viernes, 8 de abril de 2011

Cúpula de hierro política por Arie Shavit- en español Carlos Braverman


Haaretz original en hebreo: http://www.haaretz.co.il/hasite/spages/1223177.html
Si Binyamín Netanyahu y Ehud Barak no son capaces de ofrecerle a Israel una "Cúpula de Hierro" diplomática, deben renunciar. No vamos a quedarnos esperando de nuevo en la forma en que lo hicimos en la Guerra de Yom Kipur.
Estaba escrito: 2011 va a ser un 1973 diplomático. Durante septiembre y octubre, la Asamblea General de la ONU decidirá acerca del establecimiento de un Estado palestino en las fronteras de 1967. La comunidad internacional habrá de reconocerlo.
En ese momento, todos los apartamentos israelíes en el barrio Guivá Tzarfatit de Jerusalén se convertirán inmediatamente en ilegales. Cada base militar en Cisjordania estará contraviniendo la soberanía de un Estado independiente, miembro de la ONU. Los palestinos no estarán obligados a aceptar la desmilitarización y la paz ni a reconocer la ocupación.
La brecha que media entre la situación declarada y la situación de hecho creará inevitablemente una fricción. El conflicto derivará rápidamente en un enfrentamiento popular. Los palestinos marcharán sobre Jerusalén e Israel será condenado. Un asedio diplomático desde el exterior y un levantamiento civil desde el interior terminarán subyugando a Israel bajo un completo dominio.
También durante 2011, el primer ministro Binyamín Netanyahu habrá de convertirse en Golda Meir y el ministro de Defensa, Ehud Barak, en Moshé Dayán. Ambos serán recordados como líderes que, a pesar de haber avistado el amenazante iceberg, se obstinaron en navegar directamente hacia él. No se necesita ser un genio diplomático para comprender que lo que hace falta aquí es un ataque diplomático preventivo. Ni se necesita ser un genio estratégico para comprender que Israel debe tomar alguna iniciativa que le permita barajar de nuevo las cartas en un juego que está a punto de perder.
Sin embargo, el genio diplomático de Netanyahu y el genio estratégico de Barak permanecen de pie sobre cubierta y guardan silencio. Ellos pueden ver cómo el iceberg se va acercando cada vez más pero prefieren seguir inmutables sin hacer nada. Netanyahu y Barak todavía se niegan a entender que lo que era válido en la primavera de 1973 es válido también ahora: No hay más tiempo. La historia no tendrá piedad de nadie que no esté dispuesto a actuar ahora mismo. Israel no perdonará a nadie que no sea capaz de eclipsar al resto. Bajo estos cielos azules, paralizarse no es sólo es un acto de irresponsabilidad; paralizarse es un crimen.
Problema: Si Oriente Medio está hirviendo, es imposible poner fin a la ocupación pacíficamente. Ni siquiera Yossi Sarid ni Yossi Beilin podrían. Sin embargo, si Oriente Medio está hirviendo, tampoco hay posibilidad de aferrarse al status quo. Ni siquiera el ministro de Exteriores, Avigdor Liberman, ni el viceprimer ministro Moshé Ya'alón pueden garantizar seguridad. No obstante, de cara a la "primavera de los pueblos árabes", lo que hace falta es pensamiento creativo. Frente a la "primavera palestina", lo que se necesita es una iniciativa israelí realista.
Lo que sigue es un ejemplo de iniciativa. Israel, por fin, logra distinguir entre ocupación y paz. Como resultado, Israel declara que, si los palestinos están de acuerdo con una entera desmilitarización, un reconocimiento mutuo verdadero, importantes enmiendas en lo relativo a fronteras y un final completo del conflicto, pondrá fin a la ocupación pacíficamente. Además, Israel declara que, si resulta que los palestinos no están dispuestos a aceptar estas condiciones básicas, tendrá que actuar de manera unilateral.
También en ese caso, el objetivo será decisivo: el fin de la ocupación. Pero en esta oportunidad, la forma de acabar con ella llevará mucho tiempo. En ausencia de un interlocutor palestino para la paz, la retirada israelí tendrá que ser gradual y por etapas. Requerirá de la aprobación y el respaldo de la comunidad internacional.
Una iniciativa israelí realista cedería de inmediato a los palestinos considerables porciones de Cisjordania y provocaría la evacuación de cerca de 20 poblaciones aisladas. De esta manera, Israel podrá demostrar su seriedad y los palestinos se verán cuestionados. Ellos serán capaces de establecer un Estado en el 70% de Cisjordania sin concesiones ideológicas que aún no pueden hacer. Podrán hacer progresar el proceso promovido por el primer ministro palestino, Salam Fayyad, antes de verse obligados a adoptar difíciles decisiones históricas.
Pero no será suficiente. La iniciativa israelí debe ofrecer una retirada gradual de la línea de separación en Cisjordania a cambio del reconocimiento de esa línea como frontera provisional entre Israel y Palestina. La línea de separación debe ser la frontera hasta que se logre la paz.
Podemos ciertamente pensar en otras iniciativas posibles, lo que no podemos permitirnos es no pensar en iniciativa alguna. La "Cúpula de Hierro"que Israel necesita es de tipo diplomático. Si Netanyahu y Barak no son capaces de dar a Israel una "Cúpula de Hierro" diplomática, deben renunciar. No vamos a quedarnos esperando de nuevo en la forma en que lo hicimos en la Guerra de Yom Kipur.

jueves, 7 de abril de 2011

Goldstone: a los paranoicos también se les observa por Carlos Braverman

Es grave, Goldstone se equivocó e Israel también, ni el jurista debió expedir su informe ni el Estado de Israel sostener un comportamiento tan desprolijo, la UN trastabilló en el pasillo y sabía donde pisaba.
Los juegos del poder se abrazan con las mutuas deslegitimaciones. Ahora un informe de UN referente al caso en cuestión es poco creíble y menos la conducta de Israel en el tema, Golsdstone debe meditar mucho y pensar en su futuro bastante comprometido cargado de poca credibilidad.
Richard Goldstone estima que si hubiera conocido lo que sabe hoy en día, su informe sería diferente y que habría sido mejor si Israel hubiera cooperado con él.
Yo diría, el hecho de que uno sea paranoico no significa que no le esten observando. El canciller Avigdor Lieberman y el ministro de Defensa Ehud Barak dijeron que la decisión de no cooperar con Goldstone fue la correcta.
Aunque Israel tiene razones para creer que una investigación encargada por la Comisión de Derechos Humanos de la ONU sería hostil, en este caso era posible pensar de otra manera. Goldstone aceptó llevar adelante la investigación después de que se le dio autorización para examinar las acciones de Hamas también. Israel no tenía nada que perder por cooperar con Goldstone.
Sucedió en otras oportunidades como en 2004 con la Corte Penal Internacional en La Haya en relación a la valla de separación en Cisjordania. La CPI es una autoridad importante, legal e independiente. No había ninguna razón para sospechar que sería unilateral. Pero entonces, también, Israel se negó a reconocer su autoridad. No tomó parte en el debate ni tampoco sentó su posición, todo para que su posterior afirmación de que la sentencia dictada fuera de un solo lado y causó luego graves daños internacionales a Israel.
A menudo se dice que un hombre sabio aprende de los errores de otros, mientras que un tonto aprende de los propios. Aquellos que no aprenden de sus propios errores confirman que la locura es repetir el mismo acto cuando se espera un resultado diferente. En nuestro caso, esta locura, es la locura de la persecución.
Nuestra creencia de que "el mundo está contra nosotros" en los últimos años se convirtió en una verdadera obsesión, la sensación de que estamos constantemente bajo ataque y el temor de deslegitimación es una locura persecutoria. Ahora el primer ministro está exigiendo que el informe Goldstone sea anulado, mientras que el ministro de defensa ha pedido que Goldstone sea obligado a hablar ante la ONU. Si esta táctica no tiene éxito, servirá como una prueba más de que estamos siendo perseguidos.
Con el pasar de los años, Israel se ha hecho más fuerte militar, económica y demográficamente. Esto no ha impedido que nuestros líderes intensificaran sus advertencias acerca de la campaña para aniquilarnos. Ellos suelen quejarse de la parcialidad y el sesgo a favor de nuestros enemigos. Son rápidos para advertir contra los intentos de deslegitimar, incluso destruir a Israel.
Hay un gran paralelismo entre las declaraciones de nuestros dirigentes condenando la persecución al Estado de Israel y sus declaraciones denunciando las persecuciones dirigidas a ellos personalmente en lo interno por sus actos y acciones de gobierno por parte de la izquierda israelí e internacional. Esto es válido para Lieberman, Ehud Olmert y Benjamin Netanyahu. A medida que nuestros líderes se sienten cada vez más perseguidos de manera individual, ellos responden que todos nosotros somos las víctimas de la persecución.
El vendaval de leyes racistas aprobadas por el Knesset en los últimos meses también lo explican por el derecho de las pequeñas comunidades para preservar su propio carácter (Ley de Comités de Aceptación), el derecho del Estado para prevenir el uso hostil de los fondos que asigna a la educación y a la cultura (la Ley de la Nakba) y el derecho de negar la ciudadanía a las personas condenadas por espionaje o traición a la patria (la Ley de Ciudadanía).
Pero los antecedentes históricos de esta situación emergen en 1967. Es parte de un proceso que ha durado unos 44 años: lo que comenzó como gobernar a otro pueblo ha madurado poco a poco - en especial desde finales de la década de 1970 - en un colonialismo que es la promoción de un régimen de discriminación con respecto a la población árabe. Se está expoliando a esta población de sus tierras y de sus derechos civiles fundamentales y se está animando a un grupo minoritario (los colonos) para desarrollar una actitud violenta hacia los árabes en los territorios ocupados. Esta tesitura tiene un buen número de seguidores en la Knesset, aunque no admitirán el hecho que se trata de racismo en Israel, cuyo origen es el proyecto colonial en los territorios que hace tiempo se extendió en la sociedad israelí y ha sido legitimado en la serie de leyes recientemente aprobadas en la Knesset, la mayoría sólo en primera y/o segunda lectura, reconozcamos que falta coraje para la última y definitiva gracias a las recientes movilizaciones de la sociedad civil, lo que evita su vigencia. Sólo las personas que evitan mirar este contexto histórico, este proceso, todavía son capaces de creer que es posible detener la evolución de un panorama como el presente que compromete a la democracia sin librarse de la retención de los territorios.
La mayor aspiración del establishment es crear un acto reflejo de todos los israelíes a asumir el papel de las víctimas. Seamos sinceros, hay una explotación cínica aquí de la hostilidad real que existe contra Israel y no hay lugar para un análisis honesto de la situación, entonces la realidad se distorsiona.
Quejarse de la persecución no es una política, ni es una estrategia prolija. Más bien, es una táctica que sólo nos inflige más daño. Paranoicos o no, nos observan realmente y no creo que Goldstone salió bien posicionado e Israel menos, la Un no está mejor en ese sentido. Sigue ganando el pasado que no deja de sepultar al futuro con estas repetidas situaciones, que son situaciones patéticas, torpes y enfermizas.
Derechos reservados: Instituto Campos Israel ISBN963-03- 0316- 2 מסת"ב *Carlos Braverman (Israel): Politólogo y Psicólogo, miembro de la Asociación de Derechos Civiles de Israel. Activista por una coexistencia judéo-árabe mutuamente justa y el altermundialismo. Miembro del Partido Meretz (Partido Socialista de Israel - Tel Aviv). Presidente del Instituto Campos Abiertos (Investigaciones en Ciencias Políticas)

miércoles, 6 de abril de 2011

Los distintos rostros de la Primavera Árabe por Shlomo Ben Ami


MADRID - En gran medida, el ataque a las fuerzas de Muammar Gadafi en Libia por parte de una alianza liderada por Occidente se motiva en principios. Si hubiera dado la espalda a los rebeldes libios, Occidente habría traicionado su identidad misma. Por supuesto, no se están aplicando los mismos principios para salvar a las masas reprimidas brutalmente en Yemen o los manifestantes chiíes en Bahréin. Es dudoso que se extienda a Arabia Saudita y Siria, y mucho menos a Irán. Tampoco es improbable que una guerra prolongada en Libia acabe por dar justificación a la advertencia de los gobernantes autoritarios de la región de que el despertar árabe no es más que un preludio del caos.
Estas contradicciones internas se ven agravadas por las condiciones locales de cada uno de los estados árabes, así como por las limitaciones estratégicas, todo lo cual define los matices de esta desigual primavera árabe.
La legitimidad de las monarquías hereditarias, principio establecido por Metternich, el arquitecto del orden post-napoleónico, finalmente prevaleció en la Primavera Europea de 1848. Hasta ahora, el mismo principio sigue en vigor en el mundo árabe. Las monarquías -en Marruecos, Arabia Saudita, Jordania y la mayoría de las dinastías del Golfo- todavía parecen más aceptables a ojos de sus súbditos que las autocracias seculares. La vulnerabilidad de los regímenes de Egipto, Túnez, Libia, Siria y Yemen, que se basan en elecciones amañadas y un aparato estatal de represión, refleja su falta de cualquier otra fuente aceptable de legitimidad.
Por supuesto, las monarquías árabes no son totalmente inmunes a la amenaza de que ocurran levantamientos populares. Pero, debido a que su legitimidad proviene de una fuente religiosa o hasta divina más que de una ficción de apoyo democrático, como fue el caso de los presidentes árabes, sus gobiernos son menos cuestionables.
Más aún, a diferencia de las "repúblicas" árabes -casi de todas las cuales surgieron revoluciones "socialistas" o golpes militares que prometían grandeza y justicia social, sólo para acabar como regímenes corruptos y represivos-, las monarquías de la región nunca prometieron una utopía. En la historia, todas esas promesas han terminado, ya sea a las puertas de un gulag o, como en Egipto y Túnez, con el catártico derrocamiento de los gobernantes por parte de las masas desengañadas. En ninguna de las monarquías árabes han ido los manifestantes a por la cabeza del rey; sus demandas tienen relación con los límites al poder absoluto, no un fin a la monarquía.
El mapa revolucionario también se ve influido por las actitudes hacia Occidente. Una triste lección de la duplicidad de Occidente con respecto a las reformas democráticas en el mundo árabe, que tanto Siria como Irán han abrazado con complacencia, es que los líderes moderados pro-occidentales que abrieron espacios a los manifestantes pro-democracia terminaron siendo barridos a un costado, mientras que quienes aplastaron brutalmente a sus oponentes se mantienen en el poder. Occidente, después de todo, nunca aplicó una presión irresistible sobre ningún régimen árabe para que llevara a cabo reformas y abandonó a sus clientes autocráticos en Túnez y Egipto sólo cuando no pudieron cortar el brote revolucionario. La lección es que Occidente coexistirá con las tiranías, a condición de que sus mecanismos de represión sean rápidos y eficaces.
Estados Unidos, en particular, ha sido mucho más indulgente con respecto a la represión de los movimientos democráticos en el Golfo que en Egipto, Túnez o Libia. Y esto es así porque allí el asunto clave para los estadounidenses no es la democracia frente a la autocracia, sino un eje chií impulsado por Irán frente a los actuales regímenes suníes pro-occidentales.
Teniendo en cuenta el temor desenfrenado a la influencia iraní, el movimiento por la democracia en Bahréin y Arabia Saudita está destinado a ser sofocado con la complicidad de EE.UU. La intervención impulsada por los sauditas en Bahréin apunta a limitar los esfuerzos de Irán por avanzar en la región sobre las olas del descontento chií.
De hecho, el levantamiento de la mayoría chií de Bahréin se ha convertido ahora en una lucha por el dominio regional entre Irán y las monarquías suníes respaldadas por Estados Unidos en el Golfo. Incluso Turquía, un aliado de Irán cuyo primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, criticó duramente la intervención militar contra Libia -arremetiendo contra Occidente por ver la región "como un peón en las guerras del petróleo por décadas" - hizo un llamado a Irán para que frenase su belicosa retórica durante la crisis de Bahréin.
La inmunidad de la monarquía saudí a las presiones de EE.UU. para que se lleven a cabo reformas democráticas le debe mucho al temor a una "media luna chií" sobre el Golfo, con Irán en su centro. De hecho, Arabia Saudita considera el empoderamiento político de la mayoría chií de Iraq como una calamidad de proporciones históricas, visión que se ve reivindicada por el apoyo abierto de Irak a los designios iraníes en el Golfo. El primer ministro, Nouri al-Maliki, se unió al coro de Irán en contra de "la intervención de las fuerzas suníes en un estado vecino." Lo secundó el poderoso líder chií de Iraq, Mukhtada Sadr, y su clérigo supremo, el ayatolá Ali Sistani, que instó a Bahréin a deshacerse de las "fuerzas extranjeras".
Se ha puesto de moda culpar a Occidente por las vicisitudes de la democratización árabe. Sin embargo, las encrucijadas de la historia nunca se han caracterizado por presentar opciones fáciles, y a menudo los errores humanos dan forma a los resultados más que la maldad humana. En su marcha admirable hacia las libertades civiles, los pueblos árabes deben enfrentar una prueba preliminar de toda democracia, por incipiente que sea: asumir la responsabilidad por las consecuencias de las decisiones propias.
Shlomo Ben Ami, ex Ministro israelí de Asuntos Exteriores, es en la actualidad Vicepresidente del Centro Internacional Toledo por la Paz. Es autor de Scars of War, Wounds of Peace: The Israeli-Arab Tragedy (Cicatrices de guerra, heridas de paz: la tragedia árabe-israelí.)
Fuente: Project Syndicate - 1/4/2011 - Traducido del inglés por David Meléndez Tormen.

“El comienzo de un cambio de época”


Escrito por DIETER BEDNARZ, ERICH FOLLATH y VOLKHARD WINDFUHR
Amr Moussa es el secretario general de la Liga Árabe y uno de los favoritos para la próxima elección presidencial en Egipto. En esta entrevista con Der Spiegel -que tuvo lugar antes de que la Liga Árabe le pidiera al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que impusiera una zona de exclusión aérea sobre el territorio libio-, Moussa analiza las perspectivas de la democracia en Oriente Medio, los riesgos de una guerra civil en Libia y anticipa lo que él espera de Occidente.
¿El dictador Muammar Khadafy está bombardeando al pueblo libio y usted, como principal dirigente de la Liga Árabe, formada nada menos que por veintidós países, se limita a adoptar una actitud contemplativa?
Eso es exactamente lo que no estamos haciendo. Por primera vez en la historia de nuestra organización hemos suspendido a uno de los países-miembro porque su gobierno está reprimiendo al pueblo. En sendas declaraciones, hemos condenado las acciones emprendidas por Khadafy y hemos manifestado nuestra solidaridad con los libios, cuya lucha por la libertad de expresión y la democracia apoyamos incondicionalmente. Además, hemos acudido a las Naciones Unidas y a la Unión Africana -dos organizaciones de las que Libia también es miembro- para analizar la imposición de una zona de exclusión aérea a la fuerza aérea de Khadafy.
¿Están tratando de influir sobre él? ¿Cuándo fue la última vez que habló usted con el líder libio?
Considerando la forma en que está actuando ahora, una llamada telefónica no tiene el menor sentido. A Khadafy le está faltando la capacidad de comprensión de la situación que Ben Alí, el ex presidente de Túnez y Hosni Mubarak, el de Egipto, mostraron cuando dieron un paso al costado. Khadafy cree ciegamente que las protestas están siendo controladas desde el exterior y que el pueblo libio sigue adorándolo.

¿Cree que Khadafy es irracional, o más bien calculador y despiadado?
No estoy en condiciones de analizar su salud mental. La situación es demasiado grave para ocuparse de algo así.
Khadafy envió un emisario a la Liga Árabe. ¿Qué pretendía ese enviado?
No me reuní con él. Nosotros ya hemos adoptado resoluciones con respecto a Libia y tomaremos las decisiones que correspondan en la próxima reunión de la Liga Árabe. Además, Libia y Khadafy son cuestiones en las que debe intervenir el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas…
…que debería aprobar la imposición de la zona de exclusión aérea, para darle una legitimidad internacional. Ésa sería una medida muy polémica. Robert Gates, el secretario de Defensa de Estados Unidos, la ha caracterizado como un acto de guerra. Primero habría que bombardear las bases antiaéreas libias para impedir que los aviones de reconocimiento sean derribados.
No soy un experto en cuestiones militares. Cómo se implementará la zona y quiénes lo harán, es algo que está por verse. La Liga Árabe podría tomar parte de esas acciones, y yo estoy dispuesto a abogar porque así sea.
¿Es decir que usted apoyaría una intervención militar internacional en un Estado árabe?
Para ustedes será una intervención militar. Yo estoy hablando de una campaña humanitaria. El objetivo de la imposición de una zona de exclusión aérea es apoyar al pueblo libio en su lucha por la libertad y contra un régimen cada vez más inhumano.

¿Quién estaría al mando de esa campaña humanitaria?
Eso depende de la resolución que tome el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la Liga Árabe, la Unión Africana, los europeos, todos deberíamos participar. Acabo de hablar con el ministro de Relaciones Exteriores italiano (ndr: Franco Frattini), y ayer me llamó su par inglés (ndr: William Hague). Estamos tratando de coordinar nuestras iniciativas.
Mientras usted se dedica a estas consultas, Khadafy sigue con sus bombardeos. El régimen libio ha emprendido una guerra abierta contra sus ciudadanos.
Se trata de una revolución, pero todavía no es una guerra civil. Lo que nos mueve es el deseo de proteger a la población civil, no por intereses estratégicos ni por el petróleo. Para nosotros, lo que cuenta es la gente.
No todos los libios están pidiendo apoyo internacional contra Khadafy. Hay entre ellos quienes creen que pueden derrocar al déspota sin esa ayuda. Una intervención extranjera heriría el orgullo que sienten por estar haciendo esta revolución recurriendo a sus propias fuerzas.
Nosotros, los egipcios, sabemos mejor que nadie lo importante que es derrocar a un autócrata recurriendo a las propias fuerzas. Es un sentimiento maravilloso, y abrigo la esperanza de que los libios lo experimenten con la misma intensidad que nosotros. Por otra parte, las revoluciones que se están sucediendo en las naciones árabes no siguen todas el mismo derrotero, pero el cambio es inevitable. E irreversible.

¿Qué fue lo que desencadenó estos inesperados levantamientos? ¿Dónde están las raíces comunes?
La gente se lanza a las calles porque está frustrada y porque no tiene perspectivas para el futuro. Porque está siendo mal gobernada. Y porque está cansada de que se la prive de su libertad de expresión. El otro elemento importante es que en todo el mundo árabe estos levantamientos están siendo impulsados, sobre todo, por los jóvenes.
En su opinión, ¿hay otros autócratas que van a ser derrocados?
Sí. Esto es sólo el principio. Por mi parte, no puedo menos que rendirle homenaje al pueblo tunecino, cuya valiente rebelión fue la que dio comienzo a todo este proceso. Y estoy orgulloso de mis compatriotas, los egipcios, quienes tanto han logrado con su coraje y su temple. Lo que sucede en nuestro país siempre ha tenido un impacto crítico sobre el mundo árabe. Por eso, fue la revolución que se produjo en El Cairo la que abrió las puertas al cambio. Dicho de otro modo, el régimen libio no será el último en caer. Preveo un efecto dominó.

¿Quién será el próximo? ¿El presidente Ali Abdullah Saleh, de Yemen; Abdelaziz Bouteflika, de Argelia, o el rey Hamad Ibn Isa Al Khalifah, de Bahrein?
En Yemen, la situación es sumamente tensa. Pero no esperarán que yo analice con ustedes la situación de cada uno de los países árabes y profetice el próximo derrocamiento…
La insatisfacción está empujando a la gente a protestar, incluso, en un país tan rico y conservador como Arabia Saudita.
Es que estamos experimentando una efervescencia sin precedentes en todo Oriente Medio. La región ha entrado en un proceso que presagia un cambio radical en un lapso sorprendentemente breve. Y a pesar de que este cambio todavía está asociado a riesgos y contratiempos, al mismo tiempo es una oportunidad única, el comienzo de una época completamente nueva. Lo que estamos experimentando en este momento en el mundo árabe es el descubrimiento de la verdadera democracia.

¿Qué quiere decir?
En Occidente, son muchos quienes piensan que la democracia significa poner una boleta en una urna. Para ellos, eso es suficiente. Ésta es también la visión superficial que nos transmiten los países occidentales, y es un modo de entorpecer nuestras posibilidades de desarrollo. Pero ahora, nosotros hemos descubierto que la democracia es algo más: el respeto por los derechos humanos, el cumplimiento de los derechos y las leyes fundamentales, el desarrollo de instituciones independientes. Al emprender este camino, estamos remontándonos al momento en que nuestra historia se detuvo: el Parlamento de 1866, una institución que fue minada una y otra vez por los golpes de Estado. De modo que no nos proponemos imitar a Occidente, y no vamos a permitir que nos den instrucciones. Lo que queremos es hacer nuestra propia experiencia.
Los autócratas de Oriente Medio afirman sistemáticamente que son el último baluarte contra el extremismo religioso. Su lema es: yo o el caos.
Ése era el argumento de Mubarak. El extremismo existe en todas las sociedades, en todas partes, no solamente en Oriente Medio, ni tampoco solamente en el Islam. El extremismo no es simplemente el resultado de un fervor religioso. La responsabilidad que nos cabe a todos nosotros es luchar contra estas fantasías sangrientas de superioridad con todas nuestras fuerzas.
Ése fue también el modo en que Mubarak justificó su régimen represivo.
En Occidente, algunos círculos se mostraron demasiado bien dispuestos a aceptarlo. Resultaba muy cómodo tener como socio a un hombre fuerte.

¿Y ahora? ¿La cooperación se tornará menos conveniente y más impredecible para nuestros políticos?
No subestimen a Occidente con una generalización. Hay muchos dirigentes que aprecian auténticamente el despertar de nuestra democracia. Entre ellos, debo destacar a la canciller Angela Merkel. Ella ha experimentado lo que es la falta de libertad y el triunfo que representa conseguir esa ansiada libertad. Me encantaría recibirla pronto en el nuevo Egipto.
Usted fue funcionario del viejo Egipto durante veinte años. Fue embajador de su país ante las Naciones Unidas y ministro de Relaciones Exteriores de Mubarak. ¿Está arrepentido de haberle sido leal durante tanto tiempo?
No puedo negar que fui parte del gobierno. Pero mi lealtad fue siempre hacia Egipto, no hacia Mubarak. Nunca pertenecí a su partido. Como ministro de Relaciones Exteriores representé los intereses de mi país, y lo hice a conciencia. No tengo motivos para arrepentirme de lo que hice mientras ocupé el cargo. Pero siempre tuve ideas propias. Por eso, después de diez años, tuve que alejarme.
Mubarak lo transfirió a la Liga Árabe. ¿Fue porque usted se había hecho demasiado popular para su gusto y temía que se convirtiera en su rival, como creen muchos?
Tuve una relación de trabajo constructiva con Mubarak durante un largo tiempo hasta que, en 2005, el presidente insistió en imponer enmiendas a la Constitución que estaban enderezadas a fortalecer aún más sus facultades para controlar la vida política del país. Esa iniciativa fue un ataque a la dignidad de nuestro país, e hizo añicos nuestra relación. En enero de 2011, en la cumbre económica de las naciones árabes, le manifesté claramente a Mubarak cuáles eran, en mi opinión, los males de nuestro país: la insatisfacción de los jóvenes, su falta de oportunidades, sus demandas de libertad y su deseo de compartir el poder, y la indignación que les inspiraba la corrupción.

¿Mubarak no lo escuchó?
Me sentí abrumado al comprobar lo poco que entendía acerca de lo que estaba pasando en Egipto. Era evidente que no podía tomarle el pulso a la realidad.
Sin embargo, usted apoyó la idea de que Mubarak se quedara en el palacio presidencial hasta el término de su mandato, en setiembre de 2011, y justamente en el momento en que la revolución estaba en su punto más alto. ¿Por qué?
Quería que su salida fuera honorable, pero con dos condiciones: que no se postulara a una reelección y que no impusiera a su hijo como candidato a sucederlo. En principio, él estuvo de acuerdo.
Pero eso no fue suficiente para los cientos de miles de manifestantes congregados en la Plaza Tahrir, que no se cansaban de cantar a voz en cuello: “¡Basta ya!, ¡Basta ya!”.
Es verdad. Mubarak se dio cuenta demasiado tarde. Una vez que el régimen reprimió brutalmente al pueblo, ya no hubo ninguna posibilidad de llegar a un acuerdo. Cuando eso sucedió, me presenté dos veces en la Plaza de la Liberación (la Plaza Tahrir). Me conmovió la calidez con que me recibieron los manifestantes.

¿Eso lo alentó a presentarse como candidato a presidente?
Estoy disponible. Pero todavía no sabemos cuándo se van a llevar a cabo las elecciones. Tampoco está claro todavía si habrá primero elecciones parlamentarias o presidenciales. Yo preferiría que las presidenciales se hicieran antes. Sería muy importante que antes de las parlamentarias hubiera nuevos partidos convenientemente instalados ante la opinión pública para que el Parlamento que resulte de esas elecciones sea realmente representativo del pueblo.
Con el mayor respeto por su vitalidad, este año usted va a cumplir setenta y cinco años, lo que no lo convierte exactamente en el abanderado de los jóvenes egipcios que se pusieron al frente de la revolución.
No creo que mi edad sea una desventaja. El nuevo Egipto necesita sangre fresca, pero también políticos con experiencia.
Una de las primeras encuestas sugiere que usted es uno de los favoritos en la carrera presidencial.
¿Cuándo piensa renunciar a su cargo como jefe de la Liga Árabe?
Más allá de una candidatura, hace un tiempo que decidí que después de diez años en la jefatura de la Liga Árabe no debía aspirar a seguir ejerciendo ese cargo. Sé que soy uno de los favoritos, pero he actuado en política lo suficiente como para no darle demasiado crédito a las encuestas. También hay otros candidatos.

¿Quién es su principal adversario? ¿El Premio Nobel de la Paz, Mohammed El Baradei?
Es alguien a quien aprecio mucho. Me encantaría competir con él.
Y en cuanto a usted, ¿cuál es su plataforma política?
Estoy a favor de la economía de mercado, pero esto no significa que debamos olvidar las cuestiones sociales y la justicia social.
La Hermandad Musulmana, una organización política islámica, también se propone ganar votos planteando cuestiones de justicia social.
La Hermandad Musulmana es parte de la sociedad y tiene sus seguidores. Eso es indiscutible. Pero ellos no desempeñaron un papel fundamental en la revolución egipcia. Por supuesto, tienen todo el derecho de construir un partido independiente y de participar en elecciones libres y justas. Lo que deben hacer es presentarle a la sociedad una plataforma política. Eso es mejor que marginarlos y perseguirlos, como hizo Mubarak.

¿Cuáles cree que pueden ser las perspectivas de la Hermandad Musulmana en las elecciones?
Son una fuerza considerable. Pero no creo que lleguen al poder.
Su vecino, Israel, teme que la influencia de la Hermandad Musulmana esté creciendo hasta el punto de convertirse en un verdadero peligro y que los extremistas religiosos anulen el tratado de paz entre Egipto e Israel. ¿Es un temor justificado?
Nuestras políticas serán moderadas y orientadas a mantener el equilibrio regional. Yo, como presidente, naturalmente mantendría vigentes todos los acuerdos internacionales, entre ellos los que hemos suscripto con Israel.
Usted sí, pero probablemente la Hermandad Musulmana no.
Si contra todos los pronósticos, se convirtieran en la fuerza política más importante del país, Israel tendría que convivir con ellos. La democracia es la democracia. Lo siento mucho, pero uno no puede elegir por su cuenta quién va a ganar una elección.
También se considera que usted es extremadamente crítico a la hora de opinar acerca de la política israelí.
Egipto defiende incondicionalmente la postura árabe común con respecto a Israel. Los palestinos necesitan su Estado propio, un Estado que sea viable, e Israel tiene que retirarse de los territorios ocupados. La primera medida, la más urgente, se relaciona con el bloqueo de la Franja de Gaza…
… que es controlada por el grupo islámico revolucionario Hamas…
… un bloqueo que tiene que ser levantado inmediatamente.
Benjamin Netanyahu, el primer ministro de Israel, está muy lejos de hacerlo. Aun así, ¿usted estaría dispuesto a sentarse frente a él para discutir un acuerdo político al respecto?
Ante todo, Netanyahu debería demostrar que está interesado en llegar a un acuerdo de paz justo. Eso haría que las tensiones en la región disminuyeran considerablemente.
Usted estuvo en Israel cuando era ministro de Relaciones Exteriores de Egipto. En ese entonces, se negó a ir a Yad Vashem a visitar el Memorial en homenaje al Holocausto.
Eso pasó hace muchos años. En ese momento, no quise que me impusieran una agenda. Pero siempre manifesté claramente mi repugnancia por los crímenes que cometieron los nazis contra los judíos.
Una condición previa para que en su país hubiera una verdadera democracia sería que los militares egipcios renunciaran al poder que todavía detentan.
Estoy convencido de eso. Hasta ahora, han mostrado una enorme responsabilidad. Como usted sabe, en este momento se están limitando a administrar la transición. Como con todas las otras fuerzas democráticas, estoy en contacto permanente con los jefes militares. Pero en Egipto la nueva era sólo comenzará cuando nuestra constitución sea reformada y el primer presidente elegido libremente se haga cargo de sus funciones.
Los crímenes del pasado, ¿deberían ser castigados o perdonados?
Lo fundamental es el imperio de la ley. Los criminales deben ser castigados. No se trata de una cuestión de venganza. Para nosotros, lo importante es encarar el futuro.
¿Mubarak debería ser perdonado? ¿Está usted en contacto con él?
No, no estoy en contacto con él. Está viviendo en su residencia en Sharm el-Sheik, junto al Mar Rojo, y muy bien custodiado. Mubarak debería apartarse completamente de la vida política. El ex presidente es ahora un ciudadano como cualquier otro. Hosni Mubarak también tendrá que someterse al imperio de la ley. En el nuevo Egipto todos somos iguales.

martes, 5 de abril de 2011

El camino a la libertad de Fayyad se ejecuta a pesar de la legislación israelí por Amira Hass- en español Carlos Braverman


Haaretz 4 de abril de 2011, en hebreo www.haaretz.co.il
En honor del Día de la Tierra, el líder de uno de los dos órganos de gobierno palestino alentó a los palestinos a continuar la construcción y la siembra, incluso si Israel continúa la política de desarraigo.

Si un árbol cae en el bosque y no hay nadie que lo oiga ¿hace ruido? Una excavadora destruye una cisterna con sólo un pastor cercano. Una excavadora destruye otra cisterna, con sólo residentes palestinos en el sur de Hebrón, colinas cercanas y unos pocos miembros de Ta'ayush, un grupo anti-ocupación árabe-judío, asociación de cooperación entre israelíes y palestinos. ¿Ha sido una verdadera demolición, si el sonido no ha llegado a The New York Times?
La destrucción de las cisternas, casas y corrales es infinitamente documentado. La ONU, Israel y las organizaciones palestinas y de voluntarios extranjeros toma nota de cada árbol arrancado de raíz, de cada oveja y niño perjudicado. Si no fuera por estas organizaciones, ¿cómo sabríamos que el ejército no descansa y la Administración Civil no está haciendo otra cosa que girar sus pulgares? Lo mejor de nosotros, los jóvenes son enviados a penalizar la vida de los palestinos sobre su tierra. Qué descaro, su tierra pasa a ser situada en la base misma de nuestra existencia, la zona C (Israel tiene el control exclusivo y cuenta con más del 60% de ese área Cisjordana). Y así desde el principio, no había ninguna cisterna para destruir, o familia para arrancar de raíz, y, en todo caso, no hay sonido que llegue a los oídos de nadie.
En el 35 º aniversario del Día de la Tierra, una procesión de coches de lujo de funcionarios palestinos de varios tamaños y colores llegó a las colinas del sur de Hebrón. Entre Ramala y el sitio de su visita, donde el verde asomó tímidamente entre las rocas, la comitiva estuvo acompañada por algunos coches más, cuya israelidad es inconfundible: ejército, policía, administración civil y también el servicio de seguridad Shin Bet, según algunos, este último en un Toyota blanco. En uno de los otros coches, el Shin Bet insiste en acompañar al Dr. Salam Fayyad en la zona C, para que no acontezca lo peor a manos de no identificados.
Fayyad es el líder de uno de los dos gobiernos palestinos - uno en Ramallah, uno en Gaza - y fue para conmemorar el Día de la Tierra con una visita a la aldea de Al-Tawani. Este pueblo, al igual que otras comunidades de vecinos, sufre de ataques de rutina por parte de los colonos en la zona, la impotencia del ejército (intencional o no) y la prohibición de la Administración Civil en la creación y el desarrollo.
Un día antes, las fuerzas armadas israelíes y la Administración Civil irrumpieron en una pequeña comunidad de pastores cerca de Sussiya, destruyeron 12 viviendas así como varias chozas. Cuando trataron de confiscar un tractor, los residentes se opusieron. El choque se produjo y los residentes reportaron golpizas por parte de soldados, el uso de gases lacrimógenos y siete heridos (algunos de ellos personas de 60 años).
El 23 de febrero, la pequeña comunidad había recibido una visita anterior de las autoridades. En ese momento, los soldados disciplinados destruyeron dos cisternas y siete tiendas de campaña, y confiscó un camión de remolque. Por supuesto, se trata de tierras de cultivo y los palestinos tienen prohibido tener una presencia permanente en ella.
Se les prohíbe cavar cisternas para recoger agua de lluvia sin el permiso de la Administración Civil, que no tiene la intención de concederlo (y debe quedar claro, toda la administración civil, todos sus funcionarios, empleados e inspectores, ya sea que estén o no con los colonos o sólo obedeciendo las órdenes del gobierno israelí, las mismas órdenes desde la década de 1970).
A propuesta del Comité de Coordinación de Lucha Popular, un nombre torpe para una organización energética de activistas de la mitad de una docena de pueblos, Fayyad comenzó su visita a las cisternas de agua construidos fuera de la ley.
Llegó a este sitio de destrucción por parte del ejército israelí y los vehículos de la administración civil, que un día y un mes antes habían demolido las cisternas y tiendas de campaña.
Mientras que estos representantes de la destrucción controlaban desde las colinas cercanas, Fayyad escuchaba las quejas de los pobladores. Es la historia de las áreas de pastoreo que siguen afectadas, debido a los ataques de los colonos.
Una mujer dijo: "El agua, necesitamos agua". Un hombre explicó a Fayyad, como si no lo supiera, que la administración civil no otorga los permisos de construcción a los palestinos, pero si a los judíos.
Fayyad entró en una casa cueva, echó un vistazo a las tiendas destruidas y descendió en una cisterna rota. Había muchos fotógrafos. Especialmente cuando extendió una hoja de masa en un horno de piedra y después puso un ladrillo de cemento en un acto simbólico de construcción.
Los miembros del comité de coordinación ha preparado un esqueleto de acero fuera de la ley, ladrillos y sacos de cemento de la marca israelí Nesher (con el contenido y la fuente relevados en árabe, una de las exigencias de los importadores y comerciantes palestinos avalada por el Ministerio Palestino de Economía Nacional, con el fin de distinguir entre los materiales de los asentamientos y los de dentro de Israel). Justo en frente de los representantes del soberano - el ejército y su extensión, la Administración Civil - Fayyad violó la ley.
"Si los extranjeros no ayudan, ¿por qué no los palestinos nos ayudarán?", preguntó una mujer, natural de la zona, que, junto con sus nietos pegados cerca de su falda amplia, miró a los invitados, cuyo calzado evidenció el hecho de que habían llegado desde Ramallah. La Autoridad Palestina reúne varios presupuestos para apoyar la actividad agrícola y residencial en la zona conocida como C, incluyendo la ruptura de leyes tan graves como los cometidos contra la excavación de las cisternas y la pavimentación de carreteras de conexión.
El Día de la Tierra 2010, Fayyad visitó Qarawat Bani Hassan, en la zona de Salfit, donde los residentes se quejaron de la falta de una carretera asfaltada desde el pueblo a sus tierras de cultivo.
La Administración Civil no concede el permiso. Con el apoyo de Fayyad, y la financiación de la Autoridad Palestina, un camino fue pavimentado, cerca de un kilómetro de largo. Su nombre en Palestina: la Ruta de la Libertad.
Hace tres meses, los representantes del gobernante efectivo y ocupante ordenaron poner fin a la transgresión: destruyeron la carretera. Los residentes la repararon nuevamente. El 24 de marzo, guardianes de la ley y el orden corrigieron otra vez la distorsión. Destruyeron el camino de nuevo.

lunes, 4 de abril de 2011

El adiós a la paz por Arie Shavit- Haaretz.Traducción de Carlos Braverman


Original en hebreo de Haaretz: http://www.haaretz.co.il/hasite/spages/1221959.html
Digamos adiós a todo lo que pensábamos hasta enero de 2011. Oriente Medio se ha transformado de pies a cabeza. Se trata de una realidad nueva, elocuente, revolucionaria. Ya no hay ningún fundamento para conseguir una paz sólida como aquella con Egipto o Jordania.
Digámosle adiós a la paz con Siria. Aquellos que creen, como quien escribe estas líneas, en la necesidad de la fórmula "el Golán a cambio de la paz" no pueden cerrar los ojos ante lo que está sucediendo.
Con la gran revuelta árabe amenazando su régimen, no existe ninguna posibilidad de que el presidente Bashar al-Assad se decida a elegir el camino de la paz. De rebelarse el pueblo sirio contra él, no habrá ninguna posibilidad de que el mandatario apueste por un acuerdo con Israel.
Assad modelo 2011 carece de legitimidad para negociar la paz. No posee el mínimo margen de maniobra necesario para entablar tratativas. Aun cuando hubiera anhelado alcanzar la paz durante su juventud, ahora ya es demasiado tarde. No hay ninguna posibilidad de que el año que viene o en los próximos dos años el dictador sirio lleve a cabo algo parecido a lo que hizo en el pasado Anwar Sadat.
Digámosle adiós a la paz con los palestinos. Aquellos que creen, como el autor de estas líneas, en la necesidad de la solución de dos Estados menos aún pueden cerrar los ojos a lo que está sucediendo.
Con la gran revuelta árabe barriendo al presidente de la Autoridad Palestina Mahmud Abbás, no existe posibilidad de que éste se muestre dispuesto a pagar el precio necesario para alcanzar la paz. Con el pueblo árabe agolpándose en masa en las calles, Abu Mazen no puede decirle a tres millones de refugiados palestinos que él ya ha determinado un compromiso sobre el derecho al retorno. Con las naciones árabes en pleno estado de ebullición, Abbás no puede decir que él está obligado a respetar un compromiso asumido con Jerusalén.
Abbás modelo 2011 también carece de legitimidad para alcanzar la paz. Abbás 2011 tampoco tiene el mínimo margen de maniobra necesario para llegar a un acuerdo. Aun cuando hubiera querido lograr la paz, ya es demasiado tarde. No hay ninguna posibilidad de que en los próximos dos años, el moderado líder palestino ejecute un acto similar al de Sadat.
Así que mejor despidámonos de un entorno tranquilo. Incluso aquellos que disfrutan de la aparente calma no pueden mantener sus ojos cerrados ante lo que está ocurriendo. La gran revuelta árabe aún no ha alcanzado los territorios ocupados por tres razones: el trauma provocado por el auge de Hamás en la Franja de Gaza, la prosperidad económica impulsada por el primer ministro de la Autoridad Palestina, Salam Fayyad, y la expectativa ante la posible creación de un Estado palestino en septiembre próximo con la bendición de la ONU.
Pero no es posible detener eficazmente la marea por siempre. Tarde o temprano, la revuelta árabe llegará a Cisjordania. Cuando toda esa expectativa por un Estado palestino reviente en septiembre, la prosperidad económica no logrará evitar el tsunami político.
Es imposible saber si el escenario será el de Túnez, el de Egipto o el de la primera Intifada. Pero en cualquier caso, la calma que hemos disfrutado hasta ahora se está acabando. Un torrente de rebelión habrá de golpear a Israel.
Despidámonos de todo aquello que pensábamos hasta enero de 2011. Oriente Medio se ha transformado de pies a cabeza. Se trata de una realidad nueva, elocuente, revolucionaria. Ya no hay ningún fundamento para una paz sólida como aquella con Egipto. Tampoco quedan ya poderosas fuerzas militares como Arabia Saudita, Jordania y los países del Golfo que garanticen la paz. Ya no existen socios potenciales como Assad y Mahmud Abbás.
Por otro lado, tampoco es posible hacer uso de la fuerza en contra de las masas rebeldes. La ocupación resulta aún más peligrosa de lo que era antes. Los asentamientos resultan aún más ilusorios que antes. El estatus quo se ha convertido en una trampa mortal y todas las formas conocidas de evitarla resultan obsoletas.
Al presidente de EE.UU, Barack Obama, le corresponde parte de la responsabilidad ante esta nueva situación. Al decidir jugar un rol activo en el derrocamiento del presidente de Egipto, no se percató de quede este movimiento habría de conducirlo al mes siguiente a lanzar misiles Tomahawk sobre Libia. No llegó a comprender que lo que estaba haciendo en realidad era socavar el antiguo orden de Oriente Medio sin ocuparse de la creación de uno nuevo. No comprendió que estaba acabando con la paz entre Israel y Siria y entre israelíes y palestinos y que ponía en peligro la paz entre Israel y Egipto.
Probablemente, Obama haya obrado bien. Tal vez sea recordado como el gran libertador de los pueblos árabes. No obstante, el presidente de EE.UU. debe reconocer las consecuencias de sus actos. Debe comprender que esta nueva situación histórica exige un nuevo paradigma diplomático. Lo que era apropiado en 2010 ya no es válido en 2011.
Esto significa que Obama debe rechazar la falsa dicotomía entre un impasse total y una paz total. Debe rechazar de plano la dicotomía entre reconciliación histórica y ocupación corrompida. En su lugar, debe proponer un nuevo tipo de vía diplomática sobre la base de una retirada parcial por parte de Israel y el fortalecimiento de Fayyad.
A fin de evitar que la revolución del Cairo termine incendiando a Jerusalén, Obama debe forjar urgentemente una tercera vía.

Conmemoran el Día de la Tierra Palestina por Carlos Braverman


El 30 de marzo se conmemoró el "Día de la Tierra Palestina". El 30 de marzo de todos los años se recuerda la caída de 7 caídos palestinos que lucharon por vivir en su tierra. El Día de la Tierra en Palestina (Yaum-al-Ard) fue un levantamiento social que tuvo lugar el 30 de marzo de 1976.
Dos pueblos enfrentados, dos narraciones nacionales en pugna y miles de muertos en este secular conflicto, el más antiguo en la actualidad dentro de los que azotan al mundo. Estamos en el año 2011, probablemente en setiembre se esté en el mes de una proclamación unilateral del Estado Palestino o un retorno a conversaciones serias y definitivas con el fin de su proclamación.
Es nuestro pensamiento que junto a la Nakba se pueda encaminar este episodio hacia narraciones incluyentes, que ayuden a la integración de ambos pueblos en la zona desde una perspectiva seria de paz y convivencia para construir las bases de dos estados y una vida armoniosa de ambos colectivos en ellos, en cada uno de estos estados y entre estos.
Soy consciente que no es fácil, que el desafío es titánico y que llegar a cicatrices donde todavía existen heridas sangrantes requiere de tiempo y tratamientos adecuados, pero más aún de la voluntad de los que padecen para encarar un futuro promisorio que partiendo del dolor pueda llegar a la salud plena.
No es el único, ni será el último capítulo de la humanidad en este sentido, pero se logrará. Acá en Israel y los compañeros de la Autonomía que están trabajando para una vida en común de dos estados sabemos que sí, que es posible y que caminamos juntos, en conjunto por el mejor de los caminos que es el diálogo de los pueblos.
Por la fraternidad, por el socialismo y el entendimiento entre los pueblos.
4 de abril de 2011
Derechos reservados: Instituto Campos Israel ISBN963-03- 0316- 2 מסת"ב *Carlos Braverman (Israel): Politólogo y Psicólogo, miembro de la Asociación de Derechos Civiles de Israel. Activista por una coexistencia judéo-árabe mutuamente justa y el altermundialismo. Miembro del Partido Meretz (Partido Socialista de Israel - Tel Aviv). Presidente del Instituto Campos Abiertos (Investigaciones en Ciencias Políticas).