sábado, 24 de julio de 2010

Transfeminismo: ¿sujetos o vida en común? por Silvia L. Gil y Amaya P. Orozco


Entiendo que este es buen artículo, que sintetiza muchas cuestiones fundamentales para entender la política de hoy: el sujeto político de nuestro tiempo, la democracia radical, la justicia distributiva, los movimientos resistentes, el cambio a partir de la identidades de transformación y un número amplio de temas dentro de las ciencias políticas actuales.
Importante es su contribución a identificar el sujeto del cambio y la articulación de lo universal y particular en el hacer política, contribuye también a definir la construcción de los espacios de transformación en la sociedad civil.
Desde una óptica postmarxista no omite la democracia radical como agonal en la resolución de conflictos y fundamentalmente nos recuerda que las clases sociales existen aún, siguen vigentes en la cuestión social y no pueden ser obviadas, cosa que muchos analistas parecen olvidar.
Carlos Braverman

En las Jornadas Feministas Estatales de diciembre de 2009, en Granada, el transfeminismo se planteó como un concepto transformador. Este nuevo texto enriquece el debate sobre su significado y las dudas que plantea, para crear herramientas de construcción política de lo común.
Con este artículo queremos contribuir al debate desde la posición de que necesitamos herramientas para construir políticas de lo común, y que es momento de replantearnos el feminismo/los feminismos/el transfeminismo, como quiera que lo llamemos.

La potencia

Mientras el feminismo ha centrado su lucha en la desigualdad entre hombres y mujeres, el transfeminismo nombra un espacio transfronterizo habitado por diferentes sujetos para quienes las categorías clásicas de hombre o mujer se quedan estrechas, sin espacio para quienes no se adaptan a la norma. El sexo, la orientación sexual, el género, la clase social y la procedencia se entrelazan profundamente, dando lugar a lo que conocemos como la identidad, absolutamente singular, de cada persona.
La apuesta central del transfeminismo nos recuerda que es imposible reducir esta multiplicidad a una única categoría ‘mujer’ y que sin embargo es posible rastrear las marcas comunes del poder (hetero)patriarcal. A nuestro juicio, la lucha transfeminista a día de hoy tiene dos grandes virtudes. Por un lado, poner en el centro del debate las inquietudes cotidianas de las personas transexuales –marginación, identidad sexual, despatologización– y, desde ahí, permitirnos ir más lejos que nunca en la pregunta de “qué es ser mujer” o “qué es ser hombre”, cuestionando qué sentido tienen la feminidad y la masculinidad si no queremos que sean formas de vida impuestas, jerárquicas y monolíticas.
Por otro lado, reconstruir el campo de derechos de las personas LGTBQ (lesbiana, gay, transexual, bisexual, queer) migrantes, rompiendo con los estereotipos que identifican diversidad sexual exclusivamente con mundo occidental y visibilizando la experiencia de doble o triple discriminación en las ciudades globales: al estigma se suman los controles policiales y detenciones por extranjería; y a las dificultades económicas, el peligro de exclusión laboral por orientación sexual o transexualidad/transgenerismo o las dos cosas.

Las dudas

La potencia de las luchas de transformación está en su capacidad para generar cambios en nuestras vidas y conectar con nuestras inquietudes vitales. Nombrar malestares y resistencias es parte clave de los cambios a veces, pero no siempre. En este sentido el transfeminismo nos genera dudas: ¿Está recogiendo una resistencia existente o está imponiendo un nombre, pronunciado en fuerte conexión con ámbitos académicos? ¿Incluye la experiencia diversa que diferentes sujetos hacen del mundo hoy, más allá de quienes previamente se identifican con el transfeminismo?
Estamos en una encrucijada: podemos construir prácticas transfeministas que pongan en el centro inquietudes de la vida cotidiana, evidenciando las conexiones entre formas de opresión o vivencias que pensábamos escindidas. Esto es muy potente. O podemos enfatizar la definición de un espacio transfeminista a partir de complejas discusiones teóricas y con el uso de un lenguaje muy poco comunicable. Y esto funciona en sentido contrario: construyendo un dentro del transfeminismo –especie de vanguardia política– y un fuera del mismo.
El énfasis en el nombre le ha hecho gozar de cierto aire de superación del feminismo, oponiendo el llamado movimiento feminista clásico (MFC) al transfeminismo. Es obvia la existencia de profundas diferencias en la forma de hacer política de los distintos feminismos, incluso entre los ‘feminismos críticos’, y hay un gran debate sobre la conveniencia de mantener la unidad del feminismo cuando ésta ha de construirse sobre la nada, porque no tenemos nada común que decir. Pero ¿confrontar un supuesto MFC con un supuesto transfeminismo es la mejor forma de abordar estos debates inaplazables? Al polarizar las posiciones invisibilizamos las diferencias dentro del propio feminismo y englobamos todos los feminismos dentro de una única definición, haciendo de él un ente estático y sólido, negándolo como un proceso abierto, complejo y en constante revisión.
El “feminismo que ya no queremos” es el feminismo blanco, burgués y heterosexual. Sin embargo, ¿hasta qué punto esta interpretación de lo que es el feminismo está importada del contexto anglosajón y se corresponde con la realidad del feminismo en el Estado español?
Movimiento que no puede ser tildado de burgués porque el componente de clase ha sido eje fundamental a lo largo de su historia, con la importante presencia de trabajadoras y mujeres de las barriadas. Un movimiento en el que las lesbianas han sido protagonistas, sobre todo en la década de los ‘80, y con el que las mujeres transexuales dialogan desde los años ‘90. De todas las pegas a ese feminismo, se nos resiste el fenómeno de la academización; sin embargo, éste atañe tanto al feminismo como al transfeminismo y la teoría queer.

Reconstruyendo espacio común

Para nosotras la cuestión no es tanto el tipo de sujeto que enuncia problemas, sea el feminista o el transfeminista, sino el propio hecho de enunciar, el qué y el cómo. Superar la política de la identidad –de los sujetos únicos o múltiples que también acaban siendo únicos– implica cambiar la óptica y dar cuenta de las situaciones que, aun ocupando diferentes posiciones, nos afectan de manera común. Implica desplazar la mirada de los sujetos a la vida que vivimos todxs. Cuando la lógica social nos hace una invitación forzosa a vivir aisladamente, cuando la vida se privatiza y el sentido compartido de lo que ocurre desaparece, ¿cómo revertir su curso, recuperar la capacidad de hacer relatos de nuestra vida en primera persona, reconstruyendo los problemas comunes que habitamos desde lugares distintos?
No se trata de construir ristras de sujetos –trans, maribolleras, precarixs, migrantes, negras, putas–, ni de hacer un mero sumatorio de reivindicaciones –transfeministas + anticapitalistas + antirracistas–, sino de reconstruir el espacio común, más allá de los muros que bordean nuestros entornos políticos conocidos, creando alianzas desde la discusión de qué tienen que ver nuestras realidades precarias y qué conflictos hay, porque las precariedades ni son iguales ni son igualmente intensas. Nos preguntamos, por ejemplo, si el transfeminismo se suma a las críticas al capitalismo y la Europa fortaleza o si obliga a cambiar postulados de esos discursos. ¿Cuáles, más allá de una apostilla al final del manifiesto?
A veces se reclama el feminismo como un nombre vacío; no podemos hablar de prostitución, ni de lesbianismo, ni del velo, porque sabemos que tenemos fuertes debates, y en aras de la unidad los solapamos. Otras veces se nos impone un nombre monolítico que encierra un contenido férreo que no podemos cuestionar si no queremos ser acusadas de herejes. Ante esta situación lo crucial es preguntarnos cuál es el contenido de nuestra lucha y con quién la luchamos. Ponerle –¿otro?– nombre puede ser útil. Pero aferrarnos al nombre puede hacer que la lucha, o las luchas, pierdan toda la potencia de pensarse en situación y junto a otrxs.

Silvia L. Gil y Amaya P. Orozco son activistas feministas

Fuente: http://www.diagonalperiodico.net/Transfemisnismo-sujetos-o-vida-en.html

viernes, 23 de julio de 2010

Reflexiones sobre el presente y futuro de la izquierda con Paco Piniella


El amigo Paco Piniella publicó dos interesantes reflexiones que comienzan así:
“Recientemente se han cruzado varios artículos y comentarios en blogs que me parecen interesante analizar en una cálida tarde de verano como esta. Hablo del artículo de Sami Nair "La impotencia de la Izquierda", y de los comentarios de Juan Torres y Carlos Martínez, compañeros de ATTAC. Fundamentalmente se trata de ver cuál es la salida política a la Crisis desde la Izquierda, y sobre todo desde qué Izquierda.”
Invito a su lectura pues me parece un tema muy meritorio, adjunto las direcciones y mis comentarios.
http://piniella.blogspot.com/2010/07/el-piolet-que-nos-divide-1.html
http://piniella.blogspot.com/2010/07/el-piolet-que-nos-divide-2_20.html

Querido Paco:
El tema que elegiste es muy oportuno y complejo.
Tú sabes que siempre comparto con Bobbio el axioma que izquierda es igualdad de oportunidades, complementado con Rawls que dice es hacer efectivas las capacidades de realización de los ciudadanos. Cuestión que va más lejos que las condiciones de realización, o sea convertir estas en factibles y claras.
Pueblo es un concepto que se redefine constantemnete, así que el primer punto es determinar quien es el sujeto político, el segundo punto no meta-teórico, es como dije en varias oportunidades tener un programa económco viable progresista.
Pero el tercer punto, es quien debe ser el actor político o los actores políticos. Ahí veo mucha crítica al Psoe de Zapatero, críticas que no comparto, él definió muy bien en su momento este esquema para la revalorización del ciudadano como actor social y político en una época de transnacionalización, globalización y pérdida de la entidad Estado bajo esquemas neocon, amplió así lo máximo posible las identidades de la participación y el cambio, ofreció un discurso que sumó actores y no llegó al sofisma de las sumas que restan.
Falta ahora una nueva vuelta de tuerca, que alejen fantasías como la "izquierda de la izquierda" y otras variedades, que bien dices terminan reduciendo las posibilidades de poder y de cambio.
Conversé contigo varias veces sobre mi situación local, donde planteo "el otro Israel", el que hoy no es parte de los discursos oficiales y no está suficientemente incluido en las tramas y entretejidos societarios, con mucho de postmarxismo según algunas críticas que recibo, para mí siempre hay que redefinir los Bloques Históricos y las Hegemonías.
Adelante con el debate Paco y un abrazo. Espero expectante tu parte II, como en las sagas fílmicas debe haber tres partes. I La propuesta de debate, II El retorno del debate y III El debate: la leyenda continúa.


Querido amigo Paco, reitero parte de mi intervención anterior:
“Tú sabes que siempre comparto con Bobbio el axioma que izquierda es igualdad de oportunidades, complementado con Rawls que dice es hacer efectivas las capacidades de realización de los ciudadanos. Cuestión que va más lejos que las condiciones de realización, o sea convertir estas en factibles y claras.
Pueblo es un concepto que se redefine constantemente, así que el primer punto es determinar quién es el sujeto político, el segundo punto no meta-teórico, es como dije en varias oportunidades tener un programa económico viable progresista.
Pero el tercer punto, es quien debe ser el actor político o los actores políticos. Ahí veo mucha crítica al Psoe de Zapatero, críticas que no comparto, él definió muy bien en su momento este esquema para la revalorización del ciudadano como actor social y político en una época de transnacionalización, globalización y pérdida de la entidad Estado bajo esquemas neocon, amplió así lo máximo posible las identidades de la participación y el cambio, ofreció un discurso que sumó actores y no llegó al sofisma de las sumas que restan.
“Conversé contigo varias veces sobre mi situación local, donde planteo "el otro Israel", el que hoy no es parte de los discursos oficiales y no está suficientemente incluido en las tramas y entretejidos societarios, con mucho de postmarxismo según algunas críticas que recibo, para mí siempre hay que redefinir los Bloques Históricos y las Hegemonías”.
Este último párrafo es oportuno en relación al comentario del compañero de Attac y remite a la importancia de la sociedad civil y los movimientos alternativos de gestión y control,
Tema que va directo al concepto de gobernanza y sociedad civil, cuestión que abordé en Sevilla el año pasado.
En esto el espacio público es la piedra fundamental en la formación de las mayorías.
De acuerdo a Habermas es un espacio simbólico, que se construye con los entrecruzamientos discursivos, con valores actitudinales múltiples, con los enfrentamientos y concordancias de estos.
Es el entretejido que contextúa a todos los ciudadanos, legitimando su posición de tales emancipados así, de los discursos e ideologías predominantes.
En el concepto neomodernista, es importante reforzar esta categoría pues de ahí surge la posibilidad ampliatoria de las representatividades y las inclusiones de colectivos, que no necesariamente se están expresando a través de los partidos políticos.
También sea dicho de paso, no parece que el partido político, haya aún encontrado la forma adecuada de lograr este propósito.
Ese espacio debe ser ampliado, reforzado y sostenido, en tanto categoría capaz de generar “contra hegemonía” y potencializar la dinámica democrática.
Tras este largo comentario politológico resumo: si yo fuera español reforzaría el Psoe y sumaría desde estas perspectivas que comenté, para mí hay mucho espacio y tiempo todavía, los partidos deben saber articular estos movimientos de la sociedad civil y enhebrar un discurso coherente que los sume y no lo coopte.
Un saludo y tú sabes que tratándose de mí hablo y escribo mucho, disculpa por el espacio utilizado.
Carlos Braverman
Israel- Tel Aviv



Quisiera aportar una última reflexión al tema.
Creo que se viven tiempos de desilusión, desesperanza y deslegitimación en relación a la izquierda.
Yo no las comparto y no es el tema una cuestión de simple “voluntarismo”, estoy convencido que es tiempo de trabajo honesto y duro de la intelectualidad progresista y de todos los que podamos aportar.
Las propuestas altermundialistas movimientistas están siempre a medio camino y repito la conexión partidos-movimientos alternativos de la sociedad civil no se logro articular. Es hora de un balance y de propuestas concretas en el seno de nuestros partidos, en el comentario anterior señalé como se forman las mayorías, por supuesto uno de los tantos pero respetables análisis políticos sobre el tema, esgrimido en este caso por Jürgen Habermas.
El horizonte está siempre adelante y no a nuestras espaldas, es hora de caminar más, hay tiempo, hay espacio, pero no puede haber lugar para la miopía.
El horizonte está situado hasta donde llega nuestra capacidad de ver y su amplitud depende de nosotros.
Lo peor es estar regidos por el pasado y no por las perspectivas de futuro para construir el hoy.
Adelante que una izquierda viable y con posibilidad de poder es posible.
Carlos Braverman
Tel Aviv- Israel

Racismo y cultura: la actualidad de Frantz Fanon por Pepe Gutiérrez-Álvarez


El racismo impregna la cultura dominante. Esta dominación se impone sobre la base del “inferiorización” del colonizado. Ofrecemos un texto capital de su autor precedido de una breve introducción.

Uno de los métodos implantados por el neoliberalismo en su fase triunfante, se ha fundamentado en la cínica pretensión e que las ideas localistas y democráticas radicales (con todas sus matizaciones y variaciones), estaban ya “fuera de moda”, eran resquicios lejanos de la modernidad, y de la postmodernidad, y que por lo tanto carecían del menor interés práctica, y pasaban a ser pasto de la historia concebida como una de las ramas de la arqueología…Se habló del final de la historia, de los “últimos románticos”, y siempre que fue posible, se echó tierra encima de los hombres y mujeres que formaban el Partenón de los de abajo.

En esa lista se incluyeron los personajes que dieron nombres y apellidos a la revolución francesa, al largo historial del movimiento obrero y socialista, del feminismo, del anticolonialismo, y entre ellos, obviamente, figuraba el de Fanon, ninguneado cuando no maltratado. Dado que esta faena fue en buena medida elaborada por no pocos arrepentidos y arrepentidas, el discurso venía acompañados a veces de sesudas deliberaciones sobre los errores, que, por supuesto, existieron, entre otras cosas porque toda tentativa liberada está hecha con el aquí y el ahora, en medio de tensiones impresionantes, y por lo tanto, sin la perspectiva que permite una buena retrospectiva académica.

El neoliberalismo ganó en los ochenta-noventa una batalla cultural de la que nos estamos recuperando lentamente, y en la que hay que insertar la recuperación de nuestros dioses y de nuestros diablos, entre los cuales Frantz Fanon dijo mucho, y dijo cosas que todavía nos sirven, y si alguien lo duda, que lea este textos osbre el racismo y la cultura…

Frantz Fanon fue tanto un autor como un militante, como un símbolo.

Nació en 1925 en Port-de-France (Martinica), Frantz Fanon creció para arriba en Martinica en medio de los descendientes de los esclavos africanos, que habían sido traídos al Caribe trabajar en las plantaciones del azúcar de la isla. El padre de Fanon, Casimir trabajó en el servicio de costumbres; él murió en 1947. Él estudió en el Liceo Schoelcher en Fortaleza-de-Francia, donde uno de sus profesores era Aimé Césaire. Hay un Fanon adolescente político activo y se participó en la lucha del guerrilla contra los partidarios del gobierno colaboracionista francés de Vichy. En este tiempo desempeño servicios en las fuerzas francesas libres y se ofreció voluntariamente a ir a Europa a la lucha. A los 18 años en el ejército galo comandado por el general De Lattre de Tassigny que combate en Italia. Después de la guerra mundial estudió la medicina y psiquiatría en París y Lyon. Entre sus amigos estaba Eduard Glissant, su compañero más joven, que estudió la filosofía y la historia en el Sorbonne. Según Glissant, Fanon era “extremadamente sensible”. Médico interno a los 25 año se especializa en psiquiatría, publica por éste tiempo su primer libro Peau noire. masque blanche (!Escucha. blanco¡).

El sueño de Fanon es instalarse en un lu­gar de África del Norte lejos del dominio blanco para dedicarse plenamente a una especialidad que le apasiona, la revolución argelina le atrae como un imán y se convierte en uno de sus más famosos combatientes en 1956, socialista revolucionario desde finales de los años 50, muere en Nueva York donde ha ido a curarse, excluido ya definitivamente de la empresa humana y de tener que abandonar una lucha a la que se había entregado en cuerpo y alma. Sin po­der ver siquiera la culminación de la revolución en Argelia que representaba para él el camino de liberación para el África entera.

Su corta y agitada última década de su vida, Fanon dejó un testimo­nio profundo, rico en imágenes e ideas, de los costos psicológicos y materiales de la colonización así como un conjunto de consideraciones en defensa de la dinámica revolucionaria del mal llamado Tercer Mundo. Esquemáticamente sus ideas se pueden sistematizar de en estos términos:

-entiende la cuestión racial como básica, el hombre negro para él no es un hombre, es un hombre-negro, ser negro equivale a ser un hombre dominado, colonizado, con complejo de inferioridad frente al blanco, en inferior situación en la civilización hecha a imagen y semejanza a éste, conlleva una neurosis y, de la misma manera, un potencial emancipador, es su negritud la que le hace identificarse con la causa anticolo­nial y es esta conciencia la que le permite darle a esta lucha un contenido antirracial pleno, su crítica se extiende más allá de los intere­ses, de las ideas, llega hasta despreciar el reflejo racista más intimo que siglos y siglos de historia ha afirmado la historia blanca.

-la enfoca la cuestión de la dominación también desde un punto de vista que podíamos de­nominar existencial-psicoanalítico y médico, su lucha dentro del combate por la libertad argelina lo lleva fundamentalmente como médico, lo que le permite conocer nuevas facetas de la barbarie colonial. el desprecio al colonizado -un torturador quiere que le solucione algunos trastornos que no relaciona con su oficio aplicado contra una gente a la que no considera en lo más mínimo-, la situación sanitaria y mental de la población sometida al subdesarrollo, el valor de la revolución como elemento de renacimiento personal y colectivo de una población hundida hasta poco antes en la miseria y la degradación, etc.

-ofrece la justificación plena de la violencia revolucionaria, sus experiencia ante la represión de los franceses es atroz, por eso no duda en escribir, "No justificamos las halcones reflejos de nuestros camaradas. Las con prendemos, pero no las excusamos ni negamos su existencia”. Sus argumentos son abundantes y explícitos: “Puesto que estamos construyendo una nueva Argelia democrática, y no cree­-s que podamos elevarnos y liberarnos en un área y reprimir en otra, con­denamos con amargura a aquellos hermanos que acceden a la acción revolucionaria con una brutalidad casi psicótica, engendrada y afianzada por -a larga represión francesa". La “violencia (...) es una fuerza de limpiamiento. Libera a natural de su complejo de inferioridad y de su desesperación e inacción; lo hace audaz y restaura su amor propio.” “No tengo ningún deseo a ser la víctima del fraude de un mundo negro. Mi vida no se debe dedicar a elaborar el balance de los valores del negro. No hay mundo blanco, allí no es éticas blancos, más que hay una inteligencia blanca. Hay en cada parte de los hombres del mundo que buscan. No soy un preso de la historia. No debo buscar allí para el significado de mi destino. Debo recordarme constantemente que el salto verdadero consiste en la invención de la introducción en existencia. En el mundo a través de el cual viajo, sin fin me estoy creando. “(¡Escucha blanco¡) (1)

-desarrolla una critica radical a la posibilidad, latente en plena revolución argelina, de que la burguesía y la pequeña burguesía usurparan la posrevolución en beneficio propio, apuesta por las masas oprimidas. por los o­breros y campesinos para que lleven la revolución a sus últimas conse­cuencias; estos últimos devienen en sus idea el centro del proceso revolucionarios que sueña y pelea porque el proletariado de los países capitalistas aparecen como "integrados" en el sistema, reflejo de su conocimiento de la actitud que tanto socialistas -en el poder- como comunistas -en la oposición "constructiva"- han 'tomado en la metrópoli colonial.

Sin embargo, Fanon nunca pretendió ser el representante de ninguna opción política precisa, sus ideas más ricas son producto de su propia vida como militante y combatiente de la lucha argelina, a aceptándola como lo que era, como reflexiones sobre temas no estratégicos, hay que reconocerlo un alto valor intelectual (2).

Como pensador político llevado en Martinica, las opiniones de Fanon ganaron a audiencias en las islas del Caribe junto con Aimé Césaire, Edouard Glissant, C.L.R. James, y Eric Williams. Fanon rechazó el concepto de negritud, un término primero usado por Césaire. Tal como hemos indicado, Fanon puso su énfasis en el impulso de una revolución violenta como el único medio eficaz de terminar la represión colonial y el trauma cultural en el Tercer Mundo. En la época, esto parecía lo más viable, y sucesos como el asesinato de Lumumba parecían demostrarlo.

En 1952, Fanon comenzó a practicar en una sala psiquiátrica en Argelia. Se casó en 1953 a francesa blanca joven. En el hospital de Blida-Joinville, en donde trabajó como el director del departamento psiquiátrico. Su maestro fue el médico catalán Francecs Tosquelles, antiguo militante del POUM y republicano refugiado (3), amén de médico innovador de la terapia del grupo. En 1954 el frente nacional de la liberación (FLN) comenzó su guerra abierta contra la dominación francesa. Después de tres años, Fanon dimitió y se alió con el movimiento argelino de la liberación.

Por esta época viajó los campos del guerrilla de Malí a Sahara, ocultó a militantes “terroristas” en su casa y entrenó a enfermeras para curar heridas. En 1959 lo hirieron seriamente en la frontera de Argelia y de Marruecos. Fanon entonces trabajó brevemente como embajador del gobierno argelino provisional a Ghana y corregido en Túnez en la wilaya Moudjahid. Durante este período él también fundó la primera clínica psiquiátrica de África. Mucha de su escritura se concentró en la revolución argelina, incluyendo los ensayos publicados en El año cinco, de la revolución argelina (1959), en que llama a la lucha armada contra el imperialismo francés. Fanon mismo no vivió bastante tiempo para atestiguar la independencia de Argelia.

Frantz sobrevivió varias tentativas políticas del asesinato, y también la matanza en 1957, en el cual el FLN mató a 300 sospechosos de ser partidarios de un grupo rebelde rival. Después de una expedición de agitación que le llevó a recorrer 1.200 millas en 1960,cayó gravemente enfermo de leucemia y murió en Washington, el 12 de diciembre de 1961.La vida y la obra de Fanon cautivaron a una generación, sus libros tuvieron una influencia muy sobresaliente en los año sesenta en los núcleos de intelectuales "tercer mundistas", así como en una multitud de movimientos como el de los Black Panthers norteamericanos...En general se puede hablar que Fanon tuvo una influencia profunda en los movimientos radicales en los años 60 en los Estados Unidos y la Europa.

Después de diversas negociaciones, fue enterrado en suelo argelino. Josie Fanon, su esposa, se suicidó en Argel en 1989.

El trabajo más célebre de Fanon fue sin duda Los condenados de la tierra (1961), fue llamado por su editor “el manual para la revolución negra”. El libro, basado en las experiencias de Fanon en Argelia durante la guerra de la independencia, y usa el marco del pensamiento marxista para explorar los conflictos de clase y las cuestiones de la hegemonía cultural en la creación y el mantenimiento del sentido nacional de un país nuevo. “En guerra del guerrilla la lucha se refiere no más al lugar donde estás, solamente a los lugares adonde vas. Cada combatiente lleva su país que guerrea entre sus dedos del pie.” Desde su publicación (con un prólogo célebre de Jean Paul Sartre) Los condenados de la tierra, después de lo cual se convirtió en uno de los documentos fundacionales del movimiento negro y anticolonialista de la liberación.

Notas

---1) Peau noir, masques blancs, ¡Escucha blanco!, 1952 (existe una edición castellana en la emblemática editorial Nova Terra, Bacelona, 1972, con un buen trabajo introductorio, y un epílogo, ambos a cargo de Francis Jeanson, la “mano derecha” de Sartre en la época); L'an cinq de la révolution algérienne, 1959 (editado como Sociología de la revolución, Ed. ERA, México); Les damnés de la terre, 1961 (Los condenados de la tierra, Ed. Fondo de cultura Económica, México, 1965, varias reediciones; Vers la révolution africain, 1964 - hacia la revolución africana (de donde preoviene este texto)

---2) Para una lectura a fondo: L´ Ouvre de Frantz Fanon. Colonialisme et alineation, de Renate Zahar (Maspero, París, 1974); Frantz Fanon, de Irene L. Gendzier (Serie Popular ERA, México, 1977); Frantz Fanon, testigo, de Pierre Bouvier (Ed. Sígueme, Madrid, 1973).

---3) Francecs Tosquelles i Lauradó (reus, 1912-Granges-sur-Lot, Francia, 1994), médico y militante comunista del POUM, marchó al frente de Aragón, y como médico asistió a poscombatientes que sufrían psicopatías adquiridas en las trincheras. En el exilio francés, tomó parte en la Resistencia, y llegó a ser una de las mayores eminencias en el campo del psicoanálisis. Su influencia en Fanon es altamente ponderada por los biógrafos de éste.

TEXTO

II. RACISMO Y CULTURA (*)


LA reflexión sobre el valor normativo de ciertas culturas decretado unilateralmente merece retener la atención. Una de las paradojas rápidamente descubierta es el choc en recompensa de definiciones egocentristas, sociocentristas.

Se ha afirmado en un comienzo la existencia de grupos humanos sin cultura; después, de culturas jerarquizadas; finalmente, la noción de relatividad cultural.

De la negación global al reconocimiento singular y específico. Precisamente debemos trazar esta historia despedazada y sangrante al nivel de la antropología cultural.

Existen, podríamos decir, ciertas constelaciones de instituciones, vividas por hombres determinados, en el marco de zonas geográficas precisas que, en un momento dado, han sufrido el asalto, directo y brutal de esquemas culturales diferentes. El desarrollo técnico, generalmente alto, del grupo social así aparecido lo autoriza a instalar una dominación organizada. El empeño de la desculturación se encuentra con que es el negativo de un trabajo de servidumbre económica, hasta biológica, más gigantesco.

La doctrina de la jerarquía cultural no es, pues, más que una modalidad de la jerarquización sistematizada, proseguida de manera implacable.

La teoría moderna de la ausencia de integración cortical de los pueblos coloniales es su vertiente anatomofisiológica. La aparición del racismo no es fundamentalmente determinante. El racismo no es un todo sino el elemento más visible, más Cotidiano —para decirlo de una vez—, en ciertos momentos, más grosero de una estructura dada.

Estudiar los rendimientos del racismo y de la cultura es plantearse la cuestión de su acción recíproca. Si la cultura es el conjunto de comportamientos motores y mentales nacido del encuentro del hombre con la naturaleza y con su semejante, se debe decir que el racismo es verdaderamente un elemento cultural. Hay pues culturas con racismo y culturas sin racismo.

Sin embargo, este elemento cultural preciso no está enquistado. El racismo no ha podido esclerosarse. Le ha sido preciso renovarse, matizarse, cambiar de fisonomía. Le ha sido preciso experimentar la suerte del conjunto cultural que lo informaba.

El racismo vulgar, primitivo, simplista, pretendía encontrar en lo biológico, ya que las Escrituras se habían revelado insuficientes, la base material de la doctrina. Sería fastidioso recordar los esfuerzos emprendidos entonces: forma comparada del cráneo, cantidad y configuración de los surcos del encéfalo, características de las capas celulares de la corteza, dimensiones de las vértebras, aspecto microscópico de la epidermis, etc.

El primitivismo intelectual y emocional aparecía como tina consecuencia banal, un reconocimiento de existencia. Tales afirmaciones, brutales y masivas, ceden lugar a una argumentación más elegante. Aquí y allá, sin embargo, salen a la luz algunos resurgimientos. Así, la “labilidad emocional del negro”, “la integración subcortical del árabe”, “la culpabilidad casi genérica del judío” son ideas que se encuentran en algunos escritores contemporáneos La monografía de J. Carothers, por ejemplo, auspiciada por la OMS, se sitúa a partir de “argumentos científicos” de una lobotomía fisiológica del negro de Africa.

Estas posiciones sectarias tienden, en todo caso, a desaparecer. Este racismo que se quiere racional, individual, determinado, genotípico y fenotípico, se transforma en racismo cultural. El objeto del racismo deja de ser el hombre particular y sí una cierta manera de existir. En el extremo, se habla de mensaje, de estilo cultural. Los “valores occidentales” reasumen singularmente la ya célebre llamada a la lucha de la “cruz contra la media luna”.

Cierto que la ecuación morfológica no ha desaparecido totalmente, pero los hechos de los últimos treinta años han sacudido las convicciones más encasquilladas, trastornado el tablero de juego, reestructurado un gran número de relaciones. El recuerdo del nazismo, la común miseria de hombres diferentes, la servidumbre común de grupos sociales importantes, la aparición de “colonias europeas”, es decir, la institución de un régimen colonial en pleno territorio de Europa, la adquisición de conciencia de los trabajadores de los países colonizadores y racistas, la volución de las técnicas, todo esto ha modificado profundamente el aspecto del problema.

Es necesario buscar, al nivel de la cultura, las consecuencias de ese racismo.

El racismo, lo hemos visto, no es más que un elemento de un conjunto más vasto: el de la opresión sistematizada de un pueblo. ¿Cómo se comporta un pueblo que oprime? Aquí volvemos a encontrar algunas constantes.

Asistimos a la destrucción de los valores culturales, de las modalidades de existencia. La lengua, el vestido, las técnicas son desvalorizadas. ¿Cómo llevan cuenta de esta constante? Los psicólogos que tienen tendencia a explicarlo todo por movimientos del alma, pretenden encontrar este comportamiento al nivel de los contactos entre particulares:
crítica de un sombrero original, de una manera de hablar, de caminar...
Parecidas tentativas ignoran voluntariamente el carácter incomparable de la situación colonial. En realidad, las naciones que emprenden una guerra colonial no se preocupan de confrontar culturas. La guerra es un negocio comercial gigantesco y toda perspectiva debe ser relacionada a este criterio. La servidumbre, en el sentido más riguroso, de la población autóctona es su primera necesidad.

Por esto se deben modificar sus sistemas de referencia. La expropiación, el despojo, la razia, el asesinato como objetivo se duplican en un saqueo de los esquemas culturales o, por lo menos, son condicionadas a este saqueo. El panorama cultural es desgajado, los valores burlados, borrados, vaciados.

Las líneas de fuerza se desploman, no ordenan más. Frente a una nueva unión, impuesta, no propuesta sino afirmada, pesan con todo su peso los cañones y los sables.
Sin embargo, el entronizamiento del régimen colonial no entraña la muerte de la cultura autóctona. Por el contrario, de la observación histórica resulta que el fin buscado es más una continua agonía que una desaparición total de la cultura preexistente. Esta cultura, otrora viva y abierta hacia el futuro, se cierra, congelada en el estatuto colonial, puesta en la picota de la opresión. A la vez presente y momificada, da testimonio contra sus miembros. Los define, en efecto, sin apelación. La momificación cultural entraña una momificación del pensamiento individual. La apatía tan universalmente señalada de los pueblos coloniales no es más que la consecuencia lógica de esta operación. El cargo de inercia que se dirige constantemente al “indígena” es el colmo de la mala fe. Como si le fuera posible a un hombre evolucionar en otra forma que en el marco de una cultura que lo reconozca y que él decide asumir.

Asistimos a la aparición de organismos arcaicos, inertes, que funcionan bajo la vigilancia del opresor y calcados caricaturescamente de instituciones otrora fecundas.

Estos organismos traducen aparentemente el respeto de la tradición, de las especificaciones culturales, de la personalidad del pueblo oprimido. Este seudorrespeto se identifica de hecho con el menosprecio más consecuente, con el sadismo más elaborado. La característica de una cultura es ser abierta, recorrida por líneas de fuerza espontáneas, generosas, fecundas. La instalación de “hombres seguros” encargados de ejecutar ciertas proezas es una mistificación que no engaña a nadie. Así, los djeinaas de los kabilas nombrados por la autoridad francesa no son reconocidos por los autóctonos. Son duplicados por otro djemaa elegido democráticamente. Y naturalmente el segundo dicta, en gran parte, la conducta de los primeros.
La constante afirmación de “respetar la cultura de las poblaciones autóctonas” no significa, pues, considerar los valores aportados por la cultura, encamados por los hombres. Bien pronto se advierte en este propósito una voluntad de objetivar, de encasillar, de aprisionar, de enquistar. Frases tales como “yo los conozco”, “ellos son así”, traducen esta objetivación máxima alcanzada. Así, también conozco los gestos, los pensamientos que definen a sus hombres.

El exotismo es una de las formas de esta simplificación. Por consiguiente, no puede existir ninguna confrontación cultural. Por una parte hay una cultura a la que se le reconocen cualidades de dinamismo, de expansión, de profundidad. Una cultura en movimiento, en perpetua renoyación. Frente a ella se encuentran características, curiosidades, cosas, jamás una estructura.

Así, en una primera fase, el ocupante instala su dominio, afirma masivamente su superioridad. El grupo social, sujeto militar y económicamente, es deshumanizado según un método polidimensional

Explotación, torturas, razias, racismo, liquidaciones colectivas, opresión racional, se relevan en diferentes niveles para hacer del autóctono, literalmente, un objeto entre las manos de la nación ocupante.

Este hombre objeto, sin medios de existencia, sin razón de ser, es quebrantado en lo más íntimo de su sustancia. El deseo de vivir, de continuar, se hace más y más indeciso, más y más fantasmal. En este estado de cosas aparece el famoso complejo de culpabilidad. Wright nos da una descripción muy detallada en sus primeras novelas.

Sin embargo, progresivamente, la evolución de las técnicas de producción, la industrialización, por otra parte limitada, de los países sojuzgados, la existencia más y más necesaria de colaboradores, imponen al ocupante una nueva actitud. La complejidad de los medios de producción, la evolución de las relaciones económicas que entrañan, de buen o mal grado, la de las ideologías, desequilibran el sistema. El racismo vulgar en su forma biológica corresponde al periodo de explotación brutal de los brazos y las piernas del hombre. La perfección de los medios de producción provoca fatalmente el camuflaje de las técnicas de explotación del hombre y, por consiguiente, de las formas del racismo.

Desde luego, no es en la persistencia de una evolución de los espíritus donde el racismo pierde su virulencia. Ninguna revolución interior explica esta obligación del racismo de matizarse, de evolucionar. En todas partes los hombres se liberan atropellando el letargo al que la opresión y el racismo los habían condenado.

En pleno corazón de las “naciones civilizadoras” los trabajadores descubren, finalmente, que la explotación del hombre, base de un sistema, presenta diversos aspectos. En este estadio el racismo no osa salir sin afeites. Se impugna. El racista, en un número más y más grande de circunstancias, se oculta. Él, que pretendía “sentirlas”, “adivinarlas”, se encuentra enfrentado, observado, juzgado. El proyecto del racista es entonces un proyecto frecuentado por la mala conciencia. La salvación no le puede venir más que de una Unión pasional como la que se encuentra en ciertas psicosis. Y el haber precisado la semiología de estos delirios pasionales no es uno de los menores méritos del profesor Baruk.

El racismo nunca es un elemento agregado, descubierto al azar de una investigación en el seno de los elementos culturales de un grupo. La constelación social, el conjunto cultural son profundamente transformados por la existencia del racismo.

Se dice comúnmente que el racismo es una llaga de la humanidad. Pero es necesario no satisfacerse con tal frase. Es necesario buscar incansablemente las repercusiones del racismo en todos los niveles de la sociabilidad. La importancia del problema racista en la literatura norteamericana contemporánea es significativa. El negro en el cine, el negro y el folklore, el judío y las historias para niños, el judío en la taberna, son temas inagotables.
El racismo, para retoñar en Norteamérica, atormenta y vicia la cultura norteamericana. Y esta gangrena dialéctica es exacerbada por la toma de conciencia y la voluntad de lucha de millones de negros y de judíos amenazados por el racismo.

Esta fase pasional, irracional, sin justificación, presenta para su examen un aspecto espantoso. La circulación de grupos, la liberación, en ciertas partes del mundo, de hombres anteriormente inferiorizados, vuelven más y más precario el equilibrio. En forma bastante inesperada, el grupo racista denuncia la aparición de un racismo entre los hombres oprimidos. El “primitivismo intelectual” del periodo de explotación deja lugar al “fanatismo medieval, verdaderamente prehistórico” del periodo de liberación.

En un momento determinado se pudo creer en la desaparición del racismo. Esta impresión eufórica, irreal, era simplemente consecuencia de la evolución de las formas de explotación. Los psicólogos hablan entonces de un prejuicio vuelto inconsciente. La verdad es que el rigor del sistema vuelve superflua la afirmación cotidiana de una superioridad. La necesidad de hacer un llamado a grados diversos de adhesión, a la colaboración del autóctono, cambia las relaciones en un sentido menos brutal, más matizado, más “cultivado”. Por otra parte, no es raro ver aparecer en ese estadio una ideología “democrática y humana”. La empresa comercial de servidumbre, de destrucción cultural cede el paso, progresivamente7 a una mistificación verbal.

El interés de esta evolución está en que el racismo es tomado como tema de meditación, a veces aun como técnica publicitaria.

Así es como el blues “lamento de esclavos negros” es presentado a la admiración de los opresores. Es un poco de opresión estilizada que retorna al explotador y al racista. Sin opresión y sin racismo no hay blues. El fin del racismo tocará a muertos la gran música negra.

Como diría el demasiado célebre Toynbee, el blues es una respuesta del esclavo al reto de la opresión.

En la actualidad, todavía, para muchos hombres, aun para los de color, la música de Armstrong no tiene verdadero sentido más que en esta perspectiva.

El racismo infla y desfigura el aspecto de la cultura que lo practica. La literatura, las artes plásticas, las canciones para modistillas, los proverbios las costumbres, las pautas, va sea que se propongan seguir el proceso o vulgarizarlo, restituyen el racismo. Es decir, un grupo social, un país, una civilización, no pueden ser racistas inconscientemente.
Lo afirmamos una vez más, el racismo no es un descubrimiento accidental. No es un elemento oculto, disimulado. No exige esfuerzos sobrehumanos para evidenciarlo.

El racismo salta a la vista porque está, precisamente, en un conjunto característico: el de la explotación desvergonzada de un grupo de hombres por otro que ha llegado a un estadio de desarrollo técnico superior. Debido a esto la opresión militar y económica precede la mayor parte del tiempo, hace posible, legitima, al racismo.

Debe ser abandonado el hábito de considerar al racismo como una disposición del espíritu, como una tara psicológica.

Pero el hombre arrinconado por este racismo, el grupo social sometido, explotado, de sustancializado, ¿cómo se comportan? ¿Cuáles son sus mecanismos de defensa?
¿Qué actitudes descubrimos aquí?

En una primera fase se ha visto al ocupante legitimar su dominación con argumentos científicos y a la “raza inferior”’ negarse como raza. Ya que ninguna otra solución le es permitida, el grupo social racializado ensaya imitar al opresor y a través de ello desracializarse. La “raza inferior” se niega como raza diferente. Comparte con la “raza superior” las convicciones, doctrinas y otros considerandos que le conciernen.

Al asistir a la liquidación de sus sistemas de referencia en el derrumbe de sus esquemas culturales, no le queda al autóctono más que reconocer con el ocupante que “Dios no está de su lado”. El opresor, por el carácter global y tremendo de su autoridad, llega a imponer al autóctono nuevas maneras de ver, singularmente un juicio peyorativo en cuanto a sus formas originales de existir.

Este acontecimiento llamado comúnmente enajenación es desde luego muy importante. Se le encuentra en los textos oficiales bajo el nombre de asimilación.
Pero nunca se logra totalmente esta enajenación. Sea porque el opresor cuantitativa y cualitativamente limita la evolución, ciertos fenómenos imprevistos, heteróclitos, hacen su aparición.

El grupo inferiorizado había admitido, siendo implacable la fuerza del razonamiento, que su desventura procedía directamente de esas características raciales y culturales.
Culpabilidad e inferioridad son las consecuencias habituales de esta dialéctica.(1) El oprimido intenta, entonces, escapar, por una parte, proclamando su adhesión total e incondicional a los nuevos modelos culturales, por otra parte, pronunciando una condenación irreversible de su estilo cultural propio.

Sin embargo, la necesidad del opresor, en un momento dado, de disimular las formas de explotación, no entraña su desaparición. Las relaciones económicas más elaboradas, menos groseras, exigen un revestimiento cotidiano, pero la enajenación a este nivel sigue siendo espantosa.

Habiendo juzgado, condenado, abandonado sus formas culturales, su lengua, su alimentación, sus costumbres sexuales, su manera de sentarse, de descansar, de reír, de divertirse, el oprimido, con la energía y la tenacidad del náufrago, se arroja sobre la cultura impuesta.

Al desarrollar sus conocimientos técnicos con el contacto con máquinas más y más perfeccionadas, al entrar en el circuito dinámico de la producción industrial, al encontrar hombres de regiones alejadas en el marco de la concentración de capitales y de lugares de trabajo, al descubrir la cadena, el equipo, el “tiempo” de producción, es decir, el rendimiento por hora, el oprimido da valor de escándalo a la actitud para con él del racismo y del menosprecio.

A este nivel se convierte el racismo en una historia de personas. “Hay algunos racistas incorregibles pero reconoced que en conjunto la gente los ama….”

Con el tiempo, todo esto desaparecerá.

Este país es el menos racista.

Existe en la ONU una comisión encargada de luchar contra el racismo.

Películas cinematográficas sobre el racismo, poemas sobre el racismo, mensajes sobre el racismo…

Las condenaciones espectaculares e inútiles del racismo. La realidad es que un país colonial es un país racista.

Si en Inglaterra, en Bélgica o eh Francia, a despecho de los principios democráticos afirmados por estas naciones, hay aún racistas, son estos racistas los que, contra el conjunto del país, tienen razón.

Lógicamente no es posible someter a la servidumbre a los hombres sin inferiorizarlos parte por parte. Y el racismo no es más que la explicación emocional, afectiva, algunas veces intelectual, de esta inferiorización.

El racista, pues, es normal en una cultura con racismo. La adecuación de las relaciones económicas y de la ideología que comportan son perfectas. Es verdad que la idea que nos formamos del hombre nunca depende totalmente de las relaciones económicas, es decir, no olvidemos que las relaciones existen histórica y geográficamente entre los hombres y los grupos. Cada vez más miembros pertenecientes a sociedades racistas toman posición. Ponen su vida al servicio de un mundo en el cual el racismo sería imposible. Pero este retroceso, esta abstracción, este compromiso solemne no están al alcance de todos. No se puede exigir sin menoscabo que un hombre esté contra los “prejuicios de su grupo”.

Así pues, digámoslo nuevamente, todo grupo colonialista es racista.

A la vez “aculturado” y deculturado, el oprimido sigue obstinándose contra el racismo. Encuentra ilógica esta secuela e inexplicable cuanto le ha ocurrido, sin motivo, inexacto. Sus conocimientos, la apropiación de técnicas precisas y complicadas —algunas veces su superioridad intelectual consiguió la atención de un gran número de racistas— lo llevaron a calificar el mundo racista de pasional. Se apercibe que la atmósfera racista impregna todos los elementos de la vida social. El sentimiento de una injusticia agobiante es entonces muy vivo. Olvidando el racismo- consecuencia se encarniza con el racismo-causa. Se emprenden campañas de desintoxicación. Se hace un llamado al sentido de lo humano, al amor, al respeto de los valores supremos...
De hecho, el racismo obedece a una lógica sin falle. Un país que vive saca su sustancia de la explotación de pueblos diferentes, inferioriza a esos pueblos. El racismo aplicado a estos pueblos es normal.

El racismo no es, pues, una constante del espíritu humano.

Es, nosotros lo hemos visto, una disposición inscrita en un sistema determinado. Y el racismo judío no es diferente del racismo negro. Una sociedad es racista, o no lo es. No existen grados de racismo. No es necesario decir que tal país es racista pero que en él no se realizan linchamientos ni existen campos de exterminio. La verdad es que todo esto y algo más existe en el horizonte. Estas virtualidades, estas fuerzas latentes circulan dinámicas, valuadas en la vida de las relaciones psicoafectivas, económicas.

Al descubrir la inutilidad de su enajenación, la profundización de su despojo, el infemiorizado, después de esta fase de culturación, de extrañamiento, encuentra sus posiciones originales.

El inferiorizado se ata con pasión a esta cultura abandonada, separada, rechazada, menospreciada. Existe una muy clara promesa ilusoria que aparenta psicológicamente el deseo de hacerse perdonar.

Pero detrás de este análisis simplificante hay en el inferiorizado la intuición de una verdad espontáneamente aparecida. Esta historia psicológica desemboca en la Historia y en la Verdad.

Al encontrar un estilo antes desvalorizado, el inferiorizado asiste a una cultura de la cultura. Tal caricatura de la existencia cultural significaría, si fuera necesario, que la cultura se viva, pero que no se fraccione. No se puede estudiar una parte y pretender que se conoce el todo.

Mientras tanto, el oprimido se extasía con cada redescubrimiento. El maravillarse es permanente. Antaño emigrado de su cultura, el autóctono la explora hoy con arrebato. Se trata, pues, de esponsales continuos. El antiguo inferiorizado está en estado de gracia.
Pero no se sufre impunemente una dominación. La cultura del pueblo sometido está esclerosada, agonizante. No le circula ninguna vida. Más precisamente, la única vida existente está disimulada. La población que normalmente asume aquí y allá algunos trozos de vida que mantienen significativas dinámicas en las instituciones, es una población anónima. En el régimen colonial son, los tradicionalistas.

El antiguo emigrado, por la súbita ambigüedad de su comportamiento, introduce el escándalo. Al anonimato del tradicionalista opone un exhibicionismo vehemente y agresivo.

Estado de gracia y agresividad son dos constantes que volvemos a encontrar en este estadio. La agresividad era el mecanismo pasional que permitía escapar a la mordedura de la paradoja.

Puesto que el antiguo emigrado posee técnicas precisas y su nivel de acción se sitúa en el marco de relaciones ya complejas, estos encuentros revisten un aspecto irracional. Existe un foso, una separación entre el desarrollo intelectual, la apropiación técnica, las modalidades de pensamiento y de lógica, altamente diferenciados, y una base emocional “simple, pura”, etc…

Reencontrando la tradición, la que vive como mecanismo de defensa, como símbolo de pureza, como salvación, el deculturado deja la impresión de que la mediación se venga sustancializándose. Este reflujo de posiciones arcaicas sin relación con el desarrollo técnico es paradójico. Las instituciones valorizadas de este modo no corresponden a los métodos elaborados de acción ya adquiridos.

La cultura encasquillada, vegetativa, a partir de la dominación extranjera, es revalorizada. No es nuevamente pensada, tomada otra vez, hecha dinámica en su interior. Es gritada. Y esta revalorización súbita, no estructurada, verbal, recobra actitudes paradójicas.

En ese momento se hace mención del carácter incorregible del inferiorizado. Los médicos árabes duermen en tierra, escupen sin importarles dónde, etc...

Los intelectuales negros consultan al brujo antes de tomar cualquier decisión, etc.

Los intelectuales “colaboradores” tratan de justificar su nueva actitud. Las costumbres, tradiciones, creencias, antaño negadas y pasadas en silencio, ahora son violentamente valorizadas y afirmadas.

La tradición ya no es ironizada por el grupo. El grupo no huye más. Se reencuentra el sentido del pasado, el culto de los antepasados.

El pasado, de aquí en adelante una constelación de valores, se identifica con la Verdad.
Este redescubrimiento, esta valorización absoluta de un modo de ser casi irreal, objetivamente indefendible, reviste una importancia subjetiva incomparable. Al salir de aquellos esponsales apasionados, el autóctono habrá decidido, con “conocimiento de causa”, luchar contra todas las formas de explotación y de enajenación del hombre. Por el contrario, el ocupante durante esta época multiplica las llamadas a la asimilación y a la integración, a la comunidad.

El encuentro cuerpo a cuerpo del indígena con su cultura es una operación demasiado solemne, demasiado abrupta, para tolerar cualquier falla. Ningún neologismo puede enmascarar la nueva evidencia: el sumergirse en la inmensidad del pasado es condición y fuente de la libertad.

El fin lógico de esta voluntad de lucha es la liberación total del territorio nacional. Con el propósito de realizar esta liberación, el inferiorizado pone en juego todos sus recursos, todas sus adquisiciones, las viejas y las nuevas, las suyas y las del ocupante.
La lucha es total de golpe, absoluta. Pero, entonces, casi no se ve aparecer el racismo.
En el momento de imponer su dominación, para justificar la esclavitud, el opresor había apelado a argumentaciones científicas. Aquí no hay nada semejante.
Un pueblo que emprende una lucha de liberación, rara vez legitima el racismo. Ni en el curso de periodos agudos de lucha armada de insurrección, se asiste a la toma en masa de justificaciones biológicas.

La lucha del inferiorizado se sitúa en un nivel indudablemente más humano. Las perspectivas son radicalmente nuevas. Es, la oposición clásica, desde ese momento, de las luchas de conquista y de liberación.

En el curso de la lucha, la nación dominadora trata de renovar argumentos racistas, pero la elaboración del racismo se hace más y más ineficaz. Se habla de fanatismo, de actitudes primitivas ante la muerte, pero una vez más el mecanismo ya socavado no responde. Los antiguos inmóviles, las debilidades constitucionales, los miedosos, los inferiorizados de siempre se apuntalan y se levantan erizados.

El ocupante no comprende.

El fin del racismo comienza con una repentina incomprensión.

La cultura espasmódica y rígida del ocupante, liberada, se abre al fin a la cultura del pueblo vuelto realmente fraterno. Las dos culturas pueden confrontarse, enriquecerse.

En conclusión, la universalidad reside en esta decisión de darse cuenta del relativismo recíproco de las culturas diferentes una vez que se ha excluido irreversiblemente el estatuto colonial.



Nota 1. Un fenómeno poco estudiado aparece alguna vez en este estadio. Intelectuales, investigadores, del grupo dominante, estudian “científicamente” la sociedad dominada, su estética, su universo ético. En las universidades, los raros intelectuales colonizados ven revelado su sistema cultural. Llega un momento en que hasta los sabios de los países colonizadores se entusiasman por este o por aquel rasgo específico. Los conceptos de pureza, ingenuidad, inocencia, aparecen. Aquí debe redoblarse la vigilancia del intelectual indígena.

(*) Este texto corresponde al II apartado de la obra de Fanon, Por la revolución africana. Escritos políticos, de la edición que efectuó Fondo de Cultura Económica, México, en 1966, y en traducción de Demetrio Aguilera Malta. Corresponde a su intervención en el Primer Congreso de Escritores y Artistas Negros en Paris, septiembre de 1956. Fue inicialmente publicado en el número especial de Presence Africaine, junio-noviembre de 1956.

martes, 20 de julio de 2010

Procesos Mediterráneos, la sociedad civil israelí y el diálogo regional por Carlos Braverman


El Mediterráneo fue cuna de civilizaciones, puntos de encuentros y desencuentros en la historia de la humanidad, de desarrollos y fracturas de civilizaciones diversas. El Proceso de Barcelona en 1995 y su continuidad, la Unión por el Mediterráneo en 2008, surgen para alcanzar el objetivo de hacer de la cuenca mediterránea un ámbito de diálogo, intercambio y cooperación que garantice la paz, la estabilidad y la prosperidad. Para ello es preciso consolidar la democracia y el respeto de los derechos humanos, lograr un desarrollo económico y social sostenible y equilibrado, luchar contra la pobreza y fomentar una mayor comprensión entre las diferentes culturas. Pretenden ambos tratados suplantar el bilateralismo en las relaciones Euromediterráneas, por una cooperación global, solidaria y multilateral.
Se basan en tres aspectos esenciales:
• El componente político y de seguridad, que tiene por objeto definir un espacio común de paz y estabilidad;
• El componente económico y financiero, que debe permitir construir una zona de prosperidad compartida;
• El componente social, cultural y humano, que está encaminado a desarrollar los recursos humanos y a favorecer la comprensión entre culturas y los intercambios entre sociedades civiles.
Es decir, avanzar a una configuración de estados democráticos con progreso social, que sea la base de una ciudadanía Euromediterránea, una ciudadanía que preserve la identidad multicultural, basada en el respeto de los derechos humanos ( especialmente en lo que hace al respeto de los pluralismos y multiplicidad de identidades existentes), el diálogo y alianza entre civilizaciones, la armonización de los flujos migratorios y las políticas de integración hacia los mismos y caminar hacia una cohesión económica-social regional.
Desde la izquierda local vemos muy retrasadas y mezquinas las participaciones correspondientes de Israel en este esquema y confieso que me gustaría ver intervenciones de mi país que traspasen el marco del secular conflicto zonal.
Son muchas las oportunidades que como postsionista veo en este proceso para la integración zonal, nuestro recorrido fue desde la revisión historiográfica israelí hacia una propuesta de normalidad como nación y es mucho lo que podemos aportar a otras culturas y pueblos, como también recibir de pares en la región. Hay que reconocer el atraso de amplios sectores de nuestra sociedad en aceptarse como parte de la región, tema muy interesante para meditar y replantearse.
Junto a las iniciativas de coexistencia ofrecidas por este esquema, paz y entendimiento entre los pueblos de la zona, es importante también el diálogo intercultural e interreligioso, el mutuo cocimiento entre las culturas y sobre todo la participación activa de la sociedad civil y sus organizaciones. Este último, un punto por demás original de esta iniciativa.
En el artículo de ayer comentaba que en un debate sobre ciudadanía, me preguntaron quién era " la gente" y cómo se definía su presencia en el espacio político del neomodernismo.
Los distintos conjuntos en que se distingue una sociedad, necesitan justamente de un espacio para comenzar a actuar, a ser actores sociales que devengan actores políticos para pasar de la interacción social, a las prácticas discursivas de transformación.
Recordé entonces, el aporte de Habermas sobre el "espacio público", como aquello que está entre la sociedad civil y el estado. Es un espacio simbólico, que se construye con los entrecruzamientos discursivos, con valores actitudinales múltiples, con los enfrentamientos y concordancias de estos. Es el entretejido que contextúa a todos los ciudadanos, legitimando su posición de tales emancipados así, de los discursos e ideologías predominantes.
En el concepto neomodernista, es importante reforzar esta categoría pues de ahí surge la posibilidad ampliatoria de las representatividades y las inclusiones de colectivos, que no necesariamente se están expresando a través de los partidos políticos y los entes estatales.
Público, deriva del latín y significa "de todos", contrario a lo excluyente, restringido e inexpresivo. Es entonces, donde aparece de nuevo la "gente", generando opiniones y proyectos más inclusivos. El tercer item de la Declaración de Barcelona: "Colaboración en los ámbitos social, cultural y humano: desarrollo de los recursos humanos, fomento de la comprensión entre las culturas y de los intercambios entre las sociedades civiles", expresa claramente estas consideraciones en su letra. El concepto de ciudadanía mediterránea es un punto no menor a comentar.
Frente al ethos mundializado, este concepto permite al sujeto social y político, recuperar la soberanía sobre su entorno y condiciones, también puede articular un discurso propio en su colectivo de referencia y restablecer la dimensión de lo público.
Lo ciudadano, garantiza el futuro de la democracia. Solventa la seguridad jurídica y la eficacia del estado administrador, la soberanía del estado territorial, la identidad colectiva y la legitimidad democrática del estado nacional. Es apreciable este desarrollo, en el Item mencionado.
Tres puntos originales: la sociedad civil como actor privilegiado del diálogo, los colectivos diversos coexistiendo en un mismo entretejido discursivo y el concepto de ciudadanía dando soberanía a los actores sociales y políticos en una propuesta inclusiva y plural, como así transcultural y transnacional.
Creo que es todo un desafío en una iniciativa regional, pasible de aportar al desarrollo del concepto de ciudadanía en términos plurales, cuando tenemos por delante la tarea de lograr en Israel una sociedad tan plural como cohesionada, menos desagregada y con un imaginario colectivo capaz de integrar en términos enriquecedores todos los discursos del entramado societario.
Creo también que necesitamos socios en este contexto y esquema que compartan este desafío, miembros y asociaciones de las sociedades civiles de otros países integrantes, que entiendan que existen aquí quienes queremos caminar en conjunto la región y esta propuesta es una buena insignia.
*Carlos Braverman (Israel): Politólogo y Psicólogo, miembro de la Asociación de Derechos Civiles de Israel. Activista por una coexistencia judeo-árabe mutuamente justa y el altermundialismo. Miembro del Partido Meretz (Partido Socialista de Israel - Tel Aviv). Presidente del Instituto Campos Abiertos (Investigaciones en Ciencias Políticas).

Derechos reservados Instituto Campos Abiertos Israel ISBN 965 387 008 9 זכויות יוצרים

lunes, 19 de julio de 2010

Postsionismo, consolidación de la ciudadanía y la nación de Israel por Carlos Braverman


Comenté muchas veces que el postsionismo comenzó como una revisión histórica del sionismo y las narraciones oficiales de la historiografía de Israel, hoy es un posicionamiento diferente en su arena política que busca la apertura de las narraciones nacionales, así como incentivar la inclusión y ensanchamiento de las identidades de la sociedad civil del país. Es ocuparse más de la cuestión social sin descuidar la nacional.
La idea de una nacionalidad israelí, sostenida por la organización “Yo soy israelí” no atenta a la preservación del país sino lo contrario, puede motivar un proceso inverso a la tendencia de desagregación social y revertir la ausencia de un imaginario simbólico colectivo israelí que integre diferentes narraciones históricas y sea consecuente con sus mutuas desmitificaciones. Estas premisas, son muchos los temores que levantan frente a la legitimidad y vigencia del concepto referente al Estado Judío y Democrático y entre los que se resisten a analizarlo para sustentarlo con el desarrollo de la historia.
Para el análisis de una izquierda moderna y sensata creo necesario ampliar esta perspectiva para visualizar el sujeto político, el sujeto del cambio y la transformación de la sociedad, del estado y por ende del país.
Hace poco me preguntaron en un debate sobre ciudadanía, quién era” la gente” y cómo se definía su presencia en el espacio político del neomodernismo.
En principio, entendí prudente responder con una consideración etimológica.
Gente deriva del latín Gen o Gentis, que significa familia o tribu y se refiere a una pluralidad de personas.
También señala los distintos conjuntos, en que se distingue una sociedad, estos necesitan justamente de un espacio para comenzar a actuar, a ser actores sociales que devengan actores políticos para pasar de la interacción social, a las prácticas discursivas de transformación.
Recordé entonces, el aporte de Habermas sobre el “espacio público”, como aquello que está entre la sociedad civil y el estado.
El espacio público es fundamental en la formación de las mayorías, es un espacio simbólico, que se construye con los entrecruzamientos discursivos, con valores actitudinales múltiples y con los enfrentamientos y concordancias de estos.
Es el entretejido que contextúa a todos los ciudadanos, legitimando su posición de tales emancipados así, de los discursos e ideologías predominantes.
En el concepto neomodernista, es importante reforzar esta categoría pues de ahí surge la posibilidad ampliatoria de las representatividades y las inclusiones de colectivos, que no necesariamente se están expresando a través de los partidos políticos y tampoco tienen su lugar consolidado en la narraciones nacionales y discursos societarios consolidados..
También sea dicho de paso, no parece que el partido político como entidad, haya aún encontrado la forma adecuada de lograr este propósito.
Ese espacio debe ser ampliado, reforzado y sostenido, en tanto categoría capaz de generar “contra hegemonía” y potencializar la dinámica democrática.
Público, deriva del latín y significa “de todos” y si algo caracterizó a la etapa neocom que no termina de irse, es ese sabor amargo de lo privado, restringido, con mucho condimento de exclusión. De lo restringido, inexpresivo y amalgamado exclusivamente al mercado.
Es entonces, donde aparece de nuevo la “gente”, generando opiniones y proyectos más inclusivos.
Tenemos en el país, una sociedad, con amplios segmentos de población no interactuantes entre sí y otras pasibles de una u otra forma, de no ser beneficiarias de una igualdad plena. Es necesario una nueva mirada para interpretar esta realidad, establecer un criterio analítico distinto y concretar una propuesta y modelo de sociedad diferente.
Discernir sobre el sujeto político y el ciudadano efectivo, sobre la concreción de un modelo de inserción y representaciones democráticas más amplias y estructuras estatales institucionales y jurídicas que la solventen, no será una tarea que atente sobre la solidez de Israel como nación sino lo contrario.

*Carlos Braverman (Israel): Politólogo y Psicólogo, miembro de la Asociación de Derechos Civiles de Israel. Activista por una coexistencia judeo-árabe mutuamente justa y el altermundialismo. Miembro del Partido Meretz (Partido Socialista de Israel - Tel Aviv). Presidente del Instituto Campos Abiertos (Investigaciones en Ciencias Políticas).

Derechos reservados Instituto Campos Abiertos Israel ISBN 965 387 008 9 זכויות יוצרים

domingo, 18 de julio de 2010

Homenaje a Mandela- Ubuntu



Compendié este material del libro y los comentarios sore el mismo "El legado de Mandela" de R. Stengel, me pareció muy significativo para esta fecha.
El concepto de Ubuntu ha impregnado la cultura popular africana contemporánea, es un concepto del pueblo Xhosa, una comunidad de lengua bantu de Africa Meridional que se ha incorporado a los nuevos valores de la Sudáfrica post-apartheid, al llamado Renacer africano y a través de ellos como principio ético.
Aunque literalmente según las fuentes significa "solidaridad" o "humanidad", según Yvonne Mokgoro, juez del Tribunal Constitucional sudafricano, Ubuntu debe ser entendido como la base para una moral de la cooperación, la compasión y la vida comunitaria basada en la implicación en los intereses colectivos, los demás y el respeto a la dignidad de las personas.
Según Mark Shuttleworth significaría "Humanidad para con los demás" y sobre todo "yo soy lo que soy porque todos lo somos"... es decir, el significado profundo de Ubuntu es que no puedes pensar que posees algo de un modo efectivo hasta que no está garantizado como posibilidad para todos y cada uno.
Leída esta interpretación en la clave de la lógica de la abundancia, ubuntu sólo es posible cuando se niega cuanto genera escasez artificial, por eso es usado como fundamento ético de la plurarquía, la devolución y el devolucionismo.
Nelson Mandela lo resumía en un ejemplo:

- Cuando un viajero llegaba a un pueblo no tenía que pedir comida o agua (...) eso es Ubuntu

Es decir, desde la mirada de los que defendemos la extensión de la lógica de la abundancia y adoptamos el dominio público:

- Si mis creaciones no son vuestras es que no son mías. (Mandela)
Para mi resulta algo muy significativo y digno de analizar como parte de la cultura universal de los derechos civiles y humanos.
http://www.youtube.com/watch?v=6YbZU84oId8

Carlos Braverman


*Carlos Braverman (Israel): Politólogo y Psicólogo, miembro de la Asociación de Derechos Civiles de Israel. Activista por una coexistencia judeo-árabe mutuamente justa y el altermundialismo. Miembro del Partido Meretz (Partido Socialista de Israel - Tel Aviv). Presidente del Instituto Campos Abiertos (Investigaciones en Ciencias Políticas).

Derechos reservados Instituto Campos Abiertos Israel ISBN 965 387 008 9 זכויות יוצרים

sábado, 17 de julio de 2010

Tisha (9) Be Av, AMIA y las Guerras de Cuarta Generación por Carlos Braverman


Tisha (9) Be Av es un día de duelo nacional judío, de acuerdo al calendario hebreo, que refleja todo el sentimiento del recuerdo de la destrucción del primer y segundo Templo, el final de la independencia del pueblo, el comienzo del amargo exilio, y los sufrimientos del pueblo de Israel en los dos mil años de exilio. Todo esto es la consecuencia directa de este amargo día. El mes de Av es llamado "Menajem Av" pues D"S, llamado Av - padre - se consuela a sí mismo luego de la destrucción del Templo con un deseo de pronta reconstrucción. Otro motivo: "Menajem Av - pues este mes finaliza con lecturas de consuelo y con oraciones de redención. Hay quienes dicen que es el nombre del Mashiaj llamado Menajem, esta es una de las tantas interpretaciones.
El próximo lunes 19 de julio es Tisha Be Av, en el año 1994 fue el domingo 17 de julio, el 10 de AV fue el lunes 18 de julio, o sea que en 10 de Av se produce el atentado a la AMIA.
Yo no soy místico y mi calidad de creyente no me conduce a ese tipo de especulaciones, pero sé que las casualidades no existen, por lo menos en estos hechos de frío cálculo criminal.
Creo con claridad que el mensaje fue preciso, el domingo no se podía multiplicar y sobredimensionar el número de víctimas que estos atentados necesitan.
El factor industrial fallaría en tanto eficacia reproductiva y lo sensacional del efecto. Estamos frente a un acto bélico parte de una Guerra de cuarta generación. Guerra de cuarta generación es una denominación militar que abarca la Guerra de guerrillas, la Guerra asimétrica, la Guerra de baja intensidad, el Terrorismo y el Contraterrorismo, además de la Propaganda, en combinación con estrategias no convencionales de combate que incluyen la Cibernética, la Población Civil y la Política. En este tipo de guerras no hay enfrentamiento entre ejércitos regulares ni necesariamente entre Estados, sino entre un estado o entidades territoriales y grupos violentos o mayormente entre grupos violentos de naturaleza política, económica, religiosa o étnica.
No es de extrañar las proliferaciones de estos combates en un mundo cada vez más empobrecido y proclive al fanatismo, la pauperización permanente y exclusión de las mayorías populares mucho más invisibles a medida que la crisis sistémica económica se profundiza.
Sólo Estados Unidos ha gastado desde 2001 un billón de dólares en operaciones militares en Irak y Afganistán. Y se calcula que antes de que esas guerras hayan terminado se habrán añadido 800.000 millones de dólares más a la factura.
Así se sumaron las 85 víctimas del atentado a la AMIA a las 650000 víctimas fatales anuales en todo el mundo, producto de los conflictos bélicos activos que incluyen a las Guerras de cuarta generación. Sobre la dilucidación del tema, aún nada y soy muy pesimista. Como dije hace muy poco tiempo, una sociedad civil sólida y autónoma, capaz de actuar libremente, debidamente capacitada y versada en los derechos humanos, es un elemento fundamental para garantizar la protección sostenible de los mismos a nivel nacional y global; colabora a evitar fracturas que la vulneren frente al terrorismo como al poder belicista.
Como siempre nuestra plegaria: Justicia, justicia perseguirás... (Deut.16:20), por la fraternidad, por el socialmo y el entendimiento entre los pueblos.


*Carlos Braverman (Israel): Politólogo y Psicólogo, miembro de la Asociación de Derechos Civiles de Israel. Activista por una coexistencia judeo-árabe mutuamente justa y el altermundialismo. Miembro del Partido Meretz (Partido Socialista de Israel - Tel Aviv). Presidente del Instituto Campos Abiertos (Investigaciones en Ciencias Políticas).

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