miércoles, 8 de febrero de 2012

"SÓLO UN DIOS NOS PUEDE SALVAR" por Leonardo Boff




Esta frase no viene de ningún papa, es de Martin Heidegger (1889-1976), uno de los más profundos filósofos alemanes del siglo XX, en una entrevista concedida al semanario Der Spiegel el 23 de septiembre de 1966, pero solamente publicada el 31 de mayo de 1976, una semana después de su muerte. Heidegger siempre fue un atento observador de los destinos amenazadores de nuestra civilización tecnológica. Para él la tecnología, como intervención en la dinámica natural del mundo para beneficio humano, ha penetrado de tal manera en nuestro modo de ser que se ha transformado en una segunda naturaleza.
Hoy en día no nos podemos imaginar sin el vasto aparato científico-técnico sobre el cual está asentada nuestra civilización, pero está dominada por una compulsión oportunista que se traduce en la fórmula: si podemos hacerlo, también nos es permitido hacerlo sin ninguna otra consideración ética. Las armas de destrucción masiva surgieron de esta actitud. Si existen, ¿por qué no usarlas?
Para el filósofo, una técnica así, sin conciencia, es la más clara expresión de nuestro paradigma y de nuestra mentalidad, nacidas en los albores de la modernidad, en el siglo XVI, pero cuyas raíces se encuentran ya en la metafísica clásica griega. Esta mentalidad se guía por la explotación, por el cálculo, por la mecanización y por la eficiencia aplicada en todos los ámbitos, pero principalmente en relación con la naturaleza. Esta comprensión ha entrado en nosotros de tal manera que 
consideramos la tecnología como la panacea para todos nuestros problemas. Inconscientemente nos definimos contra la naturaleza que debe ser dominada y explotada. Nosotros mismos nos hacemos objeto de la ciencia, al ser manipulados nuestros órganos y hasta nuestros genes.
Entre ser humano y naturaleza se ha establecido un divorcio que se revela por la creciente degradación ambiental y social. El mantenimiento y la aceleración de este proceso tecnológico, según el filósofo, puede llevarnos a una eventual autodestrucción. La máquina de muerte have decenios que está ya construida.
Para salir de esta situación no bastan los llamamientos éticos y religiosos, mucho menos la simple buena voluntad. Se trata de un problema metafísico, es decir, de un modo de ver y de pensar la realidad. Estamos en un tren que corre veloz sobre dos raíles; está yendo al encuentro de un abismo que hay más adelante y no sabemos cómo pararlo.¿Qué hacer? Esa es la cuestión.
Si quisiéramos, podríamos encontrar una mentalidad distinta en nuestra tradición cultural, en los presocráticos como Heráclito entre otros, que todavía veían la conexión orgánica entre ser humano y naturaleza, entre lo divino y lo terreno, y alimentaban un sentido de pertenencia a un Todo mayor. El saber no estaba al servicio del poder sino de la vida y de la contemplación del misterio del ser. O en toda la reflexión contemporánea sobre el nuevo paradigma cosmológico-ecológico, que ve la unidad y la complejidad del único y gran proceso de la evolución, del cual todos los seres emergen y son interdependientes. Pero este camino nos es vedado por el exceso de tecnociencia, de racionalidad calculatoria y por los inmensos intereses económicos de los grandes consorcios que viven de este statu quo.
¿Hacia dónde vamos? En este contexto de indagaciones fue donde Heidegger pronunció esta famosa y profética sentencia: «La filosofía no podrá provocar directamente un cambio del estado presente del mundo. Y esto no es válido sólo para la filosofía sino también para toda actividad de pensamiento humano. Sólo un Dios puede aún salvarnos (Nur noch ein Gott kann uns retten). La única posibilidad que nos queda, en el pensamiento y en la poesía, es preparar nuestra disponibilidad para la manifestación de ese Dios o para la ausencia de Dios en tiempo de ocaso (Untergrund); dado que nosotros, ante el Dios ausente, vamos a desaparecer».
Lo que Heidegger afirma está siendo gritado también por notables pensadores, científicos y ecólogos. O cambiamos de rumbo o nuestra civilización pone en peligro su futuro. Nuestra actitud es de apertura a un adviento de Dios, esa Energía poderosa y amorosa que sustenta a cada ser y a todo el universo. Él podrá salvarnos. Esta actitud está bien representada por la gratuidad de la poesía y del libre pensar. Y como Dios, según las Escrituras, es «el supremo amante de la vida» (Sabiduría 11,24), esperamos que no permitirá un fin trágico para el ser humano. Éste existe para brillar, convivir y ser feliz.

lunes, 6 de febrero de 2012

MÉXICO SE MUERE DE HAMBRE CON EL TLC




Por Laura Carlsen

Desde que México aprobó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) millones de mexicanos se han unido a las filas de los hambrientos. Mientras que la violencia y la sangre de la guerra contra las drogas se apodera de los titulares muchos mexicanos, sobre todo mujeres y niños, hacen frente a la silenciosa y violenta suerte del hambre.

Los últimos informes muestran que el número de personas que viven en "pobreza alimentaria" (la incapacidad para adquirir la canasta básica de alimentos) aumentó de 18 millones en 2008 a 20 millones a finales de 2010. Alrededor de un quinto de los niños mexicanos sufren de desnutrición. El Instituto Nacional de Nutrición estimaba el 18 de octubre de 2011 en 728.909 el número de niños menores de cinco años desnutridos. Las estadísticas del gobierno informan que el 25% de la población no tiene acceso a los alimentos básicos (1). Desde la crisis alimentaria de 2008, ha habido un aumento del 3% de la población sin acceso adecuado a los alimentos. Los recién nacidos muestran los mayores índices de desnutrición, lo que indica que la tragedia comienza con la salud materna.

El dramático cambio en los hábitos alimenticios de México desde que se aprobó el TLCAN no sólo se refleja en los millones de personas que se acuestan con hambre. En el lado opuesto de la escala, México se ha convertido en tan sólo una década y media en el segundo país del mundo en obesidad mórbida. El primero es EEUU. La obesidad infantil, sobrepeso y diabetes constituyen en la actualidad los principales problemas de salud, junto con el problema más tradicional del hambre.

No es que los ricos se hagan demasiado gordos y los pobres muy delgados. La gordura ya no representa la abundancia. Son los pobres los que beben Coca-Cola barata cuando no tienen acceso a agua potable o que dan a sus hijos una bolsa de papas fritas cuando los alimentos frescos de la zona ya no están disponibles.

Con otra crisis alimentaria debido al aumento de los precios internacionales, México podría enfrentar disturbios por los alimentos, así como la propagación del hambre y sus consecuencias durante el próximo año. A menos que los disturbios se vuelven violentos o se produzca una convulsión social más amplia como lo ocurrió en los países árabes, no es probable que los medios de comunicación le presten atención.

TLC: un modelo de (in)seguridad en los alimentos

Algo ha ido terriblemente mal. La nación que afirmaba entrar en la prosperidad con la firma del TLC se ha convertido en un ejemplo internacional de graves problemas estructurales en la cadena alimentaria, desde la forma en que produce sus alimentos hasta qué y cuánto (o cuán poco) que consume.

La desnutrición de México tiene sus raíces en la firma del TLC y otros programas neoliberales que han obligado a la nación a alejarse de la producción de alimentos básicos para su propio modelo de "seguridad alimentaria". "La seguridad alimentaria" afirma que un país es seguro, siempre y cuando haya suficientes ingresos para importar sus alimentos. Separa de empleo no agrícola de la seguridad alimentaria y hace caso omiso de la desigualdad de acceso a los alimentos dentro de un país.

La idea de la seguridad alimentaria basado en el acceso al mercado proviene directamente del principal argumento sobre las "ventajas comparativas" del TLCAN. En pocas palabras, la eficiencia económica exige que cada país debe dedicar su capacidad productiva a lo que mejor sabe hacer y liberalizar el comercio transfronterizo. Bajo la teoría de la ventaja comparativa, la mayor parte de México fue considerado no apta para producir su alimento básico, el maíz, ya que sus rendimientos estuvieron muy por debajo de la media de su vecino del norte y socio comercial. Por lo tanto, México debe recurrir a las importaciones de maíz y dedicar sus tierras a los cultivos en los que supuestamente tenía una ventaja comparativa, como las frutas de temporada y tropicales y hortalizas. Suena simple. Sólo tienes que eliminar tres millones de productores ”ineficientes” de maíz ineficiente (y sus familias) y trasladarles a la fabricación o ensamblaje, donde su mano de obra barata constituye una ventaja comparativa. Las consecuencias culturales y humanas para estos campesinos y comunidades enteras de obsoletos indígenas no preocupan en esta ecuación.

Diecisiete años después del TLCAN, más de 2 millones de agricultores se han visto obligados a abandonar sus tierras por los bajos precios y el desmantelamiento de los apoyos del gobierno. No encontraron puestos de trabajo en la industria. En cambio la mayoría de ellos pasaron a formar parte de un éxodo masivo como migrantes mexicanos a los Estados Unidos, que se estima en medio millón al año. En los primeros años del TLCAN, las importaciones de maíz se triplicaron y el precio al productor cayó a la mitad.

La conversión a otros cultivos llevó años en la mayoría de los casos. Los precios fueron volátiles y poco confiables las cosechas. En muchas ocasiones no eran cultivos factibles para las pequeñas parcelas, a menudo rocosas que veían en el maíz una garantía para su dieta de subsistencia. El resultado es que sólo creció un 2% la producción agrícola total.

Las áreas que se adaptaron con éxito a la agricultura industrial y los cultivos de agroexportación se caracterizan por una flagrante violación de los derechos laborales de los trabajadores agrícolas migrantes, contaminación generalizada, aguas residuales y la extrema concentración de tierras y recursos.

Para los hambrientos, esto significa que los precios fijados en el mercado internacional determinan quién come y quién se muere de hambre. Los consumidores mexicanos ahora pagan más por las tortillas de maíz y alimentos en general. Los aumentos de precios en el mercado internacional a empujar al alimento básico fuera del alcance de los millones de pobres en el país.

La dependencia de alimentos

En el post-TLCAN, el 42% de la comida que se consume en México proviene del extranjero. Antes del TLCAN, el país gastó 1.800 millones de dólares en importaciones de alimentos. Ahora gasta la friolera de 24.000 millones. En una entrevista, el investigador Ernesto Ladrón de Guevara señaló que en algunos alimentos básicos la dependencia de las importaciones es dramática: 80% en arroz, 95% de la soja, 33% en frijol y 56% en el trigo. Es el primer país del mundo en importación de leche en polvo. El una vez próspero México en el sector lácteo ahora, en virtud del TLCAN, debe importar la leche en polvo de una multinacional vinculada a la crisis de la desnutrición infantil.

México importa el 33% de lo que consume, pasando de 250.000 toneladas antes del TLCAN a los 13 millones actuales. El departamento de Agricultura de EE.UU. estima que si continúan las tendencias actuales México va a adquirir el 80% de sus alimentos de otros países (principalmente Estados Unidos). La FAO, el organismo de la ONU para la Agricultura y la Alimentación, considera que un país es dependiente en cuestión alimenticia cuando las importaciones superan el 25% del total de las exportaciones.


Cara, yo gano; cruz, tú pierdes

La toma del poder corporativo del sistema alimentario de México ha llevado a la catástrofe alimentaria y de la salud. Las empresas transnacionales de alimentos no sólo importan libremente en los mercados de comida mexicana, ahora son los productores, exportadores e importadores, todo en uno, que operan en el interior del país.

Desde el TLC, las empresas han devorado los recursos humanos y naturales en una escala casi increíble. La producción ganadera ha pasado de pequeñas granjas para los mercados locales a Tyson, Smithfield, y Pilgrims Pride. El uso masivo y la contaminación del agua y la tierra ha conducido desastres ambientales y sanitarios en todo el país. Millones de empleos se han perdido por la concentración y los métodos de la agricultura industrializada.

Tomemos el caso de Com Products International (CPI). La transnacional presentó una reclamación contra el gobierno mexicano en 2003, acogiéndose al TLC, alegando una pérdida para su negocio debido a un impuesto sobre el jarabe de maíz de alta fructosa en las bebidas. La razón de México para imponer el impuesto era para salvar una industria de caña de azúcar que proporciona empleo a miles de ciudadanos y desempeñó un papel económico crucial en muchas regiones. Curiosamente, el gobierno vio frustrado su intento de acceder, también en virtud del TLC, al muy protegido mercado estadounidense del azúcar.

Un tribunal del TLCAN dictaminó sobre el caso en 2008. México tuvo que pagar 5'8 millones de dólares a una compañía que tiene unas ventas netas de 3.700 millones de dólares anuales. La multa pagada por el gobierno mexicano podría haber cubierto un año de la canasta básica de alimentos a más de 50.000 familias pobres. La CPI es una empresa subsidiaria de la Corn Products Arancia, una de las transnacionales de alimentos más poderosas que operan en el país, junto con Maseca /Archers Daniel Midland y Cargill. Son las grandes empresas de agronegocios que desempeñaron un papel clave en la crisis de la tortilla de maíz de 2007 por el acaparamiento de las cosechas y elevación del precio internacional. Esa crisis provocó la protesta de miles de mexicanos pobres ante lo que supuso un aumento del 50% del precio de la tortilla de maíz.

El TLCAN y otros acuerdos de libre comercio otorgan a las corporaciones el poder de decidir qué comemos, qué compramos, quién tiene trabajo y quién no y si un pueblo dedicado a la producción local de alimentos va a sobrevivir o presencial el final de sus tradicionales medios de subsistencia durante generaciones.

Alimentar a los hambrientos, arreglar el sistema

Las organizaciones mexicanas han comenzado a reunirse después de años de divisiones para responder a la crisis alimentaria y arreglar un sistema en muy mal estado. Lograron que una reforma constitucional para incluir el derecho a la alimentación. Ahora la batalla es en la adaptación al presupuesto rural para que ese derecho sea una realidad.

Organizaciones de pequeños agricultores se han unido a organizaciones de agricultores familiares en los Estados Unidos y Canadá para pedir la renegociación del TLCAN y eliminar de él los alimentos básicos y la producción agrícola. Pero la Administración Obama, con sus compromisos adquiridos, deja muy poco espacio para el cambio. Sin embargo, no cejan en sus esfuerzos para arreglar el sistema alimentario antes de que se agrave la crisis. Las organizaciones de EEUU están viendo la oportunidad de unir sus demandas a las del movimiento Ocupar Wall Street Ocupar en todo el país.

El control corporativo del sistema alimentario encerrado en el TLCAN no sólo afecta a las personas en México. Nadie espera que la situación mejore por sí misma. Al profundizarse la crisis, los movimientos ciudadanos deben buscar puntos de unión transfronteriza para proteger su salud, sus medios de subsistencia y sus derechos. En el futuro, lo que comemos, cómo comemos, y si comemos dependerá de sus esfuerzos.

*Directora del Programa de las Américas para el Center for International Policy en México


domingo, 29 de enero de 2012

Crítica a la élite de Davos. Extracto del libro: Sus crisis, nuestras soluciones por Susan George



El Pais 2010


La clase de Davos, pese a los agradables modales y la bien entallada ropa de sus miembros, es depredadora.En mi trabajo, observo que una de las cosas más difíciles de hacer entender al público -el mío suele componerse de personas generosas e inquietas- es que andan por ahí una serie de individuos resueltos, poderosos y educados pero de veras peligrosos; que comparten intereses de clase, sacan un extraordinario provecho del statu quo, se conocen unos a otros, se mantienen unidos -y quieren que básicamente no cambie nada.De todos modos, me gustaría dejar claro que no estoy poniendo en entredicho la ética individual de nadie -seguro que hay un montón de banqueros bondadosos, empresarios magnánimos y ejecutivos socialmente responsables-; sólo estoy diciendo que, como clase que son, hay que contar con que se comportarán de determinada forma aunque sólo sea porque están al servicio de un sistema muy concreto. Un hombre de gran perspicacia lo expresó mejor de lo que yo pueda hacerlo. En su principal obra escribió:"Todo para nosotros y nada para los demás parece haber sido la ruin máxima de los amos de la humanidad en las diversas épocas de la historia".Se trataba de Adam Smith en La riqueza de las naciones, escrito en 1776 y considerado universalmente el primer estudio exhaustivo sobre la naturaleza y la práctica del capitalismo. Esta obra maestra también ha sido utilizada para justificar toda suerte de perjuicios y diversos usos y costumbres que Smith condenaba, especialmente en su otra obra famosa, La teoría de los sentimientos morales. Tras anunciar la "ruin máxima de los amos de la humanidad", pasa a explicar cómo los grandes propietarios de su época preferían tener un par de hebillas de zapatos con diamantes o "algo igual de frívolo e inútil" a proporcionar el "mantenimiento o, lo que es lo mismo, el precio del mantenimiento de mil hombres al año". Plus ça change...Los amos de la humanidad siguen con nosotros y, para los fines que aquí me propongo, los llamaré la clase de Davos porque, como las personas que se reúnen cada enero en la estación de invierno de Suiza, son nómadas, poderosos e intercambiables. Algunos tienen poder económico y casi siempre una considerable fortuna personal. Otros poseen poder administrativo y político, ejercido sobre todo en nombre de los primeros, que les recompensan debidamente. Sin duda existen contradicciones entre sus miembros -los ejecutivos de una empresa industrial no siempre tienen exactamente los mismos intereses que sus banqueros-, pero en general, cuando se trata de decisiones sociales, están de acuerdo.(...) La clase de Davos es siempre sumamente pequeña en comparación con la sociedad, y sus miembros lógicamente tienen dinero, unas veces heredado, otras ganado con su esfuerzo, pero lo más importante es que cuentan con sus propias instituciones sociales -clubes, las mejores escuelas para sus hijos, barrios, consejos de administración, obras benéficas, destinos de vacaciones, organizaciones de admisión reservada, acontecimientos sociales exclusivos y de moda, etcétera-, las cuales ayudan a reforzar la cohesión social y el poder colectivo. Dirigen nuestras principales instituciones, incluidos los medios de comunicación, saben exactamente lo que quieren y están mucho más unidos y mejor organizados que nosotros. Sin embargo, esta clase dominante presenta también puntos débiles, uno de los cuales es que tiene una ideología, pero prácticamente carece de ideas y de imaginación.En este libro expongo el hecho de que ellos dirigen la cárcel en la que estamos. Aún quieren "todo para ellos y nada para los demás", pero desde la época de Adam Smith "los demás", mediante su propia lucha, han aprendido a leer, escribir y pensar de forma crítica; están mejor informados, poco a poco han ido consiguiendo un cierto grado de poder para sí mismos, con lo cual tienen mucha más experiencia política que la gente del siglo XVIII. Por tanto, hay que mantenerlos bajo una supervisión más inteligente y estratégica.La clase de Davos, pese a los agradables modales y la bien entallada ropa de sus miembros, es depredadora. No cabe esperar que actúen de manera lógica, pues no están pensando en intereses a largo plazo, por lo general ni siquiera los suyos, sino en comer ahora mismo. También están muy versados en gestión carcelaria y encargan a los vigilantes mejor preparados y más listos el control de nuestros movimientos.(...) El hombre de Davos (y también desde luego la mujer) presenta características específicas en cada país, pero actualmente es también una especie internacional cuyas ideas, si se les puede llamar así, son prácticamente las mismas en todas partes. Dado que sigue forzosamente las reglas capitalistas, mantiene la economía en un estado crónico de sobreproducción y no necesita la mayor parte de la mano de obra del mundo. La democracia se interpone en su camino, y si le hace falta arrastrarnos a las miserias del siglo XIX y tiene la libertad para hacerlo, pues eso hará. Si en el proceso destruye la sociedad y el planeta, lástima. Habrá más suerte la próxima vez, quizá en un planeta distinto -aunque él ya no andará por ahí como individuo-. Confíen en la palabra de Adam Smith si no confían en la mía: esta clase busca de veras "todo para sí misma y nada para los demás".Igual que el cambio ideológico y el ascenso del hombre de Davos, la fase actual del capitalismo global data aproximadamente de principios a mediados de la década de 1970, y en general recibe el nombre de "neoliberalismo": se basa en la libertad para la innovación financiera con independencia de adónde pueda conducir, así como en la privatización y la desregulación, el crecimiento ilimitado, el mercado libre y supuestamente autorregulado y el libre comercio. Esto dio origen a la economía de casino, que ha fracasado y está totalmente desprestigiada, al menos en la cabeza de la gente.La mayoría de las personas no piden más pruebas; ven a la perfección que el sistema no funciona para ellas, ni para sus familias, sus amigos o su país. Muchos reconocen también que es perjudicial para la inmensa mayoría de los habitantes de la tierra y para el propio planeta. El andamiaje ideológico y político que lo sostenía se ha venido abajo junto con la estructura financiera, lo que ha aplastado a millones de vidas obligando al establishment global a adoptar medidas sin precedentes que han supuesto un coste enorme para los ciudadanos, sin garantías de que esos planes ideados a toda prisa vayan a ser suficientes.Ya es hora de actualizar la frase de Lenin -"los capitalistas nos venderán la soga con la que los colgaremos". Hoy es aún peor: los capitalistas se venden unos a otros la soga con la que se ahorcan y nos arrastran a los demás con ellos. Así es como provocaron la catástrofe actual, vendiéndose unos a otros sogas a las que ponían nombres extravagantes o acrónimos que al final resultaron ser productos financieros sumamente peligrosos. Los gobiernos se apresuraron a evitarles un final ignominioso antes de que llegaran a expirar. Pero que no cunda el pánico: quizás hayan metido la pata en su primer intento de suicidio, pero probarán de nuevo.Susan GeorgeInvestigadora asociada y presidenta de la Junta del TNI y presidenta honoraria de Attac-Francia [Asociación por una Tasa sobre las Transacciones especulativas para Ayuda a los Ciudadano].Susan George es una de las investigadoras más renombradas del TNI por sus innovadores análisis sobre problemas mundiales. Autora de 14 libros traducidos a numerosos idiomas, habla de su trabajo con convicción; una convicción que comparte con todo el TNI: “La tarea del científico social responsable es, en primer lugar, desvelar esas fuerzas [de la riqueza, el poder y el control]; en segundo lugar, escribir con claridad sobre ellas (…) con el fin de que las personas corrientes tengan instrumentos adecuados para la acción; y, por último (…) adoptar una posición de defensa de los desfavorecidos, los desamparados, las víctimas de la injusticia”.
 

viernes, 27 de enero de 2012

Día Internacional de Recordación del Holocausto, no más mayorías pasivas y silenciosas Por Carlos Braverman



Naciones Unidas instituyó el Día de Recordación del Holocausto que se conmemora cada 27 de enero (es la fecha que corresponde a la liberación de Auschwitz). La ONU se propuso así asegurar que las lecciones del Holocausto nunca sean olvidadas, la resolución 60/7, condena sin reservas todas las manifestaciones de intolerancia religiosa, incitación, acoso o violencia contra personas o comunidades basadas en el origen étnico o las creencias religiosas, dondequiera que tengan lugar. Rechaza toda negación, ya sea parcial o total del Holocausto como hecho histórico, e invita a que El Día Internacional de Conmemoración de las Víctimas del Holocausto sea una reafirmación de la adhesión universal a los derechos humanos.
La vida me enseñó a ser cauto en el entusiasmo de las declaraciones de intencionalidad al mismo tiempo que a reafirmar mi optimismo en el futuro de la humanidad, a pensar que no sólo el futuro puede ser mejor sino que debemos construir esa opción de futuro todos los días y que sin ella éste no podrá llegar. Me llevó también la vida a confiar en la legitimización de las premisas de bienestar, equidad y justicia por vía de toda jurisprudencia posible y también a sostener que la lucha por esos principios no tiene otra alternativa que un camino sin solución de continuidad. Pienso también más en el presente que se entrampa en la historia, que en el pasado de luto con que ésta nos envuelve en oportunidades como la que recordaremos de este 27 de enero. En este sentido la lucha contra lo que representó el Holocausto continúa y deberá continuar.
Fue la expresión máxima del capitalismo que sistematizó e industrializó la muerte para cimentar su eficacia, sentando las bases por excelencia del crimen contra la humanidad, que es la negación de la condición humana a miembros de un grupo de hombres en virtud de la aplicación de una doctrina. Es decir, avalar el asesinato sistemático en base a una ideología que niega a un colectivo el derecho de vivir su diferencia, ya sea de origen o adquirida, atentando contra la propia dignidad de cada uno de sus miembros, que es la esencia del género humano. Se calcula que murieron víctimas de este exterminio alrededor de 6 millones de judíos, junto a unos 800.000 gitanos, 4 millones de prisioneros de guerra soviéticos o víctimas de la ocupación que fueron también objeto de exterminio sistemático, polacos y otros calificados como asociales de varias nacionalidades (presos políticos, homosexuales, discapacitados físicos o psíquicos, delincuentes comunes, etc.). De modo que se estiman que 11 o 12 millones fueron las víctimas del Holocausto.
En síntesis, el odio al pueblo judío fue emblemático en esta oscura etapa irracional de la historia y lo acompañó en la desgracia cuanto segmento de población fue considerado oportuno para los planes de la industria criminal nazi- fascista. Industria que estuvo al servicio de la más tenebrosa fórmula de optimizar el rendimiento del capitalismo, sucumbiendo así la racionalidad ante esta lógica del terror y la muerte.
 
Es mucho aún lo que se debe hacer para revertir este lúgubre legado y es poco lo que avanzamos.
Las guerras fraticidas de lógica geoeconómica imperialista, el terrorismo de estado y otras variantes de la ideologización del crimen, es decir de convertirlo en actos de lesa humanidad no han cesado sino por lo contrario han aumentado.
Treinta y cuatro conflictos bélicos activos, 1,6 Billón de dólares relativos al comercio mundial de armas, unas 700 mil víctimas fatales al año producto de estos conflictos y 2.7000 millones de víctimas potenciales y colaterales de ellos entre las cuales pueden haber fatales o no hablan por sí solas del tema. La lógica capitalista del rinde y multiplicación del capital se encuentra enhebrado en estos conflictos.
Según el mismo Pentágono, revela que los estadounidenses poseen u ocupan entre 700 y 800 bases militares en el mundo con un total de 255.065 efectivos militares. Este último país divide al mundo en 6 zonas militares a través de lo que entiende el “arco de conflictividad permanente”. EEUU camina así hacia las reservas de petróleo en los Urales, Caspio y Sureste Asiático custodiando los 19 gasoductos y oleoductos que dictan la política mundial dejando en el camino las consecuencias que mencionamos, o sea miles de víctimas en conflictos necesarios para estos fines y fatales para los pueblos. Una cifra que oscila en alrededor de 3.500 millones de pobres en el mundo víctimas de la concentración de la riqueza, con reducción total de los derechos civiles y humanos es otro testimonio del estado de cosas.
Según Amnesty 2300 ejecuciones legales se produjeron en el mundo de acuerdo su último informe, más de 80 países recortaron la libertad de expresión y hay presos de conciencia en por lo menos 50 países. La historia se sigue repitiendo, pero la iniciativa de la ONU y el recuerdo a los mártires del holocausto son reparatorios e invitan a reflexionar no sólo sobre la historia sino también sobre la actualidad, más en esta época de fanatismos fundamentalistas que hacen de la ideologización del crimen una bandera indiscutible para consolidar su existencia.
Una vez comenté que los luchadores de los guethos se lanzaron a la resistencia gritando: por nuestra y por vuestra libertad.
Sabían que se ofrendaban en sacrificio, pero querían abrir un camino concreto, un legado y creo que el mejor homenaje hacia ellos es comprender que cuando un oprimido lucha por su libertad, es por añadidura la libertad de todos. Los amantes de la justicia y la equidad debemos entonces comprometernos con ellos donde se encuentren.
Como reto existencial para un porvenir rescatado de la trampa de la historia, nada mejor que interpretar a aquel Sartre que nos legó un pensamiento clave: ojalá haya llegado el momento de decir que se acabaron las mayorías pasivas y silenciosas.
*Carlos Braverman (Israel): Politólogo y Psicólogo, miembro de la Asociación de Derechos Civiles de Israel. Activista por una coexistencia judéo-árabe mutuamente justa y el altermundialismo. Miembro del Partido Meretz (Partido Socialista de Israel - Tel Aviv).
Presidente del Instituto Campos Abiertos (Investigaciones en Ciencias Políticas).
*Solamente se puede reproducir en forma parcial o total citando autor y fuente.
Derechos reservados: Instituto Campos Israel ISBN963-03- 0316- 2 מסת"ב


lunes, 23 de enero de 2012


Auditoría ciudadana de la deuda: ¿por qué y cómo?



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Por Damien Millet y Eric Toussaint – CADTM
Indudablemente, la cuestión del pago de la deuda pública constituye un tabú. Los jefes de Estado y de gobierno, el Banco Central Europeo (BCE), el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Comisión Europea y la prensa dominante lo presentan como inevitable, indiscutible y obligatorio. Los ciudadanos y las ciudadanas se deberían resignar a pagar la deuda pública. La única discusión posible sería sobre la forma de modular el reparto de los sacrificios necesarios para liberar los medios presupuestarios suficientes, con el fin de cumplir con los compromisos del país endeudado. Los gobiernos que pidieron los préstamos fueron elegidos democráticamente, por lo tanto sus actos son legítimos. Se debe pagar.
La auditoría ciudadana es un instrumento para eliminar este tabú. Permite que una proporción creciente de población comprenda todas las circunstancias e implicaciones del proceso de endeudamiento de su país. Una auditoría ciudadana consiste en analizar de manera crítica la política de endeudamiento llevada a cabo por las autoridades de un país.
Las preguntas que es necesario plantear
¿Por qué el Estado fue empujado a contraer una deuda que no deja de crecer?
¿Al servicio de qué opciones políticas y de qué intereses sociales ha sido contraída la deuda?
¿Quién se aprovecha de ella?
¿Era posible hacer otras opciones o era necesario?
¿Quiénes son los prestamistas?
¿Quiénes son los tenedores de la deuda?
¿Los prestamistas ponen condiciones para la concesión de los préstamos? ¿Cuáles?
¿Cuál es la ganancia de los prestamistas?
¿Por qué el Estado se vio comprometido, cuál fue su decisión, y bajo que concepto fue tomada?
¿Cuál es el monto de los intereses pagados, con qué tipo de interés, qué parte del principal ha sido ya reembolsada?
¿Mediante qué mecanismo las deudas privadas se convirtieron en «públicas»?
¿Bajo qué condiciones se hizo un determinado rescate bancario? ¿Cuál fue el coste? ¿Quién tomó la decisión?
¿Debemos indemnizar a los accionistas que son responsables del desastre, con administradores que ellos mismos habían designado?
¿Cuál es la parte del presupuesto del Estado que está destinado al reembolso del capital y de los intereses de la deuda?
¿Cómo financia el Estado el pago de la deuda?
No es necesario entrar en secretos de Estado para encontrar las respuestas
Para responder a todas estas preguntas —y la lista no es exhaustiva— no hay ninguna necesidad de revelar secretos de Estado, de acceder a documentos no públicos del Banco Central, del Ministerio de Economía, del FMI, del BCE, de la Comisión Europea, de las cámaras de compensación como Clearstream o Euroclear, |1| o de contar con las confidencias de una persona que trabaja en el seno de uno de estos organismos. Por supuesto, habrá numerosos documentos protegidos celosamente por los gobiernos y los banqueros, que deberán ser puestos a la disposición del público y que serán muy útiles para afinar el análisis. Por lo tanto hay que exigir el acceso a la documentación necesaria para una auditoría completa. Sin embargo, es perfectamente posible proceder a un examen riguroso del endeudamiento público a partir de información de dominio público. Numerosas fuentes son accesibles para quien desee tomarse el trabajo: prensa, informes del Tribunal de Cuentas, las sitios Internet de las instituciones parlamentarias, del banco nacional, de la agencia encargada de la gestión de la deuda, de la OCDE, del Banco de Pagos Internacionales (BPI), del BCE, de los bancos privados, de las organizaciones o colectivos que ya se hubieran lanzado al estudio crítico del endeudamiento (www.cadtm.org, www.attac.org, www.quiendebeaquien.org/ ,…) los archivos de colectividades locales, los informes de las agencias de calificación e incluso las memorias de tesistas. No se debe dudar en pedir a los parlamentarios que planteen preguntas públicas al gobierno o a mandatarios locales de hacerlo ante las colectividades locales.
La auditoría no es una cuestión de expertos
El proceso de una auditoría no es un proceso reservado a expertos. Por supuesto que son bienvenidos y que pueden aportar mucho al trabajo colectivo de una auditoría ciudadana. Pero un colectivo puede comenzar el trabajo sin tener necesariamente garantizada esa participación. Si se empiezan las investigaciones y se provoca un debate público, durante el proceso los colectivos se entusiasmarán y conseguirán diferentes asesoramientos. Cada uno y cada una pueden tomar parte y ponerse a trabajar para sacar a la luz del día el proceso de endeudamiento público. En 2011, un colectivo nacional se ha puesto en marcha en Francia por una auditoría ciudadana de la deuda (www.audit-citoyen.org). Reúne numerosos movimientos sociales y políticos, y el llamamiento a su constitución fue firmado por decenas de miles de personas. En el marco de esta iniciativa, se han organizado colectivos locales en muchos lugares de Francia. Por otro lado, se puede partir de realidades locales con el objetivo de participar en la auditoría de las deudas públicas. Se puede comenzar analizando los préstamos estructurados vendidos a las colectividades locales en Francia y Bélgica por Dexia u otros bancos. A este propósito, un trabajo ya fue realizado: la asociación «Acteurs publics contre les emprunts toxiques» o sea «Actores públicos contra préstamos tóxicos» reúne una decena de colectividades locales ((www.empruntstoxiques.fr). Se puede también comenzar por estudiar las dificultades financieras encontradas en los hospitales públicos presentes en vuestro territorio. Se están desarrollando, al mismo tiempo que en Francia, iniciativas por auditorías ciudadanas en Grecia, en Irlanda, en España, en Portugal, en Italia y en Bélgica.
Otros ámbitos en materia de deudas privadas también pueden abordarse. En países como España o Irlanda en los que el estallido de la burbuja inmobiliaria hundió a centenares de miles de familias en la ruina, sería útil investigar las deudas hipotecarias de las familias. Las víctimas de los manejos de los prestamistas pueden aportar sus testimonios y ayudar a comprender el proceso ilegítimo de endeudamiento que las afecta.
Un campo de acción muy rico
El campo de acción de una auditoría de la deuda pública es enormemente prometedor y no tiene nada que ver con su caricatura, que lo reduce a una simple verificación de cifras realizadas por contables rutinarios. Más allá de ese control financiero, la auditoría tiene un papel eminentemente político ligado a dos necesidades fundamentales de la sociedad: la transparencia y el control democrático del Estado y de sus gobernantes por los ciudadanos.
Se trata de necesidades que se refieren a los derechos democráticos totalmente elementales, reconocidos en el derecho internacional, el derecho interno y la Constitución, aunque sean violados continuamente. El derecho de control que tienen los ciudadanos sobre aquellos que los gobiernan, de informarse de todo lo que concierne a su gestión, sus objetivos y sus motivaciones es intrínseco a la propia democracia. Esto emana del derecho fundamental de los ciudadanos a ejercer su control sobre el poder y de participar activamente en los asuntos públicos y por lo tanto comunes.
El hecho de que los gobernantes se opongan a la idea de que los ciudadanos y ciudadanas osen realizar una auditoría ciudadana es revelador de una democracia muy enferma. Que por otra parte no para de bombardearnos mediáticamente con su retórica sobre la transparencia. Esta necesidad permanente de transparencia en los asuntos públicos se transforma en necesidad social y política totalmente vital, y por esta razón, la verdadera transparencia es la peor pesadilla para las élites.
Una auditoría ciudadana para el repudio de la deuda ilegítima
La realización de una auditoría ciudadana de la deuda pública, combinada, gracias a una importante movilización popular, con una suspensión del reembolso de la deuda pública, debe llevar a la anulación/repudio de la parte ilegítima de la deuda pública y a una reducción drástica del resto de esa deuda.
No es cuestión de apoyar los alivios de deuda decididos por los acreedores, especialmente a causa de las severas contrapartidas que implican. La anulación de la deuda, que desde ese momento es un repudio por el país deudor, es un potente acto soberano unilateral.
¿Por qué el estado endeudado debe reducir radicalmente su deuda pública al proceder a la anulación de las deudas ilegítimas? En primer lugar por razones de justicia social, pero también por razones económicas que cualquiera puede comprender y apropiárselas. Para salir de la crisis de forma satisfactoria, no podemos contentarnos de reactivar la economía gracias a la demanda pública y a la de las familias. Puesto que si nos contentamos con una política económica de reactivación combinada a una reforma fiscal redistributiva, el suplemento de la recaudación fiscal será absorbido en gran parte por el pago de la deuda pública. Las contribuciones que se impondrán a las familias más ricas y a las grandes empresas privadas (nacionales o extranjeras) estarán ampliamente compensadas por la renta que obtendrán de las obligaciones del Estado, ya que por lejos son los principales tenedores y beneficiarios (razón por la cual no quieren ni oír hablar de una anulación de la deuda). Por lo tanto es necesario anular una gran parte de la deuda pública. La amplitud de esta anulación dependerá del nivel de conciencia de la población víctima del sistema deuda (en este nivel, la auditoría ciudadana cumple una función crucial), de la evolución de la crisis económica y política y sobre todo de las relaciones de fuerza concretas que se construyen en la calle, en las plazas y en los lugares de trabajo mediante las actuales movilizaciones y las que estén por venir.
La reducción radical de la deuda pública es una condición necesaria pero no suficiente para que los países de la Unión Europea puedan salir de la crisis. Se necesitan medidas complementarias: reforma fiscal redistributiva, transferencia del sector de las finanzas al ámbito público, resocialización de otros sectores claves de la economía, reducción del tiempo de trabajo con el mantenimiento del salario y contratación compensatoria, y tantas otras medidas |2| que permitirían cambiar radicalmente la situación actual que llevó al mundo a un explosivo callejón sin salida.

sábado, 21 de enero de 2012

Máquinas de guerra: Blackwater, Monsanto y Bill Gates por S. Ribeiro




Un reporte de Jeremy Scahill publicado en The Nation (Blackwater’s Black Ops, 15/9/2010) reveló que el ejército mercenario más grande del mundo, Blackwater (ahora llamado Xe Services) le vendió servicios clandestinos de espionaje a la trasnacional Monsanto. Blackwater cambió de nombre en 2009, luego de hacerse famosa en el mundo por las denuncias sobre sus abusos en Irak, incluidas masacres de civiles. Sigue siendo el mayor contratista privado del Departamento de Estado de Estados Unidos en servicios de seguridad, es decir para practicar el terrorismo de Estado dándole al gobierno la posibilidad de negarlo.
Muchos militares y ex oficiales de la CIA trabajan para Blackwater o alguna de las empresas vinculadas que creó para desviar la atención de su mala fama y generar más lucros vendiendo sus nefastos servicios –que van desde información y espionaje hasta infiltración, cabildeo político y entrenamiento paramilitar– a otros gobiernos, bancos y empresas trasnacionales. Según Scahill los negocios con trasnacionales –como Monsanto, Chevron, y gigantes financieros como Barclays y Deutsche Bank– se canalizan a través de dos empresas que son propiedad de Erik Prince, dueño de Blackwater: Total Intelligence Solutions y Terrorism Research Center. Éstas comparten oficiales y directivos de Blackwater.
Uno de ellos, Cofer Black, conocido por su brutalidad siendo uno de los directores de la CIA, fue quien hizo contacto con Monsanto en 2008 como directivo de Total Intelligence, concertando el contrato con la compañía, para espiar e infiltrar a organizaciones de activistas por los derechos de los animales, contra los transgénicos y otras sucias actividades del gigante biotecnológico.
Contactado por Scahill, el ejecutivo Kevin Wilson de Monsanto se negó a hablar, pero posteriormente confirmó a The Nation que habían contratado a Total Intelligence en 2008 y 2009, según Monsanto solamente para hacer seguimiento de información pública de sus opositores. Dijo además, que Total Intelligence era una entidad totalmente separada de Blackwater.
Sin embargo, Scahill cuenta con copias de los correos electrónicos de Cofer Black posteriores a la reunión con Wilson de Monsanto, donde les explica a otros ex agentes de la CIA, usando sus direcciones electrónicas de Blackwater, que la discusión con Wilson fue que Total Intelligence se convertiría en el brazo de inteligencia de Monsanto, espiando activistas y otras acciones, incluido que nuestra gente se integre legalmente a esos grupos. Monsanto pagó a Total Intelligence 127 mil dólares en 2008 y 105 mil dólares en 2009.
No asombra que una empresa de ciencias de la muerte como Monsanto, que se ha dedicado desde sus orígenes a producir tóxicos y desparramar venenos, desde el Agente Naranja hasta los PCB (policlorobifenilos), agrotóxicos, hormonas y semillas transgénicas, se asocie con otra empresa de matones.
Casi al mismo tiempo que la publicación de este artículo en The Nation, la Vía Campesina denunció la compra de 500 mil acciones de Monsanto, por más de 23 millones de dólares por la Fundación Bill y Melinda Gates, que con esto se terminó de sacar su careta de filantrópica. Otra asociación que no sorprende.
Se trata de un casamiento entre los dos monopolios más brutales de la historia del industrialismo: Bill Gates controla más de 90 por ciento del mercado de programas patentados de computación y Monsanto cerca de 90 por ciento del mercado mundial de semillas transgénicas y la mayoría del mercado global de semillas comerciales. No existen en ningún otro rubro industrial monopolios tan vastos, cuya propia existencia es una negación del cacareado principio de competencia de mercado del capitalismo. Tanto Gates como Monsanto son muy agresivos en la defensa de sus mal habidos monopolios.
Aunque Bill Gates intente decir que la Fundación no está ligada a sus actividades comerciales, todo lo que ésta hace demuestra lo contrario: gran parte de sus donaciones terminan favoreciendo las inversiones comerciales del magnate, además de que en realidad no dona nada, sino que en lugar de pagar impuestos a las arcas públicas, invierte sus ganancias donde le favorezca económicamente, incluida como propaganda de sus supuestas buenas intenciones. Por el contrario, sus donaciones financian proyectos tan destructivos como la geoingeniería o la sustitución de medicinas naturales y comunitarias por medicamentos patentados de alta tecnología en las zonas más pobres del mundo. Qué coincidencia, el ex secretario de Salud Julio Frenk y Ernesto Zedillo son consejeros de la Fundación.
Al igual que Monsanto, Gates se dedica también a tratar de destruir la agricultura campesina en todo el planeta, principalmente a través de la llamada Alianza para una Revolución Verde en África (AGRA). Ésta funciona como caballo de Troya para despojar a los campesinos africanos pobres de sus semillas tradicionales, sustituyéndolas por semillas de las empresas primero, y finalmente por transgénicos. Para ello, la Fundación contrató en 2006, justamente a Robert Horsch, un director de Monsanto. Ahora Gates, venteando mayores ganancias, se fue directo a la fuente.
Blackwater, Monsanto y Gates son tres caras de la misma figura: la máquina de guerra contra el planeta y la mayoría de la gente que lo habita, sean campesinos y campesinas, indígenas, comunidades locales, gente que quiere compartir información y conocimientos o cualquier otro que no quiera estar en la égida de lucro y destrucción del capitalismo.
Silvia Ribeiro es investigadora del Grupo ETC
 

lunes, 16 de enero de 2012

Cómo se forma la “opinión pública” por Pierre Bordieu




 (Le Monde Diplomatique)
Un hombre oficial es un ventrílocuo que habla en nombre del Estado: toma una postura oficial –habría que describir la puesta en escena de lo oficial–, habla a favor y en nombre del grupo al que se dirige, habla por y en nombre de todos, habla en tanto que representante de lo universal. Aquí llegamos a la noción moderna de opinión pública. ¿Qué es esta opinión pública que invocan los creadores de derecho de las sociedades modernas, sociedades en las cuales el Derecho existe? Tácitamente, es la opinión de todos, de la mayoría o de aquellos que cuentan, de aquellos que son dignos de tener una opinión. Pienso que la definición patente en una sociedad que se dice democrática, es decir donde la opinión oficial es la opinión de todos, oculta una definición latente, a saber, que la opinión pública es la opinión de los que son dignos de tener una opinión. Hay una especie de definición censitaria de la opinión pública como opinión ilustrada, como opinión digna de ese nombre. La lógica de las comisiones oficiales es crear un grupo así constituido que exhiba todos los signos exteriores, socialmente reconocidos y reconocibles, de la capacidad de expresar la opinión digna de ser expresada, y en las formas establecidas. Uno de los criterios tácitos más importantes para seleccionar a los miembros de la comisión, en especial a su presidente, es la intuición que tiene la gente encargada de componer la comisión de que la persona considerada conoce las reglas tácitas del universo burocrático y las reconoce: en otras palabras, alguien que sabe jugar el juego de la comisión de manera legítima, que va más allá de las reglas del juego, que legitima el juego; nunca se está más en el juego que cuando se va más allá del juego. En todo juego existen las reglas y el fair-play. A propósito del hombre kabil (1), o del mundo intelectual, yo había empleado la fórmula: la excelencia, en la mayoría de las sociedades, es el arte de jugar con la regla del juego, haciendo de ese juego con la regla del juego un supremo homenaje al juego. El transgresor controlado se opone completamente al herético. El grupo dominante coopta miembros a partir de índices mínimos de comportamiento, que son el arte de respetar la regla del juego hasta en las transgresiones reguladas de la regla del juego: el decoro, la compostura. Es la célebre frase de Chamfort: “El Gran Vicario puede sonreír sobre un tema contra la Religión, el Obispo reír con ganas, el Cardenal agregar lo que tenga que decir” (2). Cuanto más se asciende en la jerarquía de las excelencias, más se puede jugar con la regla del juego, pero ex officio, a partir de una posición que no admita ninguna duda. El humor anticlerical del cardenal es supremamente clerical.

La verdad de todos

La opinión pública siempre es una especie de doble realidad. Es lo que no puede dejarse de invocar cuando se quiere legislar sobre terrenos no constituidos. Cuando se dice “Hay un vacío jurídico” (expresión extraordinaria) a propósito de la eutanasia o de los bebés de probeta, se convoca a gente que trabajará aplicando toda su autoridad. Dominique Memmi (3) describe un comité de ética [sobre la procreación artificial], compuesto por personas disímiles –psicólogos, sociólogos, mujeres, feministas, arzobispos, rabinos, eruditos, etc.– cuyo objetivo es transformar una suma de idiolectos (4) éticos en un discurso universal que llene un vacío jurídico, es decir que aporte una solución oficial a un problema difícil que trastorna a la sociedad –legalizar el alquiler de vientres, por ejemplo–. Si se trabaja en ese tipo de situación, debe invocarse una opinión pública. En ese contexto, resulta muy clara la función impartida a las encuestas. Decir “las encuestas están de nuestra parte”, equivale a decir “Dios está de nuestra parte”, en otro contexto. Pero el tema de las encuestas es engorroso, porque a veces la opinión ilustrada está contra la pena de muerte, mientras que los sondeos están más bien a favor. ¿Qué hacer? Se forma una comisión. La comisión constituye una opinión pública esclarecida que instituirá la opinión ilustrada como opinión legítima en nombre de la opinión pública –que, por otra parte, dice lo contrario o no piensa nada (lo que suele ocurrir a propósito de muchos temas)–. Una de las propiedades de las encuestas consiste en plantearle a la gente problemas que ella no se plantea, en sugerir respuestas a problemas que ella no se ha planteado; por lo tanto, a imponer respuestas. No es cuestión de sesgos en la construcción de las muestras, es el hecho de imponer a todo el mundo preguntas que se le formulan a la opinión ilustrada y, por este hecho, producir respuestas de todos sobre problemas que se plantean sólo algunos; por lo tanto dar respuestas ilustradas, puesto que han sido producidas por la pregunta: se han creado para la gente preguntas que no existían para ella, cuando lo que realmente le importaba, era la cuestión en sí. Voy a traducirles sobre la marcha un texto de Alexander Mackinnon de 1828 extraído de un libro de Peel sobre Herbert Spencer (5). Mackinnon define la opinión pública; da la definición que sería oficial si no fuera inconfesable en una sociedad democrática. Cuando se habla de opinión pública, siempre se juega un doble juego entre la definición confesable (la opinión de todos) y la opinión autorizada y eficiente que se obtiene como subconjunto restringido de la opinión pública democráticamente definida: “Es ese sentimiento sobre cualquier tema que es cultivado, producido por las personas más informadas, más inteligentes y más morales de la comunidad. Esta opinión se extiende gradualmente y es adoptada por todas las personas con alguna educación y sentimiento que conviene a un Estado civilizado”. La verdad de los dominantes deviene la de todos.

Cómo legitimar un discurso

En los años 1880, en la Asamblea Nacional se decía abiertamente lo que la sociología tuvo que redescubrir, es decir, que el sistema escolar debía eliminar a los niños de las clases más desfavorecidas. Al principio se planteaba la cuestión, pero luego fue totalmente reprimida ya que, sin que se lo pidiera, el sistema escolar se puso a hacer lo que se esperaba de él. Entonces, no hubo necesidad de hablar sobre el tema. El interés del retorno sobre la génesis es muy importante, porque en los comienzos hay debates donde se dicen con todas las letras cosas que, después, aparecen como provocadoras revelaciones de los sociólogos. El reproductor de lo oficial sabe producir –en el sentido etimológico del término: producere significa “hacer avanzar”–, teatralizándolo, algo que no existe (en el sentido de lo sensible, visible), y en nombre de lo cual habla. Debe producir eso en nombre de lo que tiene el derecho de producir. No puede no teatralizar, ni dar forma, ni hacer milagros. Para un creador verbal, el milagro más común es el milagro verbal, el éxito retórico; debe producir la puesta en escena de lo que autoriza su decir, dicho de otra manera, de la autoridad en nombre de la cual está autorizado a hablar. Encuentro la definición de la prosopopeya que estaba buscando: “Figura retórica por la cual se hace hablar y actuar a una persona que es evocada, a un ausente, a un muerto, un animal, una cosa personificada”. Y en el diccionario, que siempre es un formidable instrumento, se encuentra esta frase de Baudelaire hablando de la poesía: “Manejar sabiamente una lengua es practicar una especie de hechicería evocatoria”. Los letrados, los que manipulan una lengua erudita –como los juristas y los poetas–, tienen que poner en escena el referente imaginario en nombre del cual hablan y que ellos producen hablando en las formas; tienen que hacer existir eso que expresan y aquello en nombre de lo cual se expresan. Deben simultáneamente producir un discurso y producir la creencia en la universalidad de su discurso mediante la producción sensible (en el sentido de evocar los espíritus, los fantasmas –el Estado es un fantasma…–) de esa cosa que garantizará lo que ellos hacen: “la nación”, “los trabajadores”, “el pueblo”, “el secreto de Estado”, “la seguridad nacional”, “la demanda social”, etc. Percy Schramm mostró cómo las ceremonias de coronación eran la transferencia, en el orden político, de ceremonias religiosas (6). Si el ceremonial religioso puede transferirse tan fácilmente a las ceremonias políticas mediante la ceremonia de la coronación, es porque en ambos casos se trata de hacer creer que hay un fundamento del discurso que sólo aparece como auto-fundador, legítimo, universal porque hay teatralización –en el sentido de evocación mágica, de brujería– del grupo unido y que consiente el discurso que lo une. De allí el ceremonial jurídico. El historiador inglés E. P. Thompson insistió en el rol de la teatralización jurídica en el siglo XVIII inglés –las pelucas, etc.–, que no puede comprenderse en su totalidad si no se considera que no es un simple artefacto, en el sentido de Pascal, que vendría a agregarse: es constitutiva del acto jurídico (7). Impartir justicia en un traje convencional es arriesgado: se corre el riesgo de perder la pompa del discurso. Siempre se habla de reformar el lenguaje jurídico sin nunca hacerlo, porque es la última de las vestiduras: los reyes desnudos ya no son carismáticos.

Puro teatro

Una de las dimensiones más importantes de la teatralización es la teatralización del interés por el interés general; es la teatralización de la convicción del interés por lo universal, del desinterés del hombre político –teatralización de la creencia del sacerdote, de la convicción del hombre político, de su fe en lo que hace–. Si la teatralización de la convicción forma parte de las condiciones tácitas del ejercicio de la profesión del clérigo –si un profesor de filosofía tiene que aparentar creer en la filosofía–, es porque ello constituye el homenaje esencial del oficial-hombre a lo oficial; es lo que hay que agregarle a lo oficial para ser un oficial: hay que agregar el desinterés, la fe en lo oficial, para ser un verdadero oficial. El desinterés no es una virtud secundaria: es la virtud política de todos los mandatarios. Las locuras de los curas, los escándalos políticos, son el desmoronamiento de esta especie de creencia política en la cual todo el mundo actúa de mala fe, ya que la creencia es una suerte de mala fe colectiva, en el sentido sartreano: un juego en el cual todo el mundo se miente y miente a los otros sabiendo que se mienten. Esto es lo oficial…

1. Alusión a un estudio etnológico que Bourdieu realizó sobre los beréberes kabiles. 2. Nicolas de Chamfort, Maximes et pensées, París, 1795. 3. Dominique Memmi, “Savants et maîtres à penser. La fabrication d’une morale de la procréation artificielle”, Actes de la recherche en sciences sociales, Nº 76-77, 1989, p. 82-103. 4. Del griego idios, “particular”: discurso particular. 5. John David Yeadon Peel, Herbert Spencer. The Evolution of a Sociologist, Londres, Heinemann, 1971. William Alexander Mackinnon (1789-1870) tuvo una larga carrera como miembro del Parlamento británico. 6. Percy Ernst Schramm, Der König von Frankreich. Das Wesen der Monarchie von 9 zum 16. Jahrhundert. Ein Kapital aus Geschichter des abendlischen Staates (dos volúmenes), H. Böhlaus Nachf, Weimar, 1939. 7. Edward Palmer Thompson, “Patrician society, plebeian culture”, Journal of Social History, vol. 7, Nº 4, Berkeley, 1976, p. 382-405.

Pierre Bourdieu essSociólogo (1930-2002). Este texto se extrajo de Sur l’Etat. Cours au collège de France 1989-1992, Raisons d’Agir – Le Seuil, París, que aparecerá el 5 de enero.