, sobre todo en esta región, es consecuencia del atentado que (Bin Laden) perpetró en Estados Unidos y esto se ha reflejado en todos los niveles", comentó.

El también profesor de la Universidad Libanesa Walid Ardid observó que la muerte de Bin Laden a manos del Ejército estadounidense junto a la ola de revueltas en favor de la democracia que está teniendo lugar en el mundo árabe, contribuirá a frenar las corrientes más radicales del islam.

"Gracias a los movimientos islámicos moderados como los que se ven en Egipto, Túnez y otros países árabes, el fanatismo comenzará a debilitarse", vaticinó Ardid.

En este sentido, el experto egipcio en asuntos islámicos Fahmi Huweidi comentó a Efe que "es posible que con el paso del tiempo Al Qaeda retroceda" a consecuencia de la muerte de su líder.

No obstante, Huweidi apuntó que este retroceso no se notará a corto plazo, sino que tardará tiempo.

Una apreciación que no comparte del todo el experto jordano en grupos islámicos Marwan Shehada, para quien la desaparición de Bin Laden también "minará la moral de los combatientes de Al Qaeda, al menos, durante un tiempo".

"Creo que Al Qaeda ha sufrido un revés debido a que Osama bin Laden era un líder carismático cuya personalidad ejercía un gran efecto a la hora de convencer a los miembros y distintos rangos dentro del grupo", explicó Shehada.

En cuanto a la identidad del sustituto de Bin Laden a la cabeza de la red internacional, Shehada nombró al egipcio Ayman al Zawahiri, actual "número dos" de Al Qaeda y al libio Abu Yehia al Libi, uno de los dirigentes del grupo terrorista, como posibles sustitutos del recién fallecido líder terrorista.

El analista egipcio del Centro Al Ahram para Estudios Políticos y Estratégicos y experto en el mundo árabe, Mohamed Abás, calificó el asesinato de Bin Laden de "un gran golpe de seguridad de Estados Unidos en estos momentos, que puede confundir a Al Qaeda en sus cálculos".

Para Abás, esta "confusión" se puede traducir en un retroceso del grupo terrorista, que intentaba reforzar su influencia en países árabes inestables, como en el Yemen. Algo que para Walid Ardid supone "un paso hacia la victoria de Occidente frente al terrorismo".

יום השואה צפירהIom Ha Shoáh Sirena


Hoy es el día de recuerdo de la Shoáh- Iom Ha Shoáh. A las 10.00 AM suena la sirena y todo se detiene. Los conductores bajan de los automóviles, todos permanecen inmóviles mientras suena por dos minutos.

domingo, 1 de mayo de 2011

SHOÁH: Sobre el impacto generacional de la película de Claude Lanzmann por Stefan Gandler


Universidad Autónoma de Querétaro, Querétaro, México. stefan.gandler@gmail.com
Es la ilustración misma, dueña de sí y en proceso
de convertirse en fuerza material, la instancia que
podría romper los límites de la Ilustración.
Horkheimer y Adorno,
Dialéctica de la Ilustración

Doy a conocer al público las siguientes líneas, tomando en cuenta algo que tardé en entender más de veinte años: el intelectual que más ha realizado en su desempeño aquello que Horkheimer y Adorno han formulado en la citada frase final de sus "Elementos del antisemitismo", que a su vez es la frase final del texto principal de su Dialéctica de la Ilustración, es Claude Lanzmann. Su película Shoah, que abre la visión como ninguna otra obra del siglo XX a aquello que la Teoría Crítica ha llamado la ruptura de civilización, es a la vez una fuerza material sin comparación del mencionado proceso autosuperador, liberador y antilimitante de la propia Ilustración.
Lanzmann debería ser reconocido por ello también en este bello país que es México y que ha sido el refugio para muchos perseguidos y opositores del fascismo y del nacionalsocialismo, y debería recibir el incuestionable merecido homenaje en esta nación única y, de preferencia, en su institución académica principal. Si la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) le otorgara el Doctor Honoris Causa a Claude Lanzmann, entonces la UNAM y Lanzmann se honrarían mutuamente.
Siguen las líneas que redacté en 2006, en el contexto de la última visita que hizo Lanzmann a México, y que por falta de papel aún no han sido impresas.

1

Cuando nací en Munich —la urbe que los nacionalsocialistas habían declarado "la ciudad del movimiento"—, el nazismo había terminado apenas 18 años y algunos meses antes. A pesar de ello viví más de veinte años con la idea de que el nacionalsocialismo había terminado hacía mucho tiempo. Ahora que escribo estas líneas tengo más años de los que habían transcurrido en ese entonces, incluso desde el inicio del nazismo como gobierno en Alemania hasta mi nacimiento (42 y 31 años respectivamente). Lo que quiero decir con ello es que, en términos históricos, mi generación es más cercana al nazismo que a la generación que está naciendo en estos días. Desde el punto de vista actual puede decirse, entonces, que somos parte integral de la época que está configurada a partir del nacionalsocialismo. [Foto]
Esta reflexión introductoria, que parece ser, a primera vista, nada más un juego con fechas y cálculos de años, es mucho más que ello. Es el resultado de un largo proceso de alejamiento de la vida cotidiana alemana y de su condición de sociedad posnacionalsocialista.

2

La ruptura con la falsa idea de vivir en una época y un lugar muy distantes al nazismo se empezó a desarrollar tímidamente cuando subí a los 12 o 13 años al ático del edificio municipal del pueblo alemán donde vivía en ese entonces. Como miembro de la juventud de los bomberos voluntarios, participé en un simulacro de incendio del "palacio" municipal, un bonito edificio que tenía algunos cientos de años. Al estilo local de la región, tiene un techo de dos aguas con la superficie de los techos muy empinadas, lo que da un amplio espacio con una altura máxima de unos cinco metros dentro de este ático. Ahí subí como parte del ensayo de los bomberos del pueblo, imaginándonos un incendio. Debíamos —así era la orden— apagar el fuego que supuestamente estaba ahí arriba. Cuando entré con dos compañeros al ático, que había sido abierto con llave anteriormente para posibilitar el simulacro, vimos un espacio lleno de polvo que aparentemente desde hace algún tiempo nadie había pisado. Tras avanzar unos pocos metros, vi una imagen que se me grabó de tal manera en mi memoria que hasta el día de hoy la puedo ver al cerrar los ojos: en una pared del ático estaban recargadas unas veinte svásticas, de aproximadamente un metro de altura, de madera pintada, todas recubiertas de bastante polvo, pero en perfecto estado. Volteando ligeramente la vista hacia la izquierda vi, casi inmediatamente después, una svástica mucho más grande, de unos cuatro o cinco metros de altura, también de madera pintada. Además, varias banderas nazis envueltas o semiabiertas, ya no recuerdo cuántas.
Siempre me había gustado subir a los áticos de los edificios y buscar ahí cosas emocionantes, pero este hallazgo fue totalmente inesperado para mí. Tenía cierta capacidad para estimar los años que tenían las capas de polvo, precisamente por estas visitas a los áticos, y me di cuenta que estas svásticas no tenían demasiado tiempo de haber sido utilizadas por última vez. Fue la primera vez en mi vida que percibí que el nazismo estaba muy cerca en términos de tiempo y que había existido ahí mismo, en el lugar en el que estaba parado en ese momento.
Para el lector o la lectora, estas dos afirmaciones podrían parecer simples u obvias, pero no lo eran en lo más mínimo, y para la gran mayoría de la población alemana no lo son hasta el día de hoy. A pesar de la moda en los últimos quince años de hablar sobre el nazismo y de hacer películas y otras obras sobre éste, sigue existiendo en el inconsciente colectivo, así como en la ideología oficial, la idea implícita de que el nazismo fue algo que no está ligado ni en el tiempo ni en el espacio con nuestra realidad, la de la República Federal de Alemania (RFA).

3

El encuentro con las svásticas permaneció por un tiempo como un hecho aislado en mi vida y nunca más lo mencioné en las conversaciones con los dos compañeros que estaban conmigo en ese momento. Estuve —así lo veo ahora— inmerso en el acuerdo general existente en la RFA de la década de 1970 de no tocar, en la medida de lo posible, este tema1.
La segunda vez que el tema entró en mi vida fue cuando nuestro maestro de historia de secundaria en la capital del estado alemán de Hessen, Wiesbaden, se enojó mucho al ver una svástica pintada en el pizarrón del salón, aparentemente por un alumno de mi grupo. A pesar de considerarme crítico respecto, por ejemplo, de las actitudes autoritarias de ciertos maestros u otros acontecimientos escolares que consideraba injustos, no me había percatado de la svástica en el pizarrón hasta que el maestro se molestó. Hizo referencia al hecho de que había alumnos, en la misma escuela, de familias judías, que podrían sentirse profundamente heridos al ver esta svástica, porque familiares cercanos habían sido asesinados por los nacionalsocialistas. El maestro de historia nos empezó a contar su propia participación en el nacionalsocialismo dentro de las juventudes hitlerianas y, en los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial, como ayudante antiaéreo del ejército. El maestro mencionó que había estado a favor del nazismo hasta el día en que murió un amigo cercano, en la guerra. Nos contó que a partir de esa experiencia, poco a poco, empezó a dudar del nazismo así como de su ideología y tardó años en entender plenamente la gravedad de sus crímenes.
Fue él, el maestro Bickert, quien por primera vez en mi vida me hizo entender algo del nazismo; yo tendría unos 14 años. Posteriormente, varios padres de familia del grupo escolar entregaron una queja formal a la dirección de la escuela en contra de este maestro, aduciendo diferentes pretextos, pero al realizarse una reunión con el profesor, quedó claro qué era lo que realmente los había molestado: el "exceso de tiempo que dedicaba en las clases de historia al tema del nacionalsocialismo". Habíamos dedicado, en total, unas cinco o seis sesiones de clases a este tema, como consecuencia del mencionado incidente.

4

En el transcurso de los años vi partes de la serie televisiva Holocausto y leí algunos pequeños artículos relacionadas con el tema del nacionalsocialismo, pero la distancia aludida hacia el tema persistió. Aún cuando participé, ya como estudiante de filosofía de la Universidad de Frankfurt, en un grupo estudiantil de izquierda llamado Izquierda No Dogmática, me llamaron la atención otras temáticas. La ruptura abrupta con esta actitud fue provocada por la película Shoah, de Claude Lanzmann, que se exhibió por primera vez en un cine de la ciudad de Frankfurt al inicio del verano de 1987. Un grupo de estudiantes y no estudiantes se había reunido para reactivar el cine universitario Camera, cerrado años antes por el rector con el pretexto de no estar construido según las "normas de la policía de incendios" [feuerpolizeiliche Bestimmungen]. Este cine había sido un importante punto de reunión y activismo en 1968 y los años posteriores y, por consiguiente, una molestia para las autoridades universitarias de Frankfurt.
El mencionado grupo con intereses cinematográficos, llamado Pupille, y fundado, entre otros, por Jürgen Franke, desarrolló como primera actividad un ciclo de cine inspirado por el, en ese entonces, virulento "debate de los historiadores" alemanes [Historikerstreit]. En este debate, que era realmente un intercambio de cartas publicadas en algunos de los grandes periódicos alemanes, varios historiadores, cercanos al gobierno de Helmut Kohl, trataron de "historizar" —y con ello relativizar— los crímenes nacionalsocialistas, sobre todo la destrucción de los judíos europeos. Participaron, por un lado, entre otros, Ernst Nolte, quien llegó a declarar que la destrucción de los judíos europeos era un "crimen asiático"2 (en el mencionado intento de exterritorializar el nacionalsocialismo y sus crímenes) y, por el otro, Jürgen Habermas, quien, casi de manera solitaria, se opuso a esta falsificación de la verdad histórica. Habermas le comunicó un día a una amiga muy cercana que recibió varias amenazas de muerte por esta actitud de seriedad científica. El club de cine universitario Pupille organizó entonces este ciclo de cine para contrarrestar la fuerte tendencia a reinterpretar la historia del nazismo. Había varias películas de muy alta calidad en este ciclo, que provocaron intensos momentos de reflexión en el público (como, por ejemplo, Noche y neblina, de Alain Resnais, o Ven y mira, de Elem Klimow), pero nunca olvidaré el momento cuando salimos de la proyección de Shoah.

5

Para toda una generación, la película Shoah, de Lanzmann, representó una ruptura única en su vida. Coincido perfectamente con la percepción del creador de esta obra cuando declara: "He creído realmente, con toda humildad, pero también con orgullo, que hay un antes y un después de Shoah"3. Para nosotros, que teníamos serias dudas sobre las bondades de la actual formación social y de su respectiva forma de reproducción capitalista, esta película cambió radicalmente la manera de ver el nacionalsocialismo. De cierta manera, fue sólo a partir de Shoah que empezamos a acercarnos realmente al tema de la destrucción de los judíos europeos. Antes había sido sólo un elemento entre varios de los crímenes nacionalsocialistas, y ellos, a su vez, habían sido la punta del iceberg acerca de lo destructivo que es el capitalismo, pero en verdad nuestro conocimiento y nuestra percepción del genocidio habían sido sumamente limitados. A contracorriente de lo que pensábamos de nosotros mismos, siendo estudiantes de izquierda, habíamos sido en gran medida absorbidos por la tendencia generalizada de mantener una distancia "sana" hacia ese punto, el más oscuro no sólo de la historia alemana, sino de la historia humana.
Shoah provocó que en el verano de 1987, después de asistir a un congreso internacional de jóvenes filósofos en Jabłonna, cerca de Varsovia, visitara durante dos días enteros el ex campo de concentración Auschwitz y, sobre todo, Auschwitz II–Birkenau, donde están, hasta hoy, los restos de las cámaras de gas más grandes que fueron construidas y utilizadas por los nacionalsocialistas alemanes para matar a más de dos mil personas a la vez. [Foto]
Todo el tiempo que estuve en Auschwitz y, posteriormente, en Treblinka, pensé en Shoah. De cierta manera fue esta película la que me hizo ver estos lugares. Al caminar sobre los rieles de ferrocarril que llevan a la puerta de Auschwitz–Birkenau pensaba a cada instante en las escenas de la película.
Estoy convencido de que si no hubiera visto varias veces esta película mi vida hubiera sido muy diferente; probablemente estaría viviendo todavía en Alemania o, por lo menos, en Europa.

6

Mi primera visita a Auschwitz —"guiado" por la película de Lanzmann— me impactó también en el sentido lingüístico. En el museo que está en una parte del ex campo Auschwitz i no todos los textos explicativos estaban traducidos, en ese entonces, del polaco al inglés, así que algunas partes descriptivo–científicas no pude entenderlas. Lo que sí entendí siempre, en cada sección del museo, al ver cada una de las vitrinas, eran los documentos originales de la S.S. o de otras instancias alemanas. Al leer sin problema algunos textos de los victimarios, por haber sido redactados todos en mi lengua materna, y al no entender todo lo que se redactó por parte de los científicos y la administración del museo del ex campo de concentración de Auschwitz, empecé a sentir cómo se me cerraba la garganta. Con un amigo alemán, con quien había viajado al congreso y a Auschwitz, regresé en autobús, la noche del primer día, al hotel que nos habían conseguido los organizadores del congreso filosófico y que se encontraba a unos cuarenta kilómetros. Durante todo el camino pasaba por mi cabeza la pregunta de si todavía me iba a ser posible hablar en alemán como lo había hecho antes. Este idioma, que hasta el día de hoy sigue siendo el que mejor domino, adquirió ese día un significado completamente diferente al que había tenido anteriormente para mí.

7

No sé si Claude Lanzmann estaría de acuerdo con una visión de esta naturaleza sobre el alemán como idioma, considerando, por ejemplo, que estudió y enseñó filosofía en Alemania poco después del fin militar del nazismo, pero a la vez sé, por su forma de hablar y escribir, que domina este idioma de una manera muy peculiar, que muchas veces es distanciada e irónica, y en la que destaca una referencia polémica, en el tono de su voz, al origen nazi de muchas palabras alemanas de hoy. En el texto arriba citado, habla de "'acciones' en el sentido alemán de la palabra", el de la S.S. en el ghetto de Cracovia4. La palabra "Aktion" en alemán es, para Lanzmann en esta frase, idéntica a la usada de manera eufemística por parte de la S.S.
Lanzmann conoció Alemania, impartió cátedra en la Universidad Libre de Berlín en los primeros años posnazis; su película no demuestra ningún odio hacia este país y sus habitantes y, al mismo tiempo —tal vez en parte por ello—, nos rememora en cada instante que la destrucción de los judíos europeos se organizó desde Alemania, con alemanes en todos los puestos claves. Nos recuerda constantemente, como dice Paul Celan, que la muerte es un maestro de Alemania.
Conocí a Lanzmann personalmente en 1998 en México, cuando vino a presentar la versión con subtítulos en español de su obra principal. Algunos años después lo vi en Frankfurt, cuando presentó en esta ciudad su película Sobibor. 14 de octubre 1943. 16:00 h. Yo estaba allá por un año, en ocasión de un periodo sabático, y Claude, al enterarse de ello, me preguntó con asombro: "¿Y qué haces aquí?" Tal vez él es uno de los pocos europeos que puede entender que, después de haber visto Shoah, no es cualquier cosa seguir viviendo en y con el idioma alemán como lengua principal.

8

Shoah ha cambiado al mundo y ha cambiado a Alemania. Efectivamente, el país no es el mismo después de esta película. ¿Qué espectador alemán de esta única obra cinematográfica va a poder olvidar la escena en la cual Franz Suchomel, el S.S.–Unterscharführer de Treblinka, canta, a petición de Lanzmann —en alemán por supuesto—, la "Canción de Treblinka" y al terminar dice: "Esto es 'auténtico'. Ya ningún judío conoce esto"?5 Esta "naturalidad" con la cual Suchomel, el guardia del S.S., ve la actual ausencia de la mayor parte de las familias judías en Europa es lo que conocemos demasiado bien como la forma predominante de ignorar el nacionalsocialismo, el genocidio y sus consecuencias. Ver en la gran pantalla esta actitud tan conocida cotidianamente, formulada por un alemán que personalmente participó en el asesinato de cientos de miles de judíos, nos hizo percibir de golpe cuál era el origen de nuestra apatía, de nuestra indiferencia hacia esta ausencia y su origen.

9

¿Pero por qué Shoah tuvo tanto impacto en Alemania? A la pregunta: "¿En qué trabaja usted ahora?", que le hace en 1992 el diario berlinés Tageszeitung, Lanzmann contesta: "En la última parte de una trilogía, de la cual Pourquoi Israel y Shoah son las primeras dos partes. Va a ser una película sobre la reapropiación de la violencia por los judíos, rodada sobre todo en Israel. El holocausto no sólo fue una masacre de gente inocente, sino también de gente inerme; de personas que por miles de años estuvieron apartadas del conocimiento técnico y del uso de armas, así como de la disposición psicológica de ser violentas. Pero ahora lo hacen y ello parece ser un problema real para la cristiandad." Esta reapropiación de la violencia por parte de los oprimidos y excluidos siempre presenta un problema para aquellos que ya se acostumbraron a tener el monopolio de la violencia. Probablemente ahí está una pequeña parte de la respuesta a nuestra pregunta. Tal vez la película Shoah comporta también esta fuerza de reapropiación. No es un acto violento, pero a la vez sí lo es. Sólo con cierta violencia pudo arrancar del olvido, en la medida de lo posible, la muerte solitaria de millones de judíos en las cámaras de gas nacionalsocialistas y, como dijo Lanzmann en una ocasión, no dejarlos solos. Engañar al S.S.–Unterscharführer Suchomel al decirle que no va a revelar su nombre y filmarlo con una cámara escondida es un acto de cierta violencia, obviamente no militar, pero sí artística y psicológica6.
En una entrevista, Lanzmann comentó que el camarógrafo, cuyo padre había sido asesinado en Auschwitz, le cuestiona el poder entrevistar al guardia del S.S. Suchomel con tanta calma (en vez de matarlo), y Lanzmann le contesta: "Lo mato con la cámara". Es lo que justamente hace Lanzmann con muchos de los estereotipos y tabúes que existían y existen en Alemania (y en el mundo) sobre el nacionalsocialismo y la destrucción de los judíos europeos: no solamente los cuestiona o los confronta con otra interpretación, sino simplemente los aplasta. En términos de actitud discursiva, Shoah no participa en un respetuoso intercambio de ideas con las omnipresentes mentiras sobre el nazismo y el genocidio, como lo intentan (en el mejor de los casos) películas como La lista de Schindler, de Steven Spielberg, o El pianista, de Roman Polanski, sino que se impone sin piedad y sin pedir permiso al espectador, o a su capacidad inevitablemente limitada de imaginación y entendimiento.

10

Ahí entra en juego lo que Lanzmann denomina —citando el recuento que hace Primo Levi de la respuesta que le da un guardia del S.S. en Auschwitz—: "Hier ist kein Warum" [aquí no hay por qué]. Lanzmann formula al respecto:
Tal vez es suficiente formular la cuestión en la forma más simple de preguntar: "¿Por qué los judíos han sido matados?" ésta revela de inmediato su obscenidad. Hay una obscenidad absoluta del proyecto de comprender.
No comprender fue mi ley de hierro en el transcurso de todos los años de la elaboración y realización de Shoah: me he basado aferradamente en esta negación como única actitud posible, ética y operatoria a la vez. Esta guardia alta, estas anteojeras, esta ceguera eran para mí la condición vital de la creación.
Ceguera debe entenderse aquí como la forma más pura de la mirada, sólo para no voltearla de una realidad que literalmente enceguece […]. Dirigir al horror una mirada frontal exige renunciar a las distracciones y escapatorias, ante todo a la primera de ellas, la más falsamente central, la pregunta del porqué […]7.
Ante la violencia absoluta que significan Auschwitz, Treblinka, Sobibor y los otros campos de exterminio nacionalsocialistas, surge algo que escapa del marco formidable de la razón y la imaginación. Shoah no es para nada teatro del absurdo. Sin embargo, sus confrontaciones, estéticamente absurdas, las tomas de los bellos bosques polacos con los recuentos de los pocos sobrevivientes que vieron con sus propios ojos la muerte de su pueblo, abren a la imaginación humana —cegada por el temor a la inaguantable verdad histórica— un espacio inesperado. Este espacio, por mínimo que sea, es la puerta de entrada a lo que nunca hemos visto antes. Simone de Beauvoir, en su prefacio a la publicación impresa del texto completo de la película, aclara al respecto: "No es fácil hablar de Shoah. Hay magia en esta película, y la magia no se puede explicar. Hemos leído, después de la guerra, cantidades de testimonios sobre los ghettos, sobre los campos de exterminio; hemos sido perturbados. Pero, al ver hoy la película extraordinaria de Claude Lanzmann, nos damos cuenta de que no habíamos visto nada"8.



11

Pocos comentaristas de la película Shoah se refieren a esta violencia que implica para el espectador. Reconocerla podría ser probablemente reconocer su temor, reconocer implícitamente la necesidad de esta violencia estética (no esteticista, como tiene a bien resaltar la misma Simone de Beauvoir9). Al sentirse molestos por esto, varios de ellos optan más bien por la proyección más perversa. "Detectan" la violencia de Lanzmann sólo cuando entrevista al entonces peluquero Abraham Bomba. Al llegar al límite por lo inaguantable que son los recuerdos que trata de revelar ante la cámara, Bomba pide a Lanzmann interrumpir la grabación, pero éste le insta cuatro veces a seguir adelante10. Esta metódica (y a la vez sólo aparente) falta de piedad por parte de Lanzmann ante su interlocutor, que es muy criticada en varios textos de la literatura sobre Shoah, le molesta al público sólo en la medida en que falsamente se identifica con Bomba y proyecta su rechazo a la violencia que implica Shoah, para muchos espectadores, a la "víctima que Lanzmann (supuestamente) de nuevo victimiza" al no interrumpir la entrevista.

12

Pero lo que Lanzmann hace en esta secuencia molesta al espectador (¿alemán?) no por la actitud firme hacia Abraham Bomba, quien pide interrumpir la entrevista por lo inaguantable que es poner en movimiento en la memoria estos recuerdos, sino por el mal momento que hace pasar al visitante del cine, quien quisiera que Lanzmann le conceda la interrupción del recuento de Bomba. Lo que hace Lanzmann, visto de cerca, es lo siguiente: hace regresar a Abraham Bomba por un momento a su antigua profesión de peluquero, sólo para entrevistarlo en esta situación, mientras corta el pelo a un señor. Le pregunta sobre los recuerdos de su estancia en un campo de exterminio nacionalsocialista. Le hace recordar y contar cómo cortaba el pelo de las mujeres instantes antes de que entraran a la cámara de gas, a veces incluso dentro de la misma, antes de que cerraran las puertas. Le hace recordar esto justo cuando repite el acto de cortar el pelo a un humano, y Bomba cuenta lo sucedido con otro estilista, que estaba con él y que, obligado a cortar el pelo a mujeres muy cercanas, quiso morir con ellas. La escena es de las que más se nos grabaron en la mente porque Lanzmann logró perfectamente interrumpir el continuum de la historia y confrontar un momento del pasado de manera inmediata, fuera del control de la interpretación de signos, con el sobreviviente de hoy. Esta interrupción del continuum de la historia —en términos de Walter Benjamin— abarca incluso al espectador, que pierde por un instante, aunque sea mínimo, la sensación del tiempo como homogéneo e infrenable, y al cual se le abre un espacio para ver algo en el pasado como si fuera hoy, en este momento. O dicho de otro modo: ve de repente al sobreviviente en la cámara de gas cortando el pelo a las mujeres instantes antes de cerrarse las puertas, ve cómo él se ve ahí y ve de repente algo que nunca había logrado ver o percibir por otros métodos.
La memoria que tan fácilmente se deja corromper, en esta sociedad corrompida por su forma económica y social, encuentra una fisura en la máquina sin piedad que llamamos tiempo. Y en esta pequeñísima fisura, que sólo ven los que no cierran súbitamente los ojos ante el horror que se esconde en lo que llamamos nuestro pasado, se abre por instantes —instantes que son una eternidad— un espacio de libertad que permite a la memoria hacer emerger lo que había estado hundido y condenado al olvido11.

13

El problema de la memoria es radicalmente diferente al del entendimiento. La memoria está dirigida hacia atrás, mientras que el entendimiento está, tendencialmente, dirigido hacia adelante. La memoria no necesita justificación alguna por su existencia ni por su insistir en el respeto debido a los aplastados y asesinados de ayer. El entendimiento, por lo general, quiere sacar conclusiones de lo que ha pasado, para así planear las acciones dirigidas hacia el futuro. A pesar de que esto se puede emprender con las mejores intenciones emancipatorias, de todos modos se abre con cierta necesidad un abismo entre la memoria de los aplastados y la memoria que "nos puede dar una buena enseñanza". Al momento de pedagogizar la memoria colectiva e individual, se subordina ésta a fines que surgen del supuesto futuro, que a final de cuentas son las necesidades del presente dominante. En consecuencia, se puede comprobar que, mientras exista la sociedad no emancipada, la memoria puede ser solidaria con los asesinados y humillados sólo cuando no se deja subordinar a la dinámica de las enseñanzas esperadas de ella.
Recordar lo que pasó en el nacionalsocialismo, recordar la destrucción de los judíos europeos, puede implicar no sólo no aportar nada al mejor entendimiento de la formación social correspondiente, sino incluso puede ser un freno para este entendimiento. Recordamos la frase de Walter Benjamin sobre las revoluciones como uso del freno de emergencia que se puede entender de una nueva manera en este contexto: "Marx dice que las revoluciones son las locomotoras de la historia mundial. Pero tal vez esto es completamente distinto. Tal vez las revoluciones son el momento en el cual el género humano, que viaja en este tren, acciona el freno de emergencia"12.
El freno podría ser aquí no sólo el que retarda ciertos procesos sociales, sino también el que alarga o interrumpe el avance de la razón explicativa. Con esto no se festeja un dudable irracionalismo, sino más bien se retoma la idea de Horkheimer y Adorno, expresada en la Dialéctica de la Ilustración, de que la razón misma puede ser la fuerza central de su propia destrucción13. La película Shoah aportó, sin lugar a dudas, algo esencial para frenar el "entendimiento" de la destrucción de los judíos europeos como "crimen asiático" (Nolte) y también para frenar algunas "explicaciones" extremadamente simplificadoras que circulaban en la izquierda y que trataban de analizar el genocidio en su conjunto como algo directamente provocado por ciertas necesidades económicas del reinante sistema reproductivo capitalista.
Raul Hilberg, el historiador que mejor conoce el tema de la destrucción de los judíos europeos14, sabe algo al respecto cuando en sus conferencias insiste en la experiencia de que, en la medida en que supo cada vez más sobre el genocidio y sus detalles, tenía poco a poco menos explicaciones convincentes15.

14

Paradójicamente, es justo esta distancia hacia la posibilidad y supuesta necesidad de llegar firmemente a un "entendimiento" del genocidio nacionalsocialista la que va junto con el impacto único que ha tenido Shoah en la historia de las películas (e incluso de las obras en general) sobre el nacionalsocialismo y, probablemente, en la historia del cine en cuanto tal. Sucede algo parecido con las obras de Lanzmann y de Hilberg por lo que ha pasado en relación con las obras de Horkheimer, Adorno, Marcuse, Neumann y Benjamin: justo al no buscar ansiosamente un posible resultado político o pedagógico inmediato al desarrollar sus obras, logran un impacto mucho más grande que la gran mayoría de las obras contemporáneas. Mientras la Teoría Crítica fue el mayor impulso teórico que ha tenido el movimiento estudiantil en Alemania (hasta hoy el movimiento social más relevante de la Alemania posnazi), las obras, de Lanzmann y Hilberg han abierto los ojos —y en muchos casos provocado incluso más que esto— a millones de personas. Al no encausar sus obras para que ayuden a sus espectadores o lectores a entender fácilmente la destrucción de los judíos europeos, han provocado, a la vez, sin lugar a dudas, más reflexiones críticas sobre este tema que cualquier otra aportación científica o cinematográfica.

15

Quiero dar un pequeño ejemplo de ello y con esto finalizar mi texto, con un regreso a las referencias iniciales sobre la Alemania a la cual llegó Shoah en 1986/1987. Después del mencionado gran impacto que tuvo esta película sobre aquella generación de estudiantes de Frankfurt que tenía inquietudes críticas hacia la formación social existente, tuvimos largas discusiones sobre el tema del nacionalsocialismo, sobre todo con relación a su proyecto central, la destrucción de los judíos y los gitanos europeos. Ocho meses después del estreno de Shoah en la Camera de Frankfurt, el rector de esta universidad, de tendencia derechista muy pronunciada, presentó a los universitarios un nuevo ciclo de conferencias que planeaba con una duración de, por lo menos, dos años. Iba a invitar a este ciclo, que denominaba "Beruf als Erfahrung" [La profesión como experiencia], a varios destacados "líderes de la economía" [Wirtschaftsführer] alemanes. Salvo una única excepción —un joven general del ejército alemán—, todos los invitados habían empezado su carrera durante la economía alemana bajo Hitler y con la ayuda directa de los nacionalsocialistas. Todos habían participado en puestos centrales de la economía alemana, que en este periodo tenía una estructura sumamente autoritaria, organizada bajo formas pseudo–estatales, analizadas por Franz Neumann en el Behemoth16 como "economía monopólica totalitaria". Desde oficinas que usaban el membrete de la Secretaría de Economía organizaban todas las ramas de la economía de guerra alemana según las necesidades de los grandes monopolios. Inspirados por el impacto que nos había provocado Shoah dedicábamos largas jornadas de investigación a desentrañar la biografía verdadera de los primeros invitados. Con pretextos que ingeniábamos, logramos ver, en el Archivo Nacional de Alemania, algunas carpetas llenas de documentos de las mencionadas instituciones pseudo–estatales en las cuales ocupaban puestos centrales. A pesar de que estos documentos habían sido visiblemente "limpiados", encontramos algunos datos claves sobre el actuar de estos invitados durante los años 1933–1945, los mismos que, según el rector Klaus Ring, debían servir como "ejemplo para la juventud".
Suponíamos, a partir de otras experiencias parecidas, que estos invitados, al recontar "a la juventud" sus maravillosas biografías, iban a "olvidar" los años del nacionalsocialismo. Milagrosamente, todavía en la década de 1980, todas estas historias individuales empezaban siempre el día 8 de mayo de 1945. Antes, ninguno de los alemanes que habíamos conocido de esa generación había hecho absolutamente nada que valiera la pena ser recordado. Por ello nos interesaba saber qué era lo que no iban a decir en sus conferencias. A partir de los resultados obtenidos en nuestras investigaciones en el Archivo y en ciertos libros (algunos de ellos de acceso severamente restringido en la Biblioteca Central de Frankfurt por órdenes judiciales17), redactamos un muy extenso volante de tamaño doble oficio, con letras pequeñas impresas en las dos caras, sobre la biografía real del primer "líder de la economía" invitado18. Hans Lutz Merkle era en ese entonces jefe de la compañía alemana Bosch y había sido, en los últimos años del nacionalsocialismo, el jefe de la Reichsvereinigung Textilveredelung [asociación del Reich para la elaboración de textiles], desde la cual controlaba toda la producción textilera de Alemania y de los países ocupados por los nazis. Un dato que pudimos encontrar era que esta institución tenía sedes en todas las capitales de los países ocupados y una sola subsede en una ciudad de menor tamaño. Esta subsede nos llamó la atención por su ubicación geográfica: se encontraba en la misma región de la Polonia ocupada que Auschwitz.
Repartir estos volantes provocó un gran escándalo en la Universidad de Frankfurt y la asistencia de unos sesenta estudiantes críticos a la conferencia de Merkle, que venían con el propósito de preguntarle sobre sus años y experiencias antes del 8 de mayo de 1945. Como el rector no tenía la intención de permitir estas preguntas y al ver la cantidad de estudiantes inconformes, mandó llamar a la policía, la cual llegó con cien elementos, quienes desalojaron a los estudiantes sospechosos cuando éstos comenzaron a formular sus primeras preguntas al invitado. Fue la primera vez, desde los virulentos años de la década de 1970, que en la Universidad de Frankfurt una discusión pública fue resuelta de esta manera y hasta la prensa conservadora (Frankfurter Allgemeine Zeitung) criticó al rector por su forma de actuar. [Foto]
Este ciclo de conferencias tenía como objetivo ayudar a varios de los "líderes de la economía" alemana a lavar su imagen en un lugar clave para ello en toda Alemania, la Universidad de Frankfurt, por su reputación —alcanzada sobre todo por la Teoría Crítica—. El intento del rector de seguir con el ciclo invitando a un segundo conferencista fue interrumpido por más de doscientos estudiantes, frente a los cuales el invitado se negó a contestar las preguntas sobre su pasado nazi. Después de ello, el gobierno del estado de Hessen intervino para obligar al rector a cancelar este proyecto de reinterpretación benévola de la historia alemana.
Sin Shoah en Frankfurt en 1987 es difícil imaginar que se hubiera logrado interrumpir este importante intento de ponerle un armónico punto final a la memoria real del nacionalsocialismo y de la Shoah (desde la película el hecho histórico lleva este nombre) que se quiso realizar justo en la institución de la cual la Escuela de Frankfurt había sido expulsada en 1933, usando así perversamente la reputación que sus miembros le habían dado a esta institución. El paso del bombero voluntario que no sabía expresar ni verbalmente su asombro ante el hallazgo de las svásticas en el ático del edifico principal del pueblo, al estudiante que participaba activamente en aquella interrupción de la mentira histórica sobre el nacionalsocialismo, sólo fue posible por Shoah.



NOTAS

1 El intento de algunos activistas y participantes del movimiento estudiantil del 68 alemán de "preguntar a los padres" sobre su participación en el nacionalsocialismo fue muy valioso pero, a la vez, tuvo un asombroso bajo impacto para la sociedad alemana en su totalidad.

2 Nolte divulgaba la "tesis" según la cual el genocidio nacionalsocialista era la "respuesta adelantada" al supuesto peligro de un "ataque asiático" (léase de la Unión Soviética y sus "líderes comunistas judíos") en contra de "los alemanes". En el fondo, es la vieja ideología nacionalsocialista de la "Alemania amenazada, que mata y ataca en defensa propia", a la que Nolte quiso dar una apariencia "científica" en plena posguerra de la década de 1980.

3 Claude Lanzmann, "Ihr sollt nicht weinen. Einspruch gegen 'Schindlers Liste'", Frankfurter Allgemeine Zeitung, núm. 54, 5 de marzo de 1994, Frankfurt, p. 27. [ Links ]
4 "[…] 'Aktionen' im deutschen Sinne des Wortes", ibid.

5 "C'est un 'original'. Plus un Juif ne connaît ça!" (Franz Suchomel, afirmación hecha después de cantar la "Canción de Treblinka", que la S.S. obligaba a los 'judíos del trabajo' a cantar cada mañana y cada noche. En Claude Lanzmann, Shoah, Gallimard, París, 1997, p. 155.) [ Links ]
6 "[Lanzmann:] Señor Suchomel, no hablamos de usted, sino sólo de Treblinka. Porque su testimonio es capital y usted puede explicar qué era Treblinka. [Suchomel:] Pero no cite mi nombre. [Lanzmann:] No, no, se lo he prometido" (ibid., p. 84).

7 Véase Claude Lanzmann, "Hier ist kein Warum", en Michel Deguy et al., Au sujet de Shoah, Belin, París, 1990, p. 279; [ Links ] y Claude Lanzmann, "Hier ist kein Warum. Mariam Niroumand sprach mit Claude Lanzmann, der aus Anlaß der Vorführung von 'Shoah' bei den 'Jüdischen Lebenswelten' in Berlin war", Tageszeitung, 23 de abril de 1992, Berlín, p. 15. [ Links ]
8 Simone de Beauvoir, "La Mémoire de l'horreur", en Claude Lanzmann, Shoah, Gallimard, París, 1997, pp. 9–14 ; aquí p. 9. [ Links ]
9 Ibid., p. 14.

10 Lanzmann, Shoah, op. cit., p. 168.

11 Véase al respecto también Stefan Gandler, "¿Por qué el Ángel de la Historia mira hacia atrás?", en Bolívar Echeverría (ed.), La mirada del ángel. En torno a las Tesis sobre la historia de Walter Benjamin, Era, México, 2005, 252 pp., pp. 45–88; aquí pp. 64–65. [ Links ]
12 Walter Benjamin, "Anmerkungen zu den Thesen über den Begriff der Geschichte", en Gesammelte Schriften, Rolf Tiedemann y Hermann Schweppenhäuser (eds.), tomo I.3, Suhrkamp, Frankfurt, 1980, p. 1232. [ Links ]
13 Véase Horkheimer y Adorno, Dialéctica de la Ilustración. Fragmentos filosóficos, Juan José Sánchez (tr.), Trotta, Madrid, 1994, cap. "Concepto de ilustración", pp. 59–95. [ Links ]
14 Véase Raul Hilberg, La destrucción de los judíos europeos, Cristina Piña Aldao (trad.), Akal, Madrid, 2005, 1455 pp. [ Links ]
15 Comentario de Raul Hilberg en una conversación durante la cena, después de su conferencia magistral en la Universidad de Frankfurt, 1987.

16 Franz Neumann, Behemoth. Pensamiento y acción en el Nacional Socialismo, Vicente Herrero y Javier Marquez (trs.), Fondo de Cultura Económica, 1943, 583 pp. (col. Sección de política) (reimpresiones en 1983 y 2005), p. 251 [ Links ]y ss. Neumann fue el maestro principal de Hilberg y el asesor de la tesis que fue la base de sus estudios posteriores, que desembocaron en su obra principal: La destrucción de los judíos europeos, Akal, Madrid, 2005, 1455 pp. [ Links ]
17 Sobre todo libros sobre el ex jefe del Deutsche Bank, Hermann Josef Abs —principal asesor financiero de todos los gobiernos (del oeste) alemanes desde Hitler hasta Kohl—, que habían sido publicados en la República Demócrata Alemana (rda) y prohibidos a petición de sus abogados, y que se encontraban bajo resguardo, con estricta limitación de acceso. Sólo usando métodos semiclandestinos pudimos consultarlos en la Biblioteca Central.

18 Véase Linke Liste an der Uni–Frankfurt (1988): "Das höchste Gut, was uns keine Macht der Welt rauben kann, ist reine Gesinnung, die ihren Ausdruck findet in gewissenhafter Pflichterfüllung", [volante], julio de 1988, Frankfurt, en Internet: .

Oligarquías electivas vs. Redemocratización radical


Por Jaime Pastor
Una reflexión sobre el estado actual de la democracia “realmente existente” en nuestra área geográfica no puede hacer abstracción del contexto global en el que ésta sobrevive, sobre todo cuando nos encontramos en medio de una crisis sistémica y multidimensional como la que nos afecta en la actualidad.
Debemos partir, por tanto, de que este momento histórico es cualitativamente diferente del que caracterizó al desarrollo de este tipo de “democracias” en las sociedades de los países miembros de la OCDE después de la Segunda Guerra Mundial. Fue en el periodo excepcional que caracterizó a los “treinta gloriosos” posteriores cuando se pudo producir ese pacto interclasista que dio lugar a los distintos regímenes de bienestar en el mundo euro-occidental y, en ese marco, a la configuración de una democracia liberal relativamente estable. El “acontecimiento global” del año 68 expresó la voluntad de una nueva generación política de querer ir más allá del Estado de bienestar y de la política institucional de los viejos partidos de derechas y de izquierdas (incluidos los Partidos Comunistas); pero finalmente, a partir de 1973, una onda larga neoliberal se fue imponiendo frente a aquélla, con el fin de frenar la “sobrecarga de demandas” desde abajo y la crisis de “gobernabilidad” que afectaba a un capitalismo en crisis.
Así, desde los años 80 se mostraba cada vez con mayor dramatismo lo que Bob Jessop ha definido como “la paradoja de Offe”: “mientras que el capitalismo no puede coexistir con el Estado de bienestar, tampoco puede existir sin él” (2008: 334). En efecto, la tensión entre las necesidades del nuevo régimen de acumulación capitalista (con ataques al salario directo, indirecto y diferido de la fuerza de trabajo), por un lado, y la garantía del mantenimiento de un cierto grado de legitimación social entre la mayoría de la población (cada vez más limitada por esos mismos ataques), por otro, ha conocido distintas fases (resistencias con derrotas en los años 80, triunfalismo capitalista tras la caída del bloque soviético a comienzos de los 90, fin de la “globalización feliz” a finales de los 90) hasta llegar a la crisis actual. Pese a sus dificultades, el capitalismo logró dominar esa tensión sin grandes sobresaltos e incluso convirtiendo en “sentido común” su individualismo posesivo y consumista; pero el grado de financiarización que ha conocido ha acabado conduciendo al estallido de “burbujas” sucesivas cuyas consecuencias hoy recaen en las capas populares mediante nuevos “planes de ajuste” que, además de no ser suficientes para crear las bases de un nuevo “crecimiento” económico, no dejarán de generar un mayor déficit de legitimidad del sistema y de las democracias realmente existentes. Porque es ahora cuando el gran capital parece dispuesto, también en el “Norte”, a buscar una huída hacia delante frente a la magnitud de la crisis disponiéndose a prescindir incluso de unos Estados asistenciales cada vez más adelgazados justamente cuando los efectos del “descensor social” en marcha son más patentes.

Dinero, poder y “desdemocratización”

Este pronóstico se basa en que si bien durante el período de expansión económica la tendencia a la configuración de partidos “catch-all” y el neocorporativismo basado en la concertación patronal-sindicatos mayoritarios fueron relativamente funcionales al capitalismo, la intensificación de la ola neoliberal y, ahora, el estallido de la crisis sistémica han ido minando sus bases y, como consecuencia, más que a un proceso de profundización democrática a lo que estamos asistiendo es a otro inverso de “desdemocratización” o, “de-consolidación” de la democracia. Si por esto último entendemos, de nuevo con Offe, el “deterioro cualitativo en un proceso en el que se van socavando lentamente las instituciones y los principios democráticos” (2009: 108), no es difícil encontrar en nuestra realidad más cercana ejemplos de la tendencia a pasar de un “Estado social y democrático de derecho” a otro asistencial, oligárquico y securitario. Algunos, como Crouch, hace tiempo que pronosticaban ya que entrábamos en una “post-democracia”, mientras que otros se limitan a constatar que la democracia estaría “en suspenso” (Bassas, 2010), sobre todo a la vista del sometimiento tan brutal a la “dictadura de los mercados” que pretende instaurarse a escala global en el momento histórico actual.
En esas condiciones, sucintamente expuestas, el problema de encontrar mediaciones políticas que ayuden a construir una “democracia fuerte”, empleando la fórmula de Benjamin Barber, no es fácil de resolver, ya que las propuestas de reforma en un sentido más representativo, deliberativo o participativo no sólo chocan con la firme resistencia de las elites políticas a renunciar a sus privilegios sino que, sobre todo, tropiezan con la estrecha asociación de las mismas con el poder del dinero. Porque nunca como hoy “poder estatal y poder de la riqueza se conjugan tendenciosamente en una sola y misma gestión erudita de los flujos de dinero y de poblaciones. Juntos se aferran en reducir los espacios de la política” (Rancière, 2006: 135).
Es evidente, además, como ocurre en el caso español, que los sistemas de democracia partidaria que se han ido conformando ponen la búsqueda de la “gobernabilidad” por encima del criterio de asegurar la representatividad plural de la población. Así ocurre con los sistemas electorales por los que se opta con el fin de, por ejemplo, reforzar el bipartidismo y las listas cerradas, o exigiendo mociones de censura “constructivas” para derribar gobiernos; o, en fin, estableciendo “terceras cámaras” como los Tribunales Constitucionales, controlados por los grandes partidos y convertidos en garantes de un fundamentalismo constitucional resistente a la evolución de las realidades sociales y políticas internas, mientras se pliegan ante las que vienen del exterior, ya sea de la Unión Europea o de un derecho mercantil privado al servicio de los poderes económicos transnacionales. Por no hablar de la supervivencia de una institución antidemocrática como la monarquía en viejas y nuevas democracias europeas que, pese a no gobernar, mantienen un poder simbólico y fáctico nada despreciable en momentos de crisis.
Por eso reivindicar hoy un parlamento, elegido por sufragio universal directamente proporcional mediante listas no bloqueadas de partidos, como sede efectiva de la soberanía popular, es una demanda elemental que sin embargo parece ya “utópica”, en el sentido negativo del término. Lo mismo ocurre con la apuesta tan necesaria por superar uno de los principales déficit de la transición política española: la construcción de una república federal, plurinacional, pluricultural y solidaria, libremente pactada desde el reconocimiento del derecho a la autodeterminación de los pueblos que forman parte del Estado español; un proceso que debería extenderse a escala europea frente a una Unión Europea convertida en instrumento disciplinario neoliberal similar al papel que ha jugado y todavía juega el Fondo Monetario Internacional en otras regiones y, ahora, en la misma Europa.
El paso de la “gobernabilidad” a la “gobernanza” (neologismo que ha acompañado al auge neoliberal), con el consiguiente peso creciente de los grupos de presión ligados al capital financiero y las empresas transnacionales (que son, en realidad, quienes están detrás de ese sujeto abstracto tan recurrido ahora con la crisis: “los mercados”) ha contribuido, además, a la extensión de una de las grandes lacras del sistema político actualmente dominante: la corrupción, cada vez más generalizada bajo el “efecto riqueza”, en sus distintas formas ¿Qué respuestas tendríamos si algún partido con peso parlamentario asumiera una lucha consecuente contra el poder de los corruptores, rechazando cualquier tipo de presión sobre los representantes y proponiendo reformas que restringieran drásticamente los gastos durante las campañas electorales, que evitaran la consolidación de una “clase política” mediante la limitación del tiempo de permanencia en los cargos electos, el establecimiento de fórmulas de rendición de cuentas, rotación y revocación de representantes, de retribuciones salariales equivalentes a la del sueldo medio de un empleado público y de prohibición de volver a presentarse a quienes hayan sufrido condena por corrupción? ¿Qué pasaría si una Iniciativa Legislativa Popular a favor de la creación de una nueva Cámara mediante el viejo y sin embargo olvidado sistema del sorteo (Cancio, 2009) –y, por tanto, basado en el principio de que cualquiera pudiera participar en el gobierno- llegara a algún parlamento electo para su aprobación? Me temo que, más allá de la demagogia con la que, en el mejor de los casos, contestaran afirmativamente a algunas de esas propuestas, la gran mayoría de la “clase política” se opondría a las mismas en nombre de la preservación de una “libre competencia no falseada” y de la “meritocracia” del político profesional.
Pero el problema está en que en esta materia ni siquiera bastaría con esas medidas de control para luchar contra la corrupción, ya que ésta se ha visto estimulada por un neoliberalismo que, bajo el creciente poder de esos “lobbies” transnacionales, ha ido privatizando amplias esferas de la economía y de servicios públicos y ha fomentado así burbujas como la inmobiliaria, de la que, como hemos comprobado suficientemente en el caso español, se ha beneficiado una larga lista de alcaldes y concejales. Haría falta, por tanto, revertir esos procesos mediante una desmercantilización creciente de aquellos sectores y bienes comunes tan necesarios para garantizar el acceso de la población a derechos sociales fundamentales. Nos topamos así, por tanto, con la estrecha asociación entre la “corrupción de la democracia” (Vidal Beneyto, 2010) y un capitalismo basado en la propiedad privada de los sectores estratégicos de la economía, incluyendo en ellos el de los medios de comunicación, cada vez más dominante en la construcción de una falsa realidad alienante. Por eso quizás el caso italiano, con la “berlusconización” del sistema político, sea el paradigma del horizonte que nos amenaza.
En resumen, hoy la democracia competitiva de partidos se enfrenta a una creciente desafección ciudadana, a un aumento de la abstención y, sobre todo, a un notable desprestigio de una “clase política” representada principalmente por los grandes partidos políticos que se alternan en el gobierno. Éstos no sólo se ven afectados por escándalos cada vez más extendidos de corrupción sino que se caracterizan por compartir, en lo fundamental, las mismas propuestas en lo que constituye el núcleo duro de la política, es decir, la Economía Política del Capital: se limitan, por tanto, a querer ganarse la “confianza de los mercados”, o sea, de ese capital financiero que ha conducido precisamente a la peor crisis del capitalismo en toda su historia.
Pese a ello, la ausencia de fuerzas políticas con credibilidad suficiente para aparecer como alternativas de gobierno en nuestra área geográfica explica la dificultad para romper ese duopolio presente en muchos países o, lo que es peor, el “cinismo político” que predomina en sectores de la ciudadanía a la hora de votar. El recurso al “voto útil” a uno u otro partido o la opción por otros en función de divisorias electorales (valores o contravalores culturales, nacionalismos de Estado o “periféricos”) secundarias respecto a la de clases sociales o ajenas a crisis tan graves como la ecológica o la de los cuidados, aparecen para ellos como un “mal menor”...que en realidad contribuye a la perpetuación de ese sistema y a su empeoramiento progresivo.

“Aprender con el Sur”

Sin embargo, hay alternativas. Hace tiempo que sociólogos críticos como Boaventura de Sousa Santos (2009) nos vienen recomendando a las gentes del “Norte” que tenemos que cuestionar nuestro viejo eurocentrismo y apostar por un pensamiento fronterizo que nos sirva para cambiar de mirada respecto a lo que pasa en el “Sur”. A la luz de lo que está ocurriendo durante el último decenio en regiones como la latinoamericana, esa tarea es más urgente si cabe en temas como el que nos ocupa en este artículo.
Porque, efectivamente, desde el decenio de los 90 hemos visto una creciente irrupción de diversos movimientos populares que han ido desafiando los sistemas políticos y de partidos vigentes en muchos de esos países, precisamente porque sus gobiernos habían sido fieles alumnos del FMI y del BM. Ha sido en América Latina donde ha habido el mayor número de presidentes electos que han caído víctimas de levantamientos populares, aunque en casos como el argentino el famoso eslogan “Que se vayan todos” no fuera acompañado por un nuevo proceso constituyente. En otros, como en Venezuela o Ecuador, ha sido un “populismo” de izquierdas, aun con todas sus contradicciones, el que se ha convertido en catalizador del malestar popular; mientras que en Bolivia la mayor fuerza de los movimientos sociales, protagonizados por los pueblos indígenas, permitió la construcción de un “instrumento político” como el Movimiento Al Socialismo (MAS), con un indígena como Evo Morales que ha llegado a asumir y renovar su mandato presidencial con éxito.
No se trata de idealizar esos procesos, llenos también de tensiones y limitaciones que no corresponde analizar aquí. Pero al menos en todos ellos es posible comprobar la aspiración popular a sentar las bases de lo que Fernando Quesada (2008) propone como la búsqueda de un nuevo “imaginario político democrático”, dispuesto a tomar el relevo del generado en la Grecia clásica y del liberal capitalista, todavía dominante. Los debates suscitados en torno a los nuevos proyectos constitucionales que se han ido poniendo en pie en esos países han contribuido a volver a poner de actualidad la necesidad de nuevas democracias capaces de combinar mediaciones institucionales de distinto tipo -representativas, deliberativas, participativas, comunitarias- con la voluntad de incluir a la totalidad de la población –reconociendo la plurinacionalidad y la pluriculturalidad y el derecho a la ciudadanía en función de la residencia o la vecindad- y de constitucionalizar una amplia lista de derechos y libertades individuales y colectivas exigibles ante los tribunales. Ése puede ser el camino “post-liberal” por el que habría que apostar frente al de unos regímenes cada vez más oligárquicos y autoritarios que se resisten a poner en el centro de la agenda política la satisfacción de las necesidades humanas básicas y del planeta entero.
La primera lección que cabe extraer de esas experiencias es que sólo desde la reconstrucción de los movimientos sociales y la conformación de bloques sociales, políticos y culturales contrahegemónicos será posible emprender un proceso de “re-democratización” de nuestras sociedades. Obviamente, esos movimientos deben apuntar hacia la puesta en pie de nuevas técnicas deliberativas, participativas, representativas y decisorias, primando siempre la horizontalidad frente a la verticalidad, así como toda una serie de prácticas de control sobre los cargos electos que impidan la profesionalización de la política y del poder, siguiendo así la vieja máxima, resucitada por el zapatismo, de “mandar obedeciendo” al servicio del “buen vivir” o de “vivir (bien) con menos”. Todo ello, además, se puede ver facilitado hoy por un uso responsable de las nuevas tecnologías de la información al servicio de la formación de una nueva “virtud cívica”.
Mientras no avancemos en la reconstrucción de nuevos sujetos colectivos dispuestos a resistir hoy a la salida ecocida y suicida que el capitalismo euro-occidental quiere dar a su propia crisis, difícilmente se podrá llegar a dar credibilidad a un nuevo “imaginario político-democrático” entre los y las de abajo. Esto no impide, al contrario, la necesidad de experimentar en ámbitos como el local poniendo en pie “laboratorios” que, como ha ocurrido en muchas ciudades de América latina (empezando por Porto Alegre), se conviertan en ejemplos visibles de que “otra democracia es posible”; pero la garantía de su éxito y de su extensión será la existencia de un “anclaje social” real de las redes críticas que, más allá de los flujos y reflujos de sus movilizaciones, sean verdaderos “imaginarios motores” de un proyecto que aspire a expandir el campo de lo posible a otras escalas.
Tampoco podemos obviar en esta reflexión otra lección a aprender “con el Sur”: el rechazo al sistema de partidos dominante no puede conducir a negar la necesidad de que los movimientos sociales cuenten también con partidos que sean fieles articuladores y exponentes de sus demandas y ofrezcan estrategias adecuadas para llevarlas a cabo tanto en las instituciones representativas como en la sociedad. No se trata de volver al viejo concepto de “partido de vanguardia” sino, más bien, de constatar que la misma pluralidad política de los distintos movimientos –en donde pueden convivir antineoliberales, anticapitalistas o, simplemente, un gran número de personas a la búsqueda de alternativas- exige reconocer que la diversidad de corrientes políticas y partidarias en su seno es algo inevitable. Lo importante es exigir de éstas el respeto a la autonomía de los movimientos, a la vez que éstos últimos no deben negar la funcionalidad de esos partidos para buscar la convergencia entre sus distintas luchas y objetivos en torno a programas de acción, trasladables a las instituciones. Porque es evidente que, por muy desprestigiadas que estén las democracias “realmente existentes”, la obtención de una legitimidad electoral significativa por parte de los partidos aliados y/o vinculados a los movimientos sociales alternativos sería una demostración –aun deformada- de la fuerza alcanzada por esos mismos movimientos, como también hemos visto en América Latina.

REFERENCIAS

Bassas, J. (2010), “Gestos políticos”, en Agamben et al., Democracia en suspenso. Madrid: Casus Belli, 7-11
Cancio, J. (2009). “Invitación a un debate: el sorteo y las cámaras sorteadas como mejoras institucionales a la democracia”, mientras tanto, 112, 47-66.
Jessop. R. (2008). El futuro del Estado capitalista. Madrid: Los libros de la catarata
Offe, C. (2009). “Características generales e insuficiencias cualitativas de las democracias liberales contemporáneas”, en A. Guerra y J.F. Tezanos (eds.), La calidad de la democracia. Las democracias del siglo XXI. Madrid: Sistema, 103-122
Quesada, F. (2008). Senderos de democracia. Entre la violencia y la globalización. Madrid: Trotta
Rancière, J. (2006). El odio a la democracia. Madrid: Amorrortu
Sousa Santos, B. (2009). “Reinventando la emancipación social”, Le Monde Diplomatique (en español), 162, 25-26
Vidal Beneyto, J. (2010). La corrupción de la democracia. Madrid: Los libros de la catarata

Publicado en la revista Éxodo, 104, junio 2010, pp. 28-34