sábado, 3 de diciembre de 2011

1967: Un testimonio personal por Uri Avnery


Original:http://zope.gush-shalom.org/home/en/channels/archive/1182406019
En español Carlos Braverman
El 25 de mayo de 1967, doce días antes de la Guerra de los Seis Días, publiqué en Haolam Hazeh, la revista de la que era editor, un artículo titulado "Nasser ha caído en una trampa". Esto parecía una locura porque, por aquel entonces, todo Israel estaba atenazado por un miedo mortal.
Pocos meses antes me invitaron a dar una conferencia en un kibbutz del norte. Tras la conferencia me convidaron a tomar café con unos pocos integrantes del mismo. Allí mi anfitrión me dijo en confianza que el jefe del Comando Norte, el general David ("Dado") Elazar, había estado allí solamente una semana antes. En la misma estancia, Dado había contado confidencialmente al mismo pequeño grupo: "Cada noche, antes de irme a dormir, rezo para que Nasser concentre sus tropas en el desierto del Sinaí. Allí los aniquilaremos".
Cuando Nasser concentró sus tropas en el Sinaí a mediados de mayo de 1967, pareció como una respuesta a esta plegaria. Así, mientras todo el mundo a mí alrededor estaba paralizado por el miedo yo no me alarmé.
El miedo era auténtico. Se hablaba mucho sobre un inminente Segundo Holocausto. Desde el principio de la crisis hasta el comienzo de la guerra, durante tres semanas enteras, el miedo que había atenazado a Israel se intensificaba de día en día. La “Voz del Trueno”, la emisora de radio de El Cairo, que emitía en un hebreo desbaratado -hasta entonces considerado más bien ridículo- fue emitiendo amenazas cuajadas de sangre. El propio Gamal Abd-al-Nasser –que en realidad estaba muerto de miedo por la posibilidad de un ataque israelí y ni soñaba con atacar- pensó que amenazando con arrojar a Israel al mar nos amedrentaría y abandonaríamos cualquier idea de guerra. Naturalmente ocurrió el efecto contrario.
La cadena de hechos que hicieron inevitable la guerra se parecía en algunos aspectos a la que condujo a la Primera Guerra Mundial,” la guerra que nadie quiso”.
Siria apoyaba la guerra de guerrillas iniciada por Yasser Arafat en su frontera. Israel respondió con terribles amenazas. El jefe del Estado Mayor, Isaac Rabin, amenazó públicamente con ocupar Damasco y derribar el régimen. Los sirios se asustaron y pidieron ayuda a Egipto.
Justo antes del comienzo de la crisis, el embajador soviético, Chubakhin, me pidió que fuera a visitarlo a su embajada de Ramat Gan. Me dijo que Israel estaba planeando atacar a Siria y que ya estaba concentrando tropas en la frontera. Veía esto como parte de un plan de Estados Unidos para poner regímenes pro estadounidenses por toda el área, empezando por el reciente golpe de Estado de los coroneles en Grecia (Abril de 1967) y las maquinaciones en Irán. El embajador quería que yo utilizara mi posición como miembro de la Knesset y redactor jefe de una popular revista para alertar a la opinión pública.
Me temo que mi respuesta fue más bien cínica: “Si teme esto, ¿por qué no instruye a su embajador en Damasco para que pida a sus amigos sirios que detengan los ataques de la guerrilla a Israel, al menos durante algún tiempo? ¿Por qué dar a nuestro gobierno un pretexto para la guerra?”
Chubakhin me respondió asombrado. "¿Cree que alguien en Damasco escucha a nuestro embajador?"
El relato sobre Israel "concentrando tropas en la frontera" era, por supuesto, ridículo. Un general soviético podría creer que antes de empezar una ofensiva, las tropas debían concentrarse en la frontera. Pero en el diminuto territorio de Israel, “concentrar” tropas era tan imposible como superfluo.
De todas maneras, enfrentado con el requerimiento de ayuda de Siria y con el relato soviético sobre la concentración de tropas israelíes, Nasser vio una oportunidad de afirmar su liderazgo en el mundo árabe. Mandó sus tropas al Sinaí. Si realmente hubiera tenido la intención de empezar la guerra, hubiera hecho esto tan secretamente como le hubiera sido posible. Pero sus tropas cruzaron El Cairo a plena luz del día, prueba de que lo que quería era mostrarlas.
Entretanto, en una fiesta, me encontré con Ezer Weitzman, que hasta hacía poco había sido comandante del ejército del aire israelí. Me dijo que estaba atónito. El servicio de inteligencia militar israelí había sido tomado por sorpresa por la aparición de las tropas egipcias en el Sinaí. Habían estado convencidos de que todo el ejército egipcio estaba concentrado en el lejano Yemen donde Nasser estaba interviniendo en una guerra civil. Verdaderamente, la capacidad de la fuerza aérea egipcia para abastecer a sus tropas allí produjo, a regañadientes, la admiración de Weitzman.
El 23 de mayo Nasser anunció (mintiendo) que había minado el mar en las proximidades de Eilat. Esto era para Israel un casus belli (motivo de guerra, N. de T.). Eilat era la puerta de entrada de Israel al mundo oriental, un paso franco que tenía una importancia emocional mucho más allá de su valor real. Recuerdo que al regresar de la Kensset aquel día les dije a mis colegas del comité ejecutivo del partido Nueva Fuerza: “La guerra ahora es inevitable”, y añadí: "Esta guerra lo va a cambiar todo".
Para exagerar sus actuaciones Nasser pidió al secretario general de la ONU, U Thant, que retirase las fuerzas de las Naciones Unidas, pero solamente de cierto sector (estas fuerzas estaban apostadas en la frontera desde la guerra del Sinaí en 1956).
U Thant, que malinterpretó por completo la situación, retiró todas sus tropas quedando así enfrentado a la posibilidad de un ataque preventivo israelí y creyendo su propia propaganda de que Israel no era sino una marioneta estadounidense, Nasser envió a su vicepresidente a EEUU para intentar que los estadounidenses detuviesen a Israel. Entretanto los israelíes vieron solamente la amenaza concurrente y creyeron que podrían ser atacados en cualquier momento.
Puedo atestiguar cuál era el estado de ánimo en las altas esferas. Unos días antes de la guerra, Menajem Begin me apartó a un lado en la Knesset y con una gran agitación me dijo: "Uri, tenemos diferentes opiniones, pero en esta crisis existencial todos tenemos la misma meta: salvar a Israel. Tú y tu revista tenéis una gran influencia en la gente joven. ¡Por favor úsala para endurecer su moral!"
En mi última intervención en la Knesset antes de la guerra, dije: "En este momento de duda, justo al borde de la guerra, un gran estadista israelí tomaría una iniciativa revolucionaria para empezar un diálogo directo, quizás secreto, quizás público e impresionante, que podría conducir a un cambio fundamental de nuestra posición en el área".
La demostración del apego a la desesperación general fue la personalidad de Levy Eshkol, el sucesor de David Ben-Gurion como Primer Ministro y ministro de Defensa, a quien se veía, de forma totalmente equivocada, como un arrogante, indeciso e incompetente líder. En un discurso crucial emitido por radio tropezó con una palabra que había sido colocada en el último minuto por uno de sus consejeros y parecía que tartamudeaba.
En el transcurso de aquellos "días de ansiedad", como se conocen desde entonces, Eshkol estuvo bajo una intensa presión. Destacados generales (entere ellos Matti Peled, que después se convertiría en mi amigo y un activista por la paz) acudieron a Eshkol y le plantearon lo que equivalía a un ultimátum, exigiendo un ataque inmediato. Con casi la totalidad de la población masculina movilizada y esperando en las fronteras, la vida normal llegó a una virtual congelación. Todo el país contenía el aliento.
Yo recibía casi diariamente informes sobre lo que hacía el gabinete. Mi fuente era Yigal Allon, antiguo comandante del Palmach (las fuerzas de choque del Haganah) y comandante del frente sur en 1948, que ahora era ministro de Trabajo. Nos hicimos amigos tras la guerra de 1948. Cuando empezó la crisis de 1967, decidí publicar temporalmente un diario llamado Daf ("página"). Sin embargo, no había imprenta preparada y capaz de imprimirlo excepto la del movimiento kibutzí de Allon.
Durante la crisis me reunía con Allon casi diariamente para tratar el asunto y en una de esas ocasiones se sinceró. Su empleo de subordinado en el gobierno era frustrante para el héroe militar de 1948. Pretendía dirigir el ministerio de Defensa y la profundización de la crisis le ofrecía la oportunidad.
Todos los días, casi perceptiblemente, crecía la exigencia de que Eshkol dejara su cargo de Primer Ministro o al menos que renunciara a la cartera de Defensa. Al principio se pusieron en circulación los nombres de varios candidatos para dicho ministerio de Defensa. Allon estaba en lo más alto de la lista. Otros candidatos creíbles eran el "viejo" David Ben-Gurion -jefe provisional del Estado Mayor en 1948-, el general Yigael Yadin, antiguo viceministro de Defensa, Simón Peres, y el ex jefe del Estado Mayor Moshé Dayán.
Allon confiaba en obtener el cargo, puesto que ya era miembro del gobierno y había sido un general muy exitoso en la guerra. De día en día se volvió más radiante. En la calle la lista se volvía cada vez más corta hasta que al final la exigencia del público se centró en Dayán. Un grupo de mujeres (inmediatamente apodadas "las alegres comadres de Windsor") se manifestó por su patrocinio frente a la sede del Partido Laborista.
A finales de Mayo, cuando volví a ver a Allon, estaba destrozado. Acababa de oír que Eshkol había nombrado a Dayán. Allon despreciaba al famoso general. Como la mayoría de los comandantes de 1948, consideraba a Dayán como un mal soldado, incapaz de organizar el trabajo en la Plana Mayor y completamente irresponsable. (Ciertamente, escuche una vez a Dayan jactándose de su "irresponsabilidad").
Dayán tuvo poca influencia en la planificación de la guerra, pero tuvo un impacto inmenso en la moral de las tropas; carismático, glamouroso y con una reputación de comandante atrevido y agresivo.
Los reservistas que habían sido movilizados sólo para esperar, esperar y seguir esperando, saludaron su nombramiento con entusiasmo. Entendieron que la larga espera casi había acabado.
Cuando nuestro ejército atacó, fue como la liberación de un potente muelle.
El primer día de la guerra, tras una sesión parlamentaria de emergencia, yo estaba sentado en el refugio antiaéreo de la Knesset al resguardado del bombardeo de la artillería jordana en Jerusalén Este, cuando un amigo me susurró al oído: "Ya hemos ganado la guerra. La aviación ha destruido los aviones egipcios en tierra".
Esta información se escondió al público. Todas las informaciones de las increíbles victorias de nuestro ejército fueron suprimidas por la censura. La ONU quería imponer un alto el fuego –que en ese momento parecía obstructivo-. Así el público estaba expuesto a las absurdas hipérboles de la Voz del Trueno, según la cual Tel Aviv estaba ardiendo.
Muchos de los territorios fueron conquistados casi por accidente. Había un plan para la destrucción de las fuerzas egipcias en el sur, pero no había planes para una guerra de gran amplitud. Dayán no sólo estaba en contra de la ocupación de la Franja de Gaza, sino incluso contra la ocupación de Jerusalén Este. Cisjordania fue ocupada en una operación improvisada después que el rey Hussein, inesperadamente, abrió fuego para demostrar su solidaridad con Egipto. Al principio Dayán también objetó la operación contra Siria, por miedo a una intervención soviética. Por todo ello, no hubo planes de futuro para la numerosa población de los territorios ocupados.
El quinto día de guerra, justo después de que nuestro ejército hubiera conquistado Cisjordania y la Franja de Gaza, escribí una carta abierta a Levy Eshkol proponiéndole que aprovechase la oportunidad histórica y ofreciera al pueblo palestino la posibilidad de establecer un estado propio. Yo había estado abogando por esta idea desde 1949, pero estaba convencido de que este momento, con toda la región en un estado de conmoción, era el tiempo apropiado de hacer la paz con los palestinos haciéndoles una oferta histórica.
Justo después de la guerra, Eshkol me invitó a una conversación privada. Me escuchó pacientemente mientras yo exponía esta idea. "Uri, ¿qué clase de negociador eres tú?, dijo con una sonrisa condescendiente. "En las negociaciones uno empieza ofreciendo lo mínimo y exigiendo lo máximo. Entonces, gradualmente, eleva la oferta hasta alcanzar un compromiso en algún punto medio. Lo que tú propones es ofrecerlo todo incluso antes de que las negociaciones hayan empezado".
"Eso es cierto cuando uno vende un caballo", le contesté, "no cuando uno quiere alcanzar una paz histórica."
En oposición a su imagen, Eshkol era en realidad un tipo duro. Estaba disfrazado por una amigable disposición, un sentido del humor yiddish y una sintaxis que hacia subirse a los taquígrafos de la Knesset por las paredes. Toda su vida había sido partidario de levantar las colonias judías y ahora todo lo que podía ver era un vasto espacio que podía ser usado para nuevos asentamientos.
En los siguientes meses y años hice docenas de intervenciones en la Knesset (además de mis artículos en Haolam Hazeh) abogando por la idea de un estado palestino en los territorios recién ocupados. En uno de mis discursos informé de que había estado con todos los destacados líderes de Cisjordania y la Franja de Gaza, incluyendo a aquellos que eran conocidos como los "partidarios de Jordania", y que todos ellos me habían dicho que preferían un estado palestino que la restauración de la gobernación jordana. Tanto Dayán como Eshkol lo negaban, pero Eshkol envió a su consejero para los territorios ocupados, Moshé Sassoon, a preguntarme sobre mi información en una conversación privada. El 13 de Agosto de 1969, Sassoon escribió un informe al Primer Ministro (con una copia para mí) en el que confirmaba que su propia información era idéntica a la mía.
Para mi sorpresa placentera, encontré que tenía un buen número de partidarios en el alto mando del ejército.
Los generales, se ha dicho, siempre luchan la última guerra. También tienen en su mente la última paz. En 1956 el presidente Eisenhower y los líderes de la Unión Soviética habían obligado a Ben-Gurion a devolverle a Egipto todos los territorios ocupados durante la guerra del Sinaí. Ahora todo el mundo esperaba que pasara lo mismo. Enfrentados a esta posibilidad, muchos generales preferían la idea de un estado palestino desmilitarizado junto a Israel que la perspectiva de devolver los territorios a Jordania, un estado mucho mayor que podría servir de área de escenificación para los ejércitos de Jordania, Siria, Iraq y Arabia Saudí. En las encuestas de opinión pública, el apoyo a la idea de un estado palestino junto a Israel alcanzó un asombroso 37%.
Esta fase pasó rápidamente. EEUU, que en las vísperas de la guerra había informado secretamente a nuestro gobierno de que no habría objeción a un ataque israelí, ahora no hacían nada para obligar a Israel a retirarse. Gradualmente, el liderazgo israelí se dio cuenta de una total ausencia de presión internacional para devolver nada. Además los tres "NO" adoptados el 7 de septiembre por la cumbre de los humillados líderes árabes reunidos en Jartum (No paz, No reconocimiento, No negociaciones) jugaron a favor de los anexionistas israelíes.
Equipos de personas del movimiento kibutzí ya estaban hormigueando por Cisjordania buscando emplazamientos favorables. Los hallaron en el llano Valle del Jordán, adecuado para los tractores y regado por el río. Inmediatamente después de la guerra, grandes cantidades de refugiados de la guerra de 1948 fueron expulsados de los campos de refugiados de Jericó cercanos al río. El acicate colonizador, que cambiaría totalmente el mapa, estaba en marcha.
Casi automáticamente se llevaron a cabo acciones de limpieza étnica. Nunca se averiguó quién dio las órdenes que claramente se transmitieron verbalmente. Sobre ellas sobrevolaba el espíritu de Moshé Dayán.
Inmediatamente después de la lucha, el escritor Amos Kenan vino a verme. Estaba en un estado de conmoción y me dijo que acababa de ser testigo de la expulsión de miles de habitantes de tres poblaciones del área de Latrun. Le pedí que se sentara y que escribiera un informe de lo que había visto. Era un documento nauseabundo. Me dirigí inmediatamente a la aldea de Imwass (quizás la Bíblica Emaús) y vi las excavadoras arrasando casa tras casa. Cuando traté de tomar fotografías los soldados me llevaron lejos.
De allí me fui rápidamente a la Knesset y repartí copias del informe a varios ministros, incluyendo a Begin y Mapam, así como a los asistentes del Primer Ministro. No sirvió para nada. El trabajo fue acabado antes de que nadie pudiera intervenir. Hoy el "Parque Canadá" cubre el lugar.
Por aquel entonces todavía todo el mundo creía que Israel sería presionado para devolver los territorios que había conquistado. Las aldeas de Latrun eran una especie de abombamiento en la Línea Verde que dominaba la carretera principal entre Tel Aviv y Jerusalén. Por esta razón, alguien decidió crear un fait accompli (hecho consumado) que eliminaría la presión para devolver esta área.
Casi al mismo tiempo me informaron de que el ejército había comenzado a destruir la ciudad de Qalquilya. Desde los aledaños de esta ciudad la artillería jordana había tratado de bombardear Tel Aviv desde unos 25 Km. de distancia. Me apresuré hacia allí y vi que un barrio estaba ya casi completamente demolido. De nuevo fui a la Knesset para inducir al Primer Ministro y a los otros ministros a que intervinieran. Y efectivamente se detuvo la demolición y las casas arrasadas se reconstruyeron. No sé exactamente qué papel jugó mi intervención en esto pero desde entonces, cada vez que paso por el lugar, tengo un sentimiento de satisfacción. (Aunque Qalquilya está ahora cortada por el muro monstruoso)
Poco después un soldado vino a mi oficina en un evidente estado de depresión nerviosa. Me dijo que cada noche los refugiados trataban de cruzar el río Jordán para volver a sus hogares y que las órdenes eran matarlos en el sitio, mujeres y niños incluidos. Le escribí una larga carta al jefe del Estado Mayor, Isaac Rabin y recibí una respuesta de su jefe de oficiales, Samuel Gat, fechada el 29 de octubre de 1967, diciendo que el ejército había investigado el asunto "sacando la conclusión que podía sacar". Hasta donde sé, las matanzas sistemáticas se detuvieron.
(Hace unos días volví a encontrarme con ese soldado. Estaba tocando la flauta en la calle).
El primer día de combate fue una guerra defensiva. Dayán declaró que no teníamos intenciones de conquista y casi todos los israelíes también pensaban lo mismo. Un día después de que acabasen los combates, se había convertido en una guerra de expansión y anexión. Completamente intoxicada por paisajes bíblicos, el diluvio de "álbumes victoriosos", las nuevas canciones patrióticas y los lemas mesiánicos, el público se envalentonó. El gobierno de Eshkol, que primeramente había decidido oficialmente negociar la devolución de los territorios, se olvidó del asunto cuando se dio cuenta de que no era necesario hacerlo.
Poco después escribí un relato sobre cómo capturar monos. Se fija una botella a la rama de un árbol con una fruta dentro. El mono pone la mano dentro de la botella, agarra la fruta con la mano y trata de sacarla, pero su puño agarrando la fruta es demasiado grande. Así se le captura. Puede, por supuesto, quedar libre en cualquier momento soltando la fruta, pero, muerto de ganas por la fruta, es incapaz de hacerlo. De la misma manera, aferrándonos a los territorios ocupados, hemos sido rehenes de nuestra propia avaricia.
Tras la guerra el profesor Yeshayahu (Isaias) Leibowitz, un judío ortodoxo, predijo que la ocupación nos corrompería y nos convertiría en un pueblo de "agentes del servicio secreto y encargados de mano de obra barata”, le llamé el “profeta Isaías tercero”, lo que le puso furioso. Dijo que un profeta se hace eco de la voz de Dios, mientras que él estaba hablando en el lenguaje de la lógica.
Retrospectivamente parece como si todo el escenario fuera el trabajo de un director de cine con talento; la ansiedad, el aumento del miedo, la milagrosa victoria. Esto ayuda a explicar lo que paso más tarde.
En la leyenda de Fausto, Mefistófeles paga por el alma del culto doctor con cada imaginable clase de placer. Algo así nos sucedió en junio de 1967. La cadena de hechos dirigidos por un ser superior, una tentación deliberadamente puesta frente a nosotros para probarnos. Lo que parecía un regalo de Dios era realmente una tentación de Satanás, un intento de comprar nuestra alma.
¿Sucedió eso? ¿Perdió Israel su alma?
Espero que no. Espero que la borrachera desaparezca ahora. Esta semana se han dicho y escrito muchas cosas que lo indican.
Cuarenta años después de los hechos la cuestión sigue abierta.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Se debe derrocar a Netanyahu antes que sea tarde


Por Sefi Rachlevsky
Original Haaretz: http://www.haaretz.com/print-edition/opinion/israel-must-topple-netanyahu-before-it-s-too-late-1.395615
En español Carlos Braverman
Netanyahu no es Churchill, sino Chamberlain. Al igual que éste, optó por seguir su propio camino: continuar su asalto a la democracia hasta el punto mismo de destruir la Corte Suprema de Justicia y conseguir que el poder legislativo funcione como un brazo del poder ejecutivo.
Un estado democrático se prepara para librar una batalla existencial involucrando a todos sus ciudadanos y forjando alianzas internacionales; en cambio, la preparación por parte de un estado fascista comienza por la supresión de los opositores en el propio país, a la vez que intenta forjar alianzas en el extranjero; pero un estado fascista-mesiánico no sólo se dedica a suprimir a los opositores en el país, sino que se convierte en paria internacional.
Cualquier persona capaz de asustarse con la imagen de un líder israelí considerado en el exterior como "mentiroso" y extremista, al tiempo que demuestra una particular inclinación por suprimir la democracia en el país, debe comprender el contexto. Bajo el gobierno de Binyamín Netanyahu, quien se preparara ahora para una guerra existencial, Israel ha elegido. Incluso para el Likud, se trata de una revolución.
¿Habría sido posible la destrucción del reactor iraquí en 1981 sin el proceso de paz egipcio-israelí de 1977-79? Es poco probable. El primer ministro Menajem Begin comenzó a ocuparse del reactor iraquí en junio de 1977. No hay certeza de que él haya optado por la paz con Egipto, ni que haya prometido evacuar la totalidad del Sinaí -promesa que precedió la visita del presidente egipcio Anwar Sadat - solamente para generar la cobertura diplomática necesaria que le permitiera bombardear Irak. Pero queda claro que Begin comprendió que tenía la obligación estratégica de forjar un camino hacia la paz, y por lo tanto, de disipar el temor de Occidente ante su extremismo.
Esa es la razón que lo llevó a establecer un gobierno junto a Moshé Dayan y Yigael Yadin, y por eso decidió retirarse del Sinaí. Y en virtud de su famosa afirmación: "Hay jueces en Jerusalén", con la cual aceptaba la supremacía del imperio de la ley, junto con el crédito diplomático que había ganado, podía bombardear a Irak a pesar del considerable rechazo que generaba la medida; aunque contara con el apoyo entusiasta del jefe del Estado Mayor y del comandante de la Fuerza Aérea.
Y Begin no fue el único. Cualquiera que haya mantenido una conversación seria con el primer ministro Itzjak Rabín en 1992, pudo comprender aquello que lo había conducido hasta el proceso de paz. Desde su primer mandato como primer ministro, Rabín estuvo de acuerdo con la idea de la visa necesaria para visitar el bloque de asentamientos de Gush Etzión en Cisjordania, pero tenía una razón estratégica para adoptar esa medida.
En 1992, comprendió que el programa nuclear de Irán y su extremismo religioso constituían la verdadera amenaza para Israel; entonces, decidió poner en práctica un ordenado plan para lidiar con el problema. El proceso de paz tenía como objetivo convertir aquella ventana de supremacía nuclear que Israel, según fuentes extranjeras, había abierto en 1971, en una serie de acuerdos estabilizadores que enfriaran las tensiones en la región.
En un mundo que veía a Rabín como a un "amigo" estratégico - capaz de llegar mucho más lejos que el presidente estadounidense Bill Clinton -, el poder de la cobertura estratégica que le había otorgado a Israel era enorme. Tal cobertura podría haber permitido el paso desde la ambigüedad nuclear a la disuasión abierta; le habría permitido a Israel resguardarse bajo el paraguas defensivo y disuasivo de la OTAN; y de ser necesario, habría permitido el ataque por parte de Israel con un amplio apoyo internacional.
Por lo tanto, Netanyahu no es Churchill, sino Chamberlain. Al igual que Chamberlain, ha optado por continuar su propio camino, como si no hubiera ninguna amenaza existencial. Y para Netanyahu - una versión mesiánica de Chamberlain - negarse a abandonar su propio camino equivale a continuar su asalto a la democracia, incluso, o más exactamente, hasta el punto mismo de destruir a la Corte Suprema. De este modo, Jerusalén, tal como en los días de la gran rebelión contra los romanos, que desembocó en la destrucción del Segundo Templo, está quemando los graneros del apoyo nacional e internacional.
La preciada gema que corona este movimiento anti-democrático se ha camuflado a sí misma bajo el ropaje de una cuestión técnica. Pero cambiar la composición de la Comisión de Nombramientos Judiciales no es para nada un asunto técnico. En Israel, que no tiene Constitución, donde el poder legislativo funciona como un brazo del poder ejecutivo, y donde parte de los medios de comunicación ha sido conquistado por el gobierno, la independencia del sistema legal es la última barrera que queda en pie. Una vez que los políticos, por medio de tales maniobras, logren hacerse con el control de la corte, los últimos restos de la democracia israelí habrán desaparecido por completo.
La mayoría fascista que se está quedando cada vez más con el control tendrá entonces la facultad de realizar maniobras adicionales antes de las elecciones. Será capaz, por ejemplo, de impedir la candidatura de un partido árabe, por lo cual los árabes tendrán motivos para boicotear las elecciones, y también podrá permitir el voto de los judíos en el exterior, todo ello sin ningún control judicial efectivo. Estos cambios técnicos menores habrán de asegurar por toda la eternidad una mayoría de derecha fascista y mesiánica.
Esta es, por tanto, la prueba para los ministros Dan Meridor, Benny Begin, Ehud Barak, y Gideón Saar, y, sobre todo, para el presidente de la Knéset, Reuven Rivlin, quien parece estar permitiendo e incluso apoyando este golpe de estado contra la Corte. Toda aquella conmoción expresada por Rivlin y sus colegas acerca de las leyes antidemocráticas de la Knéset no vale un centavo. Cualquier persona que propicie la destrucción política de ese último vestigio de la democracia, la Corte Suprema - y especialmente, en un momento tan aciago - está emprendiendo un asalto sobre Israel. El resto de estas leyes atroces no son más que bagatelas. El control de los Tribunales es lo que importa.
Así, Israel es conducido hacia su confrontación con Irán no por el "amigo" del mundo, sino por alguien que ha sabido granjearse el general aborrecimiento, tanto en Israel como en el exterior, en su figura de "mentiroso" anti- democrático.
Chamberlain fue expulsado por sus colegas en el último minuto, una vez que su error estratégico resultó evidente. Si Israel quiere seguir existiendo, Netanyahu debe sufrir un destino similar; y debe ser derrocado antes de que pase la tormenta.

viernes, 18 de noviembre de 2011

El fin de la era Berlusconi por Flavia D’Angeli


Berlusconi se ha ido por fin. Tras diez y siete años, es todo un ciclo político el que termina, y las fiestas en las calles, el sábado, la tarde de su dimisión, expresaban una espera demasiado larga que superaba las dinámicas de las políticas de los partidos institucionales por otra parte sorprendidos (y algunos bastante irritados) por el carácter espontáneo de la fiesta.
La era berlusconiana estaba potencialmente acabada desde de la ruptura con el presidente de la Asamblea Nacional, Fini, en diciembre de 2010, los escándalos que han marcado todo su último gobierno, y sobre todo las derrotas electorales en las elecciones municipales y regionales de la primavera pasada y en el referéndum contra lo nuclear, por el agua pública y contra la inmunidad penal del presidente del Consejo, en junio. Y, también, el gobierno cae a causa de una crisis económica cuyo alcance no ha comprendido y a la que no ha sabido responder, incluso desde el punto de vista de la patronal, más que con ataques severos contra los derechos de los trabajadores.
Serán precisos tiempo y distancia para sacar un verdadero balance de estos diez y siete años, pero es evidente que hoy es un velo el que se desgarra y la política italiana podrá volver a los debates sobre los programas, los contenidos y los planteamientos estratégicos más que contentarse con determinarse entre pro y anti Berlusconi. Esta trampa, por otra parte, ha contribuido bastante, con muchos errores y ambigüedades estratégicas, a la derrota de la izquierda radical italiana que ha sido dominada por la “exigencia” de construir el “frente democrático” contra Berlusconi.
Esto podrá quizá ayudar a clarificar también la naturaleza del nuevo gobierno de unidad nacional, si llega a ver la luz, que debería estar apoyado por todas las fuerzas parlamentarias a excepción de la Liga Norte.
El gobierno Monti (eminente tecnócrata, antiguo comisario de la UE) tiene un programa muy claro, idéntico al de la Confindustria (la CEOE italiana ndt) y del BCE, quizá un poco edulcorado por una “equidad” que significará hacer pagar a los trabajadores más que lo que pagarán las empresas y los bancos. El impuesto sobre la fortuna, del que se habla, no representará por otra parte más que una redistribución de recursos hacia el capital, tomando a las rentas e ingresos para financiar los bancos y las finanzas.
Es por tanto imperativo organizar la oposición más fuerte y más amplia posible contra el nuevo gobierno y las recetas antisociales a la griega que quiere adoptar (aumento de la edad de jubilación, reducción de los salarios del sector público, posibilidad de despidos en el sector público, privatizaciones…).
¿Qué oposición? ¿Con quién? ¿Cómo? La sociedad italiana, como ha demostrado el 15 de octubre y en el momento de la fiesta por la dimisión de Berlusconi, no está en este esquema y habrá que trabajar en todos los movimientos sociales, entre las fuerzas sindicales y políticas radicales, para construir un frente unitario que luche contra el nuevo gobierno, que no tardará en mostrar su verdadero rostro a amplias partes de la población.
Flavia D’Angeli es portavoz de Sinistra Critica

sábado, 12 de noviembre de 2011

El PUÑO y la Rosa


El Puño y la Rosa fue creado por el Movimiento de Jóvenes Socialistas de Francia y diseñado por Yan Berrier en 1972.
Francois Mitterrand leyó el siguiente comentario en una película en el Verano de 1972.
El movimiento de la gente tiene un nombre, Libertad. La libertad: el derecho a vivir. La libertad: el derecho a aprender. La libertad: la igualdad de oportunidades. La libertad: la dignidad de los trabajadores.
Pero la libertad no existe como estado natural, debemos organizarnos para su conquista.
Los monopolios, los cárteles, los bancos son los nuevos señores. Que el trato que reciben los seres humanos es el de una mercancía y son sus manos del trabajo, sobre las que se fundan las riquezas de la tierra.
La tierra es lo único que tenemos. Esta vida es la única en que vivimos. No hay alternativa: tomar conciencia de la opresión, la miseria, la desesperanza y pensar las formas de combatirlas. Es la misión de los socialistas.
Ver esas marchas en las calles, esas personas que se reúnen, los que elevan los puños, se unen por las manos y, pronto, la última imagen del puño y una rosa, el puño de la lucha y la felicidad de la rosa.

Le poing et la rose
Ce qui fait bouger ces foules porte un nom, Liberté. Liberté: le droit de vivre. Liberté: le droit d’apprendre. Liberté: I’égalité des chances. Liberté: la dignité des travailleurs.
Mais la liberté n’existe pas à l’état naturel. Elle naît quand on l’organise. La liberté est une conquête.
Monopoles, cartels, banques, ce sont les nouveaux seigneurs. Ils traitent l’homme comme une marchandise et font main basse sur les richesses de la terre.
La terre, c’est la seule que nous ayons. La vie, c’est la seule que nous vivions. II n’est pas d’autre choix: prendre conscience de l’oppression, de la misère, du désespoir et prendre le moyen de les faire reculer. C’est la mission des socialistes.
Regardez ces cortèges dans la rue, ces gens qui se rassemblent, ces poings qui se lèvent, ces mains qui s’unissent et, bientôt, la dernière image, dans le poing une rose, le poing pour le combat, la rose pour le bonheur.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Dura lex, sed lex no por Carlos Braverman


El proyecto de ley titulado "Ley Fundamental: Israel como Estado-Nación del pueblo judío" contraviene la definición esencial de Israel como un país democrático. Este proyecto de ley, establece que el régimen democrático de Israel estaría subordinada a la identidad judía del Estado y limita al árabe como idioma oficial.
El proyecto de ley contraviene la Declaración de Independencia y sus principios, también pone en peligro el delicado equilibrio entre la identidad nacional del Estado y su carácter democrático y civil.
El proyecto de ley puede muy bien cumplir los requisitos técnicos para su presentación a la Knesset, pero es una empresa muy arriesgada.
Si se aprueba, sería un hito para la democracia israelí pues sería responsable de violar totalmente la línea divisoria entre los principios de un régimen democrático y la preferencia categórica e indiscutible para la mayoría judía.
Así se profundizará la creciente desconfianza entre los ciudadanos árabes del estado y los judíos.
Diputados y ministros que se oponen al proyecto de ley, deben hacer un esfuerzo extraordinario y luchar por todos los medios legítimos contra la proclamación de la misma. Será una prueba importante para la democracia y para reservar una legislatura real y no una versión bizarra de un poder legislativo serio.
Dura lex, sed lex, no, ya tenemos bastante.
*Carlos Braverman (Israel): Politólogo y Psicólogo, miembro de la Asociación de Derechos Civiles de Israel. Activista por una coexistencia judéo-árabe mutuamente justa y el altermundialismo. Miembro del Partido Meretz (Partido Socialista de Israel - Tel Aviv). Presidente del Instituto Campos Abiertos -Investigaciones en Ciencias Políticas

Barak rugió, quien no temerá? por Nehemia Shtrasler


En español Carlos Braverman
Original en hebreo:http://www.haaretz.co.il/opinions/1.1557119
Durante años, el titular más conocido para los jefes de los organismos de defensa israelíes era "Misiles Shihab-3 apuntan al corazón de Tel Aviv". Cada vez que se trataba el asunto del presupuesto de defensa, se convocaba con urgencia a los corresponsales militares al ministerio de Seguridad en Tel Aviv, donde tiene su sede el Estado Mayor.
Allí, los oficiales superiores les informaban, en el más absoluto secreto, que los planes nucleares de Irán no detenían su avance y que sus misiles ya era capaces de alcanzar Israel. El resultado era toda una serie de grandes titulares en los periódicos del día siguiente, dando cuenta de los cohetes que apuntaban directamente al corazón del país y afirmando que, por lo tanto, era imposible reducir el presupuesto de defensa cuando son nuestras vidas las que están en juego.
Pero este año, el ministro de Defensa, Ehud Barak, tuvo un inconveniente. El gobierno decidió, en contra de su opinión, reducir el presupuesto además de instituir algo de transparencia y ejercer algún control sobre el mismo. No se trata de un gran recorte, es verdad, sólo de una pequeña quita hecha solamente sobre la adición concedida a Tzáhal. Pero Barak ni siquiera estuvo de acuerdo con esto, y por eso decidió aparecer ante el Comité de Finanzas de la Knéset y sugerir - sugerencia la suya tan sutil como un león - que Israel podría encontrarse en una situación en la que sería necesario atacar a Irán solo, sin ayuda de nadie. Incluso mencionó una fecha: el año decisivo de 2012. Entonces, ¿quién tendrá ahora el coraje de recortar el presupuesto de defensa cuando posiblemente el año que viene debamos enfrentar una guerra en la que la vida y la muerte habrán de decidirse a cada instante?
Las tácticas del miedo utilizadas por los jefes de los organismos de defensa no constituyen ninguna novedad. Érase una vez que los ministros de Defensa iban a invocar a Egipto, entonces se trasladaron hasta el Irak de Saddam Hussein y el frente oriental. Pero ahora, lo único que queda es Ahmadinejad en Irán. La verdad es que no existe una gran conexión entre las amenazas reales y el tamaño del presupuesto de defensa de Israel.
Tzáhal siempre exagera los peligros; siempre exige más dinero, pero, a fin de cuentas, el presupuesto se determina por la fuerza política del ministro de Defensa y no por ninguna amenaza real.
No importó si ganamos la guerra en 1967 o si sufrimos una tremenda derrota en 1973: en ambos casos, el presupuesto del ejército se incrementó. No importó si firmamos un acuerdo de paz con Egipto o con Jordania; si por una década entera el frente oriental estuvo paralizado a causa de la guerra entre Irán e Irak; si penetramos en el Líbano o si nos retiramos: en todos los casos, el presupuesto terminó siendo mayor que antes.
¿Y cuándo se recorta el presupuesto? Eso es algo que también ocurre sin ninguna vinculación con las amenazas que nos rodean. Se recortó solamente cuando nos tocó enfrentar una difícil situación económica. Ocurrió en 1951, cuando el gobierno de David Ben Gurión no tenía dinero suficiente para comprar combustible ni trigo. Ocurrió otra vez en 1985, cuando la crisis hiperinflacionaria casi deja al país sin un solo centavo.
En referencia a las consideraciones de Barak acerca de Irán, el ministro de Gabinete, Moshé Yaalón, declaró que la decisión del ministro de Defensa de plantear el tema en la agenda "fue una jugada cínica e irresponsable que perjudica la seguridad del Estado". Pero además de esta falta de responsabilidad, Barak sobresalió también en otra forma de irresponsabilidad, ya en el ámbito económico. Aseguró que el gobierno debe dedicar mayores recursos para hacer frente a la protesta social, pero de inmediato agregó que el presupuesto de defensa debe incrementarse.
En total, se necesitarían otros 7 u 8 mil millones de shekels anuales "para responder a las amenazas que todos ya conocemos: Hamás en Gaza, Hezbolá en el Líbano e Irán en segundo plano". Es decir, defensa y bienestar, sin orden de prioridades. Como si fuera realmente posible aumentar el déficit actual sin tener que pagar por ello un alto precio.
Después de todo, sólo esta semana el Ministerio de Finanzas dio a conocer datos que revelan que la recaudación impositiva fue disminuyendo como consecuencia de la desaceleración económica y de las pérdidas en el mercado de valores. Por tanto, ¿cómo es posible aumentar aún más los gastos? ¿Es que Barak no se ha enterado de la grave crisis que enfrenta Grecia? En los últimos años, Grecia se ha comportado exactamente como él recomienda hacerlo ahora: aumentando descuidadamente los gastos; incrementando el déficit y tomando préstamos - hasta que finalmente colapsó y tuvo que cambiar bruscamente el rumbo. Actualmente mendiga de puerta en puerta, aplicando recortes de un 25 por ciento en el sector público; deja sin empleo a 30.000 personas; descuenta decenas de porcentajes de las pensiones públicas y aumenta drásticamente los impuestos. ¿No se da cuenta Barak que será ese también nuestro destino en el caso de que sigamos sus consejos?
Entonces, ¿qué es más grave? ¿Las irresponsables declaraciones de Barak acerca de la cuestión iraní, o sus irresponsables propuestas en el ámbito económico?
Usted decide.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Aniversario del asesinato de Itzjak Rabin: los cobardes mueren muchas veces, los valientes sólo una Por Carlos Braverman (*)


El 9 de próximo de acuerdo al calendario hebreo, se cumple un nuevo aniversario del asesinato de Itzjak Rabin, perpetrado por un fanático judío el 4 de noviembre de 1995.
Los fanatismos se hermanan más allá de los credos o las ideologías; son fanatismos y sólo los mueve el odio a las democracias y al bienestar de las amplias mayorías.
Igal Amir y los que idearon la operación son fanáticos fascistas
La tarea de Rabin por la paz fue titánica, fue un hombre de la guerra que tuvo la lucidez y el heroísmo para comprender una coyuntura histórica y realizar los actos políticos necesarios para torcer un rumbo nefasto.
Si en su vida existieron actos heroicos, que los hubo en exceso, este fue el más valiente; creo que exige más coraje desandar un camino que comenzar uno nuevo.
Los Acuerdos de Oslo fueron el comienzo de una nueva etapa, pero ante todo representaron desandar un camino oscuro de mutuos desentendimientos y recíprocos errores fatídicos en las conducciones de ambos pueblos hacia un estatus de justa existencia entre la naciones del mundo, obligaron a todo tipo de realineamientos en un Medio Oriente de crónicas convulsiones, que aún hoy con la sangre que se siguió derramando nadie puede volver a la etapa previa a los mismos.
El fanático criminal y mediocre Igal Amir, ese día de turno para los señores de la guerra y el odio, pudo retrasar la marcha de la historia pero no la pudo detener, extensas filas de militantes seguimos cantando la Canción de la Paz, mientras peleamos por el mismo ideal: una sociedad mejor en nuestro país, con tolerancia y coexistencia, sin fanatismos fundamentalistas de ningún tipo en Medio Oriente y el entendimiento entre los pueblos.
Seguimos peleando contra los mismos que ejecutaron el crimen, pues ellos siguen de pie con sus oscuros principios, hermanados como dije en el comienzo de la nota más allá de cualquier frontera, con la bandera del desprecio a la vida y a una sociedad equitativa y progresista para los pueblos.
"Los cobardes mueren muchas veces antes de su verdadera muerte; los valientes gustan la muerte sólo una vez"- William Shakespeare.
No fue el caso de los que mueren muchas veces antes de su verdadera muerte, tuvo la valentía de enfrentar una decisión y un destino, dejó además un legado simbólico al morir con el impacto de la bala cerca del bolsillo donde guardó la letra de la Canción de la Paz, que había terminado de entonar en el palco donde pronunció su último discurso por ella.
La guardó en el bolsillo interno de su saco, justo sobre el corazón, vaya este homenaje de Shir Lashalom ( Canción de la Paz), para el compañero muerto.
http://www.youtube.com/watch?v=MrbTlNehD4o
¡¡Shalom Javer!!
Carlos Braverman
Israel
*Carlos Braverman (Israel): Politólogo y Psicólogo, miembro de la Asociación de Derechos Civiles de Israel. Activista por una coexistencia judéo-árabe mutuamente justa y el altermundialismo. Miembro del Partido Meretz (Partido Socialista de Israel - Haifa). Presidente del Instituto Campos Abiertos -Investigaciones en Ciencias Políticas